DON ALCIDES Y SUS BUENOS DIAS

DON ALCIDES Y SUS BUENOS DIAS
Eligio Palacio Roldán
“Todos los días para mí son felices porque tengo trabajo y salud”.
DON ALCIDES 140

Desde hace 23 años trabajo en una misma institución. Esos 23 años han tenido una coincidencia afortunada. Cada mañana, al llegar, me recibe el saludo tímido y cordial de don Alcides.

Don Alcides, su pequeña caseta, los dulces, el mecato y los cigarrillos que vende hacen parte del paisaje de cada día. Incluso, en alguna oportunidad, las preocupaciones impiden verlo. Entonces, sientes una mirada triste, que te sigue hasta que ingresas al edificio.

Don Fabián Alcides Zuluaga lleva 35 años recibiendo a todos los empleados, unos 500, y a los miles de visitantes a La DIAN en particular y del sector La Alpujarra, en Medellín, en general. Comenzó vendiendo cigarrillos en un pequeño cajón y fue hasta la Alcaldía de Juan Gómez Martinez, en 1998, cuando le autorizaron una pequeña vitrina, junto a la cual permaneces sentado todo el día, de lunes a viernes.

A los veinticinco años de edad, hace cincuenta, partió de su tierra natal en el municipio de El Santuario, Antioquia, hacia Medellín, buscando fortuna. Los primero años trabajó en una ladrillera, pero se cansó de “chupar” polvo. Entonces, comenzó a vender cigarrillos en las largas filas que hacían los contribuyentes en la Dirección de Impuestos Nacionales, cuando allí se recibían las declaraciones de renta y los respectivos pagos, y en los juzgados del edificio vecino.

En la actualidad vive con su esposa, en Belén AltaVista, en una zona suburbana al suroccidente de Medellín. Tenía 11 hijos. Ahora tiene nueve; los otros dos se fueron para siempre: una hija a los 33 años, víctima de un cáncer, dejándole dos nietos. El hijo, fue otra de las cientos de víctimas que dejan las balas perdidas en Medellín, a diario, desde hace más de veinte años. La falta de sus dos hijos es la causa del único dolor que hay en su vida.

Trabaja porque “hay que trabajar”. No tiene una pensión ni el dinero suficiente para vivir sin trabajar, a pesar de que su edad de jubilación pasó hace muchos años.

“Todos los días para mí son felices porque tengo trabajo y salud”. Sostiene.

Espera continuar con su trabajo hasta que Dios lo quiera. Le preocupa que no pueda trabajar: no tendría como sobrevivir con su esposa. No tuvo la oportunidad de tener un trabajo mejor.

No sabe que le produce su pequeño negocio. Le alcanza para reponer el surtido, pagar los servicios, la salud, y mercar para él y su mujer. También para dar un pequeño regalo a alguno de sus nietos. Cuando no tiene con qué pagar el surtido, donde compra, le fían.

“Lo mejor de mi trabajo es que estoy divertido con la gente, trabajando, me comunico con toda la gente, desahogándome, conversando…”, afirma.

Don Alcides pasa sus fines de semana descansando en su casa. Cuenta que ahora la situación del lugar donde vive es muy complicada; que se debe permanecer encerrado por que la guerra entre bandas hace que cualquier desplazamiento en el barrio sea peligroso. Siente miedo, “pero no hay nada que hacer”, termina diciendo.

ANTES DEL FIN
Cuando observo a don Alcides y a las decenas de venteros ambulantes, que pululan a mí alrededor, me digo que soy un privilegiado y que este país no ofrece ninguna oportunidad a miles de colombianos; que para muchos colombianos el presente es bien difícil y que el futuro es incierto. También, desde luego, me pregunto sin don Alcides figurará como empleado en la base de datos del DANE.

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5 comments

  1. Me pregunto que sentira de su situación, cuando en esta institución las personas se jubilan, mientras él no. Cruel realidad.

  2. HAYYY!!!!!! YO LO CONZCO HACE 32 AÑOS, COMO LE PARECE? UN ABRAZO, te felicito por tus comentarios,

  3. Que bueno que dentro de tu trabajo que como siempre es tan profesional tengas espacio para hablar de una persona tan cercana a nosotros y que por los mismos afanes olvidamos y no valoramos ese gesto cotidiano que nos da con su saludo

  4. Excelente reportaje Eligio, me parece muy bueno conocer un poco mas de la vida de Don Alcides, quien nos acompaña todos los días en la entidad, de alguien que ya forma parte de nosotros.

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