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SEMANA SANTA, DOBLE MORAL Y MOCKUS.

SEMANA SANTA, DOBLE MORAL Y MOCKUS.

Eligio Palacio Roldán

Así de simple, Mockus violó las normas, por decir lo menos.

En los días de la infancia me llamaba mucho la atención lo que sucedía en las ceremonias de Semana Santa: las gentes estrenaban ropas y trataban de mostrar su mejor presencia y acudían a los diferentes escenarios como quien va a presentar su mejor función. Mientras hacían larguísimas filas, el Jueves Santo, para recibir la comunión, se escuchaban todo tipo de comentarios y el público aprobaba o reprobaba a los demás, en medio de críticas y comentarios sobre su vida, obra y milagros. Más que un encuentro religioso,  era un evento social. Bueno, muchos dicen que sigue siendo igual. Van al teatro, dice mi hermana.

La historia viene a cuento porque es una muestra de la doble moral que impregna todos nuestros aconteceres. Nos decimos buenos, nos creemos buenos y para cerciorarnos  señalamos al otro, criticamos al otro, condenamos al otro. Y como cantara Alberto Cortez (Q.E.P.D.), “Y olvidamos que somos, los demás de los demás”.

Impera la doble moral y doble moral es, también, pasar de largo las faltas de quienes queremos o seguimos. Es así como un uribista no acepta una falla de su líder por evidente que sea, un seguidor de Petro hace lo propio y así sucesivamente. Y ellos mismos, juzgan según sus conveniencias: Una protesta contra Maduro es buena para Uribe y mala para Petro; una contra Duque es mala Uribe y excelente y hasta propiciada por Petro. Y ni hablar de la posición del exalcalde de Bogotá frente al paramilitarismo en el vecino país de Venezuela.

Son problemas de las extremas, dirán los que se creen de centro. Pero los de centro caen en lo mismo: El caso más reciente, el de Antanas Mockus, a quien quieren declarar inocente descalificando a quienes los denunciaron.

En diferentes escenarios y con bastante frecuencia explico que no conozco la verdad, que la verdad no existe, pero que, por eso mismo, los seres humanos llegamos a acuerdos mínimos que nos permiten entendernos. El más complejo de ellos es el lenguaje y a partir de allí, cientos de pactos. Eso son las leyes: acuerdos mínimos para establecer fronteras para lo legal y si se traspasan esos límites pues se está faltando a la ley, por bien intencionado que sea.

El editorial de El Espectador, afirmaba el pasado domingo que “La Sección Quinta del Consejo de Estado “canceló” la credencial que acreditaba a Antanas Mockus como congresista. Según el tribunal, su elección está viciada de nulidad. Esto se debe a que Corporvisionarios, entidad que el excongresista fundó y del cual fue representante legal, celebró un par de contratos con el Estado a menos de seis meses de las elecciones de Congreso. Eso significa que el régimen de inhabilidades le aplica a Mockus y no podía participar como candidato”.

Así de simple, Mockus violó las normas, por decir lo menos. Lo demás es que el exalcalde es un político más, proclive a la mermelada con la que en gran medida ha sostenido su fundación Corpovisionarios.

“Pero el contrato entre Corpovisionarios y el ICBF no es el único contrato directo entre la mencionada corporación y el gobierno Santos. El contrato directo más costoso celebrado entre el gobierno Santos y Corpovisionarios fue realizado en 2016. Este contrato fue realizado entre el Ministerio de Vivienda y la Corporación de Mockus. El costo de este contrato fue de COL  $2.281.580.000”  (Ver https://es.panampost.com/panam-staff/2017/03/27/politicos-fundaciones-corporaciones-y-contratos-en-el-gobierno-santos/?cn-reloaded=1)

A todas estas, ¿la activa campaña de Mockus a favor del Plebiscito sobre los Acuerdos de Paz con las Farc, serían la causa o la consecuencia de los contratos de Corpovisionarios con el gobierno Santos?

ANTES DEL FIN

Yo también hago parte de la doble moral de los colombianos. Bueno, de los humanos. Me voy a Semana Santa a Entrerríos-Antioquia a “Ver, que veo”. Aquí una muestra de lo que se debe ver: https://eligiopalacio.com/tag/semana-santa-entrerrios-antioquia/page/2/

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DARIO CARDONA ALVAREZ – 82 AÑOS DESPUÉS

DARIO CARDONA ALVAREZ – 82 AÑOS DESPUÉS

  • Hago ejercicio todos los días, desde antes de las 5 de la mañana
  • Me dedico a vivir de balde
  • He tenido negocios de trago y comercio, toda la vida
  • Soy de Ituango, pueblo guerrillero
  • No soy de izquierda. Yo no soy del lado de Petro, sino Uribista
  • Tuve bares de 120 mujeres, cuando a los hombres le gustaban las mujeres
  • Todos los negocios a la hora de la verdad son mentiras
  • Dos hijos se hicieron matar. Eran necios
  • En este momento no me duele nada
  • A mí no me gusta ser viejo, no vivo contento viejo… porque el viejo no sirve pa nada…
  • El tipo que se amañe viejo es que es guebón
  • Que hagan ejercicio. El ejercicio es muy bueno
  • No hay que molestar a nadie, pa no tener problemas

EL PRESIDENTE DUQUE

EL PRESIDENTE DUQUE

Eligio Palacio Roldán

Prevenido, como vivo, con la clase política, le presté atención a Iván Duque, por primera vez, en una entrevista en The Suso’s Show, un programa de Caracol Televisión donde su conductor logra entrevistar a “gente de verdad”, sin máscaras. Me pareció un buen tipo: sin los rencores, el sectarismo y las miserias de quienes se sumergen en las turbias aguas de nuestra “democracia”.

Después lo seguí en algunos debates y entrevistas y lo vi defenderse, sin perder la calma, sin dejarse arrinconar por los discursos populistas de sus adversarios  o por el odio contra su mentor, Uribe. Más que sus planteamientos, que pueden ser o son herramientas para despertar los sueños de los ciudadanos y hacerlos creer en lo imposible y, obvio, votar, me convenció su actitud y por eso voté por él, en primera y segunda vuelta. No lo había hecho en la consulta previa porque mi preferencia estaba con Marta Lucía Ramírez.

Una de las definiciones de la Real Academia de la Lengua de la palabra duque, el mismo vocablo con que se apellida el nuevo presidente, es “comandante general militar y político de una provincia”, y eso es desde el pasado martes en Colombia y lo será por los próximos cuatro años, a no ser que suceda algo extraordinario.

Pero la tarea no es nada fácil: recibe un país, tal vez, más polarizado que el que recibió Samper, a finales del siglo pasado, con dirigentes, en cada uno de los extremos, izquierda y derecha, más sectarios, inescrupulosos, corruptos, manipuladores e incluso sanguinarios. Esa polarización se origina en la ascendente visibilidad de la izquierda en el escenario político nacional y en los medios de comunicación, luego del proceso de paz con las Farc, la creciente desigualdad económica y social entre los colombianos,  y en una obstinada derecha tradicional o recientemente incorporada a la sociedad, por medios non sanctos, que busca, por todos los medios, no perder los privilegios obtenidos en lo corrido de la historia de Colombia.

También, recibe el nuevo presidente, un país con las mayores extensiones en cultivos de coca en su historia y con la presencia de organizaciones terroristas locales, nacionales e internacionales. No se puede negar que la delincuencia ha ido ocupando o fortaleciendo su presencia en las diferentes regiones del país, ante la pobreza y la falta de oportunidades laborales para millones de colombianos y unas autoridades que parecieran haber perdido la iniciativa de otros tiempos.

Capítulo aparte merecen el problema de la corrupción que ha permeado toda nuestra sociedad, las dificultades en los servicios de salud y otros aspectos de la vida nacional como la economía y la educación.

Ante este panorama desolador, más allá de las intenciones, que dice tener, de derrotar estos males y enderezar lo que no está marchando como debiera, lo importante es la decisión de hacer las cosas bien a pesar de las dificultades y sus deseos de unión entre todos los colombianos.

Por ahora le creo a Duque, espero le vaya bien a él, a su gobierno y por ende a todos nosotros.

Y como lo dije hace algunos días, espero que Uribe aproveche su cuarta oportunidad, porque ésta si será la última.

(Ver ELECCIONES 2018 – Y LE SIGUEN LLOVIENDO OPORTUNIDADES AL EXPRESIDENTE URIBE https://eligiopalacio.com/2018/06/17/11055/)

ANTES DEL FIN

Poca objetividad de nuestros medios de comunicación. Muchos más sectarios y sesgados que los  dirigentes políticos, que tanto critican: Observe los noticieros de radio y televisión del pasado martes y verá historias y cifras distintas sobre el nuevo gobierno y sobre las manifestaciones que encabezó el excandidato Petro. Dos hechos, múltiples realidades ¡Que vaina!

EN LA ERA DE LA DISCRIMINACIÓN POLÍTICA

EN LA ERA DE LA DISCRIMIANCIÓN POLITICA

Eligio Palacio Roldán

Por estos días no nos dividimos entre nobles o plebeyos, hombres o mujeres, negros o blancos, heterosexual  o LGBT, ricos o pobres; sino entre “uribestias”, “mamertos”, “enmermelados”, “guerrillos”, “paracos”, “castrochavistas” “porkys”.

Cuando los años pasan se pierden los detalles y las historias se condensan. La de la humanidad quizás se resuma en la lucha, eterna, del hombre por encontrar un lugar en la tierra con igualdad de derechos, al de sus semejantes. Es decir, sin discriminación. O desde un punto de vista diferente, como la confrontación de unos contra otros para doblegarlos, para discriminarlos, para extinguirlos y la de estos para sobrevivir.

Se ha luchado contra los abusos de príncipes y reyes, señores feudales, naciones o personajes nefastos que sometieron reinos enteros. Contra la esclavitud, el racismo, la sociedad machista que cercenó los derechos de las mujeres y más recientemente por los derechos de las personas con tendencias sexuales diferentes a los de la “mayoría”.

En el mundo actual, quienes se oponen a esas luchas son calificados de retrógrados y, entre ellos, se incluyen paradójicamente los líderes religiosos que “dicen” representar a dioses generalmente misericordiosos, protagonistas  de antiguas batallas contra la discriminación. Es conocido el rechazo, de la mayoría de los colombianos, a esta clase de personajes: un ejemplo, el exprocurador Alejandro Ordoñez a quien se le acusa, entre otras cosas, de quemar libros de “García Márquez, Rousseau, Marx y una edición protestante de la Biblia”.

Pero a la hora de la discriminación todos tenemos mucho de culpa, como seres prisioneros de las bajas pasiones, la rabia, la ambición y el deseo doblegar al otro a nuestras propias convicciones. El caso que habita hoy a Colombia y a los colombianos es la campaña electoral para elegir el próximo presidente de la república. Los descalificativos agresivos, violentos, grotescos son el pan de cada día en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas. No se respeta al otro, no se escuchan razones, se le quiere callar a como dé lugar. Parecen repetirse los tiempos previos a la violencia política de mediados del siglo pasado, entre liberales y conservadores.

Los ánimos se exaltan y la discriminación crece como la espuma: Por estos días no nos dividimos entre nobles o plebeyos, hombres o mujeres, negros o blancos, heterosexual  o LGBT, ricos o pobres; sino entre “uribestias”, “mamertos”, “enmermelados”, “guerrillos”, “paracos”, “castrochavistas” “porkys”.

Si no hay respeto por la opinión del otro y su decisión íntima de elegir un candidato u otro, si se acude hasta los sobornos, las amenazas, el chantaje, y la fuerza de las armas para que las gentes hagan nuestra voluntad, ¿cómo admitir la diferencia? Imposible. Estamos en el peor de los mundos o en su mismo origen, en las disputas que dieron origen a la simbólica tragedia de Caín y Abel y de miles de guerras sucedáneas.

Estamos próximos a la Semana Santa. ¿No será el momento de reflexionar, respirar profundo, analizar las propuestas de los candidatos y tratar de elegir el que cada uno estime conveniente? ¿No será la oportunidad de respetar la decisión de las mayorías y aceptar que nuestra nación se rige bajo las características propias de la democracia?, ¿No será el tiempo para desprendernos de los egos y aceptar que el otro puede tener la razón?,

ANTES DEL FIN

Una de las maneras más comunes de discriminar es el origen o las amistades. En la política colombiana no se puede apartar a Duque por que su padre político sea Uribe, o a Petro por su origen guerrillero, es necesario escucharlos, estudiar sus propuestas y tomar la mejor decisión. (Ver LAS MALAS COMPAÑÍAS https://eligiopalacio.com/2018/01/24/las-malas-companias/)

La humanidad teme la vida extraterrestre ante la posibilidad de que lleguen de otros mundos a someternos. En últimas el temor es a la discriminación mayor, la de la esclavitud.

Para la semana entrante, recomiendo como destino turístico religioso Entrerríos – Antioquia, 60 kilómetros al norte de Medellín. Una gran oportunidad para apreciar el talento hecho realidad en las obras de NORMAN CARDONA RAMIREZ, EL ARTISTA https://eligiopalacio.com/2016/06/27/norman-cardona-ramirez-el-artista/

¿POR QUIEN VOTAR?

¿POR QUIEN VOTAR?

Eligio Palacio Roldán

Nunca he sido uribista y creo nunca lo seré. Incluso no lo era cuando las gentes parecían desmayar ante su presencia, cuando los periodistas por convicción u oportunismo lo adulaban, cuando tenía el mundo a sus pies. Tampoco lo seré ahora y creo que jamás. La única forma sería que, Alvaro Uribe, cambiara su forma de estar en la política y emprendiera una verdadera cruzada en la lucha contra la corrupción, en Colombia, lucha que jamás dará porque nació, creció y ha vivido en sus entrañas, como casi todos los políticos colombianos.

En los años de su presidencia, cuando no soportaba la soberbia y la doble moral con que manejaba su gobierno, no desaprovechaba oportunidad para criticarlo. Un fin de semana, fui invitado por una amiga donde su familia, a uno de nuestros pueblos olvidados. El padre hablaba conmovido sobre los secuestros, en los que fue víctima de las Farc, de cómo había tenido que ceder a los violentos hasta que había llegado Uribe para salvarlo a él, su familia y a los habitantes de la zona, al país. Esa noche no tuve más remedio que escuchar y guardar mis opiniones.

El cuento viene a colación porque creo, hoy más que nunca, en el dicho popular “Cada uno habla de la fiesta según le vaya” (obvio, en la fiesta hay que tener principios). Y así como la familia de mi amiga tiene mucho que agradecerle a Uribe, algunos otros que conozco les sucede lo mismo con Petro e incluso con algún candidato de las Farc.

Si actuamos a conciencia, con sentido de Patria, seguramente encontraremos quien satisfaga nuestras expectativas. Pero más importante, es aceptar la diferencia en la percepción de los ciudadanos sobre los candidatos y las decisiones sobre votar por uno u otro. Nadie está obligado a pensar y sentir como uno y Colombia se enfrenta a un problema que parecía superado: la polarización política, el odio entre contrarios y hacia líderes de los diferentes partidos. La violencia política.

Para el Senado, hace mucho tiempo, descubrí un candidato que no me ha defraudado. Es Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático que, aunque suele caer en las exageraciones típicas de la izquierda, ha hecho un trabajo digno, concienzudo y documentado, en la oposición. También lo ha hecho Uribe, durante estos cuatro años, por eso ambos son importantes en el Congreso. Por Robledo jamás votaría como candidato a la presidencia. Para la Cámara, aún, busco a quien ayudar a elegir el próximo domingo.

En las consultas internas de los partidos políticos votaré por Marta Lucía Ramírez. Es inteligente, decente, eficiente, honesta. Es hora de que Colombia tenga una mujer en el primer cargo de la nación. (Ver ¿MARTA LUCÍA A LA SEGUNDA VUELTA? https://eligiopalacio.com/2017/11/30/10227/)

ANTES DEL FIN

La situación electoral es complicada y la abstención parece romperá récord el próximo domingo. Me contaban amigos proselitistas que, en esta campaña, han tenido que soportar cientos de improperios. La situación es grave no solo para Petro, Uribe o las Farc. La gente no soporta a la clase política. Quienes resulten elegidos tendrán que dar un giro en la forma de conducir al país. De lo contrario, la democracia en Colombia correrá un grave peligro.

Es hora de votar a conciencia y no por un tamal o $50.000.

Ver MI PATRIA CORRUPTA https://eligiopalacio.com/2013/10/08/mi-patria-corrupta/

LAS SECTAS POLITICAS

LAS SECTAS POLITICAS

Eligio Palacio Roldán

Cuando descubrí que la política existía me sentí clasificado con otra particularidad adicional a ser blanco, mono, buen estudiante, campesino. Era conservador. ¿Por qué? Pues porque esa era una característica familiar como las demás. Algo genético pareciera.

Después milité en ese partido político, era la “Reserva moral del país”, decían.  Si, era una reserva de las grandes y pequeñas castas que dominaron a Colombia en toda su historia, la reserva más añeja de la oligarquía colombiana. En una escena, la esposa de un religioso Senador de la República hacía ostentación de sus joyas y de su reciente viaje a Europa, en medio de unos campesinos ansiosos por obtener alguna ayuda, para calmar el hambre de sus hijos. Y bueno, eran poderosos, siempre cercanos a la iglesia y de una clase que se creía superior al resto de los humanos. Una secta que usaba a los pobres, con los que no se revolvía, para permanecer en el poder. Una secta que se creía elegida por Dios, que se sentía dueña de la verdad y de la moral pública. Para ellos la maldad y la corrupción estaban en el partido liberal.

Consciente de que el Partido Conservador era una secta, una “Comunidad cerrada, que  aparentaba promover fines de carácter espiritual, en la que maestros ejercían un poder absoluto sobre los adeptos” me alejé de esa organización.

Después me acerqué, sin militar jamás en él, al partido liberal. Y a pesar de decir ser el partido del pueblo, era una secta igual a la del otro partido. También la reserva moral del país, también dueños de la verdad y también, para ellos, la maldad y la corrupción estaban en el partido contrario.

Con la religión católica, que tenía las mismas características de los partidos políticos, eran  tres sectas las que giraban en torno a mi existencia. Hoy a cada una de ellas le han surgido múltiples competencias: sectas más pequeñas, más cerradas y con unos seguidores mucho más fanáticos, intolerantes y peligrosos que los anteriores.

La próxima contienda electoral tendrá muy poco elector libre, dado el desprestigio de la clase política,  y una guerra a muerte entre varias sectas, entre las cuales se elegirá el  presidente  de  Colombia. Entonces, las sectas “tradicionales”, partidos Conservador y Liberal, se sienten asustadas.

Los “libre pensadores” le temen a candidaturas respaldadas por sectas como las de la fanática religiosa  Viviane Morales, construida sobre la iglesia Casa sobre la Roca, del controvertido experiodista Darío Silva, recordado por su “lagartería” en el noticiero Noticolor, en el siglo pasado; la del ultra conservador y no menos fanático religioso, exprocurador Alejandro Ordoñez; la “del que diga Uribe”, una candidatura señalada por un hombre que se ve así mismo y que muchos otros ven como un Dios y algunos más como un demonio y que generó, a su alrededor, las dos sectas más grandes de Colombia, en este momento: la de los que lo aman y la de los que lo odian.

No miran con los mismos ojos otras candidaturas, respaldadas por otras sectas, igual de nefastas para el país que las anteriores, como la de Humberto de la Calle, criatura concebida en Cuba en el matrimonio Farc-Santos; la “made in” Venezuela de Piedad Córdoba, la de los dueños de la moral de los colombianos Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo, la prefabricada, a punta de contratos, de Germán Vargas Lleras o la de más alto nivel de sectarismo: la de Petro, representante de los huérfanos de poder y canalizadora del resentimiento de siglos.

Lo que se viene es una guerra de sectas, muchas más que en tiempos pasados, por el poder concentrado en la Presidencia de la República, varias de las cuales, como es costumbre, desaparecerán para unirse al ganador a cambio de un “plato de lentejas”. Más que temerle a esas sectas hay que aceptarlas, cuestionarlas y, desafortunadamente elegir la más tolerante e incluyente. La menos descompuesta.

ANTES DEL FIN

La reelección presidencial fue la idea más nefasta para la democracia colombiana, en lo corrido del siglo XXI; lo fue la elección popular de alcaldes, en el pasado. Como se advirtió en su debida oportunidad, tener un presidente en campaña permanente, con todos los bienes del estado a su disposición, generaría corrupción. Ahí está: las tres ramas del poder público pagándose favores y manipulándose mutuamente, en una masa amorfa que hiede.

LAS CONDENAS DE LA PRENSA Y LA SOCIEDAD

LAS CONDENAS DE LA PRENSA Y LA SOCIEDAD

Eligio Palacio Roldán

Decía en una columna reciente que en un crimen no solo “muere” el asesinado y su familia sino el autor del mismo y los suyos. Hablaba de sucesos probados. Algo similar ocurre con los incriminados y con los  acusados de delitos como el robo, la extorsión y, uno de los más frecuentes en nuestra sociedad, de hoy: La corrupción. Sin pruebas definitivas la colectividad y la prensa condenan a los implicados.

Puede leer LAS MÚLTIPLES MUERTES DE UN CRIMEN”,    https://eligiopalacio.com/2017/05/31/las-multiples-muertes-de-un-crimen/

Pero, ¿de dónde surgen estas condenas anticipadas? Básicamente de las filtraciones que hace la rama judicial, de las investigaciones que realiza, en lo que se conoce como “Justicia Espectáculo”; una justicia dañina dado el protagonismo, sin límites, que pretende encontrar y que induce a pensar en que importa más la imagen, la propaganda, que la realidad. De alguna manera es la extensión, a la justicia, de los “Falsos Positivos”, aquella práctica tenebrosa de los militares, en Colombia, bajo la presidencia de Alvaro Uribe Vélez  y el Ministerio de Defensa del hoy presidente Juan Manuel Santos, de asesinar  personas humildes, para hacerlas pasar por integrantes de las guerrillas de izquierda.

Puede leer LA REELECCIÓN DE LOS FALSOS POSITIVOS https://eligiopalacio.com/2014/02/20/la-reeleccion-de-los-falsos-positivos/

Obvio que la ciudadanía debe conocer los hechos para poderlos rechazar y que la prensa debe ejercer su labor fiscalizadora sobre los comportamientos de la sociedad; lo que no es lógico es que se condene y se den por ciertas las faltas con tan solo indicios o acusaciones, que pueden ser desvirtuadas dentro del proceso probatorio.

Establecer la culpabilidad de alguien es muy difícil dadas las diferentes variables que influyen y justifican el comportamiento humano  y la complejidad del derecho colombiano. De ahí, que solo se puede establecer una condena o no con el fallo de un juez. Fallos que pueden ser controvertidos pero que se sustentan en la aplicación de la Ley.

Ver y comprender la propia realidad es bien complicado, mucho más lo es saber la del Otro. Para ello se establecieron las normas, quien las interpretara y quien las aplicara y con base en ellas se ejerciera Justicia. En la sociedad global ese papel de equilibrio ha sido cercenado por los generadores de opinión que no siempre tienen la formación y/o los elementos para ello.

En el transcurso de la existencia todos podemos hacer parte de una investigación judicial y/o administrativa y eso no nos convierte en culpables. Sin embargo esta premisa no se cumple en Colombia, donde la falta de discreción de las autoridades investigadoras ha llevado a la picota pública a más de un inocente. ¿Por qué no esperar el fallo del juez para divulgar la información?

Esta falta de discreción solo parece ser una práctica de la rama judicial, Procuraduría y Contraloría. Afortunadamente, otros entes de Control como las superintendencias y la DIAN parecen ser más pulcras en el tratamiento de la información. De no ser así, el caos sería total: ¿Qué tal la DIAN divulgando las investigaciones por evasión, elusión y contrabando que realiza a diario y que los empresarios fueran condenados en los titulares de los medios de comunicación?

Puede leer GUSTAVO VILLEGAS, QUIEN ESTE LIBRE DE PECADO… https://eligiopalacio.com/2017/07/04/gustavo-villegas-quien-este-libre-de-pecado/

Es un hecho que los colombianos hemos perdido la confianza en nuestra clase dirigente. ¿Qué tan culpables es ella por su accionar y qué tanto los entes investigadores y los medios de comunicación por la ligereza en el tratamiento de la información?

Qué difícil es una decisión de un funcionario público ante el asecho de los enemigos políticos, las mafias de la corrupción y el juicio de los medios de comunicación y de la comunidad.

ANTES DEL FIN

Muy compleja la situación en el vecino país de Venezuela. Reprochable el apoyo y/o el silencio de la izquierda colombiana. Preocupante que podamos caer en un gobierno similar al de Maduro y, sin embargo, Petro crece en las encuestas. ¡Qué horror!

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