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DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS DEL NARCOTRAFICO

DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS  DEL NARCOTRAFICO

Eligio Palacio Roldán

Tituló el diario El Espectador, su editorial del pasado sábado “DERRUMBAR LOS SIMBOLOS DEL DOLOR” donde elogió la iniciativa de la Alcaldía de Medellín de demoler el simbólico edificio Mónaco donde habitó, el mítico, Pablo Escobar.

Tiene razón el editorial en que para “Colombia no es útil olvidar de donde viene y por lo que ha pasado”. Desafortunadamente no solo no lo olvidó sino que incorporó la memoria de Pablo Escobar y del narcotráfico a su actuar, su forma de ser y estar en el mundo, su cultura. Triste realidad que no se cambia demoliendo edificios. Sólo basta con ver la transformación de la arquitectura para entenderlo: Ahora son cientos de edificios réplica del Mónaco los que ocupan ciudades y pueblos en Colombia. Sólo basta analizar las dimensiones de los cultivos ilícitos y del narcotráfico para comprender que miles de colombianos han seguido el ejemplo del capo del Cartel de Medellín. Solo basta con observar el comportamiento de las gentes, en nuestra geografía, para dimensionar la penetración de lo ilícito en nuestra cotidianidad.

Dirán algunos que no tengo razón, en lo que pienso, que Alemania, por ejemplo, se reintegró luego de derrumbar el muro de Berlín; pero la historia fue al contrario: el símbolo cayó por una decisión del pueblo alemán de unirse. Luego las protestas obligaron al gobierno a anunciar que el paso a lado y lado estaba permitido y el muro fue derruido por la multitud que ansiaba la unión entre Alemania y Alemania Oriental.

¿Qué hubiese sucedido si se derriba el muro y no hay deseo de unión? Lo que ocurre en muchas fronteras del mundo: una guerra.

Afirma, además, el editorial que “Cambiar estos monumentos a la maldad por homenajes a las víctimas es la única manera de dar la batalla por una memoria que recuerde el dolor y se comprometa a no repetirlo.” Derribar el edificio Mónaco es un paño de agua tibia, algo inocuo, un titular en los medios de comunicación, nada más. Se haría más dejando el edificio, aceptando que es un sitio turístico y mostrando a propios y extraños los efectos nefastos del narcotráfico. ¿O será que las mismas autoridades no encuentran argumentos para demostrar que el delito es funesto para la humanidad?

Borrar la memoria de Escobar, derrumbar el mito, solo se logrará cuando los colombianos vean, entiendan y concluyan que hay otros caminos, otras formas de estar en el mundo, generadoras de mayor bienestar físico y emocional, que estar inmersos en un estilo de vida y en una economía fundamentada en el narcotráfico. Para ello, se debe hacer entender a la sociedad las consecuencias negativas que genera estar sumido en la ilegalidad. Si hay consecuencias, claro, porque el margen de generación de riqueza por actividades ilícitas versus el castigo por participar en ellas es mínimo, en un país donde la justicia no funciona.

Además se debe cultivar el espíritu a través de la educación y el apoyo a la cultura como bien lo viene haciendo, por ejemplo, la alcaldía de Medellín desde hace varios años. Solo la educación entendida como formación y mejoramiento continuo y la generación de oportunidades de trabajo dignas podrá derrumbar los edificios “Mónaco” que se levantan como símbolo de poder y de riquezas bien o mal habidas.

¿Qué sucederá si se derriba el Edificio Mónaco y no hay un deseo de salir de la cultura del narcotráfico? Nada.

ANTES DEL FIN

Creo que con el mito de Pablo Escobar ya no hay nada que hacer. Es el símbolo de Colombia en el exterior, de la mano de uno o dos artistas y deportistas.  Ni siquiera el “famoso” Nobel del presidente Santos tiene alguna recordación entre el ciudadano del común.

Invito a ver… NIÑOS DE GERONA – ESPAÑA HABLAN DE COLOMBIA https://eligiopalacio.com/2018/02/22/ninos-de-gerona-espana-hablan-de-colombia/
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EL PERSONAJE DEL AÑO: LA CORRUPCIÓN

EL PERSONAJE DEL AÑO: LA CORRUPCIÓN

Eligio Palacio Roldán

Pero, el recuerdo, el gran recuerdo del año que termina, el personaje del año, para nuestro país, será la desgracia de la corrupción y la corrupción también incluye el negociado del gobierno Santos con las Farc.

“No hay muerto malo” es una expresión popular utilizada para indicar que lo que queda, normalmente, de un ser que se marcha, para siempre, es el recuerdo de las buenas acciones desarrolladas durante su existencia.

Y digo normalmente porque no siempre es así, Pablo Escobar, por ejemplo, tuvo una que otra acción que lo hace ser recordado con cariño, pero en la sociedad en general predominan los malos recuerdos. Lo mismo sucederá para Colombia y los colombianos con el año 2017 que está muriendo por estos días.

Del 2017 quedarán recuerdos gratos como el de Rigoberto Urán triunfante en el Tour de Francia, subcampeón, y en la Clásica Milán Turín, campeón; la clasificación al mundial de fútbol, Rusia 2018, de la selección Colombia y los triunfos de otros cuantos deportistas más. También, los logros de nuestros artistas en el mundo: Los premios Grammy de Shakira, Juanes, Jorge Celedón, Alex Campos, entre otros y la proyección internacional de Vives, J. Balvin, Maluma y varios más. Sin duda, la música es lo mejor de Colombia, a nivel mundial, en lo corrido del siglo.

Pero, el recuerdo, el gran recuerdo del año que termina, el personaje del año, para nuestro país, será la desgracia de la corrupción y la corrupción también incluye el negociado del gobierno Santos con las Farc, porque una paz como la pactada, con impunidad, donde los criminales son tratados como ídolos no es otra cosa que corrupción. Negociado que poco a poco va mostrando su esencia y los miles de millones que se repartieron para comprar conciencias, en el Congreso y en los medios de comunicación, para tratar de construir una verdad que se diluye ante la realidad.

Pero, además, fue el año de Reficar, del fiscal anticorrupción Gustavo Moreno, del robo de las regalías en Córdoba y la Guajira, de Odebrecht, de los Carteles de la Toga y de cientos de casos que destaparon las autoridades y la prensa.

El escándalo de Odebrecht, no suficientemente aclarado, involucró las campañas presidenciales del excandidato Oscar Iván Zuluaga y del hoy presidente Santos de tal manera que evidenció que Colombia no ha podido superar el legado del expresidente Samper: La financiación de la campaña presidencial, de 1994, por la mafia del narcotráfico del Cartel de Cali.

Afirman algunos analistas que no son comparables los casos de corrupción en las campañas Samper, Zuluaga y Santos pues la primera tuvo la marca del narcotráfico y las segundas no, que fue más grave lo primero. Digamos que fue más grave lo de Samper por marcar un sendero nefasto para Colombia, pero horrible lo segundo porque comprometió los recursos del presupuesto nacional, dineros del esfuerzo de todos los colombianos que se pagan con los impuestos. Dineros que fueron “robados” a la salud, a la educación, a los ancianos, a  todos y cada uno de nosotros: Los ciudadanos.

Se diría que el 2017 es un año para olvidar como se pretenden borrar de la memoria los malos tiempos de la propia existencia: pero no debe ser así. El 2017 debe ser el año en que por fin Colombia “toque fondo” en materia de corrupción y a partir de ahí, de ese reconocimiento, comience a construir una nueva historia, una historia con valores éticos y ciudadanos que nos permitan tener un mejor país para todos.

ANTES DEL FIN

No soy uribista como se puede evidenciar en mis columnas sobre Alvaro Uribe, pero los mejores candidatos a la presidencia de Colombia están bajo su liderazgo: Martha Lucía Ramírez e Iván Duque. El apoyo de Uribe será su mayor fortaleza, pero también su mayor debilidad.

FELIZ NAVIDAD. No se pierdan lo mejor de esta época del año en https://eligiopalacio.com/navidad-2/

LA PAZ DE LAS ELITES

LA PAZ DE LAS ELITES

Eligio Palacio Roldán

En el año 1956, se llegó a un acuerdo entre las élites de los partidos liberal y conservador para terminar con la violencia partidista en Colombia y tratar de frenar el movimiento político del exdictador populista Gustavo Rojas Pinilla. Incluía la alternancia en el poder de las dos vertientes políticas, en gobiernos de coalición, entre 1958 y 1974, pero excluía al pueblo colombiano.  Se trataba del El Frente Nacional.

Esta historia no parece tan lejana para los colombianos…

En el año 2016, se llegó a un acuerdo entre las élites del gobierno Santos, incluidos los partidos liberal y conservador, con las Farc, guerrilla surgida como consecuencia de la exclusión del Frente Nacional, para terminar con la violencia en Colombia y “tratar de frenar el movimiento político del expresidente populista Alvaro Uribe Vélez”. No incluye la alternancia en el poder, en gobiernos de coalición, pero si su perpetuación en el mismo. Este pacto, excluye, también, al pueblo colombiano.

La situación de Colombia, luego del acuerdo de paz con las Farc, guarda similitudes, además,  con lo sucedido tras la muerte de Pablo Escobar o la disolución del Cartel de Cali. En esas ocasiones se habló, al igual que hoy, del fin de la guerra y de los carteles de la droga, del cese de la violencia y la llegada de una nueva era para Colombia; sin embargo, las organizaciones criminales fueron sustituidas por otras que se multiplicaron y extendieron por todo el país.

A diferencia las cúpulas de  los carteles de Medellin y Cali, que fueron derrotadas, condenadas o eliminadas, los integrantes de la de las Farc alcanzaron lo inimaginable: ser perdonados, sanear sus fortunas y hacer parte de jet set nacional e internacional.

Cada día es más evidente que el acuerdo con las Farc fue solo un acuerdo entre élites (ver LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/). Los recientes disturbios en Tumaco, que incluyeron la muerte de varias personas es una prueba fehaciente de que la paz está muy lejos de Colombia.

Era obvio que el grueso de la organización guerrillera se iba a desplazar hacia otras organizaciones criminales, incluso, se ha generado mayor desesperanza y resentimiento social: ¿Que pueden sentir estas gentes, acostumbradas a delinquir, sin oportunidades reales para el presente y el futuro cercano, viendo a sus exlíderes haciendo ostentación de los privilegios de su nueva vida, sin pagar por sus crimines y con un futuro definido y halagador.

¿Qué pueden sentir los miles de ciudadanos que no encuentran un trabajo digno y una manera de subsistir cuando ven a los delincuentes que los doblegaron, por más de medio siglo, exhibiendo su nueva posición? Lo obvio: Que en Colombia los buenos somos más pero que es mejor ser malo que bueno. Que los malos son premiados.

¿Qué pueden sentir unos y otros? Que en este pacto, como siempre, han sido excluidos, que han sido utilizados por unos y otros para alcanzar un poder en beneficio de unas pocas élites.

ANTES DEL FIN

  • El movimiento del expresidente Alvaro Uribe guarda grandes similitudes con el del general  Gustavo Rojas Pinilla. ¿También se repetirá la historia de las elecciones de 1970?
  • Dice un pequeño comerciante, de un municipio cocalero de Antioquia: “Por mi tienda desfilan los mismos hombres de siempre: los que me exigieron “vacunas ayer”, los que llevan insumos para la producción de coca. Ahora no tienen que ocultarse bajo un camuflado. Es la diferencia. Mi vida, la misma: trabajando para sostener los delincuentes.”

CORRER EL VELO

CORRER EL VELO

Eligio Palacio Roldán

“Ser pillo paga”

Son muchos los velos que se han corrido en la historia de la humanidad. Uno de los más significativos, creo yo,  y más difíciles de develar fue el de la teoría geocéntrica que indicaba que la tierra era el centro del universo. Romper con esa creencia costó la condena por parte de la “Santa” Inquisición de científicos como Copérnico (Siglo XVI) y Galileo (Siglo XVII) y cerca de cuatrocientos años de tiempo para comprender y concluir que la tierra giraba alrededor del sol. Bueno, hablo de la iglesia católica que ha sido muy lenta a la hora de reconocer sus errores: Solo hasta 1991, el Papa Juan Pablo II, reconoció su error.

Ya antes se había corrido el velo de la teoría de la tierra plana, de la mitología de Mesopotamia, por parte de la filosofía griega y la astronomía helenística, varios siglos antes de Cristo.

Puede ver EL FIN DEL MUNDO (Video) https://eligiopalacio.com/2015/11/04/el-fin-del-mundo-video/

La Real Academia de la Lengua Española define velo como  “cosa que encubre o disimula el conocimiento” y correr el velo “descubrir algo que estaba oscuro u oculto”. En  la vida diaria el velo lo lleva uno, o lo lleva el Otro, o ambos y como se expresó, antes, develarlo es muy complejo. Correr el velo que se tiene, sin importar el del Otro, genera alivio e incluso alegría para el ser humano que lo logra, no importa la dolorosa verdad que se haya descubierto. Sin embargo, muchos prefieren permanecer con el velo puesto para evitarse el sufrimiento y como se dice popularmente “mueren inocentes”. El velo distorsiona o impide ver la realidad y entonces la existencia se construye sobre supuestos falsos y/o equivocados, que generalmente producen sufrimiento.

En Colombia llevamos muchos años jugando a poner y correr el velo de la corrupción y a pesar del dolor que genera cada descubrimiento, en la sociedad, pareciera que en el ser humano, en cada colombiano, no se produjera ningún cambio positivo. Es más, en vez de generar un rechazo hacia este mal, que corroe al país, se esparce como plaga incontrolable. ¿Por qué?,  se preguntan muchos. La explicación lógica es la falta de una justicia eficaz. El ciudadano percibe que es buen negocio ser corrupto. “Ser pillo paga”. ¿Dónde están las grandes condenas por corrupción en Colombia?

La historia velada de Colombia está llena de historias de fortunas amasadas a punta de corrupción, entonces ¿por qué extrañar su democratización?, ¿por qué santiguarse ante una cultura que hemos propiciado y que se acentuó con el narcotráfico, desde los tiempos de Pablo Escobar?

Puede leer LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/

Al igual que con la violencia que ha estremecido a Colombia, para comprender y concluir que la corrupción hace daño nos demoraremos mucho tiempo, ojalá no tanto como la iglesia católica para reconocer que la tierra gira alrededor del sol. Para ello, solo una posibilidad: “educación, educación, educación”. Bueno, impartida por la poca gente decente que debe quedar en el país.

ANTES DEL FIN

Hace unos años un amigo me dijo que iba a incursionar en el narcotráfico.  Pretendía sacar a su familia de la pobreza. No le importaba su presente, ni su futuro inmediato, incluso morir. Estuvo en el tráfico de drogas ilegales y luego migró a un oficio de menor riesgo: La corrupción. Ya tiene asegurado el futuro de su familia y yo creería que el suyo. “Es el ejemplo, es el ejemplo”, decía mi profesor de ética.

ORLANDO CADAVID CORREA – EL SEÑOR PERIODISTA

Orlando Cadavid Correa

EL SEÑOR PERIODISTA

Por: Eligio Palacio Roldán

“Cuando bebas agua, recuerda la  fuente”
Proverbio Chino

Orlando-Cadavid

Foto tomada Eje 21

En la década del 90, del siglo pasado, en las mañanas, en Antioquia, todos los radios se sintonizaban en la emisora Radio Reloj de Caracol. El fenómeno “Como Amaneció Medellín”, su director Orlando Cadavid Correa.

Lo conocí por un deseo de la infancia por lo que era Caracol Radio y lo logré siendo estudiante de periodismo en la Universidad de Antioquia. Estaba haciendo un trabajo sobre la evolución de la radio informativa en Colombia y lo llamé para que me ayudara.

Eran las 5:45 de la mañana y la sala de redacción estaba con la tensión propia de quienes, en los próximos minutos, estarán “al aire”. El estrés se sentía en el ambiente de la segunda planta de la cadena radial, en el sector Laureles, en Medellín. Un hombre alto, muy alto, con su cabellera cana y frondosa sale a mi encuentro. Ese hombre era Orlando Cadavid, director de noticias de Caracol en Antioquia y de “Cómo Amaneció Medellín”. A su alrededor periodismo puro: disciplina, respeto, trabajo en equipo, manejo de fuentes y reportería, mucha reportería.

Hablar con él fue y es hablar con un maestro, con un periodista por excelencia, con un experto en redacción y ortografía, con uno de los hombres mejor informados del país a pesar de su rechazo por la vida social y  la “lagartería” propia de quienes pretenden estar “bebiendo” de las fuentes oficiales. Exigente en cuanto a la veracidad de la información, dueño de un gran olfato periodístico y un amor manifiesto  por el oficio.

Contar con él, como padrino de aventuras, como apoyo incondicional,  ha sido una de las mejores experiencias de mi vida en el mundo del periodismo.

Su calidad como profesional ha sido reconocida por varias generaciones de periodistas y por los colombianos en general. No en vano recibió tres premios Antena de la Consagración, al Mejor Noticiero de Colombia,  siendo director nacional de Radiosucesos RCN.

Felizmente jubilado, el Maestro Cadavid Correa, codirige desde su base, en el barrio Carlos E. Restrepo, en Medellín, los diarios digitales Eje 21 y Revista Corrientes, en alianzas, con Evelio Giraldo y William Giraldo, respectivamente, y es columnista dominical del diario La Patria, de Manizales, la ciudad de todos sus afectos, en la que se formó como periodista, y de El Reverbero de Juan Paz.

Aquí algunas facetas de este hombre del periodismo al que le tendré gratitud eterna:

EL PERIODISTA

¿Cómo resume su vida en el periodismo?

Como una larga travesía con principio pero sin fin. Creo que uno deja de ser periodista cuando lo convocan a cuadrar caja con el de arriba.

¿En qué medios ha laborado y en qué períodos?

En la radio me inicié en los años 60, en Transmisora Caldas, de Manizales, al lado de Eucario Bermúdez. En la misma ciudad fui corresponsal de El Espectador durante 10 años. Y dirigí los servicios informativos de Caracol (Voz el Ruíz) y de Todelar (Radio Manizales).

Tomé un año sabático, en Medellín, en 1972, en el que estuve al frente de las marcas fonográficas Zeida y Costeño, de Codiscos. No me gustó la experiencia discográfica, aunque soy coleccionista de vieja data, y volví a la radio, pero en Bogotá, como jefe de redacción primero y luego como director de Radiosucesos RCN, cuando la acababa de comprar el industrial Carlos Ardila Lulle.

Pasé luego a la subdirección de El Espacio, donde apenas duré un mes porque me aburrió esa insoportable mezcla de sangre y semen. Y tomé la mejor decisión de mi vida: acepté la propuesta de Jorge Yarce para acompañarlo en la maravillosa aventura de hacerle la segunda en la creación de la agencia nacional de noticias Colprensa. Tras cinco años en esta querida organización volví a mi Manizales del alma como director de noticias de Caracol (por ofrecimiento de Yamid Amat)  y corresponsal de El Tiempo en la capital de Caldas. (Me tocó reemplazar a José Fernando Corredor, uno de mis mejores amigos en el oficio).

Sufrí en julio de 1987 el peor traslado de mi carrera:  la cadena Caracol decidió mudarme de Manizales (esa arcadia de paz) a Medellín, epicentro de la guerra demencial que el narcotráfico libraba contra el Estado. En menos de seis meses mi cabeza se me puso completamente blanca y vivía en un solo temblor.  No fui feliz un solo día en Antioquia, pese a ser la tierra de mis mayores. Trabajábamos todos bajo el síndrome del miedo, del pavor.

Atendí, en distintas épocas, desde las tres ciudades: Bogotá, Manizales y Medellín,  el semanario Pantalla, El Diario La Prensa de Nueva York, la revista Bilboard en español, la agencia Associated Press, durante la guerra de Pablo Escobar y páginas diarias de variedades en El Espacio y El Periódico, ambos de la capital del país.

¿La Mejor y la peor experiencia es cada uno de esos medios?

La mejor, Colprensa. La peor, la época de Pablo Escobar.

¿Cómo fue hacer periodismo en los tiempos de Pablo Escobar en Medellín?

Era terrible. No quisiera volver a pasar por semejante viacrucis.

¿Cómo ha manejado las presiones de los “protagonistas” de la noticia”?

No  recuerdo haber sido víctima o blanco de presión de parte de algún protagonista de la noticia.

¿Cómo conserva sus fuentes?

Ya no me quedan fuentes. Y eso me da cierta libertad para escribir de lo que se me antoje.

¿Le gustaría regresar a la radio?

No, de ninguna manera.

¿Se puede ser periodista independiente?

 Claro, Se puede. No sé cómo la pasarán aquellos colegas que procuran hacerlo, cuando los medios están en manos de los cacaos.

¿Una frustración?

No me ronda ninguna.

¿Algo por hacer, aún, en periodismo?

Mejorar la capacitación de los jóvenes que abrazan la carrera en las universidades. Hay unos que quedan muy mal formaditos, con unas redacciones bastante pobres.

 

EL PERIODISMO

¿El mejor periodista en la historia de Colombia?

Antonio Pardo García.

Cinco de mi generación: Daladier Osorio, Javier Baena, Oscar Domínguez, Rodrigo Pareja y Pacho Tulande.

¿El Mejor programa periodístico?

6AM/9AM, en los tiempos de Amat (Yamid), Castellanos (Alfonso), Nieto Bernal (Julio), Peláez (Hernán) y el maestrísimo Pardo (Antonio).

¿La mejor noticia en los últimos 50 años?

 El desarme de las Farc.

¿La peor noticia en los últimos 50 años?

El asesinato de don Guillermo Cano.

¿Cómo ve los medios hoy?

Muy sometidos al vaivén de las redes sociales.

¿Los mejores y los peores?

La W. No escucho las demás.

¿Los mejores periodistas hoy?

Julio Sánchez, Daniel Coronell y Daniel Samper Ospina.

 ¿Los mejores periodistas en el mediano plazo?

 Los que se están formando en La Escuela de Julito.

¿Cómo ve el periodismo en los tiempos de las redes sociales?

Muy condicionado a lo que impongan las dichosas redes.

¿Un columnista para leer y otro para no leer?

El primero, Lorenzo Madrigal (o sea Héctor Osuna).

El otro,  don Plinio.

 

EL SER HUMANO

¿Su mayor alegría?

El día que nació, en Manizales, mi primer nieto, Tomás.

¿Su mayor tristeza?

Fueron dos: las muertes de mi mamá Angélica y de Lucia, mi hermanita menor, en Medellín.

¿Qué lo motiva en la vida?

A estas alturas del partido de la vida, casi nada.

¿Por qué su apatía a la vida social?

No soy muy dado a los homenajes y menos a las condecoraciones. Siempre son inmerecidos.

¿De dónde nació su amor por la música?

Viene de cuna, Mi padre fue Carlos Cadavid Sarrazola, un tenor de la talla de Ortiz Tirado, Alfredo Krauss y Alvarez Mera. Pero prefirió la música sacra como corista de la principal iglesia de Bello, Antioquia.

¿La canción que lo identifica?

Dos: “Colombia mía”, de Luis Uribe Bueno, interpretada por Cantares de Colombia y “Feria de Manizales”, ejecutada por la Banda El Empastre.

¿La que más le gusta?

Las dos.

¿Siente que su trabajo ha sido reconocido por la sociedad?

 Me basta con que haya sido reconocido por mis amigos.

¿Un sueño por cumplir?

Se lo quedo debiendo, Eligio.

¿Su legado?

También.

 

Puede escuchar las canciones preferidas del Maestro Cadavid
https://www.youtube.com/watch?v=B5yVxbg60wY
https://www.youtube.com/watch?v=640r-Kj2sKk

 

 

PRETENDIENDO “MATAR” A PABLO ESCOBAR

PRETENDIENDO “MATAR” A PABLO ESCOBAR

Eligio Palacio Roldán

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Dice el editorial de El Espectador del pasado domingo que “no vamos a permitir que se olvide el dolor por el que hemos pasado, ni que los victimarios se conviertan en leyendas”, haciendo referencia a la estrategia del alcalde de Medellín para menoscabar la imagen de Escobar, para “matarlo” como el ídolo en que se ha convertido en todo el mundo.

Se hace referencia en la publicación a la propuesta del mandatario de demoler el mítico edificio Mónaco, residencia de Escobar en la ciudad. Algo similar se hizo ya en la Hacienda Nápoles, en el Magdalena Medio, donde destruyeron la averiada casa de Escobar. Malas decisiones si se tiene en cuenta el potencial turístico de las edificaciones. En vez de destruirlas se deben utilizar para explicar el porqué de Escobar y de sus fechorías.

Todos los principios  de autoayuda, sicológicos y religiosos dicen que para superar las dificultades lo primero es reconocerlas, entenderlas y luego si tratar de modificarlas. En este caso la pretensión es absolutamente opuesta, se quiere enterrar cualquier vestigio de Escobar como si esto resolviera el problema.

Obvio que Escobar fue un nefasto personaje, claro que de él heredamos comportamientos reprochables como el dinero fácil, la corrupción como medio para conseguir los propósitos y el estilo narco de una gran franja de nuestra sociedad. Sin embargo, también es cierto que se convirtió en un ícono para gran parte de Colombia, Latinoamérica y el mundo; algo así como el símbolo de la reivindicación de los pobres de la tierra ante el poder y la indolencia de países ricos, en especial de Estados Unidos. Escobar es en el imaginario una especie de El Che Guevara de finales del siglo XX.

Las autoridades pretenden borrar a Escobar destruyendo los lugares que habitó, criticando a los artistas que le rinden homenaje, tratando de ocultarlo como se ocultan los pecados de los antepasados, y no dan la guerra que hay que dar, la guerra contra la falta de oportunidades, contra la pobreza. No es sino recorrer el noreste antioqueño o el sur del país, para entender que el cultivo de coca es la única fuente de subsistencia para miles de personas. Nuestros mandatarios repiten los mismos errores de Estados Unidos, en su lucha contra el narcotráfico, no reconocen el origen del problema o lo maquillan para que el negocio siga como está; no en vano es una fuente de riqueza y poder para muchos.

Escobar es y será, para bien o para mal, el referente de Colombia ante el mundo, por mucho tiempo. Para cualquier viajero de nuestro país es la pregunta obligada y más cuando se es de Medellín. Entonces, ¿para qué rasgarse las vestiduras? Harían mejor nuestros gobiernos legalizando el turismo alrededor del capo y contando la verdadera tragedia, con personal capacitado para ello. No hacerlo distorsiona su historia y lo mitifica aún más.

Los mitos se destruyen con realidades y esas realidades están en educación, inversión social, control a la corrupción, generación de empleo lícito y ejemplo. Las transformaciones se dan. Una muestra de ello es lo que ocurre en la Comuna 13 de Medellín.

ANTES DEL FIN

Creería que la iniciativa del alcalde Federico Gutierrez de derrumbar el edificio Mónaco es “otra” idea para disimular su pobre gestión.

Pobre gestión, también, a pesar de su habladera, la el Gobernador Luis Pérez.

Y ni hablar de la gestión del presidente Santos. Se le fueron dos gobiernos detrás del espejito de las Farc, como a Uribe.

¡Estamos graves!

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