COVID-19 DOS AÑOS DESPUÉS

COVID-19 DOS AÑOS DESPUÉS

Eligio Palacio Roldán

Que “veinte años no es nada” es verdad, mucho menos lo son dos; eso sí, después de quedar en el recuerdo, por ahora han sido largos y complejos en Colombia y en todo el mundo. Además de miles de muertos, la pandemia del COVID-19 deja una profunda crisis económica y social de la que será difícil reponerse, máxime si se transita hacia una guerra mundial de impredecibles consecuencias.

En nuestro país, como consecuencia de la pandemia, han dejado de existir 139.595 personas de 6.084.240 contagiados, mientras en toda la tierra han sido 6.13 millones de muertos de 482 millones de contagiados; cifras que dejan centenares de familias con recuerdos tristes de lo que fue el paso del coronavirus sobre la tierra.

La crisis económica desatada como consecuencia del aislamiento por el COVID-19 es alarmante en todo el mundo. En Colombia, por ejemplo, el precio del dólar pasó de $3.277,14 a comienzos de 2020 a 3.981.16 en los inicios de 2022 con picos de 4.153.91 en marzo 20 de 2020, cuando oficialmente comenzó la pandemia, 4.070 en diciembre 31 de 2021 y 4.082.75 el 03 de enero del presente año

Por su parte, el Coeficiente de Gini pasó de 0.497 en 2019 a 0.538 en 2021, ubicando a Colombia como el segundo país más desigual de América Latina después de Haití. Este jueves, en un informe de la OCDE, se conoció que, por la pandemia, los colombianos más pobres perdieron cerca del 30% de sus ingresos.

En el mismo orden de ideas, la inflación, que mide el incremento de precios al consumidor o mirado de otra manera la pérdida del poder adquisitivo de los colombianos pasó del 3.8% en 2019 al 5.62% en 2021 y a febrero de 2022, anualizada, supera el 8% siendo una alarma para las autoridades económicas y una herramienta política para los opositores al gobierno.

Afortunadamente, el empleo comienza a dar señales de recuperación, aunque la tasa de desempleo se ubicó en el 12.9 por ciento en febrero pasado. Para hacerse una idea de la crisis desatada por la pandemia, este indicador fue del 10.5 en 2019, 13.7 en 2020 y 15.9 en 2021.

Hay otras variables importantes de medir con el paso de la pandemia; una de ellas, la salud mental. Según el DANE “la preocupación se incrementó en coincidencia de los picos de la pandemia y el estado de ánimo empeoró. Son las personas de 10 a 24 y de 25 a 54 años las que manifestaron sentimientos de preocupación o nerviosismo, “cansancio”, “soledad”, “tristeza”, “dolores de cabeza o estomacales” y “dificultad para dormir” en mayor proporción”; el número de suicidios entre el primero de enero de 2020 y el 30 de junio de 2021 ascendió a 3.672 víctimas.

Al comenzar la crisis desatada por el COVID-19 los analistas, los líderes espirituales y religiosos y las gentes del común afirmaron que esta sería la transición hacia una sociedad más humana, más solidaria, más comprometida con el otro, más sana. Esta no parece ser la realidad, aunque, quizás, cuando pase el tiempo y todos los acontecimientos se vean con la perspectiva de la distancia, encontraremos una sociedad transformada para bien. Por ahora, cunde el desespero y los humanos no tenemos la cabeza fría para tomar las mejores decisiones.  Lamentable que esta tensión, esta crisis, coincida con un año electoral.

Después de dos años del comienzo de la tragedia del COVID 19, es bueno sentarse, respirar profundo y tratar de entender como fue el recorrido por este lapso que pasará a la historia como el de “Los Tiempos del Coronavirus”.

ANTES DEL FIN

Deprimente “la nueva forma de hacer política” de los candidatos con mayor opción para ocupar la presidencia de Colombia, poco diálogo consigo mismo, con el pueblo; solo transacciones con los negociadores de la política de todos los tiempos. ¡Pobre país!

Está por concluir la novela Arelys Henao “Canto por no Llorar”, una manera inteligente y educadora de narrar la cruda realidad del día a día de los colombianos.

ARELYS HENAO LA TELENOVELA

ARELYS HENAO LA TELENOVELA

Eligio Palacio Roldán

Solo comparable con la adrenalina que generan novelas como El Sultán (Turquía) o Xica Da Silva (Brasil) fue la que despertó en este televidente los primeros capítulos de Arelys Henao, la telenovela de Caracol Televisión inspirada en la vida de la cantante de música popular.

El suspenso, el terror, el dolor y la delicia del lenguaje y el acento paisa irrumpieron en la pantalla chica narrando la cruda realidad del drama colombiano: el desplazamiento forzado de campesinos como consecuencia de la violencia de los grupos armados al margen de la Ley, en una obra con excelentes libretos de Héctor Rodríguez Cuéllar que lo llevará a la lista de los mejores y la dirección de Liliana Bocanegra con amplia experiencia en la televisión nacional.

La telenovela cuenta con actores con no mucha figuración en la televisión nacional pero sus actuaciones son de antología. A manera de ejemplo, entre otras, la de Jim Muñoz (Fabián) en la toma Guerrillera del municipio de Liborina tratando de proteger a la familia de Arelys, su pánico era verosímil, real, auténtico, involucraba al televidente; la de Sebastián Giraldo (Fernando) en su primera cita de amor; o la simple mirada fría y siniestra de Anderson Ballesteros (Patoco). Impactantes, también, los demás personajes y Mariana Gómez con una belleza, carisma, dulzura y naturalidad que recuerda a Margarita Rosa de Francisco en su papel de Gaviota en Café con Aroma de Mujer. Fuera de concurso, como siempre, la de Yury Vargas (Yazmin).

Al ver una telenovela tan impactante, sobre un personaje que conozco poco y sobre el cual no tenía mayores expectativas, me pregunto por qué la televisión colombiana no se arriesga a representar la tragedia del país para mayor y mejor entendimiento de nuestra historia reciente y digo tragedia más allá de la del narcotráfico. Que sepa con éste son dos intentos contundentes, refrescantes y enriquecedores, el primero fue La Niña.

Y es que más allá del drama del desplazamiento, la telenovela, es una voz de esperanza para quienes luchan día a día por salir de la pobreza y ocupar un lugar en la sociedad derrotando el estigma de la pobreza, la discriminación por sexo, raza, aspecto físico, origen o clase social.  

En buena hora llegó esta obra a la televisión colombiana, precisamente en un año electoral donde sería positivo comprender las realidades de los colombianos más allá de nuestras propias narices y con base en ella elegir los mejores gobernantes.

ANTES DEL FIN

Todo indica que la pandemia del Covid-19 llega a su fin después de dos años de parálisis en el mundo entero. Se espera que éste sea el preámbulo de la recuperación económica, mental y social de las naciones del mundo, ojalá si haya dejado enseñanzas transformadoras en la sociedad. Muy duro les tocó a los gobernantes de los Tiempos del Coronavirus.

Triste la situación de la «Coalisión de la Esperanza» en Colombia, ¿a quién le estará haciendo favores Ingrid Betancourt? ¿A Petro, a Santos o a ambos?

EL MEDELLIN DEL DÍA DESPUÉS

EL MEDELLIN DEL DÍA DESPUÉS

Eligio Palacio Roldán

Quienes transformaron el Parque de los Deseos en el de la Resistencia tal vez ignoran que el resto de la ciudad está resistiendo estoicamente sus abusos, la peste y el egoísmo de sus gobernantes.

He vivido los últimos 17 meses en el campo tratando de escapar de la pandemia del Coronavirus, en una afortunada experiencia que no creí tener antes de la jubilación; ahora de regreso a la ciudad, de manera más habitual, he tenido una sensación similar a la de los personajes de la película El Día Después en sus últimas escenas.

Muy dramático, dirán algunos de los lectores, pero es que me he encontrado una Medellín distinta y, la verdad, muy distante de la ciudad de la que salí huyendo de la peste. Hay que decir que el progreso no se detiene, pero la construcción de puentes sobre la ruta a mi casa, a pesar de ser necesarios y una excelente decisión para mejorar la movilidad y con miras al ansiado Metro de La 80, no dejan de acentuar la sensación de destrucción.

Y es que esa, la destrucción, es la visión que me invade: locales cerrados o protegidos de las turbas de manifestantes con láminas metálicas o de madera que esconden el esplendor de otros días, mendicidad en crecimiento, transporte caótico, buses semivacíos, restaurantes cerrados para siempre, serenatas en los barrios a medio día, zonas verdes descuidadas invadidas por la maleza, basuras dispersas por calles y avenidas. Otros escenarios, como los restaurantes y bares que sobrevivieron, llenos más que antes con gentes desesperadas tratando de recuperar la alegría de ayer y muchas caras tristes y preocupadas.

Impactan especialmente el que fuese El Parque de los Deseos, antes lleno de jóvenes enamorados y estudiantes, convertido en el de “La Resistencia”. También, la belleza de la antigua Estación del Ferrocarril en La Alpujarra oculta tras las latas que la protegen de los vándalos; pero es que ¿cómo puede resistir una ciudad tantas pandemias a la vez?

A la pandemia del COVID-19 le sucedió pobreza y muerte y con ellas convivieron las protestas entre sociales y políticas, pacíficas y violentas, razonables y destructivas y un gobierno local más preocupado por su proyección nacional y su ambición de poder que por la misma ciudad que gobierna.

Ahora, como nunca, como El Día Después, es necesaria la unión de todos los estamentos sociales, económicos y políticos para salir de la crisis. Sin embargo, ésta parece imposible como lo es en el ámbito nacional porque priman las ambiciones personales sobre el espíritu de servicio hacia una comunidad necesitada hoy más que nunca.

Quizás la historia describa el egoísmo de la clase dirigente de nuestros días o tal vez no lo haga y como la memoria es frágil, esa sociedad que los padece los reelija una y otra vez para diferentes posiciones en el ámbito nacional.

Quienes transformaron el Parque de los Deseos en el de la Resistencia tal vez ignoran que el resto de la ciudad está resistiendo estoicamente sus abusos, la peste y el egoísmo de sus gobernantes.

ANTES DEL FIN

Apenas comienzan las secuelas del COVID-19, las dificultades del sector lácteo y avícola son una muestra de lo que nos espera.

Caracol que se duerme se lo lleva la corriente. De verlo repetir y repetir, la audiencia se cansó y se fugó para RCN.

Y en Caracol Radio nadie se da cuenta del fracaso del nuevo 6AM Hoy por Hoy.

LA PANDEMIA DE LA DESINFORMACIÓN

LA PANDEMIA DE LA DESINFORMACIÓN

Eligio Palacio Roldán

En sí la desinformación es una pandemia peor que el coronavirus.

La religión es el opio del pueblo decía Carl Marx para referirse a la utilización de la misma, por parte de las clases dominantes, para controlar al pueblo. Casi dos siglos después, poco ha cambiado y la religión sigue siendo un instrumento de dominación con propósitos poco claros. Desde ese entonces, además de significación económica, las religiones se han visto involucradas en episodios oscuros de la historia de la humanidad que con el transcurrir del tiempo son mirados con vergüenza. Caben ejemplos como las condenas a la hoguera, las guerras religiosas, la marginación de la mujer, el fanatismo hasta el suicidio de los musulmanes, etc. Ahora, en pleno siglo XXI, la religión es protagonista de una tendencia peligrosa para la humanidad: la negación a la utilización de vacunas contra el COVID.

Son varias las religiones que se han opuesto históricamente a las vacunas, desde los tiempos de la viruela en el siglo XVIII. Se destacan en ello algunas vertientes cristianas como los Evangélicos, los Testigos de Jehová y claramente los musulmanes.

Hace algunos días el gobierno de los Estados Unidos llamó la atención sobre la “pandemia de los no vacunados” al referirse a la crisis que afronta el país del norte ante las muertes por COVID, de las cuales el 99 por ciento corresponden a no vacunados. en su mayoría adultos blancos evangélicos. El rechazo a las vacunas habría sido originado en informaciones falsas a través de internet.

Por internet recibo a diario decenas de mensajes, de grandes amigos, muy religiosos ellos, que me invitan a no vacunarme por las consecuencias que por hacerlo abría de tener: Hablan desde el famoso chip hasta la marca de la bestia de que habla el Apocalipsis, la muerte en menos de dos años y la condena eterna. Dicen que no se debe acudir al médico porque estos son los instrumentos del demonio, dedicados a asesinar a los humanos.

Pero si por el campo de las vacunas y la religión llueve, por el de la política no escampa: La desinformación cunde por las redes sociales y el voz a voz, hablan de cosas que no existen sino en las mentes calenturientas y ávidas de poder de algunos colombianos que se creen los redentores de Colombia (Otra vez la religión) y desconocen cualquier progreso de nuestra sociedad en doscientos años de historia. Sin embargo, este no es el problema, como tampoco lo es en la religión; el problema está en los millones de ingenuos y tontos, diría yo, que creen aquí y allá. Allá en los Estados Unidos donde se pensaría tienen mejor formación e información y acá que, como en los tiempos de la conquista, nos obnubilan con un espejito.

Duro reto para la sociedad colombiana afrontar estas dos crisis: Con la desinformación se fortalece la negativa a vacunarse y con ello seguramente vendrán muchas más muertes, y mayores dificultades en el campo de la salud y en la economía; con la desinformación como herramienta política se fortalecen los grupos extremistas y pierden en su conjunto todos los colombianos y lo que nos queda de democracia.

En sí la desinformación es una pandemia peor que el coronavirus.

ANTES DEL FIN

¿Qué diferencia habrá entre los vándalos del fútbol (Otro opio para el pueblo) y los que secuestran al país con sus actos terroristas?

¡Qué lástima del talento nacional con la ahora costumbre de los canales Caracol y RCN de repetir sus producciones televisivas! Y nadie dice nada en los tiempos de la Economía Naranja. Desde luego, un abuso de los particulares con el estado y la sociedad.

Desde agosto se siente que viene diciembre, la segunda Navidad “En Tiempos del Coronavirus”.

LA GUERRA CONTRA EL CORONAVIRUS

LA GUERRA CONTRA EL CORONAVIRUS

Eligio Palacio Roldán

“La primera selección se hacía allí en el campo <<Éste lo cojo yo, ése lo coges tú>> Lo que parecía que podía salvarse aún, lo metían en el carro de los heridos; los trozos y los restos iban en el carro de los muertos, para recibir sepultura bendita; lo que ya no era ni siquiera un cadáver se lo dejaban de pasto a las cigüeñas… La segunda selección se hacía en el hospital. Tras la batalla, el hospital de campaña ofrecía un panorama aún más atroz que las propias batallas. En el suelo había una larga fila de camillas con los desventurados, y a su alrededor se ajetreaban los doctores… Muerto por muerto, hacían de todo para que cada cadáver volviera a la vida…” El Vizconde Demediado – Ítalo Calvino.

En este aparte del relato de Calvino, de “épocas remotas”, podrían actualizarse unos pocos datos para encontrar una descripción de la cruda guerra que libra la humanidad, contra el poderoso enemigo del coronavirus. Esta guerra deja un balance inquietante para los humanos: hasta el momento, 15 de abril de 2021, 138.340.920 infectados y 2.974.830 muertos. En Colombia 2.602.719 y 67.199, respectivamente.

Hemos escuchado desconocidos, médicos, amigos y familiares narrar aterradoras y dolorosas historias de esta guerra que según expertos se recrudecerá en los próximos días y que puede dejar una Colombia diezmada. También hemos presenciado el sufrimiento de las familias al dejar abandonados, a su suerte, a sus seres queridos en los centros hospitalarios y en las morgues de pueblos y ciudades, por varios días, en una prolongación inmensa e intensa del dolor.

Estamos en guerra. Una guerra contra un enemigo poderoso, un enemigo contra el cual solo se tienen como armas de defensa unas vacunas, esquivas para los países pobres del mundo, y el autocuidado que, también, se hace más complejo en estas regiones por la dificultad para generar ingresos y por la falta de educación de sus gentes para cumplir los protocolos indicados, por las autoridades sanitarias. En ésta como en todas las guerras los más afectados y los que más muertos pondrán serán los pueblos de menores recursos económicos.

A diferencia de las demás guerras de la humanidad, la del coronavirus es contra un enemigo invisible y a la hora de enfrentarlo no estará presente la exaltación y el placer que siente el guerrero, de que habla Calvino: “Nada gusta tanto a los hombres como tener enemigos y ver luego si son como se los han imaginado.” Y no estarán porque al campo de batalla estamos llegando derrotados.

La guerra contra el coronavirus significará una involución de la economía mundial. A tal punto, que muchos creen en el regreso a las economías agrícolas de subsistencia. Cierto o no, lejos, muy lejos está Colombia y la humanidad de regresar a la normalidad. La historia del coronavirus va para largo, las provisiones se agotan y el hambre llega… Y así, exhaustos, quizás, nos tocará luchar, en las guerras del hambre.

ANTES DEL FIN

La pandemia del coronavirus está dando al traste con tradiciones como la Semana Santa, la Navidad y con otras más cotidianas como los cumpleaños, el día de la madre… En fin, con todo lo que signifique estar reunidos. Y con otras, que ya venían en decadencia como la de las salas de velación y los funerales.

Invito a leer: ÁNIMAS SIN VELORIO https://eligiopalacio.com/2016/11/10/animas-sin-velorio/