DE AURELIANO A PETRO
Eligio Palacio Roldán
“Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o de los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”
Final Cien Años de Soledad
Decía el excelente periodista y mejor ser humano Waldir Ochoa esta semana que “Hoy, más que miedo de Petro, me da miedo de cómo está de enajenado el petrismo y la izquierda colombiana. Aceptan todos los abusos, excesos, ilegalidades y delitos de este régimen. Todo eso que antes era criticado hoy es aceptado y aplaudido. Eso es tenebroso para la democracia”.
Tienen razón él y las voces de algunos intelectuales, políticos y ciudadanos del común que se encuentran alarmados ante la situación del país bajo un gobierno destructivo como el actual, una situación que se venia venir, no porque el Aureliano Babilonia de la novela, de Gracia Márquez, Cien Años de Soledad, esté descifrando el final de Colombia y de los colombianos en unos pergaminos, sino porque el otro Aureliano (Gustavo Petro) lleva muchos años escribiéndolos de la mano de la más recalcitrante, obtusa y anticuada izquierda de América Latina y del mundo, con la colaboración de una derecha cuyo propósito de enriquecerse estuvo siempre por encima del futuro del país.
Esa historia que apenas comienza a comprenderse por algunos ciudadanos ha estado fundamentada en “todas la formas de lucha”, desde el adoctrinamiento en escuelas, colegios y universidades de la mano de FECODE, que nunca se preocupó por educar sino por adoctrinar, una guerrilla y unas bandas criminales haciendo lo propio en campos y ciudades, algunos periodistas como idiotas útiles desde los diferentes medios de comunicación, una parte de la clase política disfrutando de las mieles del poder mientras socavan la democracia como el mismo Petro, Ernesto Samper, Juan Manuel Santos, Daniel Quintero, Luis Eduardo Montealegre, Armando Benedetti y muchos más cuya lista es interminable y otra gran parte de la misma dirigencia que mientras tanto daba la espalda al pueblo y cuyo único propósito ha sido enriquecerse con los dineros públicos.
El resultado es obvio mi querido Waldir: la enajenación de la mayor parte de la población colombiana que idolatra a Petro, su verdadero verdugo a mediano plazo, como lo han sido Chávez y Maduro en Venezuela, la dinastía de los Castro en Cuba, Ortega en Nicaragua o Kirchner y su esposa Cristina Fernández en Argentina, entre otros, que han esparcido miseria y desolación en sus países.
Con la enajenación y el adoctrinamiento de gran cantidad de colombianos y con las bandas de criminales que dominan gran parte del territorio nacional es muy difícil que Petro abandone el poder y si no logra reelegirse los hará en cuerpo ajeno, para nuestra desgracia y la de futuras generaciones.
Para vislumbrar el triste futuro de Colombia no hacen falta descifrar pergaminos, tampoco leer una bola de cristal, solo entender el trabajo de la izquierda colombiana por mas de sesenta años y la displicencia de nuestros gobernantes.
Tal vez nos podría salvar una derecha unida, decidida a corregir el rumbo, a abandonar las practicas corruptas y a elegir un único candidato en las próximas elecciones. Tarea bien difícil para una oposición que seguramente recorrerá los mismos caminos de la de Venezuela, para nuestra desgracia.
ANTES DEL FIN
Al final, resultaron más alienados y furibundos los petristas que los uribistas.
Nefastos para Colombia han sido los gobiernos de Samper, Santos y Petro. Santos recibió un premio Nobel de paz por un acuerdo con las Farc que fue el principio del desastre actual y que solo sirvió para jubilar unos viejitos delincuentes.
Puede leer:
LA PAZ DE LOS VIEJITOS: https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/
Termina la temporada más larga del programa de Caracol Yo me Llamo, seguramente El Desafío superará este récord. La televisión abierta vive sus ultimos días, si no se reinventa.
Cada nueva lectura de opinión en estos tiempos me lleva al convencimiento de que seguiremos igual, sin remedio y quizás en soledad, por la imposibilidad de ofrecer nuestro punto de vista sin la intentención de macartizar, señalar y burlar a quien piensa diferente. Se nos hace muy difícil respetar el derecho a la esperanza del otro y por eso hablamos como hablamos y escribimos como escribimos.
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