LA “CITY” DE MEDELLIN

LA “CITY” DE MEDELLIN

Eligio Palacio Roldán

En marzo de 2017 me encontré, en Medellín, con Coony K-Lisch  (https://www.facebook.com/conny.klisch/friends_mutual) una alemana que decidió dejar su trabajo, vender sus pertenencias y recorrer el mundo, hasta que se gastara el último dólar de sus ahorros, de diez años de trabajo. En el inicio de su viaje, en noviembre de 2015, la había conocido en la ruta que de Adelaida conduce a Melbourne, en un delicioso recorrido por la costa  del océano Antártico, al sur de Australia,  para conocer las maravillas de “Los Doce Apóstoles”.

Ver DOCE APOSTOLES – AUSTRALIA https://eligiopalacio.com/2015/11/28/doce-apostoles-australia/

Ya en Medellín hablaba mucho mejor el español, había hecho un curso de algo más de un mes en Cartagena. Se sentía fascinada con la belleza de Guatapé y recorría cada uno de los rincones de la ciudad, en un accionar temerario para mí.  Me interrogaba pues no comprendía, muy bien, cuál era la “City” de la ciudad.

La “City”, inicialmente hace referencia a una pequeña extensión de Londres, una milla, donde se concentra el gobierno. Es decir, el centro de la ciudad. La expresión se volvió común para designar el centro de las demás ciudades del mundo y es, más o menos, un sinónimo de lo más importante para conocer de una ciudad, debido a la concentración del comercio, la arquitectura y la cultura.

La “City” de Medellín tiene grandes atractivos signados por el maestro Fernando Botero: el Museo de Antioquia y sus esculturas al aire libre. También, la arquitectura de las iglesias de los parques Berrío y Bolivar, Hotel Nutibara,  Centro Comercial Palacio Nacional y Palacio de la Cultura Rafael Uribe, entre otros, y mucho comercio, en su mayoría informal y/o anodino. Los grandes almacenes, las grandes marcas, aquellas que fueron el orgullo paisa, se fueron a los centros comerciales. Igual sucede con las marcas internacionales que, en tiempos de internacionalización de la economía, nunca llegaron al centro de la ciudad.

Pero el abandono no fue solo de los comerciantes, también de los grandes centros de negocios, la banca y las gentes de posición económica importante. Se diría que la “City” de Medellín es habitada por los estratos uno, dos y tres. Obviamente hay excepciones como los salones Versalles y El Astor, por ejemplo.

Hace unos días hablaba con el administrador de una cadena de almacenes y le preguntaba el porqué del cierre de un tradicional punto de venta, en el centro de la ciudad: “Nos dimos cuenta que el futuro estaba en los centros comerciales”, “no sé qué sería primero,  si la inseguridad que se apoderó de las calles del Centro o nuestra decisión de cerrar. Creo fueron como simultáneas y paralelas a la decisión de las gentes de trasladar su vivienda a otras zonas, como el Poblado”.

La Alcaldía, en manos de Federico Gutierrez, hace admirables esfuerzos por recuperar la “City” de Medellín. Destacable la recuperación de la Avenida Oriental y en especial la de la Carrera Bolivar, en el sector del icónico Bar Málaga. Esfuerzos bienvenidos que deben estar acompañados de mayor presencia de la policía y el control de los venteros ambulantes, a quienes se les diseñan atractivos kioscos que pueden terminar como los de la carrera Carabobo que se transformó hace diez años para llegar nuevamente a un desorden que la afea.

Pero más allá de los esfuerzos de las autoridades debiera haber un deseo de los antioqueños de recuperar el centro de la ciudad y para ello, lo primero, es volverla  a habitar y hacer lo que se hace en otras ciudades del mundo: repotenciar  los edificios, de ser posible, o de lo contrario transformarlos conservando sus fachadas. Hay edificios en el centro de la ciudad que incluso son centro de operación de la delincuencia.

Mucho se habla de la similitud entre Medellín y Barcelona. Se podría soñar con que la carrera Bolivar, en remodelación, fuera una especie de Las Ramblas, de la ciudad ibérica, Sería formidable pero difícil lograrlo. Difícil no solo por la destrucción de gran parte de la arquitectura de la ciudad sino por la incultura de la misma. Habría que comenzar por educar a los mismos ocupantes de los puestos de ventas para que no ocurra lo de los de Carabobo que los han convertido en tugurios. Carabobo, mismo, podrían ser desde hace años unas pequeñas ramblas.

ANTES DEL FIN

¿Cuantos y cuales hombres de la dirigencia antioqueña tienen su residencia en el Centro de Medellín?

Un recorrido desprevenido por la ciudad nos muestra la economía del rebusque, la misma que se apoderó del centro. Lo que somos. Difícil ver otra cosa. Como en anteriores columnas, pienso que en Medellín hay solo un camino: la transformación cultural a través de la educación.

Barcelona y Medellín son hermosas. Orden en las ventas callejeras, mejor seguridad y el regreso del gran comercio harían de la “City” de Medellín un entorno para mostrar al mundo.

BARCELONA

 

 

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AL FILO DE LA TARDE

AL FILO DE LA TARDE

Eligio Palacio Roldán

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Con las últimas luces de la tarde sobre su cuerpo, se proyectaba una sombra inmensa en la ladera por la que descendía el hombre, todos los días, al caer del sol.

Algunos dijeron que era un gigante venido de tierras extrañas, Para la mujer era su espera, su ilusión, su deseo. A las 6:00 llegaba hasta ella y la besaba apasionado, luego la sombra se sumergía en la noche.

Esa tarde lo aguardó por horas, quizás hasta la madrugada. No volvió más. Después, ella lo esperó por incontables atardeceres, como Penélope, la de la canción de Serrat. No lloró. Tampoco habló más.

Con el tiempo se borraron las imágenes del hombre,  la sombra gigante y  la mujer, ya tan marchita como la misma tarde. Incluso la de la ladera, que sucumbió al progreso. Allí, hoy, se levantan imponentes edificaciones.

EL PRESIDENTE DUQUE

EL PRESIDENTE DUQUE

Eligio Palacio Roldán

Prevenido, como vivo, con la clase política, le presté atención a Iván Duque, por primera vez, en una entrevista en The Suso’s Show, un programa de Caracol Televisión donde su conductor logra entrevistar a “gente de verdad”, sin máscaras. Me pareció un buen tipo: sin los rencores, el sectarismo y las miserias de quienes se sumergen en las turbias aguas de nuestra “democracia”.

Después lo seguí en algunos debates y entrevistas y lo vi defenderse, sin perder la calma, sin dejarse arrinconar por los discursos populistas de sus adversarios  o por el odio contra su mentor, Uribe. Más que sus planteamientos, que pueden ser o son herramientas para despertar los sueños de los ciudadanos y hacerlos creer en lo imposible y, obvio, votar, me convenció su actitud y por eso voté por él, en primera y segunda vuelta. No lo había hecho en la consulta previa porque mi preferencia estaba con Marta Lucía Ramírez.

Una de las definiciones de la Real Academia de la Lengua de la palabra duque, el mismo vocablo con que se apellida el nuevo presidente, es “comandante general militar y político de una provincia”, y eso es desde el pasado martes en Colombia y lo será por los próximos cuatro años, a no ser que suceda algo extraordinario.

Pero la tarea no es nada fácil: recibe un país, tal vez, más polarizado que el que recibió Samper, a finales del siglo pasado, con dirigentes, en cada uno de los extremos, izquierda y derecha, más sectarios, inescrupulosos, corruptos, manipuladores e incluso sanguinarios. Esa polarización se origina en la ascendente visibilidad de la izquierda en el escenario político nacional y en los medios de comunicación, luego del proceso de paz con las Farc, la creciente desigualdad económica y social entre los colombianos,  y en una obstinada derecha tradicional o recientemente incorporada a la sociedad, por medios non sanctos, que busca, por todos los medios, no perder los privilegios obtenidos en lo corrido de la historia de Colombia.

También, recibe el nuevo presidente, un país con las mayores extensiones en cultivos de coca en su historia y con la presencia de organizaciones terroristas locales, nacionales e internacionales. No se puede negar que la delincuencia ha ido ocupando o fortaleciendo su presencia en las diferentes regiones del país, ante la pobreza y la falta de oportunidades laborales para millones de colombianos y unas autoridades que parecieran haber perdido la iniciativa de otros tiempos.

Capítulo aparte merecen el problema de la corrupción que ha permeado toda nuestra sociedad, las dificultades en los servicios de salud y otros aspectos de la vida nacional como la economía y la educación.

Ante este panorama desolador, más allá de las intenciones, que dice tener, de derrotar estos males y enderezar lo que no está marchando como debiera, lo importante es la decisión de hacer las cosas bien a pesar de las dificultades y sus deseos de unión entre todos los colombianos.

Por ahora le creo a Duque, espero le vaya bien a él, a su gobierno y por ende a todos nosotros.

Y como lo dije hace algunos días, espero que Uribe aproveche su cuarta oportunidad, porque ésta si será la última.

(Ver ELECCIONES 2018 – Y LE SIGUEN LLOVIENDO OPORTUNIDADES AL EXPRESIDENTE URIBE https://eligiopalacio.com/2018/06/17/11055/)

ANTES DEL FIN

Poca objetividad de nuestros medios de comunicación. Muchos más sectarios y sesgados que los  dirigentes políticos, que tanto critican: Observe los noticieros de radio y televisión del pasado martes y verá historias y cifras distintas sobre el nuevo gobierno y sobre las manifestaciones que encabezó el excandidato Petro. Dos hechos, múltiples realidades ¡Que vaina!

EL TRIANGULO

EL TRIANGULO

Eligio Palacio Roldán

Lo tenía en su memoria. También  escrito en las pocas líneas de su diario inconcluso. Bueno, sin iniciar se diría. Fue un sueño…

Era una noche oscura y fría. Llovía. El taxi lo dejó en el amplio parque, con la iglesia al fondo. Era quizás el parque más grande de la ciudad. De muchas ciudades.

Corrió hacia un andén para protegerse de la inclemente lluvia. La calle estaba oscura. Tuvo miedo. Miró en todas las direcciones y solo sombras. “Sombras nada más”.

Camino lentamente, pegado a la pared, por la calle diagonal, como una sombra más, hasta que llegó al vértice del triángulo. Una intensa luz envolvió su trémulo cuerpo, se cubrió la cabeza, con las manos, tratando de protegerse de la corriente eléctrica del rayo que no llegaba, que no llegó.

Poco a poco fue girando su cuerpo y se encontró con la luz intensa de la salsamentaria que abría su puerta, en el propio vértice del triángulo. Un hombre, de mediana estatura, emergió tras el mostrador.

  • ¿Que busca señor?, interrogó.
  • Busco un salón donde hay una fiesta, respondió sin lograr calmar su ansiedad

El hombre saltó hacia un costado de la salsamentaría y abrió una puerta que daba paso a una oscuridad profunda.

  • Cruce la calle le dijo, es al frente.

En ese instante, recordó el sueño descrito en su diario. El terror le recorría el cuerpo desde la punta de su cabeza hasta los dedos de los pies. Es la puerta hacia la muerte, pensó.

Y luego, desapareció en medio de la oscuridad.

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