UNA ESPERANZA PARA MEDELLÍN, LA CIUDAD TOMADA

UNA ESPERANZA PARA MEDELLÍN, LA CIUDAD TOMADA
Eligio Palacio Roldán
Al estado se le evade el pago de impuestos, a las bandas paraestatales se les ofrenda con temor y agradecimiento.

 
 

El pasado viernes, cuatro de julio, pretendía vivir y describir la que sería la celebración, del triunfo histórico de la Selección Colombia sobre su similar de Brasil, en un barrio popular de Medellín:

 –   Los invito a ver el partido en Santo Domingo Savio, les dije a algunos compañeros de trabajo.

–   Usted tiene alma de suicida, dijeron

Solo mi amiga, Jackie, aceptó la osada propuesta. Después de un difícil viaje, por la congestión del metro, llegamos al barrio lleno de nostalgias de pueblo. Todo estaba preparado para la fiesta  y la discoteca central, con un telón improvisado como pantalla fue el escenario; obviamente allí asistían los de mayor capacidad adquisitiva del barrio, capacidad adquisitiva que solo alcanzaba para un chorizo y papitas para una pareja y sus dos niños y quizás dos gaseosas…

Mientras la angustia del resultado del partido hacía mella en la cara de los aficionados, al WhatsApp de Jackie entraban decenas de mensajes pidiéndole que regresara, que estaba en peligro, y yo pensaba que mi crónica estaba condenada al mismo fracaso, de la Selección Colombia, en ese partido.

Derrotados salimos con destino a la Biblioteca España a lamentar el estado de la construcción y a contarle a Jackie lo bien que me había sentido, alguna vez, allí, viendo a los niños aprendiendo en medio de libros y  computadores y como ese hecho me había generado esperanzas para la ciudad. Aproveché, entonces, mi labor de reportero en la calle, con el miedo de mi acompañante que, en cada habitante del barrio, presentía un integrante de la banda delincuencial que controla la zona.

Y bueno, una mujer, que lleva más de medio siglo en el barrio, nos narró como en esos primeros años no había ni energía, ni agua y como construyeron sus primeras casas de cartón y de la transformación del barrio con el Metrocable y  de la biblioteca, del turismo que les trajo bienestar  económico, del colegio y de las posibilidades de los jóvenes de asistir al Sena y a la universidad, gracias a la Fundación EPM, y del bienestar que generan las bandas que controlan la población.

¿Bienestar?, me pregunté, alarmado. Si, bienestar, me reafirmó mi interlocutora y me aclaró que los Urabeños erradicaron la delincuencia y la violencia que existía por el enfrentamiento entre las diferentes bandas, que son buenas personas pues luchan por la paz en el  barrio y  que esa paz genera turismo, trabajo y posibilidades de educación para los jóvenes. Habló también de la convivencia entre las autoridades y los delincuentes y la calificó como positiva.

“A los “muchachos” se les paga de acuerdo a la capacidad de cada uno y ellos garantizan la seguridad de la zona”; triste paradoja para quién ha dedicado gran parte de su vida a la tributación: al estado se le evade el pago de impuestos, a las bandas paraestatales se les ofrenda con temor y agradecimiento y pensar que en esa zona el gobierno ha invertido cuantiosas sumas de dinero, como los más de 24 millones de dólares que costó la construcción del Metrocable (inaugurado en 2004) y los más de 15.000 millones de pesos en la Biblioteca España y que tendrá que invertir otros 10.000 millones en su reparación; sin contar el moderno colegio que se impone a la vista de los visitantes.

“Malagradecidos”, como diría el vicepresidente electo de Colombia, Germán Vargas Lleras, sería lo más fácil de expresar; pero, ¿hasta dónde ha llegado la penetración de la ilegalidad en nuestra cultura? Difícil narrarlo, terrible percibirlo.

En una anterior columna, MEDELLIN ILEGAL http://wp.me/p2LJK4-UU, mostraba como la distribución de droga hacía de las suyas en la ciudad; ahora concluyo que quizás yo sea de los pocos que aún no hace parte de esa ciudad, la ciudad tomada.

Y entonces, vuelvo sobre lo mismo, para indignación de algunos amigos: El único camino que nos queda es invertir, invertir e invertir en infraestructura, en educación y en generación de oportunidades para que futuras generaciones vivan en una ciudad libre; mientras tanto, frente a la delincuencia, las autoridades, encabezadas por Anibal Gaviria,  tienen muy poco que hacer; tal vez, tan solo, generar acuerdos de convivencia.

ANTES DEL FIN

Un acuerdo con la guerrilla significa un acuerdo de convivencia en unas zonas y con unas poblaciones también tomadas, por la delincuencia, como Medellín. En ese orden de ideas, apoyo los acuerdos de paz. La obligación del gobierno será invertir mucho, mucho dinero, en esas zonas para ver, si algún día, nuestra Patria llega a ser libre.

 
 
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3 comments

  1. La verdad Palacio, extraño las visitas a los barrios de MedellÍn donde, realmente se percibe la realidad de la vida de nuestros conciudadanos … buena crónica.

    Y … hay que invertir, en educación, en innovación y en infraestructura = necesitamos competitividad frente … al MUNDO

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