LOS MÚLTIPLES AQUEJADOS DE UNA ENFERMEDAD

LOS MÚLTIPLES AQUEJADOS DE UNA ENFERMEDAD

Eligio Palacio Roldán

Hace nueve años escribí una de mis columnas más reconocidas: “Las múltiples muertes de un crimen”. En ella reflexionaba sobre la tragedia que significa un crimen para la familia del victimario. Desde hace muchos años pienso, también, en las consecuencias de una enfermedad grave y/o discapacitante al interior de un entorno familiar o social.

El impacto inicial es demoledor para el enfermo, obviamente, y para sus seres más cercanos. Es sentir, por un lado, que todo se viene abajo y, por el otro, la impotencia de no poder hacer nada.

En estos días hacía un símil entre alguien que se está ahogando en un río y quien, desde la orilla, ve cómo se lo lleva la corriente: el que se está ahogando no piensa en nada, solo lucha; el otro no sabe si gritar, tirarse al río o ver cómo el primero se ahoga. Es, quizás, más dolorosa la situación del segundo que la del primero. Esta metáfora se ve y se siente en las salas de espera de clínicas y hospitales, al intentar hablar con un médico o enfermera que dé una voz de esperanza. En este gobierno inhumano e indolente —el primero de izquierda en Colombia, el de Gustavo Petro— que paradójicamente dice estar al lado del pueblo, ese desespero ni siquiera llega a la necesidad de una respuesta, sino tan solo a la urgencia de ser atendido.

Pero alejándonos de la situación puntual de este gobierno perverso, hay que decir que en los primeros días de enfermedad se recibe, casi siempre con dramatismo, la solidaridad de decenas de personas; algunas por cariño, otras por curiosidad y otras más por pura morbosidad. Hay interés. A medida que pasan los días, ese interés decae hasta casi caer en la indiferencia o el evasionismo, y la responsabilidad para con el enfermo recae en pocas personas cuya vida se transforma a la fuerza, sin alternativa y sin ningún atisbo de apoyo.

Con el tiempo, muchos enfermos caen en la indiferencia y el olvido. Cuando mueren, llegan otra vez las voces de solidaridad y de un afecto incongruente con la realidad. Incluso muchos manifiestan una gran «falta» del ausente al que nunca le prestaron atención, justificando su ausencia con una historia creada a partir de sus propias fantasías, completamente alejada de los hechos. Ni hablar de la ambición que se desborda si el enfermo abandonado deja alguna herencia.

Las generaciones actuales deben tener conciencia de esta situación y prepararse para ella; también el Estado, que tendrá cada vez más gente abandonada a su destino a causa de la enfermedad o la vejez. Colombia no está preparada para ello; ojalá los ciudadanos sí. Presiento que, a mediano plazo, habrán personas muriendo en las calles sin ninguna atención por parte de sus familias y, por supuesto, mucho menos del Estado.

ANTES DEL FIN

La amenaza de una nueva pandemia, la del Hantavirus, tiene al mundo con los pelos de punta. Ya sabemos que las pandemias existen y son demoledoras. ¿Se alcanzan a imaginar una crisis similar o más grave que la del coronavirus con la salud en manos de un gobierno como el actual o como el de Cepeda?

“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, decía un estribillo en la presentación de una telenovela. ¿Será que necesitamos otra pandemia para entender y aceptar que el gobierno del presidente Iván Duque fue un gran gobierno?

Alarmante la cantidad de accidentes en motocicleta: centenares de heridos y muertos por esta causa. Colombia registró, en 2025, 5.516 muertos en este tipo de siniestros.

Qué gran novela es Vecinos: https://eligiopalacio.com/2026/03/20/la-ternura-de-la-telenovela-vecinos/

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑