AUSENCIA

AUSENCIA

Eligio Palacio Roldán

“No hay nada más amado que lo que perdí”
Serrat

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En los últimos años he tenido un acercamiento al arte religioso, gracias a las obras del maestro Norman Cardona en el municipio de Entrerríos. Por ello, he incluido en este blog algunos videos de altares, pesebres y ceremonias desarrolladas en ese municipio, ubicado a 60 km al norte de Medellín, en el departamento de Antioquia.

En Semana Santa, el sábado, tiene lugar la Procesión de la Soledad, cuyo video del presente año nombré Ausencia. El título llegó a mis pensamientos cuando se representaba una escena en la cual la virgen se acercaba al sepulcro tratando de ver a su hijo y con impotencia, por no lograrlo, regresaba por el camino, sola, en medio de la multitud que la acompañaba en la ceremonia: En la mirada de esa imagen de madera y yeso percibí la crueldad de la ausencia definitiva. El ausente sencillamente no está: se fue, se marchó, te dejó.

La muerte es la ausencia definitiva. Y si las ausencias temporales duelen, las que son para siempre destrozan el alma. Sencillamente no se podrá ver más, no se podrá escuchar más, no se podrá sentir más al otro amado. Los ausentes definitivos tan solo estarán en el mundo virtual de las fotografías y las grabaciones que, al igual que los recuerdos, se irán desdibujando con el paso de los días. No en vano, el ser humano se ha inventado otras vidas donde se pondría fin a esa ausencia.

La ausencia del ser que más he amado en mi vida: Mi mamá, me dejó tan abrumado que ha impedido que las palabras lleguen a mi cerebro y a mis manos. He comenzado a escribir estas líneas decenas de veces y nada fluye. Ni siquiera los sueños de otros días aparecen en las horas de descanso. Se diría que mi mente quedó en blanco, suspendida en el aire y que solo se ocupa de los recuerdos, de un ayer cada vez más distante, y de algunas canciones que describen el profundo sentimiento de la ausencia. Como dice una de ellas, de Serrat, “Tus recuerdos son cada vez más dulces” y “No hay nada más amado que lo que perdí”. (https://youtu.be/sBXEBVDUXOE)

Después de perder al ser que más se ama en la vida, cualquier ausencia se hace menos dolorosa, cualquier apego se vuelve trivial y seguramente cualquier otra separación será más fácil, menos dolorosa.

ANTES DEL FIN

Obviamente la partida de un ser querido nos lleva a reflexionar sobre la propia muerte, a pensar en las posibilidades de la eutanasia activa o pasiva, sobre los velorios, la cremación y “la otra vida”. (Ver ÁNIMAS SIN VELORIO https://eligiopalacio.com/2016/11/10/animas-sin-velorio/)

Además de Lucía, de Serrat, el duelo se alimenta de cientos de canciones. Aquí unas recomendadas:

Y si tú no has de volver (https://youtu.be/SMg6dt5XFKw)

Procuro Olvidarte (https://youtu.be/zw82EbX52Yw)

En un rincón del alma (https://youtu.be/1coQi9vcGpk)

Este fin de semana son las fiestas parroquiales en Entrerríos, un excelente destino turístico para los seguidores del culto católico. Aquí parte del espectáculo (https://eligiopalacio.com/2018/09/09/fiestas-virgen-de-los-dolores-entrerrios-2018/)

https://eligiopalacio.com/tag/norman-cardona/

 

LA “CITY” DE MEDELLIN

LA “CITY” DE MEDELLIN

Eligio Palacio Roldán

En marzo de 2017 me encontré, en Medellín, con Coony K-Lisch  (https://www.facebook.com/conny.klisch/friends_mutual) una alemana que decidió dejar su trabajo, vender sus pertenencias y recorrer el mundo, hasta que se gastara el último dólar de sus ahorros, de diez años de trabajo. En el inicio de su viaje, en noviembre de 2015, la había conocido en la ruta que de Adelaida conduce a Melbourne, en un delicioso recorrido por la costa  del océano Antártico, al sur de Australia,  para conocer las maravillas de “Los Doce Apóstoles”.

Ver DOCE APOSTOLES – AUSTRALIA https://eligiopalacio.com/2015/11/28/doce-apostoles-australia/

Ya en Medellín hablaba mucho mejor el español, había hecho un curso de algo más de un mes en Cartagena. Se sentía fascinada con la belleza de Guatapé y recorría cada uno de los rincones de la ciudad, en un accionar temerario para mí.  Me interrogaba pues no comprendía, muy bien, cuál era la “City” de la ciudad.

La “City”, inicialmente hace referencia a una pequeña extensión de Londres, una milla, donde se concentra el gobierno. Es decir, el centro de la ciudad. La expresión se volvió común para designar el centro de las demás ciudades del mundo y es, más o menos, un sinónimo de lo más importante para conocer de una ciudad, debido a la concentración del comercio, la arquitectura y la cultura.

La “City” de Medellín tiene grandes atractivos signados por el maestro Fernando Botero: el Museo de Antioquia y sus esculturas al aire libre. También, la arquitectura de las iglesias de los parques Berrío y Bolivar, Hotel Nutibara,  Centro Comercial Palacio Nacional y Palacio de la Cultura Rafael Uribe, entre otros, y mucho comercio, en su mayoría informal y/o anodino. Los grandes almacenes, las grandes marcas, aquellas que fueron el orgullo paisa, se fueron a los centros comerciales. Igual sucede con las marcas internacionales que, en tiempos de internacionalización de la economía, nunca llegaron al centro de la ciudad.

Pero el abandono no fue solo de los comerciantes, también de los grandes centros de negocios, la banca y las gentes de posición económica importante. Se diría que la “City” de Medellín es habitada por los estratos uno, dos y tres. Obviamente hay excepciones como los salones Versalles y El Astor, por ejemplo.

Hace unos días hablaba con el administrador de una cadena de almacenes y le preguntaba el porqué del cierre de un tradicional punto de venta, en el centro de la ciudad: “Nos dimos cuenta que el futuro estaba en los centros comerciales”, “no sé qué sería primero,  si la inseguridad que se apoderó de las calles del Centro o nuestra decisión de cerrar. Creo fueron como simultáneas y paralelas a la decisión de las gentes de trasladar su vivienda a otras zonas, como el Poblado”.

La Alcaldía, en manos de Federico Gutierrez, hace admirables esfuerzos por recuperar la “City” de Medellín. Destacable la recuperación de la Avenida Oriental y en especial la de la Carrera Bolivar, en el sector del icónico Bar Málaga. Esfuerzos bienvenidos que deben estar acompañados de mayor presencia de la policía y el control de los venteros ambulantes, a quienes se les diseñan atractivos kioscos que pueden terminar como los de la carrera Carabobo que se transformó hace diez años para llegar nuevamente a un desorden que la afea.

Pero más allá de los esfuerzos de las autoridades debiera haber un deseo de los antioqueños de recuperar el centro de la ciudad y para ello, lo primero, es volverla  a habitar y hacer lo que se hace en otras ciudades del mundo: repotenciar  los edificios, de ser posible, o de lo contrario transformarlos conservando sus fachadas. Hay edificios en el centro de la ciudad que incluso son centro de operación de la delincuencia.

Mucho se habla de la similitud entre Medellín y Barcelona. Se podría soñar con que la carrera Bolivar, en remodelación, fuera una especie de Las Ramblas, de la ciudad ibérica, Sería formidable pero difícil lograrlo. Difícil no solo por la destrucción de gran parte de la arquitectura de la ciudad sino por la incultura de la misma. Habría que comenzar por educar a los mismos ocupantes de los puestos de ventas para que no ocurra lo de los de Carabobo que los han convertido en tugurios. Carabobo, mismo, podrían ser desde hace años unas pequeñas ramblas.

ANTES DEL FIN

¿Cuantos y cuales hombres de la dirigencia antioqueña tienen su residencia en el Centro de Medellín?

Un recorrido desprevenido por la ciudad nos muestra la economía del rebusque, la misma que se apoderó del centro. Lo que somos. Difícil ver otra cosa. Como en anteriores columnas, pienso que en Medellín hay solo un camino: la transformación cultural a través de la educación.

Barcelona y Medellín son hermosas. Orden en las ventas callejeras, mejor seguridad y el regreso del gran comercio harían de la “City” de Medellín un entorno para mostrar al mundo.

BARCELONA

 

 

AL FILO DE LA TARDE

AL FILO DE LA TARDE

Eligio Palacio Roldán

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Con las últimas luces de la tarde sobre su cuerpo, se proyectaba una sombra inmensa en la ladera por la que descendía el hombre, todos los días, al caer del sol.

Algunos dijeron que era un gigante venido de tierras extrañas, Para la mujer era su espera, su ilusión, su deseo. A las 6:00 llegaba hasta ella y la besaba apasionado, luego la sombra se sumergía en la noche.

Esa tarde lo aguardó por horas, quizás hasta la madrugada. No volvió más. Después, ella lo esperó por incontables atardeceres, como Penélope, la de la canción de Serrat. No lloró. Tampoco habló más.

Con el tiempo se borraron las imágenes del hombre,  la sombra gigante y  la mujer, ya tan marchita como la misma tarde. Incluso la de la ladera, que sucumbió al progreso. Allí, hoy, se levantan imponentes edificaciones.

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