EN EL ASFALTO

EN EL ASFALTO

Eligio Palacio Roldán

A pesar de los muchos años de trabajo que llevaba en la empresa aún recordaba los detalles de su primer día, fue tan emocionante. No había dormido la noche anterior, en la silla cercana a su cama había dejado el traje que llevaría la mañana siguiente, lo miraba obsesivamente para que no se le arrugara, no fuera que diera una mala impresión y, luego, al entrar por la amplia puerta de vidrio, le temblaron las piernas y más tarde se le quebró la voz y su mirada recorrió lentamente las gentes que lo acompañarían en su aventura laboral y los espacios que habitaría “toda la vida”, su silla, su escritorio y la ventana con una vista espectacular sobre la ciudad que poco disfrutó a causa de sus múltiples ocupaciones.

Después, vinieron años de lucha y hasta de dolor, en algunas ocasiones, pero ya eso era pasado, ahora gozaba de una estabilidad laboral y emocional envidiable, pero ese día, ese viernes 13 de octubre, recibió la carta: estaba despedido. Las piernas le temblaron y la voz se le quebró como el primer día, no dijo adiós, simplemente no fue capaz, su compañera de siempre recogió sus cosas personales y se las envió a la casa, en una caja de cartón tan rota como su propia vida.

Esa mañana gris, en el amplio y frío parque que a duras penas podía recorrer, bajo una tenue lluvia, vio las gentes pasar aceleradamente hacia sus trabajos y él ahí solo, tratando de reconstruir su vida, pensando cómo conseguir un empleo a su avanzada edad. Ahora era un desempleado más, otro ser en el asfalto, porque de sus años de gloria no había quedado nada. Sin poder ni dinero no había familia y amigos y, claro, era demasiado tarde para comprenderlo.

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