LA MEDELLIN DE LA PROSTITUCIÓN Y LA DROGA

LA MEDELLIN DE LA PROSTITUCIÓN Y LA DROGA

Eligio Palacio Roldán

Esta semana la prensa local y nacional se escandalizó por un espectáculo protagonizado por una modelo semidesnuda y un extranjero que promocionaban el turismo sexual en la ciudad de Medellín. Unos y otros se rasgaban las vestiduras en una actitud de doble moral muy nuestra que se vislumbra cada cierto tiempo: se rechaza el narcotráfico pero la economía colombiana resiste gracias a él, se condena el turismo que rinde tributo a Pablo Escobar pero los colombianos estamos cada vez más inmersos en la cultura traqueta que el delincuente originó, se critica la corrupción de los demás pero la mía y la de mis seres queridos es permitida y ahora se arma un escándalo por la prostitución pero esta se toma cada rincón de la ciudad sin que ni la ciudadanía ni los gobiernos locales hagan nada para contenerla.

Hace dos años estuve en Cuba y me impresionó la oferta sexual en las calles de La Habana; unas semanas después, haciendo una diligencia en el Parque Lleras recibí más de tres ofrecimientos por cuadra, quizás creían que era extranjero. Lo cierto es que el turismo en Medellín está cimentado en la prostitución y el mercado de las drogas y eso lo sabemos y acolitamos todos, es la “nueva” ya vieja economía de la ciudad. Mucha agua ha corrido debajo del puente y muchas las alcaldías que han mostrado el crecimiento del turismo en Medellín como un gran logro haciéndose los “bobos” frente a lo evidente.

Hace siete años visité el barrio La Torre y descubrí allí una ciudad marginada que lucha por sobrevivir y esa supervivencia está bordeada por el comercio de drogas ilícitas y la prostitución. Como ese barrio existen decenas en Medellín; pero no son solo los barrios marginados los que enfrentan esta crisis ética, es que el narcotráfico sembró en la sociedad la idea del dinero fácil y no son pocos los colombianos que han perdido la capacidad de sacrificio y la calma para alcanzar sus metas. Vivir se convirtió en un verdadero frenesí donde el ser sucumbió ante el tener y tener rápido; ahora todo esto está amplificado, magnificado y distorsionado por las redes sociales.

Puede ver: MEDELL IN IN SOSTENIBLE https://eligiopalacio.com/2014/05/07/medell-in-in-sostenible/

Va siendo hora de que la sociedad haga un pare, vea, entienda la magnitud de la crisis de valores que la acorrala y que la enfrente de una vez tomando medidas reales y que, obviamente, los habitantes de Medellín, Antioquia y Colombia dejen de actuar bajo la doble moral, reconozcan sus fallas y tengan un verdadero sentido de enmienda. De lo contrario, la situación se agravará con el pasar de los días y el futuro de la ciudad y el país será desesperanzador. Se trata de “una amnistía” para todos: Borrón y cuenta nueva. Una utopía, desde luego.

Es horas de tener gobernantes aterrizados actuando de conformidad y no preparando sus próximas “hazañas” políticas.

Puede ver: ¡DE ACUERDO! AMNISTIA GENERAL https://eligiopalacio.com/2021/08/19/amnistia-general/

Antes del fin

Arranca el proceso electoral 2022, el regreso al pasado dada la polarización y el sectarismo arraigado en la cultura colombiana del siglo XXI.

Y llega la Navidad, una navidad diferente con toda la disposición de la humanidad para “gozar” como nunca.

Estamos en tiempos de “goce”, restaurantes, discotecas y centros de esparcimiento “haciendo su agosto”.

LA CORRUPCIÓN, EL NARCOTRÁFICO, LA EVASIÓN DE IMPUESTOS Y EL EGOCENTRISMO DE LOS COLOMBIANOS

LA CORRUPCIÓN, EL NARCOTRÁFICO, LA EVASIÓN DE IMPUESTOS Y EL EGOCENTRISMO DE LOS COLOMBIANOS

Eligio Palacio Roldán

La corrupción, el narcotráfico, la evasión de impuestos son criticadas por todos los niveles de la sociedad de nuestro país, incluso por los mismos corruptos, narcotraficantes y evasores de impuestos. Claro, de dientes para afuera porque en los círculos más pequeños como los de la familia y los amigos cercanos, una y otra, son valoradas como inteligencia, viveza o “malicia Indígena”. Además de esta similitud en la percepción de estos comportamientos, todos, tienen un origen en común: el egocentrismo de cada colombiano.

Egocentrismo está definido por la Real Academia de la Lengua Española como “exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales” eso somos todos y cada uno de los colombianos: seres que nos creemos merecedores de todo y responsables de nada.

La corrupción, el narcotráfico y la evasión de impuestos no importan si son acciones mías, sin son de los demás son muy graves porque no es justo que otros se enriquezcan a costa de los más débiles. Somos solidarios para reclamar y hacer valer nuestros derechos y absolutamente egoístas para reconocer los de los demás y entender que, esos derechos, propios o ajenos dependen de nuestra responsabilidad con el otro, la sociedad y el país.

En este orden de ideas es necesario retomar la canción del maestro Alberto Cortez, Los Demás, porque a la hora de reclamar “olvidamos que somos los demás de los demás, nos hacemos los sordos, cuando llaman lo demás…”

Para derrotar el egocentrismo de los colombianos y por ende de fenómenos como la corrupción, el narcotráfico y la evasión de impuestos es menester ver, comprender, concluir y asimilar que el universo no gira a nuestro alrededor, no somos ningún “sol” así nos lo creamos, y asumir la propia responsabilidad individual frente a estos fenómenos sin estar echando culpas a diestra y siniestra. Para, ello la única salida es una reeducación individual desde el ser, desde la esencia, para derrotar el egoísmo y lograr algún día construir una verdadera nación. Algo se ha hecho en ese sentido desde el sector cooperativo, pero estas instituciones que predican la solidaridad como base de su organización son islas dentro del mismo estado y allí realmente solo se practica el individualismo colectivo.

Puede leer: COOPERATIVISMO – EL INDIVIDUALISMO COLECTIVO https://eligiopalacio.com/2016/05/12/el-individualismo-colectivo/

ANTES DEL FIN

La muestra más lamentable y trágica para Colombia de egocentrismo es la de los expresidentes de la República. Ellos, los líderes que dirigieron al país durante los últimos treinta años, son los más claros ejemplos de lo que no debe ser un colombiano de bien: engreídos, vanidosos, egoístas. Esperando que cincuenta millones de colombianos giren a su alrededor.

Sigue conmoviendo el programa de televisión La Voz Senior, todo un rescate de la tercera edad para el talento y la productividad ignorada, en esta época, por la misma sociedad egoísta descrita líneas atrás.

LA CULTURA DEL ODIO

LA CULTURA DEL ODIO

Eligio Palacio Roldán

Colombia lleva inmersa en la cultura traqueta más de treinta años. Esta cultura, inculcada desde el narcotráfico y con Pablo Escobar como símbolo, está determinada por formas de ser y de estar en el mundo como la ostentación, la belleza física fabricada, las construcciones rimbombantes, los carros lujosos y los caballos de paso, entre otros. Pues bien, estas formas de vida parecen estar pasando a un segundo plano para dar paso a la cultura del odio.

Esta semana, haciendo referencia a un cuestionamiento sobre un posible adoctrinamiento religioso en los colegios, un oyente afirmaba en la emisora W Radio que si eso fuera cierto seríamos buenas personas. Es verdad, todas las religiones proponen acciones en bien del prójimo y estas están cada vez más lejos de la realidad. La sociedad se apropia con vehemencia de la cultura del odio sembrada por la academia, el arte y la política desde hace varios años, fomentada con ahínco en los últimos meses por diferentes sectores políticos y magnificada por las redes sociales.

Mientras en la capital de la república el candidato a la presidencia Gustavo Petro orquesta una campaña en contra de la banca y en especial hacia Luis Carlos Sarmiento Angulo, utilizando figuras como Margarita Rosa de Francisco; en Medellín, el alcalde Daniel Quintero, hace lo propio contra el Grupo Empresarial Antioqueño. Se trata de demeritar, sancionar socialmente y hasta destruir las organizaciones económicas que han generado desarrollo para el país y bienestar para los colombianos. A la par, en escuelas y colegios se alimenta por parte de los educadores, a quien el estado les ha dado mucho y exigido poco, un resentimiento que desemboca en un odio contra el establecimiento propio de sectas políticas o religiosas que se creía superado en la cultura occidental.

Pero si la cultura del odio contra los sectores económicos y el establecimiento va calando, qué no decir de su furor en la política o más directamente en el caso del anteriormente amado expresidente Uribe Vélez: odiarlo está de moda y hacer todo lo posible por denigrarlo, también. A esa causa se ha sumado la prensa que, durante sus años de gobierno, por lo general, estuvo doblegada a sus pies.

Retomando algo del “adoctrinamiento religioso”, la parábola del trigo y la cizaña, pareciera que la cizaña está ganando la batalla. Cuando triunfe, acabará con el trigo y en Colombia solo quedará desolación, hambre y, obvio, una guerra, otra guerra más. En medio de la cultura del odio, el país retrocede en todos los aspectos de la vida nacional y la crisis se agrava por la pandemia del Coronavirus. Todo pareciera confabularse en pro de un futuro aciago, o retomando al maestro Víctor Gaviria: Para un No Futuro.

ANTES DEL FIN

“El Olvido que seremos”, título de la novela de Héctor Abad, es quizás la frase más real, cruel y contundente de cuantas haya escuchado en mi vida: pero, eso somos. Y no es necesario morir o desparecer para ello… aún quienes viven son o somos olvido; la memoria es frágil.

En vez de ser una excelente herramienta para comunicarnos, las redes sociales se convirtieron en una verdadera cloaca.

Las muertes por el COVID-19 crecen, se acercan. Ya no son titulares de noticieros y periódicos, son la realidad del día a día: el vecino, el amigo, la familia. Vamos perdiendo la guerra contra la peste y las víctimas van quedando tendidas por el suelo.

Puede ver: LA GUERRA CONTRA EL CORONAVIRUS https://eligiopalacio.com/2021/04/15/la-guerra-contra-el-coronavirus/

EL SUICIDIO: LA CUARTA EPIDEMIA.

EL SUICIDIO: LA CUARTA EPIDEMIA

Eligio Palacio Roldán

En una columna anterior, LA TERCERA EPIDEMIA ( https://eligiopalacio.com/2020/09/18/la-tercera-epidemia/) mostraba mi preocupación por las muertes que generan los accidentes de tránsito y específicamente las producidas al conducir motocicletas. Hoy hago referencia a la cuarta epidemia que sufren los colombianos: el suicidio.

Mientras la cifra de muertes por causa del coronavirus en el país se acerca a las 25.000 personas, en el año 2019 se presentaron  11.630 homicidios, 6.689 muertes por accidentes de tránsito y 2.326 suicidios, constituyéndose estos en otra gran tragedia que afrontan los colombianos.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal la cifra de suicidios en Colombia se incrementó en un 3.5%, entre 2018 y 2019, “siendo la causa de muerte con mayor incremento en el país durante el año pasado por encima del homicidio y los accidentes de tránsito”.

Vea: En Colombia aumentó la cifra de suicidios en 2019 – Cuarto de Hora https://cuartodehora.com/2020/01/26/en-colombia-aumento-la-cifra-de-suicidios-en-2019/

El suicidio siempre será un misterio, sus causas un motivo de especulación y morbo, muy pocas personas dejan indicios claros de su motivación; pero se intuye que es la consecuencia de trastornos mentales como angustia, depresión, falta de autoestima o temor a una “realidad” interna que en lo imaginario y en lo simbólico representa a un Otro que señala y condena. Y es precisamente ese temor a la sanción del Otro lo que empuja hacia la muerte. El Otro, en las religiones está representado en un Dios y en la sociedad en los padres de familia, los maestros, las autoridades o en los semejantes. Semejantes, que casi siempre carecen de caridad humana y tienen como práctica social el matoneo.

¿Qué diferencia la cuarta epidemia, el suicidio, de las tres primeras?  Bueno; el grado de conciencia sobre la amenaza que representa para la sociedad, es mucho menor, frente a las otras tres. Y es ese grado de conciencia el utilizado por este autor para enumerarlas. Si a los  accidentes de tránsito se les presta poca atención, a los suicidios y a las enfermedades mentales mucho menos y aunque los profesionales y teguas para sanar el espíritu crecen como arroz, el acceso de las gentes a este tipo de servicios es aún muy limitado. Basta con observar su presencia en las entidades prestadoras de salud.  A nivel de prestación de servicios particulares, son prácticamente un lujo.

Otro elemento que influye negativamente al combatir las causas de la epidemia del suicidio es la educación del pueblo colombiano cuya formación está más direccionada a hacerlo productivo que feliz. En ese orden de ideas, a pesar de estar en el siglo XXI, aún sigue siendo un tabú la salud mental de las gentes y mucho más el buscar ayuda para recuperarla. Aún se señala al que acude a un sicólogo o a un siquiatra. Eso sin considerar que estamos en los tiempos de la eficiencia, de los resultados rápidos y la salud mental requiere tiempo para repensar el paso del ser humano por este mundo.

Un factor adicional en contra de la salud mental de los colombianos, que propicia el suicidio, es la desigualdad social, las pocas posibilidades de tener una vida satisfactoria en medio de una sociedad de consumo excluyente enmarcada por la cultura del narcotráfico.

ANTES DEL FIN

¿Cuándo veremos una protesta civilizada que abogue por la salud mental de los colombianos?

¿Y cuándo será que en Colombia se practica una política que no esté fundamentada en el odio?, de verdad, qué cansancio. Toda nuestra dirigencia está de siquiatra.

Los tiempos del coronavirus son una excelente oportunidad para reencontrarse con la música. Mientras escribo me encuentro esta joya en YouTube: https://youtu.be/9Umou-xTCDU. Próximamente hará parte de VIDEOS DE CUARENTENA https://eligiopalacio.com/videos-2/

EL GOBIERNO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VIII

EL GOBIERNO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VIII

Eligio Palacio Roldán

“…parece estar destinado a ser recordado como el gobierno en el que la izquierda se tomó el país.”

Cada gobierno tiene una impronta que lo identifica, en el devenir de las naciones, de acuerdo con los hechos que enfrenta, la forma en que lo hace y en especial por la percepción de los generadores de opinión y/o de la ciudadanía sobre los mismos. No siempre esa percepción es correcta (ser objetivo es imposible) y mucho menos justa; entonces solo queda esperar que la historia la rectifique, pero casi nunca sucede así.

Bajo mi mirada está el gobierno de Ernesto Samper como el primero en el que se demostró el ingreso de dineros del narcotráfico a una campaña política; fue el del elefante “A mis espaldas” y si la familia del exdirigente Alvaro Gómez Hurtado consigue demostrarlo, el de un asesino. El de Andrés Pastrana, el de “La silla vacía”, como el de un país sometido a las guerrillas de las Farc; olvidando todos los méritos que tuvo al salvar la economía de una de las peores crisis de la historia y el Plan Colombia y la reorganización del ejército como el comienzo del fin de las Farc. Alvaro Uribe pasará la historia por marcar una nueva era: atrás quedaron los partidos políticos para dar paso a uribistas y antiuribistas. Ese hecho impide, hasta ahora, que muchos le reconozcan sus méritos en el exterminio de las Farc y en  devolverles la confianza a los colombianos en el país. Desaprovechó los años de “vacas gordas” de la economía y sobre todo la aceptación del pueblo, durante su primer período, para transformar el país; él como ninguno, en los últimos 50 años de vida política, pudo haberlo logrado.   El de Santos será el del final de las Farc y el del desarrollo vial del país. También el que acentuó la división alrededor de Uribe y el de “me acabo de enterar” que, al igual que Samper, sucumbió ante la premisa de que los fines justifican los medios; esta vez, la corrupción al servicio de Odebrecht.

El de Iván Duque, muy parecido al de Pastrana, en mi sentir, con un muy buen equipo en la parte económica, tratando de sacar al país adelante, parece estar destinado a ser recordado como el gobierno en el que la izquierda se tomó el país. Ésta con un intrincado engranaje que incluye sindicatos; educadores de primaria, secundaria y universidades que alimentan el rencor de la ciudadanía, con generadores de opinión haciendo eco continuamente, asfixió por medio de protestas los primeros 18 meses de su mandato (Como el de Pastrana con las tomas guerrilleras). A diferencia de las Farc, que volcó al país en su contra, la izquierda de hoy conquistó jóvenes y gentes ingenuas que creen que el estado tiene la manera de atender todas las necesidades de la población, como si Colombia fuese un país rico.

Ahora, este gobierno, enfrenta la peor crisis en la historia del país: La pandemia del coronavirus. Y aunque lo ha hecho con inteligencia, sobriedad, dinamismo y alejado del populismo, los colombianos le pasan cuenta de cobro por el desgreño de varias décadas; el sistema de salud acumula las dificultades de más de veinte años y la corrupción hace metástasis en cada rincón de la patria, con una diseminación mucho más agresiva que la del COVID-19. Y no hago referencia a la corrupción tradicional de los políticos, sino a la de los colombianos de a pie: Los líderes de las comunidades ferian las ayudas que  el ejecutivo y los colombianos entregan solidariamente, los sistemas de información del estado muestran sus falencias y los recursos llegan a gentes que no los necesitan y éstas ni se ruborizan al recibirlas. El hambre cunde, el populismo también, y la izquierda completa su tarea desinformando y pretendiendo que el gobierno nacional cubra las necesidades de una población que se precipita hacia la pobreza.

El panorama es desolador y solo la solidaridad, desde el corazón, puede salvarnos. Mucho pedir, en una sociedad donde el otro no importa.

Puede leer: ¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO? https://eligiopalacio.com/2019/04/03/duque-un-presidente-distinto/

ANTES DEL FIN

Inesperado, por completo, este cambio en nuestra existencia originado por la pandemia del coronavirus. Estamos viviendo una etapa inimaginable. Un privilegio para quienes habitamos la tierra por estos tiempos  y si salimos de ella, en el futuro, será un referente obligatorio. Ojalá nos transformemos en mejores seres humanos.