Archivos en la Categoría: OPINIÓN

CÁNDIDOS Y CANDIDATOS

CÁNDIDOS Y CANDIDATOS

Eligio Palacio Roldán

Aunque sus primeras seis letras son iguales sus significados son bien distintos: Cándido significa ingenuo, que no tiene malicia ni doblez y Candidato, persona que pretende algo, especialmente un cargo, premio o distinción. En la democracia los candidatos pretenden hacerse elegir, engañando a los cándidos electores.

Se podría pensar que en las sociedades más educadas hay menos ingenuos, pero no parece ser así; o al menos en Colombia. Ya es un clásico, de los engaños a los ingenuos electores, aquella afirmación del hoy presidente Santos, el 2 de junio de 2010, que generó efusivos aplausos: “Le puedo firmar sobre piedra o sobre mármol, si es necesario, que no voy a incrementar las tarifas de los impuestos durante mi Gobierno”. Y a esa promesa le sucedieron no una sino siete reformas tributarias, la mayoría con incremento de impuestos.

Al igual que Santos o peor que él, los candidatos actuales no solo prometen no incrementar los impuestos si no rebajarlos. Lo mismo sucede con el tema pensional y demás propuestas económicas, políticas, sociales y hasta de protección del medio ambiente. Para no espantar adeptos, por ejemplo, ninguno se  atreve a decir que utilizará el fracking como técnica de explotación petrolera y, seguro, todos la autorizarán, de ser elegidos. “Patinan”, también, la mayoría de los candidatos, al abordar temas como el matrimonio igualitario, el aborto o la eutanasia. Sienten miedo de perder adeptos radicales o liberales, si esgrimen una posición clara frente a temas polémicos.

Como Santos y todos sus predecesores, para congraciarse con los electores o más bien  para engañarlos, utilizan como punto de lanza, de su posible gobierno, la lucha contra la corrupción y mientras tanto mercadean apoyos a cambio de burocracia y contratos  y cuando concluyen la negociación la anuncian, a los cuatro vientos, como un gran acuerdo programático, que es aplaudido  por los ingenuos seguidores.

He leído, me han contado y he percibido que engañar ingenuos no es solo una característica de los colombianos, que es propio de la política y de todos los políticos en el mundo. De igual forma he visto como a los ciudadanos no les importa que los engañen; incluso las diferentes campañas no tienen que hacer mayor esfuerzo, para lograr su propósito, pues no entienden lo que no quieren entender, sumergidos en el fanatismo. Tampoco tienen que acudir a estudios de mercadeo o a la información personal de “data analytics” para sus estrategias de engaño. Somos demasiado cándidos y  no solo creemos las mentiras que nos suministran, por diferentes fuentes, sino que las reproducimos sin pudor.

Ante las evidencias de que el propósito de los candidatos es engañar; entonces, ¿para qué desgastarse escuchando y analizando propuestas que no cumplirán? Tal vez la mejor elección sea la química, esa que se tiene por alguien sin saber por qué.

ANTES DEL FIN

Los debates no dejan de ser un programa de entretenimiento. Aquí el rating de El País de los Jóvenes, un indicio de las preferencias electorales de los cándidos televidentes.

@IvanDuque 7.9

@German_Vargas 7.6

@DeLaCalleHum 7.0

@sergio_fajardo 6.7

Puede ver las propuestas de los candidatos presidenciales en la dirección: https://www.publimetro.co/co/noticias/2018/04/16/propuestas-candidatos-presidente-colombia-2018.html

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DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS DEL NARCOTRAFICO

DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS  DEL NARCOTRAFICO

Eligio Palacio Roldán

Tituló el diario El Espectador, su editorial del pasado sábado “DERRUMBAR LOS SIMBOLOS DEL DOLOR” donde elogió la iniciativa de la Alcaldía de Medellín de demoler el simbólico edificio Mónaco donde habitó, el mítico, Pablo Escobar.

Tiene razón el editorial en que para “Colombia no es útil olvidar de donde viene y por lo que ha pasado”. Desafortunadamente no solo no lo olvidó sino que incorporó la memoria de Pablo Escobar y del narcotráfico a su actuar, su forma de ser y estar en el mundo, su cultura. Triste realidad que no se cambia demoliendo edificios. Sólo basta con ver la transformación de la arquitectura para entenderlo: Ahora son cientos de edificios réplica del Mónaco los que ocupan ciudades y pueblos en Colombia. Sólo basta analizar las dimensiones de los cultivos ilícitos y del narcotráfico para comprender que miles de colombianos han seguido el ejemplo del capo del Cartel de Medellín. Solo basta con observar el comportamiento de las gentes, en nuestra geografía, para dimensionar la penetración de lo ilícito en nuestra cotidianidad.

Dirán algunos que no tengo razón, en lo que pienso, que Alemania, por ejemplo, se reintegró luego de derrumbar el muro de Berlín; pero la historia fue al contrario: el símbolo cayó por una decisión del pueblo alemán de unirse. Luego las protestas obligaron al gobierno a anunciar que el paso a lado y lado estaba permitido y el muro fue derruido por la multitud que ansiaba la unión entre Alemania y Alemania Oriental.

¿Qué hubiese sucedido si se derriba el muro y no hay deseo de unión? Lo que ocurre en muchas fronteras del mundo: una guerra.

Afirma, además, el editorial que “Cambiar estos monumentos a la maldad por homenajes a las víctimas es la única manera de dar la batalla por una memoria que recuerde el dolor y se comprometa a no repetirlo.” Derribar el edificio Mónaco es un paño de agua tibia, algo inocuo, un titular en los medios de comunicación, nada más. Se haría más dejando el edificio, aceptando que es un sitio turístico y mostrando a propios y extraños los efectos nefastos del narcotráfico. ¿O será que las mismas autoridades no encuentran argumentos para demostrar que el delito es funesto para la humanidad?

Borrar la memoria de Escobar, derrumbar el mito, solo se logrará cuando los colombianos vean, entiendan y concluyan que hay otros caminos, otras formas de estar en el mundo, generadoras de mayor bienestar físico y emocional, que estar inmersos en un estilo de vida y en una economía fundamentada en el narcotráfico. Para ello, se debe hacer entender a la sociedad las consecuencias negativas que genera estar sumido en la ilegalidad. Si hay consecuencias, claro, porque el margen de generación de riqueza por actividades ilícitas versus el castigo por participar en ellas es mínimo, en un país donde la justicia no funciona.

Además se debe cultivar el espíritu a través de la educación y el apoyo a la cultura como bien lo viene haciendo, por ejemplo, la alcaldía de Medellín desde hace varios años. Solo la educación entendida como formación y mejoramiento continuo y la generación de oportunidades de trabajo dignas podrá derrumbar los edificios “Mónaco” que se levantan como símbolo de poder y de riquezas bien o mal habidas.

¿Qué sucederá si se derriba el Edificio Mónaco y no hay un deseo de salir de la cultura del narcotráfico? Nada.

ANTES DEL FIN

Creo que con el mito de Pablo Escobar ya no hay nada que hacer. Es el símbolo de Colombia en el exterior, de la mano de uno o dos artistas y deportistas.  Ni siquiera el “famoso” Nobel del presidente Santos tiene alguna recordación entre el ciudadano del común.

Invito a ver… NIÑOS DE GERONA – ESPAÑA HABLAN DE COLOMBIA https://eligiopalacio.com/2018/02/22/ninos-de-gerona-espana-hablan-de-colombia/

INVESTIGACION DE MERCADOS, FACEBOOK Y POLÍTICA

INVESTIGACION DE MERCADOS, FACEBOOK Y  POLÍTICA

Eligio Palacio Roldán

Corría un frío invierno, en el segundo semestre de 1988, y a las seis de la mañana los estudiantes corríamos tratando que el profesor, Diego Germán Arango, no nos cerrara la puerta, en la emblemática Escuela de Minas, de la Universidad Nacional de Medellín. Era muy estricto. Buscábamos descifrar los misterios del mercadeo, cómo aprender a descubrir las necesidades y los deseos del consumidor, cómo hacer que los productos generaran el interés de los consumidores y los comprasen. Hablaba de libros extraordinarios  que solo pude comprar muchos años después.

En 1989 tuve la oportunidad de escudriñar en los deseos del ser humano, en complejas y extenuantes encuestas de investigación de mercados. También participé el análisis de los resultados.

Hoy he desempolvado el libro “Comportamiento del Consumidor Schiffman-Kanuk – 8ª Edición, 2005”, en el que se lee:

“El campo del comportamiento del consumidor tiene su origen en una estrategia de marketing que evolucionó a finales de la década de 1950, cuando varios mercadólogos comenzaron a darse cuenta de que podrían vender más bienes, y con mayor facilidad, si sólo producían los artículos que ya hubieran determinado previamente que los consumidores comprarían… Las necesidades y los deseos de los clientes se convirtieron entonces en el principal centro focal de la empresa. Esta filosofía de marketing orientada al consumidor llegaría a conocerse como el concepto de marketing.

La suposición fundamental que subyace en el concepto de marketing es que, para alcanzar el éxito, una compañía debe determinar cuáles son las necesidades y los deseos de los mercados meta específicos, y cumplir las satisfacciones deseadas mejor que sus competidores…”

Vienen a cuento los recuerdos por el escándalo desatado  por ‘data analytics’. Según Guillermo Santos Calderón, en El Tiempo, “… la información personal de usuarios de la red social se utilizó para ayudar a la campaña de Trump, analizando los datos profundamente mediante algoritmos, que son formas de procesarlos de manera exacta, diseñados para poder detectar los gustos, las experiencias, los ‘neurotismos’, las amabilidades y tendencias de los dueños de los datos al relacionarse con otras personas”.

Y se arma un dilema por fuera de tiempo o de falsa ética, porque lo que utilizó la campaña Trump no es otra cosa que una herramienta de investigación de mercados, mucho más moderna que la que se utilizaban hace 30 años, o desde hace casi un siglo: encuestas, focus group, observación del comportamiento del consumidor, etc. Se aduce el problema de la privacidad, pero cuándo se han cuestionado otras formas, quizás más grotescas, como los métodos de fidelización –CRM-, que también sin nuestra autorización analizan  temores, deseos o sueños a través de los productos que consumimos, para generar nuevas posibilidades de compra?

El Facebook es otra herramienta de investigación de mercados, quizás más poderosa que las conocidas hasta su aparición, pero una más y un candidato a una elección popular es un producto para vender, muy importante, pero uno más. Y para que el producto llegue al consumidor, para que sea el elegido, es fundamental conocer las motivaciones de los consumidores, y para lograrlo el facebook es eficaz. Claro, mucho más que las encuestas en las que trabajé 30 años atrás.

Y a eso se juega en la política: a tratar de satisfacer las necesidades del consumidor. En Colombia, como consecuencia de la violencia de las guerrillas y del nefasto gobierno venezolano, hay una necesidad de protección por parte del presidente de turno y a eso se juega. También a una creciente necesidad de protesta contra el sistema actual, que va haciendo eco.

ANTES DEL FIN

Alguna vez, a finales del siglo XX, se juntaron las ganas de hacer investigación de mercados y política en mi vida, en el pequeño pueblo de Entrerríos. Ante la escasez de recursos, tuve que acudir a la herramienta de investigación de mercados más antigua: “Parar la oreja” y tratar de escuchar los comentarios en cafés y heladerías, tiendas de abarrotes, en el atrio de la iglesia y en las puertas de las casas. Bueno, no fue solo en esa época, aún acudo a ella.

Las elecciones presidenciales en Colombia tienen una buena dinámica. Se siente el entusiasmo por los diferentes candidatos.

Diego Germán Arango, es aún un excelente profesor de Mercadeo, en la Escuela de Minas.

EN LA ERA DE LA DISCRIMINACIÓN POLÍTICA

EN LA ERA DE LA DISCRIMIANCIÓN POLITICA

Eligio Palacio Roldán

Por estos días no nos dividimos entre nobles o plebeyos, hombres o mujeres, negros o blancos, heterosexual  o LGBT, ricos o pobres; sino entre “uribestias”, “mamertos”, “enmermelados”, “guerrillos”, “paracos”, “castrochavistas” “porkys”.

Cuando los años pasan se pierden los detalles y las historias se condensan. La de la humanidad quizás se resuma en la lucha, eterna, del hombre por encontrar un lugar en la tierra con igualdad de derechos, al de sus semejantes. Es decir, sin discriminación. O desde un punto de vista diferente, como la confrontación de unos contra otros para doblegarlos, para discriminarlos, para extinguirlos y la de estos para sobrevivir.

Se ha luchado contra los abusos de príncipes y reyes, señores feudales, naciones o personajes nefastos que sometieron reinos enteros. Contra la esclavitud, el racismo, la sociedad machista que cercenó los derechos de las mujeres y más recientemente por los derechos de las personas con tendencias sexuales diferentes a los de la “mayoría”.

En el mundo actual, quienes se oponen a esas luchas son calificados de retrógrados y, entre ellos, se incluyen paradójicamente los líderes religiosos que “dicen” representar a dioses generalmente misericordiosos, protagonistas  de antiguas batallas contra la discriminación. Es conocido el rechazo, de la mayoría de los colombianos, a esta clase de personajes: un ejemplo, el exprocurador Alejandro Ordoñez a quien se le acusa, entre otras cosas, de quemar libros de “García Márquez, Rousseau, Marx y una edición protestante de la Biblia”.

Pero a la hora de la discriminación todos tenemos mucho de culpa, como seres prisioneros de las bajas pasiones, la rabia, la ambición y el deseo doblegar al otro a nuestras propias convicciones. El caso que habita hoy a Colombia y a los colombianos es la campaña electoral para elegir el próximo presidente de la república. Los descalificativos agresivos, violentos, grotescos son el pan de cada día en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas. No se respeta al otro, no se escuchan razones, se le quiere callar a como dé lugar. Parecen repetirse los tiempos previos a la violencia política de mediados del siglo pasado, entre liberales y conservadores.

Los ánimos se exaltan y la discriminación crece como la espuma: Por estos días no nos dividimos entre nobles o plebeyos, hombres o mujeres, negros o blancos, heterosexual  o LGBT, ricos o pobres; sino entre “uribestias”, “mamertos”, “enmermelados”, “guerrillos”, “paracos”, “castrochavistas” “porkys”.

Si no hay respeto por la opinión del otro y su decisión íntima de elegir un candidato u otro, si se acude hasta los sobornos, las amenazas, el chantaje, y la fuerza de las armas para que las gentes hagan nuestra voluntad, ¿cómo admitir la diferencia? Imposible. Estamos en el peor de los mundos o en su mismo origen, en las disputas que dieron origen a la simbólica tragedia de Caín y Abel y de miles de guerras sucedáneas.

Estamos próximos a la Semana Santa. ¿No será el momento de reflexionar, respirar profundo, analizar las propuestas de los candidatos y tratar de elegir el que cada uno estime conveniente? ¿No será la oportunidad de respetar la decisión de las mayorías y aceptar que nuestra nación se rige bajo las características propias de la democracia?, ¿No será el tiempo para desprendernos de los egos y aceptar que el otro puede tener la razón?,

ANTES DEL FIN

Una de las maneras más comunes de discriminar es el origen o las amistades. En la política colombiana no se puede apartar a Duque por que su padre político sea Uribe, o a Petro por su origen guerrillero, es necesario escucharlos, estudiar sus propuestas y tomar la mejor decisión. (Ver LAS MALAS COMPAÑÍAS https://eligiopalacio.com/2018/01/24/las-malas-companias/)

La humanidad teme la vida extraterrestre ante la posibilidad de que lleguen de otros mundos a someternos. En últimas el temor es a la discriminación mayor, la de la esclavitud.

Para la semana entrante, recomiendo como destino turístico religioso Entrerríos – Antioquia, 60 kilómetros al norte de Medellín. Una gran oportunidad para apreciar el talento hecho realidad en las obras de NORMAN CARDONA RAMIREZ, EL ARTISTA https://eligiopalacio.com/2016/06/27/norman-cardona-ramirez-el-artista/

¿CUÁNTO GANÓ, CUÁNTO PERDIÓ CADA CANDIDATO EN LAS ELECCIONES DEL DOMINGO?

¿CUÁNTO GANÓ, CUÁNTO PERDIÓ CADA CANDIDATO EN LAS ELECCIONES DEL DOMINGO?

Eligio Palacio Roldán

“Cuánto gané, cuánto perdí 
Cuánto de niño pedí
Cuánto de grande logré
Qué es lo que me ha hecho feliz
Qué cosa me ha de doler”

Pedro Pablo Milanes Arias

A la hora de los balances, propios  o ajenos, siempre llega a mi memoria esta hermosa canción…

¿Cuánto ganó, cuánto perdió cada candidato a la presidencia en las pasadas elecciones? Veamos:

Iván Duque: Ganó en reconocimiento, empatía, simpatía, posicionamiento. Sin duda, es el aspirante con mayor opción para alcanzar la presidencia de la república. Superó ampliamente la votación de Uribe y de su partido, la de Petro y la de los movimientos de sus contendores. Más de cuatro millones de votos por él y más de un millón quinientos por Marta Lucía, dejan la fórmula presidencial muy fortalecida y la mejor candidata posible a la vicepresidencia. Pudo apartarse de la sombra de Uribe, sin perder su caudal electoral. Perdió porque entre sus seguidores más cercanos muchos generan desconfianza, porque su partido, el Centro Democrático, a pesar de ser el movimiento más votado, no alcanzó las mayorías suficientes para no tener que negociar con los políticos de siempre que, en aras de su “vocación de poder”, sin ningún principio y con fines corruptos se arriman al presidente de turno. Perdió porque despertará a sus rivales que con maquinarias aceitadas, desde la presidencia, redireccionarán los votos hacia sus movimientos. El reto, pasar a la segunda vuelta; si lo hace con Petro tendrá la presidencia asegurada, si lo hace con otro de los candidatos el triunfo puede ser difícil.

Gustavo Petro: Ganó porque se convirtió en el líder de la izquierda colombiana que poco a poco, o a pasos agigantados según el desempeño del próximo presidente y de la economía del país en los años por venir, irá creciendo. Se hizo visible por fuera de Bogotá, mientras conservaba su votación en la capital. Perdió porque se dejó contar, porque, al no mostrar una posición firme frente al gobierno de Maduro, en Venezuela, hizo alinear la derecha alrededor de Iván Duque proyectándolo a la presidencia. Su posibilidad de llegar a la segunda vuelta es muy remota, imposible diría yo. De lograrlo, perdería frente a cualquiera de los otros candidatos.

Germán Vargas: Ganó por que le funcionó la maquinaria. El aumento en el número de curules al Congreso, en un país donde se vota mayoritariamente por conveniencia: burocracia y/o “mermelada”, lo convierten en uno de los candidatos favoritos para llegar a la presidencia. Perdió porque no logró las mayorías suficientes para cumplir sus propósitos.

Sergio Fajardo: Ganó porque la Alianza Verde aumentó considerablemente su participación en el Congreso y junto con el Polo Democrático se convirtieron en el símbolo de la decencia en la política, símbolo que se irá traduciendo en votos en el futuro si no se deja contaminar con quienes quieren utilizarlo para continuar en el poder. Perdió porque quedó en evidencia que de no hacer pactos con “el diablo” no llegará a la segunda vuelta.

Otros:

La Farc: Perdió por que sus militantes y el mundo entero se dieron cuenta del rechazo que generan en  el resto de colombianos. Ganaron porque en ninguna otra contienda electoral tendrán tanto rechazo,  porque legitimaron su paz, LA PAZ DE LOS VIEJITOS. (https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/)

Juan Manuel Santos: Ganó porque en su gobierno se desarrollaron las primeras elecciones, en más de cincuenta años, sin amenazas de la guerrilla de izquierda. Perdió porque la votación de Duque fue también una muestra del rechazo que tienen millones de colombianos hacia él y hacia su gobierno.

Colombia: Ganó por lograr mantener la democracia, por el incremento en el número de votantes, por la llegada de algunos parlamentarios decentes al Congreso. Perdió por la poca renovación de su dirigencia, por elegir un gran número de corruptos, muchos de ellos en cuerpo ajeno, por sucumbir ante la politiquería.

ANTES DEL FIN

Así como a muchos antiuribistas me conquistó la dupla Duque-Marta Lucía. Se les ve decentes, alegres, auténticos, dispuestos a generar nuevas energías en el país que habitamos. Cuenten con mi voto.

¿POR QUIEN VOTAR?

¿POR QUIEN VOTAR?

Eligio Palacio Roldán

Nunca he sido uribista y creo nunca lo seré. Incluso no lo era cuando las gentes parecían desmayar ante su presencia, cuando los periodistas por convicción u oportunismo lo adulaban, cuando tenía el mundo a sus pies. Tampoco lo seré ahora y creo que jamás. La única forma sería que, Alvaro Uribe, cambiara su forma de estar en la política y emprendiera una verdadera cruzada en la lucha contra la corrupción, en Colombia, lucha que jamás dará porque nació, creció y ha vivido en sus entrañas, como casi todos los políticos colombianos.

En los años de su presidencia, cuando no soportaba la soberbia y la doble moral con que manejaba su gobierno, no desaprovechaba oportunidad para criticarlo. Un fin de semana, fui invitado por una amiga donde su familia, a uno de nuestros pueblos olvidados. El padre hablaba conmovido sobre los secuestros, en los que fue víctima de las Farc, de cómo había tenido que ceder a los violentos hasta que había llegado Uribe para salvarlo a él, su familia y a los habitantes de la zona, al país. Esa noche no tuve más remedio que escuchar y guardar mis opiniones.

El cuento viene a colación porque creo, hoy más que nunca, en el dicho popular “Cada uno habla de la fiesta según le vaya” (obvio, en la fiesta hay que tener principios). Y así como la familia de mi amiga tiene mucho que agradecerle a Uribe, algunos otros que conozco les sucede lo mismo con Petro e incluso con algún candidato de las Farc.

Si actuamos a conciencia, con sentido de Patria, seguramente encontraremos quien satisfaga nuestras expectativas. Pero más importante, es aceptar la diferencia en la percepción de los ciudadanos sobre los candidatos y las decisiones sobre votar por uno u otro. Nadie está obligado a pensar y sentir como uno y Colombia se enfrenta a un problema que parecía superado: la polarización política, el odio entre contrarios y hacia líderes de los diferentes partidos. La violencia política.

Para el Senado, hace mucho tiempo, descubrí un candidato que no me ha defraudado. Es Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático que, aunque suele caer en las exageraciones típicas de la izquierda, ha hecho un trabajo digno, concienzudo y documentado, en la oposición. También lo ha hecho Uribe, durante estos cuatro años, por eso ambos son importantes en el Congreso. Por Robledo jamás votaría como candidato a la presidencia. Para la Cámara, aún, busco a quien ayudar a elegir el próximo domingo.

En las consultas internas de los partidos políticos votaré por Marta Lucía Ramírez. Es inteligente, decente, eficiente, honesta. Es hora de que Colombia tenga una mujer en el primer cargo de la nación. (Ver ¿MARTA LUCÍA A LA SEGUNDA VUELTA? https://eligiopalacio.com/2017/11/30/10227/)

ANTES DEL FIN

La situación electoral es complicada y la abstención parece romperá récord el próximo domingo. Me contaban amigos proselitistas que, en esta campaña, han tenido que soportar cientos de improperios. La situación es grave no solo para Petro, Uribe o las Farc. La gente no soporta a la clase política. Quienes resulten elegidos tendrán que dar un giro en la forma de conducir al país. De lo contrario, la democracia en Colombia correrá un grave peligro.

Es hora de votar a conciencia y no por un tamal o $50.000.

Ver MI PATRIA CORRUPTA https://eligiopalacio.com/2013/10/08/mi-patria-corrupta/

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