PRETENDIENDO “MATAR” A PABLO ESCOBAR

PRETENDIENDO “MATAR” A PABLO ESCOBAR

Eligio Palacio Roldán

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Dice el editorial de El Espectador del pasado domingo que “no vamos a permitir que se olvide el dolor por el que hemos pasado, ni que los victimarios se conviertan en leyendas”, haciendo referencia a la estrategia del alcalde de Medellín para menoscabar la imagen de Escobar, para “matarlo” como el ídolo en que se ha convertido en todo el mundo.

Se hace referencia en la publicación a la propuesta del mandatario de demoler el mítico edificio Mónaco, residencia de Escobar en la ciudad. Algo similar se hizo ya en la Hacienda Nápoles, en el Magdalena Medio, donde destruyeron la averiada casa de Escobar. Malas decisiones si se tiene en cuenta el potencial turístico de las edificaciones. En vez de destruirlas se deben utilizar para explicar el porqué de Escobar y de sus fechorías.

Todos los principios  de autoayuda, sicológicos y religiosos dicen que para superar las dificultades lo primero es reconocerlas, entenderlas y luego si tratar de modificarlas. En este caso la pretensión es absolutamente opuesta, se quiere enterrar cualquier vestigio de Escobar como si esto resolviera el problema.

Obvio que Escobar fue un nefasto personaje, claro que de él heredamos comportamientos reprochables como el dinero fácil, la corrupción como medio para conseguir los propósitos y el estilo narco de una gran franja de nuestra sociedad. Sin embargo, también es cierto que se convirtió en un ícono para gran parte de Colombia, Latinoamérica y el mundo; algo así como el símbolo de la reivindicación de los pobres de la tierra ante el poder y la indolencia de países ricos, en especial de Estados Unidos. Escobar es en el imaginario una especie de El Che Guevara de finales del siglo XX.

Las autoridades pretenden borrar a Escobar destruyendo los lugares que habitó, criticando a los artistas que le rinden homenaje, tratando de ocultarlo como se ocultan los pecados de los antepasados, y no dan la guerra que hay que dar, la guerra contra la falta de oportunidades, contra la pobreza. No es sino recorrer el noreste antioqueño o el sur del país, para entender que el cultivo de coca es la única fuente de subsistencia para miles de personas. Nuestros mandatarios repiten los mismos errores de Estados Unidos, en su lucha contra el narcotráfico, no reconocen el origen del problema o lo maquillan para que el negocio siga como está; no en vano es una fuente de riqueza y poder para muchos.

Escobar es y será, para bien o para mal, el referente de Colombia ante el mundo, por mucho tiempo. Para cualquier viajero de nuestro país es la pregunta obligada y más cuando se es de Medellín. Entonces, ¿para qué rasgarse las vestiduras? Harían mejor nuestros gobiernos legalizando el turismo alrededor del capo y contando la verdadera tragedia, con personal capacitado para ello. No hacerlo distorsiona su historia y lo mitifica aún más.

Los mitos se destruyen con realidades y esas realidades están en educación, inversión social, control a la corrupción, generación de empleo lícito y ejemplo. Las transformaciones se dan. Una muestra de ello es lo que ocurre en la Comuna 13 de Medellín.

ANTES DEL FIN

Creería que la iniciativa del alcalde Federico Gutierrez de derrumbar el edificio Mónaco es “otra” idea para disimular su pobre gestión.

Pobre gestión, también, a pesar de su habladera, la el Gobernador Luis Pérez.

Y ni hablar de la gestión del presidente Santos. Se le fueron dos gobiernos detrás del espejito de las Farc, como a Uribe.

¡Estamos graves!

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