LA CULPA EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

LA CULPA EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Eligio Palacio Roldán

La culpa condena, la culpa libera. Entre estos dos extremos se mueve el ser humano. Por ella, muchos han llegado hasta el suicidio y otros al asesinato de cuerpos o almas. La culpa es la “imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta.”

El culparse a sí mismo es mirado con compasión, como un problema sicológico a resolver; el culpar a los demás casi siempre es bien visto, como valentía y es apoyado por las mayorías, por las masas. El culpar a los demás, al otro, tranquiliza y libera de la propia culpa y de la responsabilidad consigo mismo y con la sociedad.  Se culpa al otro de la pobreza, la infidelidad, la infelicidad, la enfermedad y los desastres cada vez menos naturales. Se endilgan normalmente las culpas a los padres, los jefes, a quien no nos amó, a los gobernantes y hasta a Dios.

Desde hace ya más de un año la humanidad enfrenta una pandemia que modificó la capacidad productiva, de movilización y hasta la forma del hombre estar en la tierra. Muy poco su forma de ser, desafortunadamente.

Poco sé del autocuidado en otras culturas, en los tiempos del coronavirus. Sé del nuestro y prácticamente no existe. Somos maleducados por naturaleza y nos encanta violar las normas; eso da cierta idea de éxito, de sobradez. El colombiano de por sí es inmaduro, pareciera tener la necesidad de alguien a su lado que lo vigile, lo controle, y eso en medio de una pandemia es un imposible y como es imposible pues entonces se violan las recomendaciones de las autoridades, se llenan los centros hospitalarios de enfermos y los hornos crematorios de muertos… Y, ¿adivinen quién es el culpable? Pues obvio: el gobierno.

El gobierno, en especial el nacional, pareciera ser el culpable de todo lo malo que pasa a nuestro alrededor y todo el esfuerzo que hace por sacarnos de la difícil situación que genera el COVID se queda en eso, en esfuerzo. Somos, también, malagradecidos.

Ningún padre, ningún jefe, ningún gobernante puede sacar adelante una tarea si no cuenta con el apoyo de los seres humanos de su entorno. Es el caso del presidente de Colombia, de todos los colombianos. Si queremos salir de la difícil situación en la que nos puso la pandemia debemos colaborar desde nuestra forma de estar en los espacios donde nos encontremos; esa forma de estar tiene que ver obviamente con la manera de ser, una manera de ser destructiva que solo trata de esconder sus falencias y debilidades culpando al otro.

Obviamente, la tendencia negativa de los colombianos y su manía de culpar al otro por sus propias desgracias es utilizado por los politiqueros de siempre para hacer una oposición que le genere réditos políticos y eso, para desgracias de todos, es lo que ocurre en el país.

ANTES DEL FIN

La cantidad de gente a la espera de ayudas del gobierno y la forma como la sociedad colombiana se dedica a criticar al presidente Duque me trae inevitablemente a la memoria, la imagen de las gentes de La Habana, Cuba. No hacer nada para sobrevivir y/o salir de la miseria y culpar de ello al régimen parece ser el horizonte.

Si algo no me gusta de ser jefe es tener que asumir, en algunas oportunidades, el papel de agente de la policía: estar vigilando lo que hacen mis colaboradores. No hay caso. Falta formación en ética; en los hogares y en las escuelas.

DE LA ETICA DE LOS RESULTADOS A LA TRAGEDIA DE LOS FALSOS POSITIVOS

DE LA ETICA DE LOS RESULTADOS A LA TRAGEDIA DE LOS FALSOS POSITIVOS

Eligio Palacio Roldán

A veces me leen. A veces me felicitan. A veces me critican. Quien escribe y opina está expuesto a los juicios de quienes lo leen. Eso es normal y, obviamente, lo respeto. La pasada columna URIBE ES INOCENTE (https://eligiopalacio.com/2021/03/11/uribe-es-inocente/) dio para todo tipo de alabanzas y críticas. Una de las críticas hacía referencia a que no menciono, siquiera, la tragedia de los falsos positivos, de los cuales culpan al expresidente Uribe sus más férreos enemigos.

Sea lo primero, decir que estoy seguro Uribe no tuvo nada que ver en el exterminio de jóvenes inocentes para hacerlos pasar por guerrilleros y no porque crea que el alma del exmandatario sea casta y pura, sino porque no es tan tonto para caer de esa manera en las manos de un enemigo o de algún “amigo”. Tampoco creo los hayan propiciado Juan Manuel Santos, Marta Lucía Ramírez o algún otro Ministro de Defensa. El interés de unos y otros era obtener resultados positivos en la lucha contra la guerrilla y, obviamente, con esos resultados ganar el aplauso y el favoritismo de los colombianos, para sus propósitos políticos.

Los falsos positivos son la más dura y triste tragedia de nuestra historia, tal vez solo comparable con la conquista española cuando los invasores masacraron a nuestro pueblo indígena. Eso está claro, no hay discusión posible, y si algún colombiano los defendiera es porque está más enfermo que quienes los propiciaron. Ahora bien, el origen de ellos no es el estímulo dado a los militares sino la forma turbia como esos militares quisieron mostrar al gobierno y a la sociedad una victoria sobre la guerrilla de las Farc. Ahí la génesis del problema.

La sociedad consumista del siglo XXI es la sociedad de los resultados: resultados académicos, deportivos, empresariales, económicos, etc. Somos esclavos de esos resultados. El éxito es cuantificable, medible a partir de ellos. Un buen gerente los exige siempre y si él mismo no los genera, pues se va. A los niños se les reclaman desde la más tierna edad y si no los tienen son tachados de fracasados.

Si por algo se ha distinguido Uribe, en su vida pública, es por exigir resultados. Son ya míticos sus “Consejos Comunitarios” donde ponía en la picota pública a quienes no los dieran. Y esa presión fue la que habría llevado a los militares a los “falsos positivos”, porque era imperativo tenerlos.

Pero no son solo los resultados para Uribe, son los resultados para la sociedad en general los que están estrangulando la vida en el planeta. De ahí fenómenos como el cambio climático, o la explotación laboral en regiones de China, Latinoamérica y África, o la esclavitud virtual que amenaza a la humanidad. Resultados tenemos para anunciar al mundo; pero ¿Cómo se obtienen? ¿A qué costo? ¿A costa de qué o de quiénes? Nos está matando, literalmente, la falta de ética en los resultados. 

Es tan desafortunada nuestra ética en la obtención de los resultados y tan poca la evolución de la sociedad que estamos repitiendo la terrible premisa de Maquiavelo, de hace 500 años: “El fin justifica los medios”. Esa misma falta de ética en los resultados está minando la credibilidad en la JEP y por ello sus cifras de los falsos positivos deben ser demostrables y creíbles porque pareciera, también se están usando como herramienta política.

Pero no solo nos exigen resultados, los exigimos a diario, los imponemos. No importa si estamos en pandemia, si el otro puede lograrlos, si existen los recursos para obtenerlos. Nada importa, solo los resultados. Y, después, nos quejamos de los falsos positivos que nosotros mismos propiciamos.

Se creía que la pandemia del coronavirus cambiaría el paso del hombre por la tierra. No hay tal: Seguimos en las mismas: tras los resultados.

ANTES DEL FIN

Si algo trajo la pandemia es la conciencia de lo mortales que somos y la irresponsabilidad frente al otro que sí cuida su vida.

Segunda Semana Santa sin las ceremonias religiosas y los encuentros propios de la época. Bueno, quizás nos vamos acomodando a esta nueva forma de vivir. Nuestro paso por la tierra continúa.

UN AÑO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

UN AÑO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Eligio Palacio Roldán

Hoy hace un año, 20 de marzo de 2020, salí huyendo hacia un lugar en las montañas de Entrerríos – Antioquia, donde tengo mi refugio, tratando de escapar de una amenaza llamada Coronavirus. Todas las historias, vivencias y reflexiones de este período se pueden ver y leer en videos, historias y reflexiones en “LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS” (https://eligiopalacio.com/en-los-tiempos-del-coronavirus-2/)

En mi caso, debo decir que hubo resiliencia: rápidamente me adapté e hice que el grupo que dirijo, laboralmente, se adaptara a las nuevas circunstancias; fuimos más productivos que en años anteriores, cada dificultad se convirtió en un desafío y demostramos que estábamos preparados para asumir nuevos retos. En lo personal, regresar al campo después de 50 años fue una aventura extraordinaria, un reencuentro con los fantasmas del pasado para aclararlos y/o vencerlos, con la música, el espíritu, la naturaleza y Dios y con una vida mucho más confortable que la de la ciudad, una vida campesina cercana pero desconocida hasta entonces pues solo quedaban vagos recuerdos de la infancia. No hubo televisión.

Como sociedad, se esperaba que el COVID-19 fuera una ruptura con el pasado. Bueno, aun se espera. Sin embargo, todo parece seguir igual o quizás peor: el empobrecimiento de muchos no despertó la solidaridad necesaria, los corruptos afilaron sus garras y los políticos, al menos en Colombia, continuaron con sus estrategias para destruir, al contrario, dando la espalda a una nación que esperaba más de sus dirigentes.

Un año después, todo parece quedar atrás a pesar de que el Coronavirus deja una estela de pobreza, dolor y muerte. La normalidad se abre paso, el temor a la pobreza y a no tener el confort de otros días derrota el miedo a la enfermedad. Ya son solo recuerdos las escenas mágicas de las calles vacías en pueblos y ciudades, las fumigaciones inútiles, los encuentros a escondidas, los encierros, la soledad. Se abren nuevos escenarios: el regreso a vivir al campo, su valoración; la desmitificación de las ciudades como escenarios para vivir; la trivialización de las formas de vestir y las joyas, la desmitificación de los horarios laborales y de la concentración en los centros de trabajo y de estudio; la redefinición de la familia y la amistad; la cotidianidad de la muerte.

En fin, las generaciones que habitaron el planeta al comenzar la tercera década del siglo XXI y salieron avante tras la pandemia del coronavirus fueron privilegiadas; vivieron una historia fantástica, llena de temores y retos para superar, de incertidumbre y de pequeñas grandes batallas por sobrevivir.

ANTES DEL FIN

Excelente el gobierno Duque en “Los Tiempos del Coronavirus”: Serio, profesional, despolitizado y teniendo a la gente como su principal baluarte.   Desafortunada la oposición que no estuvo a la altura de las circunstancias.

La clase política colombiana sigue de oso en oso. ¿Qué tal el fallido proyecto de extensión de los períodos de nuestros gobernantes? Sigan así, seguramente acabarán con nuestra democracia.

URIBE ES INOCENTE

URIBE ES INOCENTE

Eligio Palacio Roldán

Álvaro Uribe es inocente. Estoy seguro. Estoy seguro, porque desde cuando asumió el reto de liberar a Colombia, de la opresión de la delincuencia armada, los colaboradores directos e indirectos de la guerrilla de las Farc, muchos de ellos agazapados en la clase política, el periodismo y el mismo gobierno, emprendieron otra lucha: la de liquidar al presidente Uribe. Y se agazaparon a su alrededor, como en el caso de Juan Manuel Santos, para darle una estocada final y así cumplir con un sueño “revolucionario” de muchos años atrás.

Me refiero a que Uribe es inocente de los delitos atroces que la guerrilla, algunos periodistas y la izquierda colombiana han tratado de endilgarle en su vida pública, no al reciente y controvertido proceso por manipulación de testigos que adelantó la Corte Suprema de Justicia, luego la Fiscalía General de la Nación y que hoy sigue su trámite ante un juez de la república. Este delito, en últimas, resulta siendo menor en comparación con los que dicen cometió y de ser declarado culpable sería una pobre victoria para sus opositores.

Por lo único que los enemigos de Uribe han podido llevarlo a los estrados judiciales es por, supuestamente, tratar de conseguir cambiar el testimonio de un testigo, sobre su posible participación en la conformación de grupos paramilitares; una práctica común en todas las investigaciones judiciales y/o administrativas en este país. Me pregunto, ¿Qué implicado en un proceso no busca que los testigos se acerquen a su verdad? Y, ¿Qué acusador no ha hecho lo mismo? El problema no es ese, el problema es que los jueces de la república no tengan la capacidad para dilucidar la verdad a través de los interrogatorios a los “testigos” de los hechos o que sencillamente se nieguen a aceptarla. En toda esta historia quien, verdaderamente se está haciendo el harakiri, es la justicia colombiana y de paso, está “volviendo trizas” la institucionalidad de la nación y a Colombia entera.

Uribe es inocente, estoy seguro, porque alguien con tantos y tan poderosos enemigos no podría estar libre después de veinte años de enfrentarlos, sin que haya aparecido alguna prueba contundente en su contra. Y han sido tantos y tan infructuosos los intentos de vincularlo a algún delito que de aparecer alguno, al cabo de tanto tiempo, ya no sería creíble. Además, ¿Cómo es posible que ni siquiera sus enemigos mimetizados en su gobierno hayan logrado recaudar una prueba en su contra?

A estas alturas ya ni interesa si Uribe es absuelto o condenado por algún organismo nacional o internacional, el expresidente ya pasó a la historia como el hombre más importante de Colombia, en las primeras dos décadas del siglo XXI. Seguro, con el pasar de los años, se convertirá en un mito. Bueno, ya lo es. Sus seguidores seguirán adorándolo y sus detractores odiándolo como ha ocurrido con los grandes líderes de la humanidad. Difícil que otro presidente lo iguale, así haya conseguido un premio Nobel.

ANTES DEL FIN

Nunca fui Uribista, nunca lo seré. Cuando Colombia se rendía a los pies de Uribe, critiqué el manejo que le daba a la economía y la oportunidad perdida de cambiar nuestro sistema político. El expresidente fue el único con el poder de convocatoria necesario para hacerlo y no lo hizo, el único que ha tenido a Colombia dispuesta a participar en una verdadera revolución.

Hablando de revolución, ¿Cuándo harán los partidos de izquierda una revolución similar a la que hizo Jenaro Pérez y Colanta en el norte antioqueño, o el empresario Arturo Calle, o el Grupo Carvajal o tantos otros empresas y empresarios colombianos?… “Mucho tilín tilín y nada de paletas”.

LA JUSTICIA ESPECTÁCULO

LA JUSTICIA ESPECTÁCULO

Eligio Palacio Roldán

Después de las muertes violentas que dejan las guerras nuestras de cada día, el tema más manido por los medios de comunicación, la clase política de todas las tendencias y los colombianos del común es el de la administración de justicia. La justicia, está definida por la Real Academia de la Lengua Española, entre otras, como “Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece… derecho, razón, equidad”

Administrar justicia es casi tan complicado como informar debido a, como lo he dicho tantas veces, la imposibilidad de encontrar la verdad o la realidad, inclusive la propia. Ante esa imposibilidad, los humanos han diseñado una serie de códigos, acuerdos o leyes que les permite “un acuerdo sobre lo fundamental” para entenderse y a partir de allí ser justos. La administración de justicia requiere, entonces, seres humanos de la más alta calidad, profesionales estudiosos, conocedores de las normas y con capacidad analítica para determinar quiénes de los que interactúan en la sociedad se acercan a lo real y quiénes tratan de utilizarlos, a ellos mismos, en beneficio de intereses oscuros.

La utilización de la misma justicia por particulares se hace evidente con los falsos testigos, o los testigos amañados que pululan por los despachos judiciales y con los personajes, muchos de ellos políticos, que los rodean. El administrador de justicia debería tener la capacidad para determinar quién miente. Si no la tiene, la historia de Colombia se seguirá moviendo al vaivén de los intereses oscuros.

En nuestro país, quienes administran justicia, parecen estar atrapados entre los testigos, la política, las redes sociales, la prensa y los ciudadanos del común. Pero eso no es todo. Lo más grave es que parecieran estar jugando, a los “falsos positivos”: a volver sus actuaciones un espectáculo que se vea, que sea notorio y les permita mostrarse, ante un público que exige cada vez más resultados, como pequeños reyezuelos. Ese afán de protagonismo, de publicidad, de mercadeo le está haciendo mucho daño a Colombia como nación y a la misma administración de justicia, que pierde credibilidad a pasos agigantados.

Son desoladoras las puestas en escena de capturas de personajes y patética la actuación de los medios de comunicación frente a ellas. Pareciera que en unos y otros prima el morbo sobre su deber de actuar e informar.  Son muchos los ejemplos: uno de esta semana, la captura del Gobernador de Antioquia, Anibal Gaviria.

En diversas columnas he sido reiterativo en que la justicia debe actuar, pero en su administración se presentan circunstancias que van en contra de un escenario propicio para dilucidar los hechos que le atañen. El país tendría una mejor administración de justicia:  más eficiente y eficaz, si evitara las filtraciones a los medios de comunicación y el espectáculo de detenciones e informaciones sobre investigaciones en curso. La reserva es clave fundamental a la hora de investigar.

Repito, además, va siendo hora de eliminar el mecanismo de las detenciones preventivas. ¿Cómo así que me detienen por si soy culpable? Y, ¿cuántas personas pasan meses y años esperando una condena?

ANTES DEL FIN

En todo lo malo que le pasa a Aníbal Gaviria, a quien deseo pueda demostrar su inocencia, hay algo bueno: su cercanía con el periodismo antioqueño. Quizás, por lo menos, estos periodistas entiendan el mal que se le hace a la gente y a la justicia con la divulgación de investigaciones judiciales y la detención de las personas implicadas en ellas. repito, tan solo investigaciones.

Caracol que se duerme se lo lleva RCN. Se va acabando el reinado del Canal Caracol en sintonía… pero es que El Escamoso jamás podrá hacer nada frente a Betty. Eso sí, en noticias Caracol mejora cada día, excelente Mauricio Gómez.

Y vamos a cumplir un año en pandemia. Este tiempo se prolonga y el gobierno Duque pasará a la historia como el gobierno de Los Tiempos del Coronavirus.

Puede ver: LAS MÚLTIPLES MUERTES DE UN CRIMEN https://eligiopalacio.com/2017/05/31/las-multiples-muertes-de-un-crimen/