LLEGÓ LA HORA DE ELEGIR

LLEGÓ LA HORA DE ELEGIR

Eligio Palacio Roldán

“Escoger o preferir a alguien o algo para un fin”

RAE

“Hacerse elegir es entonces el arte de mentir y de lograr que esas mentiras sean aceptadas como verdad.”

Como bien lo define la Real Academia de la Lengua Española, elegir es escoger a alguien o algo para un fin. Llegada la hora de hacerlo, lo primero es determinar para qué fin elijo y a partir de ahí determinar qué o quién conviene más a mis intereses y a los de la nación, si tengo algo de sensibilidad social que trascienda los intereses particulares.

Este domingo se desarrollará la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia para el período 2022-2026 Cómo saber, en ese escenario, ¿quién le conviene a mis intereses y a los de mi comunidad? Sencillo, primero definir esos intereses y luego descubrir en cada una de las propuestas de los candidatos las que más se acercan a ellos y votar por quienes los encarnan, no de labios para afuera sino desde su ser interior.

El mercadeo político, desde siempre, así no se le conociera como tal, ha tratado de identificar esos intereses, esos deseos, de la población para los candidatos acomodarse a ellos, convirtiéndose en productos consumibles por los electores cuyo pago es un voto, una elección.

El producto, candidato, de estas elecciones, si tiene verdadera “ambición” de poder, debe responder, entre otros, a los siguientes requerimientos.

  1. Ser anti uribista: decir que fue el peor presidente de Colombia en toda su historia, que es un criminal y que merece ser condenado.
  2. “Pasar de agache” ante los crímenes de las Farc, decir que no han cometido ningún delito y que si lo hicieron fue para defender a la población de la opresión.
  3. Condenar la clase política, tacharla de corrupta, así se encuentre inmerso en ella y haber sido protagonista de varios hechos de corrupción
  4. Hablar mal de los ricos y de los empresarios, sostener que son los culpables de su pobreza, y prometer que sobre ellos recaerá la carga tributaria.
  5. Prometer satisfacer las necesidades y los sueños de cada uno de los electores, así no existan los recursos necesarios para lograrlo.
  6. Aprovecharse de los resentimientos de todos y cada uno de los que por diversas circunstancias se han sentido excluidos: pobres de dinero y de espíritu, mujeres, campesinos, obreros, negros, población lgtbiq, etc.
  7. No censurar la idiosincrasia actual del pueblo colombiano, lleno de personas que se creen merecer todo sin hacer mayores esfuerzos, al estilo narcotraficante.
  8. Afirmar, que el narcotráfico es problema de Estados Unidos y que como víctimas no podemos hacer nada para combatirlo.
  9. Criticar al presidente Duque, endilgarle todos los problemas del país y no reconocerle ningún mérito.
  10. Decir que a partir del siete de agosto todo va a cambiar y que llegaremos a una etapa de prosperidad. Eso sí, sin dar mayores explicaciones de cómo lograrlo.

Además de responder a estos requerimientos, entre otros, el aspirante a gobernarnos tiene que lograr que le crean, así una vez en el gobierno se olvide de lo prometido o haga todo lo contrario a lo expuesto en campaña; a manera de ejemplo, ¿cuál de los presidentes de la historia reciente de Colombia, cuando candidato, no ha prometido que no incrementará los impuestos? Incluso, Juan Manuel Santos aseguró firmar esta promesa en piedra o en mármol, en un debate con Antanas Mockus, el 25 de mayo de 2010.

Hacerse elegir es entonces el arte de mentir y de lograr que esas mentiras sean aceptadas como verdad. Así que no crea en las promesas de ninguno de los candidatos. Para escoger por quien votar mire otros elementos como antecedentes, trayectoria, coherencia, liderazgo, razonabilidad de sus propuestas; pero sobre todo sus actos de vida.

ANTES DEL FIN

29 de mayo de 2022, una fecha trascendental en la historia de Colombia y de la de cada uno de los colombianos.

REHENES

REHENES

Eligio Palacio Roldán

Desde las novelas de la infancia – Sandokán de Emilio Salgari – Kalimán o Arandú – siempre oí hablar de rehenes; después fueron frecuentes en las noticias de radio, prensa y televisión. Siempre creí entender su significado, pero no lo comprendí en su verdadera dimensión hasta la semana anterior cuando con una tercera parte de la población colombiana fui rehén de las autodenominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

El viernes en la madrugada viajando hacia Entrerríos, 60 kilómetros al norte de Medellín, fui alertado en la carretera sobre la quema de vehículos por parte de los criminales; como pude llegué a la finca y permanecí allí hasta el martes, en medio de la incertidumbre por la recolección de la leche, la dificultad para la consecución de los insumos, los nuevos atentados, la sensación continua de peligro y la imposibilidad de movilizarme libremente.

La palabra rehén está definida por la Real Academia de la Lengua Española como “Persona retenida por alguien como garantía para obligar a un tercero a cumplir determinadas condiciones” y eso fuimos gran parte de los colombianos, el fin de semana pasado, con la demostración de poder de los delincuentes frente al estado, a quien pretenden doblegar.

A mi memoria llega el relato de la toma de Mitú por la guerrilla de las Farc en 1998 (http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articuloimpreso87232-mitu-fue-el-infierno) y no puedo más que sentir un déjà vu: otra vez un ejército sin capacidad de maniobra, otra vez una población desprotegida, otra vez la delincuencia en superioridad de hombres y de armas, otra vez la población de rehén. Ahora por primera vez en mi historia personal, yo también como rehén.

Y entonces uno se pregunta ¿qué pasó con el ejército que conformara Pastrana? ¿qué pasó con el de las victorias de los gobiernos de Alvaro Uribe? ¿dónde comenzó su declive y cómo hizo para retroceder tanto en la historia? ¿Fueron entonces veinte años perdidos para ese ejército y para Colombia?

También llega a mi memoria el amor del papá de una amiga por Álvaro Uribe luego de que lo liberaran del yugo de las Farc que lo había tenido secuestrado y a la que le tuvo que pagar luego para dejarlo trabajar y una alegría similar a la que sentí cuando un joven conductor de Colanta llegó hasta mi propiedad a recoger la leche inmovilizada, como consecuencia del paro armado, o cuando observé la caravana de vehículos en la vía a Medellín desafiando las amenazas.

Fue el fin de semana pasada la oportunidad para recordar la inmovilización del país por los retenes de los delincuentes de las Farc a principios de siglo y como el gobierno de Uribe y las Fuerzas Militares nos liberaron de ese yugo posteriormente; también para sentir la desesperanza del regreso al pasado y como volvemos a ser rehenes de la delincuencia, como ayer, como los hemos sido desde hace sesenta años.

Como dicen por ahí, el que desconoce la historia está condenado a repetirla: Los colombianos la olvidamos y ahí están las consecuencias.

ANTES DEL FIN

Colombia está mal de dirigentes políticos. Muy mal.

Llegaron las elecciones. Ojalá no nos dejemos llevar por el sectarismo político. Hay tiempo para pensar y analizar la historia del país y predecir el futuro a mediano y largo plazo.

Muy buena producción la telenovela Las Villamizar; a veces, la música, algunas escenas y la presentación, que ahora se hace al final, me recuerdan la serie turca EL Sultán.

“El tiempo pasa y se nos va la vida…” Corre este 2022.

FALSOS POSITIVOS: DE 15 DÍAS DE DESCANSO A 40 AÑOS DE CÁRCEL

FALSOS POSITIVOS: DE 15 DÍAS DE DESCANSO A 40 AÑOS DE CÁRCEL

Eligio Palacio Roldán

Con el paso del tiempo, la experiencia, los conocimientos adquiridos, la observación y el análisis he llegado a la conclusión de que la verdad no existe, tal como lo he expresado en diferentes oportunidades. Y si la verdad no existe, pues es lógico que la que difunda algún día la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición no dejará de ser una más a la que creerán unos y repudiarán otros.

Por estos días, conocí a un protagonista de la macabra historia de los “Falsos Positivos” que me relató “la verdad” de su historia.

Nacido en las montañas de Antioquia, campesino de escasos recursos y bajo nivel educativo, se enroló en el ejército apenas cumplió su mayoría de edad, como suelen hacerlos miles de campesinos de nuestro país buscando una mejor oportunidad para sus vidas.  Allí hizo parte de un pelotón en el gobierno Álvaro Uribe. Él, recuerda, exigía resultados en cada visita a la Brigada, en cada reunión y los resultados no eran detenidos, eran bajas. Y esa misma exigencia, la hacían los comandantes, los generales del ejército. El expresidente nunca pidió asesinar personas inocentes, pero si resultados, efectividad.

Tener una baja era motivo de alegría y de recompensa.

Alguna vez se encontraron con un pelotón amigo que le regaló una baja. Era un hombre joven, vestido de insurgente; pero en realidad no era tal, era un indigente, asesinado, trasladado desde Medellín al que hicieron pasar por guerrillero.  Fueron quince días de descanso remunerado y muchas felicitaciones. Pasado un tiempo comenzaron las investigaciones de la Fiscalía General de la Nación.  Un día, hasta su casa campesina llegaron a detenerlo, dejando atrás una historia de amor por sus padres y su terruño.

No fue fácil, un día en el calabozo del pueblo, otros más en el búnker de la Fiscalía en Medellín, su encarcelamiento en Bellavista, el miedo, el hambre, las dificultades para encontrar un espacio donde dormir, las presiones internas y externas, las peleas entre los presos, vivir inmerso en el mundo de las drogas en el que se convirtieron las cárceles colombianas, una riña que lo dejaría con problemas físicos para el resto de su vida y las palabras de aliento que se tuvo que inventar para no afligir más a sus avergonzados padres campesinos. Luego, la cruda realidad: Cuarenta años de cárcel.

Después, una rebaja de trece años por aceptar los cargos que le imputaban hasta que, después de siete años de prisión, llegó la libertad condicional acogiéndose a los beneficios de la Ley 1820 y la espera del llamado de la JEP.

Ahora trata de rehacer su vida de manera honesta como le enseñaron sus padres, borrar los años de cárcel que le dejaron cicatrices en cuerpo y alma, pero es difícil dados sus antecedentes judiciales y el señalamiento de la sociedad. Al igual que él, más de tres mil exsoldados esperan el veredicto de la JEP con el sinsabor de que su trato es desigual con el dado a los excombatientes de las Farc, pues mientras los exguerrilleros tienen múltiples beneficios por parte del gobierno ellos no encuentran la forma de salir de la crisis personal, económica y social que se originó en los falsos positivos.    

ANTES DEL FIN

¿En qué momento nuestra sociedad se dejó llevar por el todo vale, por “el fin justifica los medios” de que hablase Maquiavelo en el siglo XV, donde quedó la ética?

Dura lección la que deja la trágica historia de los “Falsos Positivos”, falsos positivos que se repiten en el estado, en la empresa privada, en los colegios; en fin en todos los estamentos de nuestra sociedad: hacer para ser visto, para deslumbrar, para brillar a costa de lo que sea, hasta de la vida de los demás. ¡Lamentable! ¡Trágico!

Puede leer: DE LA ETICA DE LOS RESULTADOS A LA TRAGEDIA DE LOS FALSOS POSITIVOS https://eligiopalacio.com/2021/03/26/de-la-etica-de-los-resultados-a-la-tragedia-de-los-falsos-positivos/

¡DE ACUERDO! AMNISTIA GENERAL

¡DE ACUERDO! AMNISTIA GENERAL

Eligio Palacio Roldán

Espero que gentes que dicen dedicar su vida al logro de la paz, como el premio Nobel, Juan Manuel Santos, sean los primeros en apoyar y promover la iniciativa de Uribe Vélez.

Escribo estas notas a riesgo de perder lectores. Cuando reflexiono de manera positiva sobre la vida o las opiniones del expresidente Álvaro Uribe Vélez me llueven críticas y se manifiesta la desidia por mis opiniones… es que está de moda ser antiuribista, criticarlo, ofenderlo, señalarlo. No conozco a alguien más a quien la opinión pública le haya volteado la espalda de esa manera y pues, tengo que repetir, yo fui de los pocos críticos del expresidente cuando toda Colombia se rendía a sus pies para implorarle su protección ante los ataques de los delincuentes de las Farc. En ese entonces, todo lo que decía Uribe era aprobado sin pensarlo; ahora, todo es rechazado sin un análisis medianamente serio.

Habló el expresidente Uribe, esta semana, en un encuentro con la Comisión de la Verdad sobre una amnistía general. El comentario lo hizo en una alusión a la condena a cinco años de cárcel de la famosa Epa Colombia – Daneidy Barrera por los ataques contra una estación de Transmilenio, en Bogotá,  en un proceso ajustado a la Ley, pero criticado por los medios de comunicación y la ciudadanía en general.

El expresidente comparaba la condena a la influenciadora con “el premio” a los exintegrantes de las Farc a quienes se les retribuyó, por sus crímenes, con curules en el Congreso sin pagar un solo día de cárcel, en el marco de la paz con el gobierno Santos. Esa comparación, resulta siendo la misma que hice en esta página el 12 de octubre de 2017 titulada LA PAZ DE LAS ELITES https://eligiopalacio.com/2017/10/12/la-paz-de-las-elites/.

En esa columna decía que el acuerdo de paz con las Farc era similar al alcanzado entre liberales y conservadores, en 1956, para frenar el movimiento popular de Gustavo Rojas Pinilla. Parece increíble como la historia de las gentes y las naciones se repite y como en nuestro país se hacen pactos entre las élites y siempre se deja al pueblo por fuera.  No dejar al pueblo por fuera, es precisamente la propuesta de Uribe de una amnistía general. Si queremos una paz de verdad debemos sacrificarnos por ella, sanar las heridas y hacer el máximo esfuerzo para perdonar y rehabilitar a una sociedad enferma por la violencia, la guerra, la corrupción, el crimen, el narcotráfico y la delincuencia.

Me preguntaba, en la citada columna:

¿Que pueden sentir estas gentes, acostumbradas a delinquir, sin oportunidades reales para el presente y el futuro cercano, viendo a sus exlíderes haciendo ostentación de los privilegios de su nueva vida, sin pagar por sus crimines y con un futuro definido y halagador?

¿Qué pueden sentir los miles de ciudadanos que no encuentran un trabajo digno y una manera de subsistir cuando ven a los delincuentes que los doblegaron, por más de medio siglo, exhibiendo su nueva posición? Lo obvio: Que en Colombia los buenos somos más pero que es mejor ser malo que bueno. Que los malos son premiados.

¿Qué pueden sentir unos y otros? Que, en este pacto, como siempre, han sido excluidos, que han sido utilizados por unos y otros para alcanzar un poder en beneficio de unas pocas élites.

Y obvio, las repuestas a estas preguntas no traen más que desosiego y más violencia, continuar en pactos de paz solo con las élites será prolongar la guerra por siempre.

Espero que gentes que dicen dedicar su vida al logro de la paz, como el premio Nobel, Juan Manuel Santos, sean los primeros en apoyar y promover la iniciativa de Uribe Vélez. Ese si sería un verdadero gesto de reconciliación con el expresidente y con la Colombia que dejó radicalizada.

ANTES DEL FIN

Agotador el caos vehicular en la ciudad de Medellín, pareciera que el alcalde de la ciudad Daniel Quintero no se diera cuenta que el asilamiento por el COVID terminó.

Tampoco parece darse cuenta el gobierno y el Banco de la República del precio del dólar. Es tiempo de intervenir.

Muy buen equipo periodístico conformó La FM en las mañanas.

GANANCIAS Y PÉRDIDAS DE LA OLA DE PROTESTAS EN COLOMBIA

GANANCIAS Y PÉRDIDAS DE LA OLA DE PROTESTAS EN COLOMBIA

Eligio Palacio Roldán

Perdió Juan Manuel Santos. ¿Cómo así que un Premio Nobel de Paz no tiene la menor capacidad para generar alguna solución al conflicto que se dio en el país, cuando apenas acaba de terminar su gobierno?

La vida es una sucesión de ganancias y pérdidas originadas en cada decisión de hacer o no hacer. “Cuánto gané, cuanto perdí. Cuánto de niño pedí. Cuánto de grande logré…”, la pregunta que todos los seres humanos nos hemos hecho alguna vez, canta Pablo Milanés. Alguna vez le hice esa pregunta al entonces presidente Álvaro Uribe Vélez en relación con su reelección. No me contestó como es su costumbre, ante preguntas incómodas. Perdió, perdió mucho y sigue perdiendo aún él y el país.

Pero bueno, las protestas dejan millonarias pérdidas económicas, cientos de desempleados y varios muertos. ¿Cuánto ganó, cuánto perdió cada colombiano? Veamos algunos casos:

Los jóvenes ganaron porque, por fin, se hizo visible su tragedia: la sociedad del siglo XXI, la del consumo, no pudo responder a sus demandas. Pasa igual acá, en Chile, Venezuela o Cuba y en menor grado, pero sucede, en los países desarrollados. Llegó la hora de reinventarse para atender las quejas de las nuevas generaciones; creo, se deben propiciar las condiciones para el regreso al campo. Perdieron porque entraron en la sinrazón del odio, la desinformación y el sectarismo político.

La izquierda ganó porque consiguió adeptos entre los jóvenes y algunas de sus tesis tuvieron reconocimiento. Perdió porque la violencia desatada, de alguna manera, está atada a sus movimientos. Igual sucede con Petro, quien en vísperas de las elecciones presidenciales profundizó aún más la polarización.

La derecha perdió porque sus tesis se desgastaron y al igual que la izquierda son señalados como generadores de violencia. Ganó porque muchos ven en un gobierno fuerte la solución a los problemas del país. En ese aspecto, también, pueden ganar a mediano plazo Uribe y Germán Vargas Lleras.

Perdió Juan Manuel Santos. ¿Cómo así que un Premio Nobel de Paz no tiene la menor capacidad para generar alguna solución al conflicto que se dio en el país, cuando apenas acaba de terminar su gobierno?

Perdió el acuerdo de paz con las Farc. En el imaginario queda la idea de que las protestas son otra de las formas de lucha de la insurgencia, ahora en la legalidad.

Perdieron todos los empresarios, desde el más pequeño hasta el más grande, por el estancamiento de la economía y la destrucción de cientos de empresas y/o establecimientos de comercio. Ni hablar de los campesinos que perdieron cosechas, animales e ingresos.

Perdieron las clases sociales menos favorecidas porque ahora hay más desempleo, hambre y miseria y menos dinero para apoyarlas.

Perdió el periodismo y la información en si misma porque las redes sociales tuvieron el llamado “cuarto poder” en sus manos. La tecnología al servicio del terrorismo tuvo toda la capacidad para desinformar y generar una credibilidad que perdieron los medios de comunicación tradicionales.

Ganó el terrorismo que logró paralizar al país. Perdió el estado que no fue capaz de controlar la situación. Perdió el presidente Duque.

Perdió la Policía Nacional a pesar de sus esfuerzos por controlar los desmanes.

Perdieron los defensores de derechos humanos por su sesgo al defender a los civiles y condenar a las autoridades a sabiendas que unos y otros abusaron de los demás.

Perdieron los autodenominados candidatos de centro: ni fu, ni fa.

Perdieron las ciudades como centros de bienestar para los humanos. Ya habían perdido estatus con la pandemia.

Se perdió el control al COVID 19.  

Perdimos todos los colombianos porque ahora no solo somos más pobres sino porque el pesimismo se apoderó de gran parte de la población y no se avizoran soluciones, ni a corto ni mediano plazo, a la problemática actual.

ANTES DEL FIN

La historia es circular: los que ganan hoy, mañana pierden. Bueno, la historia es la vida misma. Calma, solo el tiempo dará la respuesta definitiva sobre quien ganó y quien perdió en esta escena cruenta de la Colombia 2021.

Y… Usted, amigo lector, ¿Cuánto ganó, cuanto perdió en este mes de protestas? ¿Cuál es su balance?

Cuando merme la pasión desenfrenada de estos días, de unos y otros, estoy seguro, resurgirán elementos fundamentales para la democracia como una prensa seria y responsable. ¡Qué falta hace!