LA ÉTICA DE LOS POLÍTICOS, LA ÉTICA DE LOS CIUDADANOS
Eligio Palacio Roldán
Esta semana, ante centenares de televidentes y luego ante miles de ciudadanos conectados a las redes sociales, se dio un claro ejemplo de lo que no es ético, precisamente en una discusión sobre ética.
El candidato presidencial Abelardo de la Espriella descalificó de manera grotesca y grosera —en una demostración de falta de ética— a la periodista de Caracol Televisión María Lucía Fernández, tratando de afrontar un cuestionamiento sobre la ética del candidato a la hora de gobernar, en un hipotético triunfo en las próximas elecciones.
De la Espriella afirmó: “Tú no entiendes la diferencia porque tú no tienes la formación en derecho y tampoco en filosofía del derecho. Pero cualquier persona que haya estudiado derecho sabe que la ética es un conjunto de normas que regula la vida personal y el derecho, la vida en sociedad”, esquivando una pregunta clara y contundente: “¿Si la ética no tiene que ver con el derecho, en un eventual gobierno suyo se puede gobernar sin ética?”.
Sobre esta conversación hay que aplicar dos máximas: la primera, de mi autoría, según la cual “no hay preguntas indiscretas, las indiscretas son las respuestas”. La periodista dejó fuera de base al candidato y esto hizo que contestara a la defensiva, mal, groseramente y faltando al respeto, a la ética como “reguladora de su vida personal”. La otra es del cantante Juan Gabriel, quien ante una pregunta sobre su orientación sexual afirmó que “lo que se ve no se pregunta”.
“Lo que se ve no se pregunta” debiera haber sido la respuesta de Abelardo de la Espriella y de todos los políticos colombianos, porque es obvio que la ética no existe para la mayoría de ellos, sin importar tendencia alguna. Es el precio del poder, a tal punto que, en medio de esa falta de ética, se normalizó la corrupción, que raya la mayoría de las veces con la ilegalidad y la delincuencia.
Los colombianos somos proclives a juzgar a los políticos ante sus deslices éticos, pero complacientes con las nuestras de cada día.
Esta semana tuve un incidente en el ordeño de la tarde: al parecer, la leche se había contaminado con droga veterinaria. La sugerencia fue vender el producto a alguna de las procesadoras pequeñas que “no exigen tanto como Colanta”.
Toda la noche me dio vueltas por la cabeza esa posibilidad; la decisión estaba en faltar a mi ética y vender el producto o tirar a la alcantarilla la leche por un valor aproximado de un millón de pesos. La leche contaminada con el producto, Cepravin, podría producir en los consumidores alergias, alteración de la flora intestinal o resistencia a antibióticos, entre otros; de un lado la salud, del otro, el dinero me hacía mucha falta.
Dilemas éticos como el relatado se producen a diario en la producción de bienes de consumo masivo y esos dilemas, al igual que los de los políticos, rayan con la ilegalidad; la verdad es que gran parte de los colombianos los eluden en detrimento de la salud de sus compatriotas.
Volviendo a la política y a los colombianos, resulta muy triste que quienes encabezan las encuestas —Cepeda y De la Espriella— sean precisamente referentes de la falta de ética.
Bueno, es lo normal, es “lo que da la tierrita”; ¿qué más se puede esperar de electores que también están faltos de ética, como nosotros los colombianos?
Y siguiendo con la falta de ética, resulta degradante la de los “bodegueros”.
ANTES DEL FIN
Muy bien por la Fiscal General de la Nación en su posición frente a las presiones del presidente Petro para suspender las órdenes de captura sobre integrantes del Clan del Golfo.
¿Cómo entender la presencia de un hombre con las calidades éticas de José Manuel Restrepo como fórmula de Abelardo de la Espriella?
Llegan de la mano las elecciones presidenciales en Colombia y el Mundial de Fútbol. Bien entretenidos vamos a estar en los próximos días.
Y bueno, la leche no estaba contaminda. Se le hizo prueba previa.
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