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LA JUBILACIÓN – EL TIEMPO DE LOS SUEÑOS APLAZADOS

LA JUBILACIÓN – EL TIEMPO DE LOS SUEÑOS APLAZADOS

Eligio Palacio Roldán

“Isadora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isadora llega a avanzada edad”.
Italo Calvino

La ley 1821, expedida por el Congreso de Colombia, el 30 de diciembre de 2016 indicó: “La edad máxima para el retiro del cargo de las personas que desempeñen funciones públicas será de setenta (70) años”. Muchos colombianos, empleados del Estado, próximos a cumplir los 65 años (edad de retiro anterior a esta ley) celebraron. Para varios de ellos, su sueño es trabajar, trabajar y trabajar.

Otros, tantos, entre los que me encuentro, tememos una reforma laboral que exija, como requisito para la jubilación, una edad mínima de 65 años.

Una madre de familia decía, en estos días, que se sentía angustiada al ver el sacrificio de sus hijos, para lograr salir adelante en la universidad, por la exigencia y los costos de toda índole que significa adelantar estudios superiores en nuestro país, y por el presente y el futuro de nuestra juventud, inciertos, ante las escasas posibilidades de desarrollo profesional como empleado.

No entiendo, decía, cómo “Los jóvenes sin trabajo y unos viejitos, sin querer hacer nada, con el derecho a una pensión sin tramitar,  en las oficinas públicas”.

Un joven de 20 años está en la capacidad y en la necesidad de tener un trabajo, en un  mercado laboral del que también hacen parte sus padres y abuelos. Entre esas tres generaciones hay más de 40 cohortes que buscan trabajo. Imposible encontrarlo.

Y esa, la falta de trabajo de varias generaciones, dentro de una misma familia, es una de las principales causas para que quienes ya tienen derecho a una pensión no dejen disponibles sus puestos de trabajo. El monto de la pensión es muy inferior al salario devengado y en la mayoría de los hogares colombianos se cuenta con uno o más desempleados, o una o dos familias cercanas, para sostener económicamente.

El sistema educativo y el estado colombiano están en deuda con la sociedad. No la han preparado como colectividad emprendedora, que  genere oportunidades laborales o, como mínimo, para que los trabajadores dejen de ser asalariados a temprana edad, para desarrollar otras actividades. Incluso, escasamente, preparan a quienes tienen la posibilidad de jubilarse, para utilizar su tiempo libre creativamente.

Paradójico que en vez de propiciar escenarios de retiro de los servidores del estado se esté brindando la posibilidad de continuar laborando, hasta los 70 años de edad, mientras miles de personas se presentan a todo tipo de concursos o entran a formar parte de maquinarias políticas, con la esperanza de alcanzar un empleo en el sector público.

El miedo a salir a la calle, sin estar preparado para ello, es la otra causa para que la gente no se jubile. Miedo a la soledad, a no saber qué hacer con el tiempo libre. ¿Cuántos conocidos han muerto al poco tiempo e jubilarse?

Tengo muchos sueños para cuando logre la jubilación, a los 62 años, si la crisis permanente de nuestra economía no decide otra cosa. O quizás lo diga, yo, por miedo a la soledad o por dificultades económicas por esos días. Sueños pero no deseos o ansiedad por la llegada de la jubilación; entre otras cosas, porque inexorablemente esos sueños llegarán a “avanzada edad”  y seguramente alejado de los seres con los que, un día, quise compartirlos. A ellos también les habrán pasado los años.

ANTES DEL FIN

Cada vez más congestión en nuestras ciudades, cada vez más contaminación, cada vez más tiempo gastado en transporte. ¿Cuándo los seres humanos entenderemos que ya no es posible utilizar transporte privado en nuestras ciudades?

Cuando me pensione quiero vivir en La America (https://eligiopalacio.com/2016/10/27/vivir-en-la-america/) y salir a comprar los víveres, a diario, en una de sus tiendas, conversar con los vecinos y ver las gentes pasar por la calle. Lo propio haré, entre días, en Entrerríos – Antioquia.

¿Cuándo se pensionarán los corruptos?

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UNA MANO ADELANTE Y OTRA ATRÁS

UNA MANO ADELANTE Y OTRA ATRÁS

Eligio Palacio Roldán

Para los desempleados de mi país y del mundo…

El hombre caminaba por la calle, como siempre, con una mano adelante y otra atrás. Sin mirar a nadie. No obstante todos lo miraban, como nunca.

Se sentía abrumado. Preocupado.

Había perdido su trabajo, después de 20 años sumando, restando, dividiendo, multiplicando. Ahora, no tenía nada. No sabía hacer nada.

Desde las ventanillas de los carros le miraban. Le silbaban. Le rechiflaban. Le gritaban obscenidades. El seguía su camino: cabeza gacha, una mano adelante y otra atrás.

Una larga fila.

Las gentes llenaban datos, preguntaban por teléfono. Diligenciaban hojas de vida.

El hombre quiso hacer parte de la fila.

No fue capaz. Alzó un poco su cabeza y descubrió muchos rostros conocidos. Rostros de gentes que le suplicaron, le pidieron, le lloraron.

Eran otros tiempos.

Siempre fue inflexible.

Todos le miraban, se reían, le silbaban, le rechiflaban, le gritaban.

El hombre estaba desnudo…

Con una mano adelante y otra atrás.

HASTÍO

HASTÍO

Eligio Palacio Roldán

No sé si el hombre de esta historia sigue vivo. Sé que no figura como desempleado en las estadísticas del DANE y seguro, tampoco, entre los pobres de Colombia. ¡Que hastío¡

Hay momentos, en la vida, en que se hace difícil definir o nombrar las sensaciones. Esta, en la que me encuentro mientras escribo, es uno de ellas. Quizás la que más se acerca es hastío. La define la Real Academia de la Lengua como repugnancia a la comida y como disgusto, y disgusto, como  fastidio, tedio o enfado que causa alguien o algo.

Claro, ya había escrito sobre este tema, el 20 de enero de 2015, (TEDIO – COLOMBIA 2014 http://wp.me/p2LJK4-1b1), pero hoy la sensación se ha hecho tan fuerte que ya ni las palabras alcanzan a definirla, con precisión,  es que todo va de mal en peor y no se vislumbra  alguna esperanza.

A la obsesión de Santos por pasar a la historia como el presidente de la paz, quizás con un premio nobel a cuestas, sin importar el precio que tengamos que pagar los colombianos, se une su deseo manifiesto de desdibujar la imagen del polémico expresidente Alvaro Uribe. Y mientras en esa guerra, más mortal para Colombia y los colombianos que la de los últimos 50 años, lo acompañan desvergonzadamente sus ministros (http://www.semana.com/nacion/articulo/gina-parody-juan-fernando-cristo-y-david-luna-critican-protesta-del-uribismo/463634) la economía del país se hace trizas, en medio de una crisis energética inminente. (Ver LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA http://wp.me/p2LJK4-1iK)

Parece no entender el presidente Santos, y sus ministros, que con su manifiesta guerra contra Uribe consiguen es victimizar al expresidente y a sus seguidores e impedir la adecuada acción de la justicia; aunque hablando de justicia, ¿qué se puede esperar de una Fiscalía y una Procuraduría alineadas a favor de cada uno de los bandos políticos en contienda?

Lamentable la situación de guerra de Santos contra el gobierno del expresidente Uribe, del que hizo parte,  mientras busca acuerdos de paz con las Farc. Lamentable, preocupante y aburridor, muy aburridor.

Y bueno, lo mismo. Las cesiones del gobierno para lograr  LA PAZ DE LOS VIEJITOS http://wp.me/p2LJK4-1qF, la producción y el consumo de drogas ilegales en crecimiento continuo, el sistema de salud muriendo y los corruptos en todos los estamentos de la sociedad, sin importar los continuos escándalos, apropiándose de lo poco que queda, cual gallinazos tras la carroña.

Sumando, sumando se llega a la incredulidad y al hastío. Y hoy, tratando de describir esta sensación encuentro que El Espectador, en su edición digital, titula: Pobreza baja en Colombia. De acuerdo con el Gobierno, en los últimos seis años, 4,6 millones de habitantes han logrado superar esa condición.” Y obvio, tampoco creo.

ANTES DEL FIN

Este domingo, un taxista estuvo a punto de llorar mientras me transportaba a mi casa: Por los problemas conocidos de la salud en Colombia le había tocado hacer un préstamo, para una cirugía de su madre, en uno de los cientos de “Pagadiario” que existen en la ciudad de Medellín. Ese día tenía que liquidar  $1.200.000 (El 20% sobre 6 millones de pesos que le habían prestado). No tenía como pagar. Llevaba casi 36 horas trabajando de seguido y no había podido reunir el dinero; obvio, tampoco dormir. Su patrón no le prestaba dinero y no podía exhibir ante una entidad bancaria un certificado de ingresos para conseguir un crédito, pues su trabajo era informal. Sus familiares le decían “vos si sos muy de malas hombre”. Y su vida corría peligro si no le cumplía a sus acreedores.

No sé si el hombre de esta historia sigue vivo. Sé que no figura como desempleado en las estadísticas del DANE y seguro, tampoco, entre los pobres de Colombia. ¡Que hastío¡

LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA

LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA
Eligio Palacio Roldán

En Medellín hay cada vez más desempleo o subempleo, incluido el narcotráfico y la prostitución. Cierta estabilidad del agro, afianzada en el sector lechero, parece desmoronarse.

Miércoles 27 de febrero de 2013

Bogotá- Ayer el Banco de la República publicó los resultados del comportamiento de la economía para el cuarto trimestre del 2012. Las cifras arrojaron un crecimiento de 5,6% respecto al 2011, pero dicho avance está sustentado en el comercio y las importaciones pues la industria nacional se debilita y apenas avanza 1,8% en el año.

El Producto Interno Bruto (PIB) de la manufactura arrojó para el IV trimestre del 2012 un crecimiento ligero de apenas 1,1%. El dato demuestra una desaceleración en el sector, pues en el III trimestre el avance fue de 2,9%; mientras que cuando se toma en cuenta el total del 2011 la manufactura experimentó un crecimiento de 3,8%.

Para los economistas las estadísticas son una muestra de la desindustrialización de Colombia. “Hay una evidente pérdida de peso de la manufactura en la economía, una desindustrialización relativa en el país”, comentaron los analistas.

Agregaron que este es un mal en las economías que crecen a través de las exportaciones de commodities, que con el flujo de dólares importan bienes para el consumo interno en detrimento de la industria nacional. “Es un mal que se agudiza en Colombia”.

Explicaron que ante una economía que creció en 5,6%, impulsada por un boom de consumo que se alimenta con el gasto oficial, y con relativa baja inversión en producción, la contracción industrial se traduce en problemas de oferta en el mercado.

En la medida que el consumo siga avanzando por encima del crecimiento de la industria, y no haya un incremento de los ingresos por la vía de los commodities, los problemas con la oferta se agudizarán.”

Jueves, 18 de julio de 2013

“Venezuela ha venido experimentando un proceso de desindustrialización a través del cual su relación Valor Agregado Industrial/PIB ha venido descendiendo de niveles del 24% hace tres décadas, a uno del 15% hace una década y actualmente se perfila hacia tan sólo un 9%ó12% en dicha relación en el período 2012-2020. En términos de generación de empleo, la industria aportaba cerca del 25% del total del empleo hace 30 años, aportaba el 23% hace diez, pero actualmente sólo contribuye con el 13%. Detrás de este proceso usualmente están las llamadas “fuerzas seculares” que explican que, una vez completada la primera fase de “industrialización de manufactura simple”, se da un proceso de expansión del sector terciario de servicios, comprimiendo entonces las participaciones del sector agropecuario y manufacturero dentro del PIB.

Sin embargo, en el caso de economías que crecen principalmente a través de las exportaciones del petróleo, el descenso en dichos aportes del sector industrial a la economía tiende a acelerarse. Esto como resultado de los efectos de la conocida Enfermedad Holandesa (EH), donde la abundancia de divisas de dichas exportaciones de petróleo trae aparejada una apreciación cambiaria real y persistente que tiende a comprimir el valor de las exportaciones de los productos industriales y agroindustriales, precisamente los que eran intensivos en mano de obra. Este ha sido el caso de Venezuela.”

Estos dos párrafos de El Universal de Caracas y La República de Colombia fueron modificados ligeramente  con el intercambio  del país y de petróleo por commodities  y la conclusión es la misma: las economías de Venezuela y Colombia recorren igual camino. El de la desindustrialización.

Lo paradójico de esta historia es que quienes más temen la venezolanización de Colombia son los Uribistas quienes, desde su gobierno, de ocho años, a través de la confianza inversionista y los tratados de libre comercio, hicieron todo lo posible para que nuestra economía abandonara la industria y la agricultura y recorriera el camino de la minería, deslumbrados por las exportaciones de commodities.

En el gobierno de Uribe se firmaron Tratados de Libre Comercio   con países como Estados Unidos,  Chile, Canadá y regiones como Centroamérica y la Unión Europea, a pesar de la preocupación del sector productivo y de la probada desprotección en que quedaba la industria nacional en contraposición con los subsidios y el apoyo estatal en los países con los cuales se firmaban los tratados. El gobierno santos continuó aplicando la misma estrategia.

Y, ahora, estamos desprotegidos, sin industria, sin agricultura y con los precios del petróleo en niveles mínimos inimaginables tratando de controlar una inflación atada al valor de un dólar que crece exponencialmente, encareciendo los víveres que ya no producimos.

Que la economía va bien, que el índice de desempleo es de solo un dígito, dice el gobierno (ver LOS GOBIERNOS DE LOS FALSOS POSITIVOS http://wp.me/p2LJK4-AH). Mi realidad, dice otra cosa: En Medellín hay cada vez más desempleo o subempleo, incluido el narcotráfico y la prostitución, y cierta estabilidad del agro, afianzada en el sector lechero, parece desmoronarse. (Ver RECESIÓN EN EL SECTOR LECHERO http://wp.me/p2LJK4-1hC).

Es verdad que, todavía, no llegamos a los niveles de desabastecimiento de Venezuela, pero vamos por el mismo camino, y a nadie parece importarle.

ANTES DEL FIN

Y llegan las elecciones locales, ¿qué candidato a Concejo Municipal, Alcaldía, Asamblea, o Gobernación ofrece alguna posibilidad de mejorar la economía de su pequeño “reino”?.

DON ALCIDES Y SUS BUENOS DIAS

DON ALCIDES Y SUS BUENOS DIAS
Eligio Palacio Roldán
“Todos los días para mí son felices porque tengo trabajo y salud”.
DON ALCIDES 140

Desde hace 23 años trabajo en una misma institución. Esos 23 años han tenido una coincidencia afortunada. Cada mañana, al llegar, me recibe el saludo tímido y cordial de don Alcides.

Don Alcides, su pequeña caseta, los dulces, el mecato y los cigarrillos que vende hacen parte del paisaje de cada día. Incluso, en alguna oportunidad, las preocupaciones impiden verlo. Entonces, sientes una mirada triste, que te sigue hasta que ingresas al edificio.

Don Fabián Alcides Zuluaga lleva 35 años recibiendo a todos los empleados, unos 500, y a los miles de visitantes a La DIAN en particular y del sector La Alpujarra, en Medellín, en general. Comenzó vendiendo cigarrillos en un pequeño cajón y fue hasta la Alcaldía de Juan Gómez Martinez, en 1998, cuando le autorizaron una pequeña vitrina, junto a la cual permaneces sentado todo el día, de lunes a viernes.

A los veinticinco años de edad, hace cincuenta, partió de su tierra natal en el municipio de El Santuario, Antioquia, hacia Medellín, buscando fortuna. Los primero años trabajó en una ladrillera, pero se cansó de “chupar” polvo. Entonces, comenzó a vender cigarrillos en las largas filas que hacían los contribuyentes en la Dirección de Impuestos Nacionales, cuando allí se recibían las declaraciones de renta y los respectivos pagos, y en los juzgados del edificio vecino.

En la actualidad vive con su esposa, en Belén AltaVista, en una zona suburbana al suroccidente de Medellín. Tenía 11 hijos. Ahora tiene nueve; los otros dos se fueron para siempre: una hija a los 33 años, víctima de un cáncer, dejándole dos nietos. El hijo, fue otra de las cientos de víctimas que dejan las balas perdidas en Medellín, a diario, desde hace más de veinte años. La falta de sus dos hijos es la causa del único dolor que hay en su vida.

Trabaja porque “hay que trabajar”. No tiene una pensión ni el dinero suficiente para vivir sin trabajar, a pesar de que su edad de jubilación pasó hace muchos años.

“Todos los días para mí son felices porque tengo trabajo y salud”. Sostiene.

Espera continuar con su trabajo hasta que Dios lo quiera. Le preocupa que no pueda trabajar: no tendría como sobrevivir con su esposa. No tuvo la oportunidad de tener un trabajo mejor.

No sabe que le produce su pequeño negocio. Le alcanza para reponer el surtido, pagar los servicios, la salud, y mercar para él y su mujer. También para dar un pequeño regalo a alguno de sus nietos. Cuando no tiene con qué pagar el surtido, donde compra, le fían.

“Lo mejor de mi trabajo es que estoy divertido con la gente, trabajando, me comunico con toda la gente, desahogándome, conversando…”, afirma.

Don Alcides pasa sus fines de semana descansando en su casa. Cuenta que ahora la situación del lugar donde vive es muy complicada; que se debe permanecer encerrado por que la guerra entre bandas hace que cualquier desplazamiento en el barrio sea peligroso. Siente miedo, “pero no hay nada que hacer”, termina diciendo.

ANTES DEL FIN
Cuando observo a don Alcides y a las decenas de venteros ambulantes, que pululan a mí alrededor, me digo que soy un privilegiado y que este país no ofrece ninguna oportunidad a miles de colombianos; que para muchos colombianos el presente es bien difícil y que el futuro es incierto. También, desde luego, me pregunto sin don Alcides figurará como empleado en la base de datos del DANE.

EL “REBUSQUE”NO ES TRABAJO DIGNO

Sr. Columnista Eligio Palacio Roldán:
Muy buenos días y un cordialísimo saludo.
Gracias por compartir sus importantes puntos de vista. En la última columna periodística usted indica, Pregunta zanahoria: ¿Para el DANE, doña GINA, sus dos hijos y su nuera estarán empleados?…
Pues sí, para el DANE , seguro que por encanto, doña GINA y todas las personas y familias que en este país se dedican al rebusque son empleados, o sea, trabajadores informales; estas modalidades de ocupación es lo que en verdad está creciendo en Colombia…
Sus planteamientos me dan la base para hacerle conocer la siguiente opinión sobre el popular “rebusque”:

Una realidad colombiana:
EL “REBUSQUE”NO ES TRABAJO DIGNO
Por: Jorge Giraldo Acevedo.
Si nos atenemos a las mismas cifras oficiales del “Dane” sobre empleo en Colombia lo que sí está aumentando son las labores de informales o sea el “rebusque”…

Según los datos del mismo organismo oficial, en el trabajo de menor calidad o subempleo —en el que no se disfruta de seguridad social, salario mínimo, ni garantías extralegales— están cerca de 7 millones de personas, es decir, el 15% de la población se encuentra en el “rebusque” o en la informalidad, si nos atenemos a que los estimativos de habitantes de Colombia son de más de 47 millones de individuos.

En el marco de esta situación, sobre el empleo o el desempleo en Colombia, lo que más preocupa son las cifras sobre el llamado trabajo de menor calidad o subempleo ya que está demostrado que estas cifras son siempre para presentar un panorama positivo en el aspecto laboral del país.

El aumento de desempleados es un hecho que no se puede ocultar ni con cifras manipuladas y mucho menos con posiciones personalistas pues a la vista y con los hechos lo que se ve, en forma demasiado clara, es que hay bajos índices en el empleo decente en los últimos tiempos y sobre todo desde la administración de la política económica neoliberal de César Gaviria Trujillo y claro está que los últimos gobiernos más que creadores de puestos de trabajo han sido promotores de la informalidad.

Sí, indiscutiblemente lo que ha aumentado es la ocupación informal o lo que el “Dane” llama trabajo de menor calidad o subempleo y en la práctica macroeconómica de cualquier nación, esto no es empleo formal, serio, digno, ni bien remunerado y en muchos casos las personas no laboran en las carreras para las han estudiado en los niveles profesional o técnico.

Las principales ciudades colombianas, todos lo vemos a diario, están cada día más invadidas de vendedores de minutos a celular, vendedores ambulantes o estacionarios, vendedores y vendedoras de los productos de catálogo, loteros, taxistas, lustrabotas, mototaxistas, ciclotaxistas y recicladores; además, en los terminales aéreos y de transporte terrestre existe un buen número de maleteros, revoladores y limosneros, en los semáforos y vías se instalan vendedores y limosneros y como si lo anterior fuera poco ahora existe todo un batallón de personas que se dedican a las actividades de calibradores de rutas del transporte urbano.

Este panorama laboral, en nuestro medio colombiano, obedece a que para muchas personas el trabajo informal o “rebusque” es producto de la necesidad y algo de ingenio, pues en sus hogares podrá faltar un trabajo decente, digno y bien remunerado pero nunca el pan de cada día.
jgiraldoacevedo@yahoo.es