SANTOS Y SAMPER – SANSAM

SANTOS Y SAMPER – SANSAM

Eligio Palacio Roldán

Golden Sansam es una hierba que “…crece cerca de objetos, generalmente paredes o ruinas, o árboles grandes.”

Santos y Samper, además de ser expresidentes de Colombia, tienen muchas cosas en común: descendientes de familias aristocráticas, nacieron en Bogotá pocos años después de la muerte de Gaitán, bajo el signo Leo, en la década del 50 (1951 el primero, 1950 el segundo) economistas de profesión y con el dinero suficiente para tener una vida cómoda tuvieron siempre una cercanía con la izquierda colombiana, posiblemente por la influencia de sus hermanos, dos poderosos periodistas, críticos de los gobiernos de turno (Enrique Santos y Daniel Samper). Y quizás por ello o por la mermelada que esparcieron desde Palacio, tuvieron y tienen a la gran prensa colombiana a sus pies.

De Santos siempre se conoció su cercanía con las Farc, incluso organizó un complot con ellas y con los paramilitares para tratar de derrocar a Samper en su mandato, por allá en el año 1997. La memoria es corta y acomodada, en este país, en ese entonces pareciera no era malo aliarse con unos u otros. Tampoco lo es ahora, cuando el enemigo de la dictadura venezolana, en los tiempos de Uribe Vélez, guarda un silencio cómplice por las “ayudas” de Maduro a su Nobel de Paz y, obvio, a sus amigos de siempre los guerrilleros de las Farc. Lo mismo sucede con Samper que incluso tuvo la desfachatez de ser el Secretario General de Unasur, organización desde la cual apoyó descaradamente a Maduro y colateralmente a las guerrillas colombianas asentadas en el vecino país.

Puede leer: EL “COMPLOT” DE SANTOS https://eligiopalacio.com/2016/05/19/el-complot-de-santos/

Puede Leer: ERNESTO SAMPER UN NEFASTO PERSONAJE https://eligiopalacio.com/2015/08/26/un-nefasto-personaje/

Pero aún hay más coincidencias entre Santos y Samper como su manifiesto deseo de destruir políticamente al expresidente Alvaro Uribe e incluso una más grave aún: el cuestionamiento de sus mandatos por el ingreso de dineros ilícitos a sus campañas presidenciales. A la de Santos habría ingresado el dinero corruptor de Odebrecht y a la de Samper es conocido que llegó la del narcotráfico y como consecuencia de esos hechos, habría otra coincidencia más: ninguno de los dos, a pesar de su dinero, a pesar de sus influencias en la gran prensa, a pesar de su alcurnia pudo llegar a la presidencia limpiamente, porque también es conocido que Santos llegó a su primer mandato porque fue “el que dijo Uribe”, no por ningún otro mérito. En el tema de los dineros ilícitos si le tiene una ventaja Samper a Santos: el dinero en la de Samper provenía del narcotráfico, en la de Santos del trabajo de todos los colombianos.

Son tantas las coincidencias de Santos y Samper que se podrían unir en un solo personaje llamado Sansam. Quizás, algún día, los historiadores logren dilucidar el enorme daño que estos dos personajes le hicieron al país.

ANTES DEL FIN

Después de un año, todo parece volver a la normalidad en Los Tiempos del Coronavirus: congestión en las ciudades, transporte público atestado de gente y turismo y diversión por todo lado. Solo parece quedar un símbolo: el tapabocas. Pueda ser no vengan días más difíciles aún. Llega la segunda Semana Santa en pandemia y nadie parece tener intenciones de cuidarse.

Si se puede, vaya a Caño Cristales en el segundo semestre de este año.

LA RADIO DE LA MAÑANA

LA RADIO DE LA MAÑANA

Eligio Palacio Roldán

Iba a referirme a la radio hablada de la mañana para escribir sobre los magazines de Caracol Radio, W Radio, Blu Radio, RCN Radio y La FM, pero me di cuenta que la  radio musical es cada vez más “hablada”: más amarillismo, más noticia espectáculo, más humor, más comentarios insulsos y menos música.

Ahora la radio musical y la hablada están divididas por una pequeña frontera que a veces ni interesa. Resumamos, como lo he dicho otras veces, la radio musical es una copia de Radio Paisa, una emisora popular de RCN en Medellín, en AM, donde prima la ordinarez y el maltrato al oyente; aunque pudiera pensarse, con razón, que todo hace parte de un libreto donde el locutor hace de gracioso y el radioescucha de tonto.

Y digamos, también, que la radio “hablada”, la que se esperaba heredara la habilidad de Yamit Amat frente a la noticia  y al micrófono, es una copia del estilo de radio que impusiera en Medellín el locutor Baltazar Botero con su programa de Caracol, Pase la Tarde, donde ponía a botar corriente, por teléfono, sobre temas baladíes diarios, a un público en su mayoría del sexo femenino.  “Pierda la Tarde con Baltazar” llamaban el programa los oyentes.

Y es que, ahora, los periodistas no se rompen la cabeza pensando con que información abrir sus programas, sino con que hashtag impactar a la audiencia y ganarle a la competencia; aunque unos y otros participan en Twitter inflando las tendencias y, obviamente, la red social. Tratan de influir, así, en unos oyentes que se desplazan cada vez más a la “radio musical”  o a la televisión. En realidad, la población menor de cuarenta años que escucha radio hablada es muy poca.

Además de la obsesión por ser primeros en twitter, la radio hablada se parcializa cada vez más, imitando también a Caracol. Ya es normal ver en las redes sociales los ataques a Luis Carlos Vélez por su apoyo al Uribismo y su rechazo a la izquierda y a Nestor Morales por su apoyo al gobierno Duque; siguen el ejemplo del mismo Amat que le sirviera de eco al expresidente Alfonso López Michelsen, de Darío Arismendi, Edgar Artunduaga y Hernán Peláez a Samper y al mismo Arismendi y al actual equipo de 6AM  que sirven a Juan Manuel Santos y sus seguidores.

En realidad la única que se salva de la debacle de la radio hablada es precisamente la de menor sintonía: RCN Radio, al mando e Yolanda Ruiz; como si para el oyente lo único importante fuese el espectáculo. Por eso digo, que la radio hablada y la musical vienen siendo la misma cosa: puro circo.

ANTES DEL FIN

Hablo de la radio porque es el medio que más conozco y consumo, pero en la prensa y la televisión sucede lo mismo: Semana, El Espectador, RCN Televisión son claros ejemplos de ello. Y aunque en Caracol Televisión se hacen méritos con el amarillismo, se destacan algunos esfuerzos por el análisis y la investigación.

El próximo martes es el día del periodista. ¿No será hora de repensarnos?, ¿De ver y comprender nuestra responsabilidad al acercarnos a la verdad, para contarla?


EL GOBIERNO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VIII

EL GOBIERNO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VIII

Eligio Palacio Roldán

“…parece estar destinado a ser recordado como el gobierno en el que la izquierda se tomó el país.”

Cada gobierno tiene una impronta que lo identifica, en el devenir de las naciones, de acuerdo con los hechos que enfrenta, la forma en que lo hace y en especial por la percepción de los generadores de opinión y/o de la ciudadanía sobre los mismos. No siempre esa percepción es correcta (ser objetivo es imposible) y mucho menos justa; entonces solo queda esperar que la historia la rectifique, pero casi nunca sucede así.

Bajo mi mirada está el gobierno de Ernesto Samper como el primero en el que se demostró el ingreso de dineros del narcotráfico a una campaña política; fue el del elefante “A mis espaldas” y si la familia del exdirigente Alvaro Gómez Hurtado consigue demostrarlo, el de un asesino. El de Andrés Pastrana, el de “La silla vacía”, como el de un país sometido a las guerrillas de las Farc; olvidando todos los méritos que tuvo al salvar la economía de una de las peores crisis de la historia y el Plan Colombia y la reorganización del ejército como el comienzo del fin de las Farc. Alvaro Uribe pasará la historia por marcar una nueva era: atrás quedaron los partidos políticos para dar paso a uribistas y antiuribistas. Ese hecho impide, hasta ahora, que muchos le reconozcan sus méritos en el exterminio de las Farc y en  devolverles la confianza a los colombianos en el país. Desaprovechó los años de “vacas gordas” de la economía y sobre todo la aceptación del pueblo, durante su primer período, para transformar el país; él como ninguno, en los últimos 50 años de vida política, pudo haberlo logrado.   El de Santos será el del final de las Farc y el del desarrollo vial del país. También el que acentuó la división alrededor de Uribe y el de “me acabo de enterar” que, al igual que Samper, sucumbió ante la premisa de que los fines justifican los medios; esta vez, la corrupción al servicio de Odebrecht.

El de Iván Duque, muy parecido al de Pastrana, en mi sentir, con un muy buen equipo en la parte económica, tratando de sacar al país adelante, parece estar destinado a ser recordado como el gobierno en el que la izquierda se tomó el país. Ésta con un intrincado engranaje que incluye sindicatos; educadores de primaria, secundaria y universidades que alimentan el rencor de la ciudadanía, con generadores de opinión haciendo eco continuamente, asfixió por medio de protestas los primeros 18 meses de su mandato (Como el de Pastrana con las tomas guerrilleras). A diferencia de las Farc, que volcó al país en su contra, la izquierda de hoy conquistó jóvenes y gentes ingenuas que creen que el estado tiene la manera de atender todas las necesidades de la población, como si Colombia fuese un país rico.

Ahora, este gobierno, enfrenta la peor crisis en la historia del país: La pandemia del coronavirus. Y aunque lo ha hecho con inteligencia, sobriedad, dinamismo y alejado del populismo, los colombianos le pasan cuenta de cobro por el desgreño de varias décadas; el sistema de salud acumula las dificultades de más de veinte años y la corrupción hace metástasis en cada rincón de la patria, con una diseminación mucho más agresiva que la del COVID-19. Y no hago referencia a la corrupción tradicional de los políticos, sino a la de los colombianos de a pie: Los líderes de las comunidades ferian las ayudas que  el ejecutivo y los colombianos entregan solidariamente, los sistemas de información del estado muestran sus falencias y los recursos llegan a gentes que no los necesitan y éstas ni se ruborizan al recibirlas. El hambre cunde, el populismo también, y la izquierda completa su tarea desinformando y pretendiendo que el gobierno nacional cubra las necesidades de una población que se precipita hacia la pobreza.

El panorama es desolador y solo la solidaridad, desde el corazón, puede salvarnos. Mucho pedir, en una sociedad donde el otro no importa.

Puede leer: ¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO? https://eligiopalacio.com/2019/04/03/duque-un-presidente-distinto/

ANTES DEL FIN

Inesperado, por completo, este cambio en nuestra existencia originado por la pandemia del coronavirus. Estamos viviendo una etapa inimaginable. Un privilegio para quienes habitamos la tierra por estos tiempos  y si salimos de ella, en el futuro, será un referente obligatorio. Ojalá nos transformemos en mejores seres humanos.

NUEVO 6AM, OCHO MESES DESPUÉS

NUEVO 6AM, OCHO MESES DESPUÉS

Eligio Palacio Roldán

Cuando Yamid Amat salió de la dirección del programa 6AM 9AM de Caracol Radio, en 1991, nadie creyó que su reemplazo, Darío Arismendi, pudiera mantener la sintonía del ya prestigioso programa; pero no fue así. ¿Por qué? Simple: se mantuvieron el formato del programa y el equipo de periodistas que lo conformaba. Luego, tanto el estilo como el grupo de periodistas fueron variando en una transición natural, poco traumática.

No pasó así, hace ocho meses, el pasado ocho de julio de 2019, cuando los directivos de la Cadena decidieron dar al traste con los cuarenta años de la exitosa historia  del informativo, para “modernizarlo”. Para ello, llamaron dos integrantes de La Luciérnaga que difícilmente se soltaron de su papel  de “divertidos conductores” del espacio radial, redujeron drásticamente la nómina de periodistas  y cambiaron el contenido del informativo por algo más light.

Esa ruptura generó desconcierto y, podría asegurar, una baja de la sintonía al mismo tiempo que otros informativos de la mañana como los de Blu Radio, La W y La FM se posicionaban entre los oyentes.

Posteriormente Caracol Radio fue noticia por la salida abrupta de los columnistas que habían sido su mayor invocación en esta nueva etapa. Se habló de censura, pero estos generadores de opinión, aunque tenían buenos aportes, no se conectaban con el contenido del informativo y el devenir diario de la información en Colombia.  Se trataba de hacer prensa en radio, en un segundo intento fallido, como alguna vez lo intentó la Cadena bajo la dirección del periodista Héctor Rincón.

Poco a poco, el espacio periodístico,  ha ido haciendo ajustes y retomando la fuerza informativa de años atrás, con la participación de los periodistas en las principales ciudades del país, mayor agilidad y una dinámica similar a la de los inicios del programa, en la década del setenta: mucha información. Nuevamente se puede hablar de 6:AM – NOTICIAS CADA INSTANTE. Se destacan las participaciones del abogado Hernándo Herrera, en lo jurídico,  Juan Carlos Echeverry, en los análisis económicos, y Darcy Quinn quien es la conductora con mayor experiencia, contundencia  y capacidad de sorprender con la información confidencial que transmite.

En síntesis, 6AM ha enmendado sus errores desde la equivocada decisión de romper con un esquema exitoso durante cuarenta años. Sin embargo, sigue con problemas: Mabel Lara y Espinosa son juiciosos periodistas pero les hace falta fuerza al expresarse, preguntar e informar; Gustavo Gómez, aunque ha mejorado paralelamente con el contenido del programa, patina entre sus papeles de conductor 6AM y La Luciérnaga; y el periodismo investigativo parece reducirse a las obsesiones de Juan Pablo Barrientos, en especial con la iglesia católica.

La próxima medición de sintonía – Ecar – podría tener al informativo  6AM, por primera vez en su historia, en un tercero o cuarto lugar, un hecho que precipitaría una crisis en Caracol Radio. Para evitarla o quizás hacerle frente, es necesario que el espacio radial refuerce su nómina y/o cambie a algunos de sus estrellas, retome los corresponsales en el resto del mundo y que Gustavo Gómez termine por entender que está haciendo periodismo serio y que una cosa es ser agradable, ameno y trasmitir alegría y otra hacer un programa de humor. También, debería aprovechar la calidez, experiencia y buena vibra de Andrés López para integrarlo al informativo desde tempranas horas y fusionar toda la franja de la mañana.

ANTES DEL FIN

Qué bueno que en este tiempo de cuaresma los colombianos hiciéramos un pare en el camino y confesáramos nuestros pecados y manifestáramos nuestro deseo de enmienda. Merecemos saber la verdad sobre Samper y la muerte der Álvaro Gómez, Uribe y los paramilitares, Santos y las Farc. Sobre la corrupción nuestra de cada día…

Si… Ya sé… Es una utopía.

¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO?

¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO?

Eligio Palacio Roldán

El presidente de Colombia, Iván Duque, se parece a los expresidentes Cesar Gaviria (1990–1994) por su juventud e inexperiencia, a Ernesto Samper (1994-1998) por no tener “luna de miel” con el electorado y por la oposición fortalecida a sus gobiernos, a Andrés Pastrana (1998-2002) en el rechazo injustificado de la prensa y en la falta de química con las gentes de menores recursos, a Uribe en algunas posiciones cavernícolas y en un gobierno diseñado para favorecer a los empresarios, a Santos en su falta de votos y una deuda con el mismo mentor: Uribe.

Tiene mucho de todos y una gran diferencia: “La mermelada”, que tiene y esparce con discreción, no ha sido suficiente para saciar la voracidad de una clase política, que no se satisface fácilmente como consecuencia de las concesiones que hicieron los dos anteriores mandatarios para mantenerse en el poder, por un segundo período consecutivo. Se suma a este panorama la crisis venezolana y una izquierda tan fortalecida y con métodos de lucha tan retrógrados como la de los años setenta, del siglo pasado.

Como resultado de las anteriores situaciones, realmente, por primera vez, desde el surgimiento del  Frente Nacional, a mediados del siglo pasado, se tiene en Colombia un Congreso que no le marcha a las iniciativas del ejecutivo, como respuesta a la “mermelada” y lo que para muchos es una catástrofe, podría ser el escenario perfecto para que se desarrollara por fin nuestra democracia y, en consecuencia, una bendición  para el país.

Y lo puede ser, porque nuestra Carta Política está cimentada teóricamente en la división de los poderes. División que no funcionaba porque se absorbían entre si, haciendo un bloque que propiciaba y generaba corrupción.

El mejor ejemplo de cómo debe funcionar una democracia es la forma como se desarrolla la objeción del presidente a seis artículos de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la PAZ (JEP), objeción que el mandatario estaba en todo su derecho a hacer, si a bien lo consideraba, pues así lo indica nuestro ordenamiento jurídico; objeciones que el Congreso debe considerar y apoyar o no, si a bien lo considera y, si las apoya, la Corte Constitucional tendrá a bien declarar o no la constitucionalidad de lo aprobado en el Congreso, si a bien lo considera.

La situación es clara y es una oportunidad para enaltecer nuestra democracia si las tres ramas del poder público, a bien lo tienen.  Y ahí está el secreto: Tenerlo a bien. Es decir, que en sus actuaciones prime el análisis y las mejores intenciones por el futuro del país. Quien gane o quien pierda es secundario. Lo importante es que gane Colombia y eso se logra más fácil si hay independencia de poderes. Una independencia que alarma a una sociedad que no sabe que es eso, que se ha acostumbrado a la unanimidad, sin importar que haya sido conseguida corrompiendo las tres ramas del poder público. Y si al presidente Duque le niegan las objeciones o cualquier proyecto que presente al Congreso, no deberá sentirse derrotado sino con un presidente que defiende la democracia.

Obviamente se está pensando en que las decisiones de uno u otro órgano del poder público actúe pensando y luchando por el bienestar del país y eso, claro, pude ser utópico. Pero, creo, Duque está marcando la pauta correcta.

Ser vencido en franca lid no es una derrota.

ANTES DEL FIN

Una de las críticas más frecuentes al presidente Duque es su apoyo a la oposición al gobierno venezolano. Pareciera que sus opositores, en esta materia, no vivieran la realidad de hoy en Colombia: no hay ciudad ni poblado, por pequeño que sea, al que no hayan llegado venezolanos en búsqueda de trabajo. La diáspora venezolana arrasa con el empleo y la calidad del mismo para los colombianos. No sé por qué el Dane no registra aun lo que esto significa para el país, en cifras.

Los venezolanos están desplazando a los colombianos hasta en los buses, de nuestras ciudades, como cantantes.