LA VISITA DEL PRETENDIENTE

LA VISITA DEL PRETENDIENTE
Eligio Palacio Roldán

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Siendo niño, en el campo, presentía la visita del “pretendiente” de mi hermana mayor porque ella se levantaba muy temprano, hacía un aseo impecable, tendía las camas con lo mejorcito que había en la casa, preparaba un almuerzo pocas veces visto y saboreado y nos bañaba… Además,  escondía, en el zarzo, todos los rebujos. En ese entonces yo me sentía entre tenso, enojado y pensativo; no entendía por qué ese día tenía que ser tan diferente, mucho mejor, al resto de los días.

Esta mañana, en Medellín, camino al trabajo, extrañando las voces destempladas de los “cantantes” que se suben a los buses a contar sus desgracias, los mendigos y  habitantes de la calle, hoy invisibles, y observando los materos que el alcalde puso sobre la calle San Juan, tratando de embellecer la ciudad para “venderla” a los cientos de pretendientes, que la visitan por estos días, con ocasión del Séptimo Foro Urbano Mundial, me transporté a la infancia y me pregunté de nuevo, ¿por qué estos días son tan diferentes a todos los otros, en la capital antioqueña? Quisiera que, con el paso de los años, los días de la ciudad que habito  sean los mismos de mi edad madura y que aquellos de pobreza y desigualdad sean solo un recuerdo, para los niños de hoy. Para ello será necesario que ocurra algo similar a lo sucedido en mi casa: los mayores, con recursos económicos, hicieron un esfuerzo y se sacrificaron para que los menores saliéramos adelante.

Ya lo había advertido en columna del 17 de octubre de 2013, VIOLENCIA, MEDELLIN Y EL ALCALDE, http://wp.me/p2LJK4-za  Se está trabajando para evitar más generaciones perdidas. Ese solo hecho, debe generar nuestro apoyo a la gestión del mandatario”; sigo pensando lo mismo; sin embargo, creo que además de educación, cultura e internacionalización de la ciudad, hay que trabajar en generación de oportunidades laborales diferentes a ser taxista de extranjeros, empleado de la hotelería formal e informal, o dedicarse a la prostitución y el narcotráfico.

Ahora es común observar en Medellín extranjeros, ya nos “abrimos al mundo”, se ven en el metro, en el Parque Lleras, en los restaurantes y discotecas; pareciera que una ocupación hotelera del 60.78 por ciento en el años 2013, no mostrara la realidad que se palpa en las calles; lo cierto es que el turismo se esconde en cada esquina, en diferentes sectores de la ciudad, como Patio Bonito, en El Poblado, donde pululan los hospedajes informales y se acrecienta el mercado de drogas y sexo.

Pero, ¿quiénes y a qué vienen a nuestra ciudad los extranjeros?; ¿Vendrán a generar empleo y prosperidad para la ciudad?, ojalá, pero no lo creo, o por lo menos no la mayoría: el rebusque abunda, los semáforos y los buses están llenos de limosneros  y desplazados y el desempleo sigue siendo superior a dos dígitos (11%); además el robo callejero se acrecienta, las “vacunas” no cesan y toda la ciudad sigue marcada por fronteras invisibles.

Me decía hoy, un ex habitante de Buenaventura, que la situación de esa ciudad se debe a muchos años de desesperanza de los pobres, a la falta de oportunidades de desarrollo personal y profesional, a la falta de trabajo; me temo que en Medellín se están desencadenando situaciones similares a las de esa ciudad y que si nuestra dirigencia económica no hace nada por generar empleo digno para los jóvenes, no vamos a poder salir de la ciudad de las miserias.

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