NACIONAL Y ALVARO URIBE LAS RELIGIONES DE LOS ANTIOQUEÑOS

NACIONAL Y ALVARO URIBE LAS  RELIGIONES DE LOS ANTIOQUEÑOS

Eligio Palacio Roldán

“Nacional es una religión para mí”

Pacho Maturana

“Nacional es una religión para mí”, dijo ayer Francisco “Pacho Maturana” en una entrevista para el programa El Alargue de Caracol Radio: No solo para él, que fue parte fundamental de su instauración como credo, también para miles de antioqueños, de colombianos y de habitantes del mundo que alguna vez creyeron en el equipo verde y que lo siguen haciendo, hoy, con más devoción que la generada por muchos santos.

El Club Atlético Nacional fue fundado el siete de marzo de 1947  y, desde entonces, ha tenido miles de seguidores, pero su imposición en el corazón y en la mente de los colombianos se logró con la idea de convertirlo en el “Equipo de los puros criollos”, de la mano precisamente de Maturana. Un equipo conformado por jugadores colombianos competitivo a nivel mundial. Con esa filosofía, logró ser el primer equipo colombiano en obtener la Copa Libertadores de América, el 31 de mayo de 1989.

Obviamente que estos logros y otros como ser el mejor equipo de Colombia, en lo corrido del siglo XXI, son hechos irrefutables que generan identificación y una hinchada fiel. Pero el sentimiento religioso tiene origen en otros aspectos más dicientes de nuestra realidad nacional: en la falta de liderazgos políticos y/o de otras religiones y filosofías. En la falta de ídolos de carne y hueso, en la poca credibilidad que generan nuestros gobernantes.

Y entonces, el único refugio para los humanos de nuestra Antioquia, de nuestra Colombia son los deportistas. Deportistas sobre los cuales, también, se genera una presión a veces intolerable por ser los mejores, en tierras de mediocres. Incluso, de no quedar hoy Nacional campeón, por segunda vez, de la Copa Libertadores de América, mañana muchos le voltearán la espalda. Claro, sus fieles correligionarios continuarán acompañándolo, siempre, hasta su última derrota.

Bueno, vamos con Uribe. No soy Uribista, mucho menos Furibista, y tengo muchas críticas hacia su gobierno y hacia él como dirigente; pero el expresidente, como el equipo de fútbol –Nacional- despertaron en los colombianos (mayormente en los antioqueños) ese fervor por lo propio. Esas ganas de creer, de confiar en cosas buenas para los colombianos. En poder hacer, en sentirnos protagonistas de la historia del mundo. Por decirlo así, Nacional y Uribe despertaron ese ego necesario y nos han sacado de la cabeza el complejo de  inferioridad propio de un pueblo acorralado por la violencia. Y eso ha hecho que Uribe, para muchos, sea realmente un Dios. Ver COLOMBIA HUERFANA https://eligiopalacio.com/2013/02/28/colombia-huerfana/

A Uribe como a Nacional lo acompañaron felices miles de colombianos cuando era el ganador. Ahora le siguen sus fieles con la misma devoción de los primeros días. Esos fieles, los de Nacional y los de Uribe, no escuchan razones, no piensan, no cuestionan. Solo los siguen, y los siguen con una vehemencia tal que es imposible entablar una conversación racional con ellos. Bueno, natural. Así son todas las sectas religiosas.

ANTES DEL FIN

La mejor de las suertes para Nacional, hoy, en la final de la Copa Libertadores de América. Muy merecido, ojalá, su título. Gane o pierda es y seguirá siendo un gran equipo de fútbol,  el onceno dirigido por Reinaldo Rueda.

Las mayores alegrías, las más grandes tristezas, la euforia, el latir del corazón, el suspenso y el éxtasis del gol hacen que el fútbol sea una de las mayores pasiones del ser humano.

Hoy Medellín, Antioquia y Colombia están felices, están de fiesta. Qué bueno que ese estado se repitiera con otros aconteceres. Podría ser la llegada de la paz. Claro, si fuera cierta, si correspondiera a un sentimiento real de todos los colombianos y no la paz que se anuncia,  la paz solo para un puñado de colombianos egoístas, LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/.

¿CUÁL PAZ?

¿CUÁL PAZ?
Eligio Palacio Roldán

Desde cuando era una colonia española, o quizás mucho antes, los habitantes del territorio que ocupa, hoy, Colombia buscaron infructuosamente la paz; para ello, intentaron todos los métodos, desde los más violentos hasta los más pacíficos.

Hace más de treinta años, por allá a comienzos de la década del ochenta del siglo pasado, el Presidente Belisario Betancur y su blanca paloma, se convirtieron en ícono de la Paz, desde entonces, ese tema es obligado para candidatos y presidentes en ejercicio; pero, ¿qué es la paz? La Real Academia de la Lengua Española la define, entre otros, como “pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia”.

El presidente Santos, hijo político de Andres Pastrana y Alvaro Uribe, ha seguido de manera alterna las dos estrategias de sus predecesores para lograr la paz: Fuerza y Dialogo,  y la verdad, estoy seguro, ni la una ni la otra darán los resultados esperados, ya la historia lo ha demostrado y en el supuesto caso de que se firmara la paz, poco o nada cambiaría a nuestro alrededor.

Es bien sabido que, en últimas, los únicos beneficiados en los acuerdos con el estado son los líderes de las bandas criminales, el resto de sus integrantes terminan conformando o fusionándose con otras organizaciones delincuenciales, donde continuaron haciendo sus fechorías;  ¿Dónde fueron a parar los subalternos de Escobar, donde los de los paramilitares, dónde los de los diferentes carteles de la droga?

Al concluir la semana anterior, se conocieron algunos puntos del acuerdo preliminar entre el gobierno colombiano y las Farc, en el marco de las negociaciones de paz en La Habana, Cuba: que la guerrilla reconoce la soberanía del estado y se somete a la ley, y que el Gobierno la reconoce como un proyecto político que puede impulsarse por medios democráticos; una reforma rural integral, para hacer justicia con los sectores campesinos excluidos y los territorios atrasados;  y la reformulación de la política contra las drogas que incluya, además de la lucha tradicional  contra el crimen organizado, la generación de  oportunidades de desarrollo para los cultivadores y la erradicación voluntaria de cultivos; puro sentido común, diría uno, y, si es puro sentido común ¿por qué no lo han aplicado antes?, y, ¿por qué si lo van a cumplir en el futuro?, y, entonces, habrá llegado la hora en que Colombia y los colombiano nos descompliquemos y podamos caminar por la vida con “pública tranquilidad”, no lo creo; y no lo creo por las evidencias que nos atormentan: el narcotráfico y la minería ilegal creciendo e imponiéndose como única alternativa de sobrevivencia; nuestras ciudades tomadas por la delincuencia que se erige como ama y señora de las organizaciones sociales y económicas de los colombianos, como un paraestado, y nuestros dirigentes untados hasta el cuello de la podredumbre que emerge de la misma delincuencia y de la corrupción pública y privada.

 ¿Podrá lograr la paz un país donde las ideas son sacrificadas ante los intereses particulares, donde los dirigentes dan muestras diarias de intolerancia, donde, a diario, se delinean estrategias, sin ningún escrúpulo, para derrotar al enemigo político de turno, donde es imposible distinguir entre la bondad y la maldad, donde la única herramienta de convencer es el engaño y donde sus principales líderes son los mejores exponentes de la degradación descrita?, no lo creo.

¿Podrá lograr la paz un país, donde reina la impunidad, donde gran parte de quienes administran justicia se confunden con los delincuentes, donde sus habitantes no pueden contar con una cárcel digna para rehabilitarse, donde la salud y la educación son un privilegio para quienes cuentan con dinero obtenido de manera lícita o ilícita?, no lo creo.

 ANTES DEL FIN

Samper es objeto de varios titulares de prensa en el día de hoy, dicen que el expresidente relaciona crimen de un diputado venezolano con paramilitares colombianos; el hombre se mueve como pez en el agua en las esferas del poder político en Colombia y en Latinoamérica; a la dirigencia de este continente no le importa que su presidencia haya sido fruto del dinero del narcotráfico; ¿qué mensaje nos están dando?, ¿qué vale la pena entregar el alma al diablo?

VIOLENCIA, MEDELLIN Y EL ALCALDE

VIOLENCIA, MEDELLIN Y EL ALCALDE
Eligio Palacio Roldan
Hacía referencia, esta semana, Carlos Alberto Giraldo, en una columna publicada en el periódico El Colombiano, a una cumbre de emisarios de las dos organizaciones delincuenciales dominantes en el Valle de Aburrá y Antioquia: “La Oficina” y “Los Urabeños”, y a un supuesto pacto entre ambas organizaciones criminales, para bajarle el nivel a las agresiones y un reparto de la torta del crimen local y transnacional.

Afirma el columnista que quiere pensar que Medellín se está pacificando gracias al esfuerzo del alcalde Aníbal Gaviria, pero que hay coincidencias entre las supuestas reuniones y pactos y el descenso de los homicidios en los dos últimos meses y que, quizás, se esté presentando un hecho similar al de la “Donbernabilidad” de las alcaldías de Fajardo y Alonso Salazar.

Al contrario de lo que piensa el columnista, yo estaría muy contento y tranquilo si este supuesto pacto estuviese vigente. Nuestra ciudad en particular, y nuestra sociedad en general, necesitan tiempo para reinventarse a través de la educación y quizás así, un día, lograr la paz. Llevamos más de 50 años de violencia que no se solucionan con pactos de paz y, mucho menos, con la aplicación de la fuerza o la autoridad.

Ya lo había expresado en una columna, publicada en http://www.eligiopalacio.com, en febrero de este año: “Aníbal Gaviria es un excelente alcalde y mejor ser humano, pero la seguridad de la ciudad hace muchos años no depende de las autoridades. Hasta que uno de los combos, que se enfrentan por el dominio del territorio, no derrote a los demás, no podrá mostrar la ciudad que sueña.”

Bueno, no contemplé la posibilidad de un “pacto de paz” entre las organizaciones criminales; pero bienvenido. Ese pacto nos permitirá, ojalá, contar con el tiempo que necesitamos para que lo que se sembró en las alcaldías de Sergio Fajardo, Alonso Salazar y lo que se siembra en la de Aníbal Gaviria de sus frutos. La construcción de una sociedad en paz, en nuestra ciudad y en nuestro país, necesita un trabajo de muchos años.

Por eso no comparto las criticas, por parte de muchos amigos y colegas, a la gestión del alcalde. El alcalde está trabajando por una sociedad y una ciudad para el futuro; impregnándoles alegría y optimismo a sus gentes, a pesar de su cruda realidad. No puede hacer mucho más con una criminalidad de más de treinta años de historia, que se ha enquistado en nuestra comunidad, y cuya única forma de derrotar es con una transformación social, a partir de la educación y la generación de oportunidades. Se está trabajando para evitar más generaciones perdidas. Ese solo hecho, debe generar nuestro apoyo a la gestión del mandatario.

ANTES DEL FIN
Otra vez, aunque suene reiterativo y/o lagarto: Que acierto Waldir Ochoa en la dirección de Telemedellin, que bien habla su gestión de lo que quiere la Alcaldía para la ciudad, y que bien por el periodismo antioqueño y Colombiano. Waldir es un ejemplo a seguir.

El desplome del edificio Space en el barrio El Poblado, de Medellín, parece ser otra demostración de lo que es “MI PATRIA CORRUPTA” y así como la violencia, este cáncer de nuestra sociedad solo será posible derrotarlo con educación.