EL GOBIERNO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VIII

EL GOBIERNO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VIII

Eligio Palacio Roldán

“…parece estar destinado a ser recordado como el gobierno en el que la izquierda se tomó el país.”

Cada gobierno tiene una impronta que lo identifica, en el devenir de las naciones, de acuerdo con los hechos que enfrenta, la forma en que lo hace y en especial por la percepción de los generadores de opinión y/o de la ciudadanía sobre los mismos. No siempre esa percepción es correcta (ser objetivo es imposible) y mucho menos justa; entonces solo queda esperar que la historia la rectifique, pero casi nunca sucede así.

Bajo mi mirada está el gobierno de Ernesto Samper como el primero en el que se demostró el ingreso de dineros del narcotráfico a una campaña política; fue el del elefante “A mis espaldas” y si la familia del exdirigente Alvaro Gómez Hurtado consigue demostrarlo, el de un asesino. El de Andrés Pastrana, el de “La silla vacía”, como el de un país sometido a las guerrillas de las Farc; olvidando todos los méritos que tuvo al salvar la economía de una de las peores crisis de la historia y el Plan Colombia y la reorganización del ejército como el comienzo del fin de las Farc. Alvaro Uribe pasará la historia por marcar una nueva era: atrás quedaron los partidos políticos para dar paso a uribistas y antiuribistas. Ese hecho impide, hasta ahora, que muchos le reconozcan sus méritos en el exterminio de las Farc y en  devolverles la confianza a los colombianos en el país. Desaprovechó los años de “vacas gordas” de la economía y sobre todo la aceptación del pueblo, durante su primer período, para transformar el país; él como ninguno, en los últimos 50 años de vida política, pudo haberlo logrado.   El de Santos será el del final de las Farc y el del desarrollo vial del país. También el que acentuó la división alrededor de Uribe y el de “me acabo de enterar” que, al igual que Samper, sucumbió ante la premisa de que los fines justifican los medios; esta vez, la corrupción al servicio de Odebrecht.

El de Iván Duque, muy parecido al de Pastrana, en mi sentir, con un muy buen equipo en la parte económica, tratando de sacar al país adelante, parece estar destinado a ser recordado como el gobierno en el que la izquierda se tomó el país. Ésta con un intrincado engranaje que incluye sindicatos; educadores de primaria, secundaria y universidades que alimentan el rencor de la ciudadanía, con generadores de opinión haciendo eco continuamente, asfixió por medio de protestas los primeros 18 meses de su mandato (Como el de Pastrana con las tomas guerrilleras). A diferencia de las Farc, que volcó al país en su contra, la izquierda de hoy conquistó jóvenes y gentes ingenuas que creen que el estado tiene la manera de atender todas las necesidades de la población, como si Colombia fuese un país rico.

Ahora, este gobierno, enfrenta la peor crisis en la historia del país: La pandemia del coronavirus. Y aunque lo ha hecho con inteligencia, sobriedad, dinamismo y alejado del populismo, los colombianos le pasan cuenta de cobro por el desgreño de varias décadas; el sistema de salud acumula las dificultades de más de veinte años y la corrupción hace metástasis en cada rincón de la patria, con una diseminación mucho más agresiva que la del COVID-19. Y no hago referencia a la corrupción tradicional de los políticos, sino a la de los colombianos de a pie: Los líderes de las comunidades ferian las ayudas que  el ejecutivo y los colombianos entregan solidariamente, los sistemas de información del estado muestran sus falencias y los recursos llegan a gentes que no los necesitan y éstas ni se ruborizan al recibirlas. El hambre cunde, el populismo también, y la izquierda completa su tarea desinformando y pretendiendo que el gobierno nacional cubra las necesidades de una población que se precipita hacia la pobreza.

El panorama es desolador y solo la solidaridad, desde el corazón, puede salvarnos. Mucho pedir, en una sociedad donde el otro no importa.

Puede leer: ¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO? https://eligiopalacio.com/2019/04/03/duque-un-presidente-distinto/

ANTES DEL FIN

Inesperado, por completo, este cambio en nuestra existencia originado por la pandemia del coronavirus. Estamos viviendo una etapa inimaginable. Un privilegio para quienes habitamos la tierra por estos tiempos  y si salimos de ella, en el futuro, será un referente obligatorio. Ojalá nos transformemos en mejores seres humanos.

LAS TAREAS DE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA

LAS TAREAS DE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA

Eligio Palacio Roldán

Bien se ha dicho que el hombre avanza a pasos agigantados en tecnología pero, muy poco, en filosofía y, por ello,  la humanidad sigue cayendo en las mismas torpezas, por los siglos de los siglos…

Así como en Cuba de los años cincuenta o en Venezuela de los noventa la izquierda colombiana hace su tarea, un poco tarde por la torpeza de la lucha armada de las guerrillas,  involucrando una juventud con una inocencia similar a la del siglo pasado.  Desde la academia, los medios de comunicación, las cortes y el mismo ejecutivo se lucha contra el sistema, se deslegitima con uno y otro escándalo de corrupción, con una oposición sistemática a medidas necesarias para el desarrollo del país como las reformas tributarias o la pensional, aplazada irresponsablemente o por el temor de los diferentes gobiernos.

Los dirigentes de izquierda organizan marchas por todo y contra todo. Se radicalizan cada vez más, afectando el sistema productivo y haciendo exigencias a un estado con recursos limitados, como el colombiano. Y mientras exigen por un lado, rechazan por el otro las medidas que puedan generar los recursos necesarios para atender no solo sus peticiones sino las necesidades de miles de ciudadanos.

Pero si la izquierda colombiana hace muy bien su tarea, la hace mucho mejor la derecha negándose a abrir el escenario político a personas diferentes a las de los apellidos de siempre (Que tal el caso del Centro Democrático en Antioquia: Un hijo del Cacique Liberal Bernardo Guerra a la Gobernación y el del cuestionado Luis Alfredo Ramos a la alcaldía de Medellín); rechazando las formas de ser y de pensar de las nuevas generaciones: el matrimonio igualitario, la adopción gay y el aborto, entre otras; y no haciendo los esfuerzos necesarios para generar oportunidades de crecimiento profesional y/o económico a una sociedad cada vez más exigente.

Y unos y otros: izquierda, derecha, centro o ciudadanos del común se hacen los de la vista gorda antes sus propias fallas, ante la corrupción que nos ahoga, ante sus propias responsabilidades con el país. Y esa actitud hace que los ciudadanos, en especial los jóvenes desconfíen más y no tengan esperanzas. De ahí el crecimiento del narcotráfico, la delincuencia y el incremento del consumo de drogas. ¿Qué puede hacer un joven sino encuentra ni siquiera la forma de tener las condiciones mínimas de subsistencia?

“Mal de muchos consuelo de tontos”: lo mismo que sucede en Colombia ocurre en toda Latinoamérica. Son claros ejemplos los de Chile, Argentina y Brasil, pero si nos descuidamos podríamos recorrer el mismo camino de Venezuela y Cuba. La situación del primero es bien conocida  con la diáspora venezolana cuyos efectos sufrimos todos los colombianos y la del segundo es más lamentable aún: prisioneros en la isla se refugian en el licor, el humo del cigarrillo y también, como en los países capitalistas, el mercado de la cocaína y demás drogas ilícitas y la prostitución.

La Colombia desencantada se manifestó el pasado domingo en ciudades como Bogotá y Medellín con la elección de los alcaldes locales Claudia López y Daniel Quintero, personajes llenos de ideas renovadoras que ojalá les dejen cristalizar para bien no de ellos sino de Colombia. Las esperanzas son muchas pero las posibilidades pocas dadas las razones expuestas en esta columna: tanto la izquierda, como la derecha están haciendo la tarea muy bien para desestabilizar el estado colombiano.

ANTES DEL FIN

Vuelvo a referirme a El Sultán, la telenovela que trasmite el Canal 1, de lunes a viernes a las 10:10 de la noche, que puede ser la obra cumbre de la televisión mundial. Más allá de ser una producción impecable en cuanto a libretos, puesta en escena, actuación, escenarios, vestuario, etc, es una muestra del porqué de las formas de ser y estar del ser humano, en esta tierra que nos tocó vivir. De las relaciones de poder. Aunque la obra se desarrolla en el siglo XVI, su historia, también, es la misma de nuestros días.

EL SULTÁN https://eligiopalacio.com/2019/08/23/el-sultan/

DE ALI BABA A IVAN DUQUE. EL TESORO Y LOS 40 “LADRONES”.

DE ALI BABA A IVAN DUQUE. EL TESORO Y LOS 40 “LADRONES”.

Eligio Palacio Roldán

Alí Babá era un hombre bueno, que gracias a un encuentro fortuito con una cueva, donde 40 ladrones escondían un gran tesoro, logró hacerse a una gran fortuna y con una suerte mayor y la ayuda de las autoridades deshacerse de los delincuentes y de su hermano Semes que quería quedarse, además de su riqueza, con su mujer.

Iván Duque era un hombre bueno, que gracias a un encuentro fortuito con el Centro Democrático, logró hacerse al gran tesoro de la Presidencia de la República, pero no ha tenido mayor suerte en deshacerse de algunos personajes de su partido  rechazados por la prensa y la sociedad y, mucho menos, de su “hermano” Uribe que quiere quedarse con el poder.

No es que los personajes cercanos a Duque sean ladrones, aunque varios pueden serlo, (como lo han sido integrantes del resto de la dirigencia política colombiana, sin importar si son de izquierda, derecha o de centro), pero actúan en contra del primer mandatario, haciéndolo quedar mal y volviendo “trizas”, con sus salidas en falso, los propósitos del presidente  de unión entre los colombianos y transparencia en las relaciones con los demás poderes públicos.

No hay una semana en que un uribista “pura sangre”, del Centro Democrático,  no tenga una salida en falso. No ha sido solo Ernesto Macías, expresidente del Congreso; también Paloma Valencia, María del Rosario Guerra, José Obdulio Gaviria, el exprocurador Alejandro Ordoñez, Pachito Santos y, claro, el expresidente Uribe. Estos personajes, creyéndose una raza superior, dueña de la verdad, lanzan todo tipo de opiniones, algunas de ellas traídas de los cabellos y ofensivas con varios estamentos de la sociedad colombiana.

De todos los amigos de Duque el que más daño le hace es precisamente Uribe Vélez, que al igual que Semes, el hermano de Alí Baba, quiere quedarse con lo mejor del tesoro de la presidencia: el Poder. Uribe parece querer seguir manejando los destinos de Colombia y aunque, en algunas oportunidades, tiene buenas ideas ha perdido la credibilidad y sobre todo la empatía de otros tiempos, se ha desgastado con sus peleas eternas y ya sus palabras al no tener eco entre las mayoría de los colombianos, dividen y enrarecen el panorama político nacional.

¡Ábrete Sésamo!, las palabras mágicas que pronunciaba Ali Babá frente a la cueva del tesoro solo existen en la ficción. Para encontrar el tesoro que pretende, Duque, tendrá que convencer a sus copartidarios, a sus adversarios y a toda Colombia sobre la necesidad, oportunidad y bondades de sus ideas plasmadas en proyectos. Tendrá que persuadir a los integrantes del Centro Democrático y en especial al expresidente Alvaro Uribe Vélez, de que la verdad absoluta no existe, que en el otro puede haber algo de razón y en especial tendrá que enseñarles que la sana crítica, la duda, trae muchos beneficios sobre el ser individual y sobre el colectivo, representado en este caso por la sociedad colombiana.

Pero el mayor tesoro lo descubrirá Duque y lo viviremos todos los colombianos si se logra transformar el odio de nuestra historia, de doscientos años, no en amor pero al menos en tolerancia por la diferencia en concepciones de la vida.

A Duque le quedan solo tres años para hacer el intento de transformar a Colombia en un país en paz, intento que no quisieron hacer sus antecesores Uribe y Santos, en ocho años de gobierno, por haber estado presos de su vanidad.

ANTES DEL FIN

Quién en esta vida no ha soñado alguna vez pronunciar las míticas palabras  ¡Ábrete Sésamo!, y encontrarse el anhelado tesoro. ¿En cada uno de nosotros habita un Ali Baba,  un ladrón o el deseo del dinero fácil? Son los restos de los cuentos infantiles.

Puede ver ¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO? https://eligiopalacio.com/2019/04/03/duque-un-presidente-distinto/

¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO?

¿DUQUE UN PRESIDENTE DISTINTO?

Eligio Palacio Roldán

El presidente de Colombia, Iván Duque, se parece a los expresidentes Cesar Gaviria (1990–1994) por su juventud e inexperiencia, a Ernesto Samper (1994-1998) por no tener “luna de miel” con el electorado y por la oposición fortalecida a sus gobiernos, a Andrés Pastrana (1998-2002) en el rechazo injustificado de la prensa y en la falta de química con las gentes de menores recursos, a Uribe en algunas posiciones cavernícolas y en un gobierno diseñado para favorecer a los empresarios, a Santos en su falta de votos y una deuda con el mismo mentor: Uribe.

Tiene mucho de todos y una gran diferencia: “La mermelada”, que tiene y esparce con discreción, no ha sido suficiente para saciar la voracidad de una clase política, que no se satisface fácilmente como consecuencia de las concesiones que hicieron los dos anteriores mandatarios para mantenerse en el poder, por un segundo período consecutivo. Se suma a este panorama la crisis venezolana y una izquierda tan fortalecida y con métodos de lucha tan retrógrados como la de los años setenta, del siglo pasado.

Como resultado de las anteriores situaciones, realmente, por primera vez, desde el surgimiento del  Frente Nacional, a mediados del siglo pasado, se tiene en Colombia un Congreso que no le marcha a las iniciativas del ejecutivo, como respuesta a la “mermelada” y lo que para muchos es una catástrofe, podría ser el escenario perfecto para que se desarrollara por fin nuestra democracia y, en consecuencia, una bendición  para el país.

Y lo puede ser, porque nuestra Carta Política está cimentada teóricamente en la división de los poderes. División que no funcionaba porque se absorbían entre si, haciendo un bloque que propiciaba y generaba corrupción.

El mejor ejemplo de cómo debe funcionar una democracia es la forma como se desarrolla la objeción del presidente a seis artículos de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la PAZ (JEP), objeción que el mandatario estaba en todo su derecho a hacer, si a bien lo consideraba, pues así lo indica nuestro ordenamiento jurídico; objeciones que el Congreso debe considerar y apoyar o no, si a bien lo considera y, si las apoya, la Corte Constitucional tendrá a bien declarar o no la constitucionalidad de lo aprobado en el Congreso, si a bien lo considera.

La situación es clara y es una oportunidad para enaltecer nuestra democracia si las tres ramas del poder público, a bien lo tienen.  Y ahí está el secreto: Tenerlo a bien. Es decir, que en sus actuaciones prime el análisis y las mejores intenciones por el futuro del país. Quien gane o quien pierda es secundario. Lo importante es que gane Colombia y eso se logra más fácil si hay independencia de poderes. Una independencia que alarma a una sociedad que no sabe que es eso, que se ha acostumbrado a la unanimidad, sin importar que haya sido conseguida corrompiendo las tres ramas del poder público. Y si al presidente Duque le niegan las objeciones o cualquier proyecto que presente al Congreso, no deberá sentirse derrotado sino con un presidente que defiende la democracia.

Obviamente se está pensando en que las decisiones de uno u otro órgano del poder público actúe pensando y luchando por el bienestar del país y eso, claro, pude ser utópico. Pero, creo, Duque está marcando la pauta correcta.

Ser vencido en franca lid no es una derrota.

ANTES DEL FIN

Una de las críticas más frecuentes al presidente Duque es su apoyo a la oposición al gobierno venezolano. Pareciera que sus opositores, en esta materia, no vivieran la realidad de hoy en Colombia: no hay ciudad ni poblado, por pequeño que sea, al que no hayan llegado venezolanos en búsqueda de trabajo. La diáspora venezolana arrasa con el empleo y la calidad del mismo para los colombianos. No sé por qué el Dane no registra aun lo que esto significa para el país, en cifras.

Los venezolanos están desplazando a los colombianos hasta en los buses, de nuestras ciudades, como cantantes.

IZQUIERDA, IZQUIERDA, IZQUIERDA

IZQUIERDA, IZQUIERDA, IZQUIERDA

Eligio Palacio Roldán

Una gran amiga aprendió a conducir cuando ya sobrepasaba los 50 años. Fue un tanto complejo porque tenía problemas de ubicación entre izquierda y derecha. Un atardecer, tratando de estacionar su vehículo, casi atropella al encargado del parqueadero quien le insistía que lo dirigiera a la izquierda:

  • Izquierda, izquierda, izquierda. Gritaba el hombre

Y ella lo dirigía a la derecha, haciendo caso omiso, hasta que tuvo que frenar alarmada.

La historia viene a cuento porque lo mismo sucede en Colombia: El país se divide entre unos dirigentes empeñados en seguir conduciendo a la derecha y unas voces que, a gritos, piden un giro a la izquierda. Pareciera que estar en el centro es un imposible.

A finales del siglo XX y comienzos del XXI, aterrorizados por una guerrilla cada vez más armada, violenta y delincuente, los legitimadores de opinión pidieron un giro del país hacia la derecha política. La mano fuerte y el orden eran el anhelo de los colombianos. No se admitieron matices  y Alvaro Uribe fue el símbolo de esa era. En ese entonces, las voces que pedían prudencia y mirar hacia la Colombia marginada fueron acalladas.

Las cosas han cambiado radicalmente. Ahora está de moda ser de izquierda, pensar que los problemas del país se originan en los ricos, que las protestas y los paros son la solución para lograr reivindicaciones sociales y/o económicas. Los columnistas que defienden esta política son los preferidos por los lectores  sin importar que tan tendenciosos sean. Es una especie de retorno al romanticismo de los años sesenta, acentuado por gobiernos débiles y sin liderazgo, como los de Juan Manuel Santos e Iván Duque.

Este cambio radical, no de Germán Vargas Lleras sino del país, de derecha a izquierda que podría generar un colapso de la economía y de las libertades personales al estilo Venezuela, Cuba o Nicaragua, de la mano de personajes tan controvertidos como Gustavo Petro, se debe a la miopía de los dirigentes de derecha, de Alvaro Uribe y sus seguidores, de Duque, que creen que favoreciendo al gran capital y castigando a la clase media, el país tendrá futuro. Igual sucede con el manejo del tema de la corrupción frente al que todos los gobiernos aplican, al pie de la letra, los estribillos de una famosa canción de Shakira, pues han sido brutos, ciegos, sordomudos, torpes y testarudos. Y esa corrupción, en la dirigencia colombiana, hace que muchos crean que no hay mayores diferencias, en el manejo del problema,  entre los gobiernos de Maduro en Venezuela y el de Duque en Colombia.

Y es lo que no parecen entender los dirigentes políticos y económicos, los generadores de opinión y todos los colombianos es que los extremos no conducen a ninguna parte, que los más importantes planteamientos están en el centro. Un centro político que no parece tener un líder visible.

ANTES DEL FIN

Preocupación despiertan los bajos índices de favorabilidad del presidente Duque. Se le veían disposición e inteligencia, virtudes que se fueron al traste por su falta de liderazgo.

La navidad es sinónimo de felicidad; sin embargo, esto no siempre es cierto. Un abrazo para quienes no tendrán una FELIZ NAVIDAD.

Ver NAVIDAD https://eligiopalacio.com/navidad-2/