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DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS DEL NARCOTRAFICO

DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS  DEL NARCOTRAFICO

Eligio Palacio Roldán

Tituló el diario El Espectador, su editorial del pasado sábado “DERRUMBAR LOS SIMBOLOS DEL DOLOR” donde elogió la iniciativa de la Alcaldía de Medellín de demoler el simbólico edificio Mónaco donde habitó, el mítico, Pablo Escobar.

Tiene razón el editorial en que para “Colombia no es útil olvidar de donde viene y por lo que ha pasado”. Desafortunadamente no solo no lo olvidó sino que incorporó la memoria de Pablo Escobar y del narcotráfico a su actuar, su forma de ser y estar en el mundo, su cultura. Triste realidad que no se cambia demoliendo edificios. Sólo basta con ver la transformación de la arquitectura para entenderlo: Ahora son cientos de edificios réplica del Mónaco los que ocupan ciudades y pueblos en Colombia. Sólo basta analizar las dimensiones de los cultivos ilícitos y del narcotráfico para comprender que miles de colombianos han seguido el ejemplo del capo del Cartel de Medellín. Solo basta con observar el comportamiento de las gentes, en nuestra geografía, para dimensionar la penetración de lo ilícito en nuestra cotidianidad.

Dirán algunos que no tengo razón, en lo que pienso, que Alemania, por ejemplo, se reintegró luego de derrumbar el muro de Berlín; pero la historia fue al contrario: el símbolo cayó por una decisión del pueblo alemán de unirse. Luego las protestas obligaron al gobierno a anunciar que el paso a lado y lado estaba permitido y el muro fue derruido por la multitud que ansiaba la unión entre Alemania y Alemania Oriental.

¿Qué hubiese sucedido si se derriba el muro y no hay deseo de unión? Lo que ocurre en muchas fronteras del mundo: una guerra.

Afirma, además, el editorial que “Cambiar estos monumentos a la maldad por homenajes a las víctimas es la única manera de dar la batalla por una memoria que recuerde el dolor y se comprometa a no repetirlo.” Derribar el edificio Mónaco es un paño de agua tibia, algo inocuo, un titular en los medios de comunicación, nada más. Se haría más dejando el edificio, aceptando que es un sitio turístico y mostrando a propios y extraños los efectos nefastos del narcotráfico. ¿O será que las mismas autoridades no encuentran argumentos para demostrar que el delito es funesto para la humanidad?

Borrar la memoria de Escobar, derrumbar el mito, solo se logrará cuando los colombianos vean, entiendan y concluyan que hay otros caminos, otras formas de estar en el mundo, generadoras de mayor bienestar físico y emocional, que estar inmersos en un estilo de vida y en una economía fundamentada en el narcotráfico. Para ello, se debe hacer entender a la sociedad las consecuencias negativas que genera estar sumido en la ilegalidad. Si hay consecuencias, claro, porque el margen de generación de riqueza por actividades ilícitas versus el castigo por participar en ellas es mínimo, en un país donde la justicia no funciona.

Además se debe cultivar el espíritu a través de la educación y el apoyo a la cultura como bien lo viene haciendo, por ejemplo, la alcaldía de Medellín desde hace varios años. Solo la educación entendida como formación y mejoramiento continuo y la generación de oportunidades de trabajo dignas podrá derrumbar los edificios “Mónaco” que se levantan como símbolo de poder y de riquezas bien o mal habidas.

¿Qué sucederá si se derriba el Edificio Mónaco y no hay un deseo de salir de la cultura del narcotráfico? Nada.

ANTES DEL FIN

Creo que con el mito de Pablo Escobar ya no hay nada que hacer. Es el símbolo de Colombia en el exterior, de la mano de uno o dos artistas y deportistas.  Ni siquiera el “famoso” Nobel del presidente Santos tiene alguna recordación entre el ciudadano del común.

Invito a ver… NIÑOS DE GERONA – ESPAÑA HABLAN DE COLOMBIA https://eligiopalacio.com/2018/02/22/ninos-de-gerona-espana-hablan-de-colombia/
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CORRER EL VELO

CORRER EL VELO

Eligio Palacio Roldán

“Ser pillo paga”

Son muchos los velos que se han corrido en la historia de la humanidad. Uno de los más significativos, creo yo,  y más difíciles de develar fue el de la teoría geocéntrica que indicaba que la tierra era el centro del universo. Romper con esa creencia costó la condena por parte de la “Santa” Inquisición de científicos como Copérnico (Siglo XVI) y Galileo (Siglo XVII) y cerca de cuatrocientos años de tiempo para comprender y concluir que la tierra giraba alrededor del sol. Bueno, hablo de la iglesia católica que ha sido muy lenta a la hora de reconocer sus errores: Solo hasta 1991, el Papa Juan Pablo II, reconoció su error.

Ya antes se había corrido el velo de la teoría de la tierra plana, de la mitología de Mesopotamia, por parte de la filosofía griega y la astronomía helenística, varios siglos antes de Cristo.

Puede ver EL FIN DEL MUNDO (Video) https://eligiopalacio.com/2015/11/04/el-fin-del-mundo-video/

La Real Academia de la Lengua Española define velo como  “cosa que encubre o disimula el conocimiento” y correr el velo “descubrir algo que estaba oscuro u oculto”. En  la vida diaria el velo lo lleva uno, o lo lleva el Otro, o ambos y como se expresó, antes, develarlo es muy complejo. Correr el velo que se tiene, sin importar el del Otro, genera alivio e incluso alegría para el ser humano que lo logra, no importa la dolorosa verdad que se haya descubierto. Sin embargo, muchos prefieren permanecer con el velo puesto para evitarse el sufrimiento y como se dice popularmente “mueren inocentes”. El velo distorsiona o impide ver la realidad y entonces la existencia se construye sobre supuestos falsos y/o equivocados, que generalmente producen sufrimiento.

En Colombia llevamos muchos años jugando a poner y correr el velo de la corrupción y a pesar del dolor que genera cada descubrimiento, en la sociedad, pareciera que en el ser humano, en cada colombiano, no se produjera ningún cambio positivo. Es más, en vez de generar un rechazo hacia este mal, que corroe al país, se esparce como plaga incontrolable. ¿Por qué?,  se preguntan muchos. La explicación lógica es la falta de una justicia eficaz. El ciudadano percibe que es buen negocio ser corrupto. “Ser pillo paga”. ¿Dónde están las grandes condenas por corrupción en Colombia?

La historia velada de Colombia está llena de historias de fortunas amasadas a punta de corrupción, entonces ¿por qué extrañar su democratización?, ¿por qué santiguarse ante una cultura que hemos propiciado y que se acentuó con el narcotráfico, desde los tiempos de Pablo Escobar?

Puede leer LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/

Al igual que con la violencia que ha estremecido a Colombia, para comprender y concluir que la corrupción hace daño nos demoraremos mucho tiempo, ojalá no tanto como la iglesia católica para reconocer que la tierra gira alrededor del sol. Para ello, solo una posibilidad: “educación, educación, educación”. Bueno, impartida por la poca gente decente que debe quedar en el país.

ANTES DEL FIN

Hace unos años un amigo me dijo que iba a incursionar en el narcotráfico.  Pretendía sacar a su familia de la pobreza. No le importaba su presente, ni su futuro inmediato, incluso morir. Estuvo en el tráfico de drogas ilegales y luego migró a un oficio de menor riesgo: La corrupción. Ya tiene asegurado el futuro de su familia y yo creería que el suyo. “Es el ejemplo, es el ejemplo”, decía mi profesor de ética.

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

Eligio Palacio Roldán

Los tiempos lógicos del psicoanálisis hablan de momentos para ver, comprender y concluir.  Se supone que luego del tiempo de concluir llega la modificación de las conductas que le hacen daño al ser humano. En materia de corrupción, en Colombia, a simple vista, esos tres tiempos hace mucho rato terminaron y no parece verse ningún efecto positivo de transformación en nuestra sociedad.

¿Será que falta tiempo para ver? No creo. Hemos visto  cómo la corrupción irrumpe en los pequeños poblados y en las grandes ciudades, en los concejos municipales y en el Congreso, en las alcaldías y en la Presidencia de la República, en las inspecciones de policía, los juzgados y las cortes, en los  pequeños círculos de poder y en las grandes corporaciones, en el ejército y en la policía. En fin, hemos visto cómo este flagelo se esparce por el país cubriéndolo todo.  Pasamos de los tiempos de Turbay Ayala, en la década del 80, del siglo pasado, cuando nos escandalizamos por su propuesta de reducir la corrupción a sus “justas proporciones” a pensar que ojalá tuviésemos los niveles de esa época.

Con la corrupción sucedió lo mismo que con el narcotráfico: fue visto con simpatía o con indiferencia hasta que permeó casi toda la sociedad colombiana. No en vano, ocupamos el primer lugar de producción en cocaína en el mundo.

¿Será que falta tiempo para comprender? Creo que sí. No hemos comprendido del todo. Nos parece monstruosa la corrupción de la clase política, del congreso, del ejecutivo pero nos parecen normales las pequeñas grandes corrupciones nuestras: colarnos en las filas, cruzar los semáforos en rojo, eludir el pico y placa, entrar al colegio o a la universidad con alguna “ayuda”, comprar la libreta militar, evadir impuestos, recibir prebendas por ayudar a la consecución de algo o el otorgamiento de un contrato. Nuestra cultura es del “vivo”, no del estúpido.  El otro es un corrupto: Yo mismo, o los seres cercanos a mí  astutos e inteligentes.

Falta tiempo para comprender el mal que le ha hecho a Colombia la elección popular de alcaldes en pequeños municipios, que han sido hipotecados a los corruptos y/o a los delincuentes de cualquier calaña, para dilucidar las nefastas consecuencias de la reelección presidencial y de las negociaciones de la paz con las Farc a cualquier precio.

¿Será que falta tiempo para concluir? Mucho. Si no se comprende tampoco se concluye. Se requiere aceptación por parte de todos y cada uno de los colombianos y entender que la corrupción es un mal que destruye la sociedad, que genera injusticias e impide la convivencia en paz entre los humanos. No basta con observar pasivamente lo que pasa, En esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que tienen que ser más incisivos y exhaustivos a la hora de demostrar las consecuencias nefastas de esta desgracia.

Falta tiempo para que surjan líderes que nos permitan ayudar a comprender y a concluir que el fin no justifica los medios, que el bien general está por encima del particular, líderes que generen credibilidad al estilo de lo que fue alguna vez Alvaro Uribe Vélez, quien desaprovechó la mejor oportunidad en la historia de Colombia para cambiar las costumbres y la forma de hacer política. En el momento esos líderes no existen, todos hacen parte de un sistema político corrupto. Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Martha Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?

ANTES DEL FIN

Nueve columnas sobre el tema de la corrupción en cinco años, de www.eligiopalacio.com, y múltiples referencias en los cientos de escritos muestran una permanente preocupación por una de las mayores problemáticas de la sociedad de hoy. Problemática que parece agravarse, día a día, con el destape de escándalos como el de Odebrecht:

GUSTAVO VILLEGAS, QUIEN ESTE LIBRE DE PECADO…

GUSTAVO VILLEGAS, QUIEN ESTE LIBRE DE PECADO…

Eligio Palacio Roldán

De vez en cuando las autoridades judiciales o los organismos de control, con que cuenta el Estado, descubren que el “agua moja”, que los miembros del gobierno local o nacional o los líderes del país tienen alguna relación con la delincuencia. ¡Vaya novedad en un país con cuarenta años de historia de narcotráfico! Es obvio que ese delito ha permeado nuestra sociedad, nuestra cultura y, claro, nuestra dirigencia, pero hay una doble moral al hablar de este drama de la Colombia que nos tocó habitar.

Sobre la captura del Secretario de Seguridad de Medellín, Gustavo Villegas, dice el diario El Colombiano, en su edición en internet: “Se pudo establecer que a través de una información que se brindaba a cabecillas de estructuras criminales como alias ‘Pichi’ y ‘Julio Perdomo’ se pretendía que esto favoreciera el sometimiento de algunas estructuras criminales ante la justicia con el fin de obtener beneficios en los procesos de paz y negociaciones que se vienen haciendo”, dijo Carrasquilla.”

Es lógico, necesario, obvio, evidente que quien se encargue de la seguridad de Medellín tiene que hablar con los delincuentes, para lograr algo de gobernabilidad. Las bandas criminales dominan la ciudad de norte a sur, de oriente a occidente y hay que estar ciego para no darse cuenta. Basta hablar con un tendero, con un transportador, con un propietario de algún vehículo. Esta situación es la misma desde hace muchos años y la única esperanza está en la inversión social y en la generación de educación, bienestar y empleo digno y bien remunerado para los habitantes de la ciudad, que transformen el modo de pensar de las futuras generaciones. La otra opción, la confrontación directa de las autoridades, ocasionaría miles de muertos.

Invito  leer
MEDELLIN ILEGAL https://eligiopalacio.com/2014/07/01/medellin-ilegal/
EL ALCALDE DE MEDELLÍN https://eligiopalacio.com/2014/10/22/el-alcalde-de-medellin/

No sé cómo se escogen los chivos expiatorios de nuestra cruda realidad y no sé cómo, las autoridades, son ciegas ante evidencias como la relación del Presidente Santos con las Farc, desde hace más de 20 años, la de cientos de políticos con la misma guerrilla, la de las autoridades civiles y militares y los gobernantes con los grupos al margen de la ley, la de la sociedad colombiana con los paramilitares. Tampoco sé cómo vamos a enfrentar organizaciones criminales como el Clan Usuga, que logró lo que nunca pudieron hacer las Farc: dominar las ciudades.

Invito a leer
EL “COMPLOT” DE SANTOS https://eligiopalacio.com/2016/05/19/el-complot-de-santos/

Los recientes acuerdos entre el gobierno Santos y las Farc hablan de una paz utópica. La única posibilidad de paz en Colombia es el arrepentimiento real de los sectores involucrados y una ley de punto final para todos los grupos al margen de la ley, y digo todos, incluido el Clan Usuga y los miles de colombianos dedicados a la producción y comercialización de drogas ilícitas. Otra utopía, pues para ello es necesaria la legalización, de esas mismas drogas, a nivel mundial.

Soy reiterativo: la paz en Colombia se logrará, a largo plazo, si los gobernantes le apuestan a la educación y a la inversión social; mientras tanto, mientras se gana tiempo para vencer la guerra, la convivencia con la delincuencia es un hecho, un hecho que no podemos ignorar y sobre el que no tenemos ningún derecho a juzgar, porque como diría Jesús de Nazareth “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Invito a leer
LA OTRA HISTORIA DE LA COMUNA 13 DE MEDELLIN https://eligiopalacio.com/2017/04/26/la-otra-historia-de-la-comuna-13-de-medellin/

ANTES DEL FIN

No conozco al señor Villegas.

Sobre Medellín:

  • Por primera vez en su historia reciente, las vías de la ciudad están llenas de huecos.
  • Los carriles exclusivos para buses, en las vías, podrían ser una buena opción para mejorar la movilidad en la ciudad, si no permiten que continúen siendo parqueaderos.
  • ¿Cuándo dispondrá Medellin de un buen restaurante y/o café bar en la vieja estación del tren en La Alpujarra?, el turismo creciente en la zona lo amerita.
  • Impresionante el desarrollo inmobiliario de El Hueco, se recuperó el centro, en se sector. Incluso el Parque de las Luces. Le faltan salas de cine.

EL REGRESO

EL REGRESO

Eligio Palacio Roldán

Diapositiva2

El viajero extiende sus extremidades tratando de ahuyentar un sueño que lo venció por muchos años. El frío de la madrugada le hace chasquear los dientes, trata de ver, en medio de la neblina, unas ratas que parecen juguetear a su lado. Al frente, abajo de la colina, un resplandor inmenso atrae su atención: 10, 20, 40, 80, ¿cuántos años hace que no visita el pueblo?. No lo recuerda.

Camina lentamente por el antiguo callejón que lo lleva a la plaza, el rio se  le antoja un riachuelo comparado con aquella imagen del  recuerdo. A su memoria llega la noche en que doña Gabriela arroja, a las frías aguas, el feto que le hizo expulsar  a su hija Carmen.

Unos minutos más tarde se encuentra en una plaza atestada de gente. No recuerda un hecho similar, quizás cuando capturaron a Jesús luego de degollar a Luciana. En ese entonces las gentes estaban indignadas; ahora parecían eufóricas.

Mira a su alrededor y lo único que lo ubica, en el pueblo de sus recuerdos, es la iglesia. Las demás construcciones le parecen un apilonamiento de cajas de cartón iluminadas; ya no podía observar los sauces que custodiaban el pueblo y mucho menos los pinos de las colinas cercanas, tampoco el cementerio. Un inmenso kiosko ocupaba la cuarta parte de la plaza y al frente de la iglesia, en una tarima de color amarillo, un artista interpretaba una melodía…

“Siempre que hago el intento de olvidarte
oye tirana no lo puedo lograr
siento los mismos deseos de besarte
oye tirana tu me vas a matar
habiendo tantas mujeres en el mundo
y yo solo contigo me tenía que encontrar”

Unos jinetes, en unos caballos que le parecieron gigantes,  repetían la canción mientras disparaban al aire; en las escalas de la iglesia, los amantes vivían una noche de amor desconociendo la multitud a su alrededor; en el pavimento miles de  botellas, en medio de la basura y los restos de comida, indicaban un consumo de licor desaforado; unos jóvenes aspiraban un polvo blanco que le pareció harina de trigo… No entendía lo que sucedía.

En una esquina algunos hombres ofertaban por las prendas de una dama: un millón por el sostén gritaba uno, dos millones por las tangas gritaba el otro. La mujer mostraba un cuerpo sensual, en unas dimensiones que nunca imaginó.

Mira los hombres y mujeres a su alrededor y le parecen seres distintos, quizás más hermosos, más luminosos. No entiende como sus cuerpos, casi desnudos, resisten las bajas temperaturas de la madrugada, tampoco entiende muy bien su lenguaje y el comercio a su alrededor. Trata de acercarse. Una joven de unos 16 años lo observa y grita aterrorizada. “Se prendió”, dicen sonriendo sus acompañantes.

El viajero camina un poco acelerado hasta un café de la calle real; allí observa a Rosario y Anabel, dos mujeres que dedicaron su existencia a ver pasar, frente a sus ojos cansados, la vida de las gentes. Les escucha:

  • Una nueva realidad vive el pueblo, una realidad en la que desapareció la cultura campesina para dar paso a la cultura traqueta, dice Rosario.
  • Todo comenzó por allá en los años 80, afirma Anabel
  • Si el narcotráfico nos transformó, es la herencia de Pablo, complementa Rosario.
  • El dinero nos cambió para siempre, concluye Anabel

Las miradas de las mujeres se pierden tras un hombre, que ensangrentado, llevan en hombros hacia el hospital.

El viajero continúa su camino. Pronto amanecerá.

LO QUE VA DE SAMPER A SANTOS

LO QUE VA DE SAMPER A SANTOS

Eligio Palacio Roldán

Santos debiera recordar el pasado y aplicar sus planteamientos de esos días y renunciar. Un gran favor le haría al país y a su búsqueda de la paz.

“La guerrilla fijó como condición indispensable una Constituyente y manifiestó que la paz no era posible durante este gobierno. Según Juan Manuel Santos, ante este veto se comenzó a pensar en alternativas y quedó flotando en el aire la posibilidad de un retiro de Samper y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Lemos”.

( Ver http://www.semana.com/nacion/articulo/el-complot-de-santos/34308-3)

Corrían los días de 1997, 20 años atrás en Colombia. Como hoy,  Juan Manuel Santos buscaba un acuerdo de paz con la guerrilla y, como hoy, el gobierno estaba inmerso en un escándalo de corrupción originado en la financiación, con dineros de origen ilegal, de la campaña presidencial.

Ocupaba el Palacio de Nariño Ernesto Samper, hoy aliado incondicional del gobierno Santos, y su llegada a la presidencia era cuestionada por el ingreso a su campaña de dineros procedentes del Cartel de Cali. Fue un tiempo en el que por dedicarse a defenderse y a sostenerse en el poder, el gobierno, descuidó sus funciones y el país se sumió en una de las crisis social, económica y política más delicadas en la historia de Colombia. Corrieron ríos de tinta en los periódicos del país y del mundo hablando del tema y se llenaron cientos de horas de radio y televisión. Se esperaba, estas circunstancias no se repitieran jamás. Sin embargo, la falta de un castigo ejemplar para el presidente de la época y los protagonistas del escándalo hizo que la corrupción se afianzara y la historia se repitiera.

En el 2017 se descubre, como colofón de investigaciones originadas en Brasil y Estados Unidos, que la multinacional de los sobornos, Odebrecht, había permeado las campañas a la presidencia de Juan Manuel Santos y de su principal opositor. Y el país vive una especie de déjà vu y se repiten las circunstancias vividas 20 años atrás. Bien dice la canción “que 20 años no es nada”.

Los seguidores de Santos (que los tiene a pesar de sus escasos puntos de favorabilidad) afirman que no se pueden comparar las circunstancias porque una cosa es violar los topes de una campaña y otra, bien distinta, recibir dineros del narcotráfico. Es verdad, pero resulta más triste y lamentable que se reciban dineros para tener como contraprestación contrataciones con fondos del estado, fondos originados en los impuestos de los colombianos, fondos que se esfuman en las manos de los corruptos.

En estas dos historias de corrupción son muchas las coincidencias, pero se destaca una gran diferencia. En la de Samper, Juan Manuel Santos estaba en la oposición y “trabajaba” para unir todas las fuerzas para llegar a un acuerdo de paz con la guerrilla  y de paso destituir a Samper. Hoy es Santos el que ocupa la presidencia, pero las circunstancias se repiten y dada la poca aceptación del mandatario para liderar un difícil proceso de paz, debiera recordar el pasado y aplicar sus planteamientos de esos días y renunciar. Un gran favor le haría al país y a su búsqueda de la paz.

Ver EL “COMPLOT” DE SANTOS https://eligiopalacio.com/2016/05/19/el-complot-de-santos/

ANTES DEL FIN

Lamentable el tratamiento que le dieron algunos medios de comunicación al Proceso 8.000, en el Gobierno Samper. En especial Caracol Radio, liderada en esos tiempos, como hoy, por Darío Arismendi. Deseable que la lección le haya servido para entender su papel en la historia. No lo creo, en este episodio seguro repetirá, también, su dosis de lagartería. A lo mejor le adjudiquen otra estación radial.

Hoy en la 54 Asamblea General de Colanta se le rendirá tributo al doctor Jenaro Pérez Gutierrez el hombre que transformó el norte de Antioquia y gran parte del país. Muy merecido.

Ver COLANTA – JENARO PEREZ https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/

CORRUPCIÓN: RESIGNACIÓN O SILENCIO CÓMPLICE

CORRUPCIÓN: RESIGNACIÓN O SILENCIO CÓMPLICE

Eligio Palacio Roldán

“Parece fruto del realismo mágico ver personajes deshonestos camuflarse en los diferentes gobiernos”

Decía Mauricio Vargas en su columna del domingo, en El Tiempo, que “a diferencia de los países vecinos, en Colombia la corrupción no ha desatado marchas callejeras”, a pesar de “la evidencia del pago de más de 11 millones de dólares a altos funcionarios e intermediarios por parte de Odebrecht”. (http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-rabia-pasiva-mauricio-vargas-columnista-el-tiempo-/16823093).

Tengo dos hipótesis para explicar la apatía de los colombianos frente a la corrupción y los corruptos:

La primera es la resignación. La Real Academia la define como “Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”. Y, sí.  Todo indica que los colombianos nos entregamos a la voluntad de un gran Otro, llamado corrupción, Una fuerza poderosa contra la que parece imposible luchar, contra la cual nos sentimos vencidos y con la cual se convive en inferioridad de condiciones. Es la renuncia a las luchas cuando éstas se hacen inútiles, porque ya se sabe el resultado adverso.  Un escenario similar se presenta, por ejemplo, en el área laboral, cuando se fijan metas imposibles de cumplir o frente a un amor frustrado  como canta José José “He renunciado a ti, como renuncia a ser sol lo que es hierba”.

El Silencio Cómplice se da cuando, sin estar de acuerdo con la corrupción, no se rechaza ni se denuncia ya sea por solidaridad o por conveniencia. La solidaridad se presenta con frecuencia en el mundo de la política y en general en la vida laboral o social por lealtades mal entendidas, temor o indiferencia. La conveniencia ocurre cuando se participa de ella con la obtención de beneficios directos y/o indirectos. La verdad, como lo he dicho en diferentes oportunidades, la corrupción pasó de ser un “privilegio” de pocos a ser una especie de moda y quizás hasta de cultura. Algo similar a lo que ocurrió, en Colombia, con el narcotráfico que se irrigó en todos los estamentos de la sociedad, sociedad en la que cada uno de sus miembros tenemos algo de traqueto. (Ver LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/).

En un país con pocas posibilidades para salir de la pobreza, como Colombia, la corrupción es una oportunidad. Máxime si los castigos son pocos y normalmente hay herramientas para no devolver los dineros obtenidos a base de coimas. Estas “Oportunidades” se ampliaron con las formas de “democracia participativa” y, entre ellas, una de las más nefastas: la elección popular de alcaldes.

Parece fruto del realismo mágico ver personajes deshonestos camuflarse en los diferentes gobiernos: defender los mismos hechos de corrupción y los corruptos de un gobierno y rechazarlos en otro. Es como si los políticos tuviesen solo memoria para ver la maldad en el otro. Para atacarlo.

Vuelve y juega: La solución al problema de la corrupción está en la educación. Se educa con el ejemplo. Llegó el tiempo en que Uribe y Santos reconozcan sus pecados y los de sus gobiernos, hagan un acto de contrición, ejerzan el mucho o poco liderazgo que ostentan y saneen las costumbres políticas. Llegó el tiempo de rescatar los valores.

ANTES DEL FIN

Muchos seres humanos, incapaces de enfrentar sus problemas, deciden ignorarlos en una especie de autismo. Eso le sucede a Colombia ante la corrupción y las deficiencias de sus gobernantes. Colombia, país autista.

Nuestra democracia se sostiene a punta de corrupción, ¿Qué sucederá cuando los colombianos reaccionen?

Papel fundamental deben ejercer los medios de comunicación para reducir la corrupción. Papel difícil de cumplir cuando se evidencia que muchos guardan un silencio cómplice.

APLACEMOS EL FIN:

Reduciendo el uso de vehículos automotores.

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