PARO CAMIONERO – LA SUMISIÓN DE UN PUEBLO

PARO CAMIONERO – LA SUMISIÓN DE UN PUEBLO

Eligio Palacio Roldán

¿Qué queda? Nada. Bueno. La resignación, la apatía y el egoísmo. Las características más importantes de Colombia y de los colombianos.

De niño, en la casa y en la escuela, me enseñaron que Colombia era un país de héroes. Me hablaron de Bolivar, de Santander, de Policarpa y José Antonio Galán, entre otros. Llegar a izar la bandera era un orgullo. Se inflaba el pecho y el alma.

De joven, oí hablar de la guerrilla. Eran los herederos de los líderes de antaño que luchaban por un mejor estar, en una patria llena de injusticias. ¡Qué paradoja!, esos guerrilleros se convirtieron en delincuentes, en narcotraficantes. Torturaron y chantajearon a su propio pueblo. A ese que decían defender.

Conocí y creí en políticos que hablaban con bellas palabras y de un país soñado, bastante lejano para mí. Después descubrí que esos hombres que quería imitar en realidad vivían en un país distinto, un país al que jamás tendría acceso, primero por mis posibilidades económicas  y segundo, y fundamentalmente, porque era un país de mentiras, de corrupción y de mafia. Un país de abusos hacia los más débiles.

Algún día quise ser estudiante revolucionario pero los estudiantes que encabezaban las protestas eran malos estudiantes, malos ciudadanos.

Otro día, ya trabajando, desee ser sindicalista. Tampoco pude estar allí. En los sindicatos se arrincona lo más retrógrado de Colombia y de los colombianos, los más perezosos y muchos de los más corruptos.

Cansado de buscar un espacio que correspondiera a mis ideales llegué a la convicción que nuestra historia está llena de mitos y que esos héroes de la infancia no eran más que una construcción del imaginario colombiano y que, seguramente, tenían unos pies tan fangosos como los de los líderes actuales. Fue, entonces, cuando llegué al cooperativismo: allí “todos trabajaban por la comunidad”. Mentira, las cooperativas eran pequeños reinos llenos de reyezuelos y súbditos tras mendrugos de pan. Una secta más como las distintas religiones, de las que me desilusioné muy pronto en la vida.

¿Qué queda? Nada. Bueno. La resignación, la apatía y el egoísmo. Las características más importantes de Colombia y de los colombianos.

Siempre se ha dicho que Colombia es una de las democracias más antiguas y más maduras de Latinoamérica y también nos enorgullecemos de eso.  Qué orgullo tan pendejo, qué orgullo tan triste. La nuestra es una democracia que se sostiene por las características descritas. Somos tan resignados, tan apáticos y tan egoístas que ni siquiera pueblos tan humildes como el boliviano o el ecuatoriano resisten tanto abuso, tanto maltrato. Aquí solo importo yo, los demás que se jodan.

Ya son 45 días de paro camionero con millonarias pérdidas, con alzas de alimentos desmedidos, con escasez de insumos. En estos momentos no hay con que alimentar miles de animales en el sector lechero y la leche, otra vez, tiene que ser botada, también el resto de producción campesina,  y todos, en especial el gobierno, tan tranquilos. Tan resignados. (Ver PARO CAMIONERO https://eligiopalacio.com/2016/07/17/paro-camionero/).

Y resignados seguiremos siendo. Nuestra próxima y dolorosa resignación será tener a los delincuentes de las Farc, a esos que tanto sufrimiento nos han provocado, dirigiendo los destinos de Colombia. Aunque quizás, tampoco haya mucha diferencia con quienes lo han hecho hasta hoy, como el presidente actual Juan Manuel Santos, o esos líderes de la niñez: Bolivar y Santander.

ANTES DEL FIN

Hay una frase, bastante manida, atribuida por algunos a Berthold Brecht, que describe perfectamente a los colombianos:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.”

Bueno por nosotros vinieron hace muchos años, quizás siglos. Tal vez fueron los mismos españoles, de quienes dicen nos liberamos un 20 de julio o un 7 de agosto, los que se llevaron nuestro espíritu de lucha.

Otra  desilusión: Los medios de comunicación. ¿Qué informan, qué cuentan? Nada.

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