¿CUÁL PAZ?

¿CUÁL PAZ?
Eligio Palacio Roldán

Desde cuando era una colonia española, o quizás mucho antes, los habitantes del territorio que ocupa, hoy, Colombia buscaron infructuosamente la paz; para ello, intentaron todos los métodos, desde los más violentos hasta los más pacíficos.

Hace más de treinta años, por allá a comienzos de la década del ochenta del siglo pasado, el Presidente Belisario Betancur y su blanca paloma, se convirtieron en ícono de la Paz, desde entonces, ese tema es obligado para candidatos y presidentes en ejercicio; pero, ¿qué es la paz? La Real Academia de la Lengua Española la define, entre otros, como “pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia”.

El presidente Santos, hijo político de Andres Pastrana y Alvaro Uribe, ha seguido de manera alterna las dos estrategias de sus predecesores para lograr la paz: Fuerza y Dialogo,  y la verdad, estoy seguro, ni la una ni la otra darán los resultados esperados, ya la historia lo ha demostrado y en el supuesto caso de que se firmara la paz, poco o nada cambiaría a nuestro alrededor.

Es bien sabido que, en últimas, los únicos beneficiados en los acuerdos con el estado son los líderes de las bandas criminales, el resto de sus integrantes terminan conformando o fusionándose con otras organizaciones delincuenciales, donde continuaron haciendo sus fechorías;  ¿Dónde fueron a parar los subalternos de Escobar, donde los de los paramilitares, dónde los de los diferentes carteles de la droga?

Al concluir la semana anterior, se conocieron algunos puntos del acuerdo preliminar entre el gobierno colombiano y las Farc, en el marco de las negociaciones de paz en La Habana, Cuba: que la guerrilla reconoce la soberanía del estado y se somete a la ley, y que el Gobierno la reconoce como un proyecto político que puede impulsarse por medios democráticos; una reforma rural integral, para hacer justicia con los sectores campesinos excluidos y los territorios atrasados;  y la reformulación de la política contra las drogas que incluya, además de la lucha tradicional  contra el crimen organizado, la generación de  oportunidades de desarrollo para los cultivadores y la erradicación voluntaria de cultivos; puro sentido común, diría uno, y, si es puro sentido común ¿por qué no lo han aplicado antes?, y, ¿por qué si lo van a cumplir en el futuro?, y, entonces, habrá llegado la hora en que Colombia y los colombiano nos descompliquemos y podamos caminar por la vida con “pública tranquilidad”, no lo creo; y no lo creo por las evidencias que nos atormentan: el narcotráfico y la minería ilegal creciendo e imponiéndose como única alternativa de sobrevivencia; nuestras ciudades tomadas por la delincuencia que se erige como ama y señora de las organizaciones sociales y económicas de los colombianos, como un paraestado, y nuestros dirigentes untados hasta el cuello de la podredumbre que emerge de la misma delincuencia y de la corrupción pública y privada.

 ¿Podrá lograr la paz un país donde las ideas son sacrificadas ante los intereses particulares, donde los dirigentes dan muestras diarias de intolerancia, donde, a diario, se delinean estrategias, sin ningún escrúpulo, para derrotar al enemigo político de turno, donde es imposible distinguir entre la bondad y la maldad, donde la única herramienta de convencer es el engaño y donde sus principales líderes son los mejores exponentes de la degradación descrita?, no lo creo.

¿Podrá lograr la paz un país, donde reina la impunidad, donde gran parte de quienes administran justicia se confunden con los delincuentes, donde sus habitantes no pueden contar con una cárcel digna para rehabilitarse, donde la salud y la educación son un privilegio para quienes cuentan con dinero obtenido de manera lícita o ilícita?, no lo creo.

 ANTES DEL FIN

Samper es objeto de varios titulares de prensa en el día de hoy, dicen que el expresidente relaciona crimen de un diputado venezolano con paramilitares colombianos; el hombre se mueve como pez en el agua en las esferas del poder político en Colombia y en Latinoamérica; a la dirigencia de este continente no le importa que su presidencia haya sido fruto del dinero del narcotráfico; ¿qué mensaje nos están dando?, ¿qué vale la pena entregar el alma al diablo?

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