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LA CIUDAD

LA CIUDAD

Eligio Palacio Roldán

“…enjoyadas de luz la vidriera y la piel
peregrinas y ajenas se ven
como ríos de amor
luz, color y placer
espejismo quizá de mi ser…”
José Larralde

Para un niño campesino, del siglo pasado, la ciudad era el sueño dorado. Bueno, creo que para los de hoy también. Era tal vez la única alternativa para salir de la pobreza, de estar limpio y bien vestido, con una casa cómoda y bonita y con posibilidades de relacionarse con ese Otro, ausente en las noches pobladas de fantasmas.

Existía la referencia de familiares que partieron para la ciudad, en oleadas cargadas de miseria, en la primera década del siglo XX, que habían logrado un trabajo digno, en las empresas de textiles: Coltejer, Fabricato y Tejicondor, asentadas en el Valle de Aburrá. Aunque  esta historia está cargada de imaginación, pues los pujantes familiares solo alcanzaban a vivir en las zonas más humildes de Medellín: Manrique y Castilla, y Bello;  lo cierto es que ésta parece ser la realidad de miles de colombianos que abandonaron el campo deslumbrados por la ciudad. Algo similar sucede con los coterráneos que viajan al exterior y con los emigrantes en general.

Según estimativos del Departamento Nacional de Estadística, Dane,  Colombia tiene en el momento aproximadamente 49 millones de habitantes de los cuales el 74% se ubica en las zonas urbanas y sólo el 26% en zonas rurales; un porcentaje mucho mayor al estimativo mundial del 60%, para el 2030. Además del deslumbramiento que produce la ciudad y de la pobreza de los campesinos, el desplazamiento forzado por el conflicto interno tiene mucho que ver con la situación colombiana

Hace algunos días un empresario floricultor, del oriente antioqueño, mostraba su incertidumbre por el futuro de los cultivos ante la escasez y el envejecimiento de la mano de obra, para las labores del campo. Esta preocupación se refleja en el Censo Nacional Agropecuario del 2015, donde se indica que de cada tres personas, que habitan la zona rural,  dos son hombres entre los 40 y 54 años y que  las mujeres y los hombres jóvenes están migrando a la ciudad.

“…donde los luminosos van rotulando la oscuridad
todos estamos juntos, solos y aparte de los demás…”
José Larralde

Pero volviendo a la ciudad, su realidad no siempre corresponde al ideal del campesino. Es más, se contrapone a una vida enmarcada en la solidaridad. Está llena de dificultades y sinsabores. Más la ciudad del siglo XXI, cargada de ruido, contaminación, desconfianza, delincuencia y dificultades de todo tipo para lograr una calidad de vida digna y la inclusión en una sociedad clasista y egoísta, donde cada uno lucha por mostrarse y sobresalir sobre el Otro.

“Solitarios de ayer consiguieron fundar
por la unión y el poder y nació la ciudad
pero quizá después, el poder cada cual
por el encima del bien y del mal
y hoy que es bella y es cruel
hoy que no sabe amar
es más sola que yo, la ciudad”
José Larralde

Como en la canción de Larralde, el poder que pretende tener el uno sobre el otro está acabando con nuestras ciudades: el poder de los políticos corruptos, de los empresarios inescrupulosos, de los delincuentes de cuello blanco, de los delincuentes comunes, del narcotráfico, el microtráfico, la extorsión o el simple robo callejero; el poder para explotar al otro, para tener más que el otro; en fin, el poder sobre los demás y la soledad en medio de la multitud insolidaria. Una multitud que solo piensa en satisfacer sus deseos y/o necesidades individuales y por eso no colabora con problemas como el de las basuras, el tráfico vehicular o la contaminación, entre otros.

Y al final. Bueno, un poco antes del final, en el tiempo de concluir, las gentes regresan al campo, a la vida bucólica que abandonaron para buscar el brillo de la ciudad.

ANTES DEL FIN

  • Para no dejarse deslumbrar por la ciudad es importante brindar oportunidades a la Colombia campesina. Una prueba de ello, lo hecho en el norte antioqueño por Jenaro Pérez Gutierrez y la cooperativa Colanta.
  • Para que la ciudad corresponda al brillo imaginado hay que quererla y mantenerla como se hace con el propio hogar. Invirtiéndole. Es decir, pagando los impuestos.
  • A lo lejos, en el día, las ciudades semejan un montón de escombros. En las noches, el firmamento estrellado.
Elogio de la soledad: https://www.youtube.com/watch?v=5I25Bmd2GQk
Colanta – Jenaro Pérez https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/
http://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/article/el-campo-se-esta-quedando-solo.html
http://www.dinero.com/economia/articulo/el-74-poblacion-colombiana-habita-zonas-urbanas/147272
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COOPERATIVISMO – EL INDIVIDUALISMO COLECTIVO

Entidades sin ánimo de lucro

EL INDIVIDUALISMO COLECTIVO

Eligio Palacio Roldán

Tal como lo indica el artículo 363 de nuestra Carta Magna, “el sistema tributario se funda en los principios de equidad”. Se habla de equidad cuando todos los ciudadanos son iguales frente a la ley. En materia tributaria se refiere a que el tratamiento fiscal está de acuerdo a la capacidad económica de cada uno.

La “equidad”  es también uno de los valores más preciados por el cooperativismo. Allí se refiere a que a cada cual se le retribuye en la medida de su participación o aporte en el ente económico.

Después de muchos años perteneciendo al cooperativismo: Colanta, Consumo, Cooagropecuaria y Coopecrédito en el municipio  de Entrerríos – Antioquia, no he podido asimilar por qué la equidad, en este sector, se da para recibir, más no para dar.

El Estatuto Tributario, que reúne las normas que regulan los impuestos en Colombia, en su artículo 19, establece que las Cooperativas pertenecen al régimen tributario especial. Esto implica, para esas organizaciones, no contribuir con la “equidad” del país, a través del impuesto sobre la renta, como lo hacen los demás contribuyentes.

Que está condicionado a que  el veinte por ciento (20%) del excedente se destine a la educación formal, en instituciones autorizadas por el Ministerio de Educación Nacional, y que esa es su contribución a la equidad, dicen los más furiosos defensores del sistema. Olvidan  que este aporte se hace “de manera autónoma por las propias cooperativas”  y que “normalmente” se invierten en los mismos asociados o en establecimientos de educación donde asisten sus propias familias.

Y, claro, es muy bueno pertenecer a las cooperativas y, entonces,  “dan” beneficios y ayudas para la educación y el bienestar de los asociados y te ayudan a crecer como ser humano, como profesional y a desarrollar tu propia actividad económica y a sacar tu comunidad adelante.

Lo mismo dicen los “dueños” de las demás entidades sin ánimo de lucro. Y, alguna vez, en el aspecto de seguridad, lo dijeron y lo hicieron las Convivir y los grupos armados para proteger los ciudadanos de la guerrilla y Colombia se llenó de sangre y desigualdad. Y en muchas oportunidades lo han dicho, también, en varios aspectos, las guerrillas de izquierda.

Y Colombia se divide en pequeñas colectividades que protegen sus propios intereses, sus pequeños grandes reinos, con sus propias luchas por el poder. Y, todos esos grupos: Cooperativas, Asociaciones, Fundaciones y Entidades sin Ánimo de Lucro; en fin, colectivos legales e ilegales se sumergen en su respectivo individualismo y se olvidan que Colombia es una sola, que hay pobreza y hambre en regiones enteras y que si algo se hace necesario es la solidaridad colectiva. Solidaridad entendida como equidad, no como equidad predicada y aplicada solo entre y para los cercanos, si no como equidad para todos.

Se acerca una reforma tributaria, la tercera de Santos. Sería bueno que en la nueva legislación tributaria si se aplicara el principio de equidad y se eliminaran los privilegios que genera el  individualismo, así sea el individualismo colectivo de las cooperativas y similares.

ANTES DEL FIN

Hablando de equidad,  no se entiende como miles de colombianos aseguran sus fortunas en paraísos fiscales y no piensan, por un momento, como con sus impuestos se podrían generar oportunidades de educación y empleo, para millones de colombianos que no encuentran como subsistir, en medio del hambre que los asecha. (Ver LA PRIORIDAD DEL OTRO DESENCANTO https://eligiopalacio.com/2016/05/04/la-prioridad-del-otro-desencanto/).

REGRESAN EL COLOR CAFÉ DE LAS MONTAÑAS Y LA POBREZA

REGRESAN EL COLOR CAFÉ DE LAS MONTAÑAS Y LA POBREZA

Al Norte Antioqueño

REGRESAN EL COLOR CAFÉ DE LAS MONTAÑAS Y LA POBREZA

Eligio Palacio Roldán

En Semana Santa, recorriendo los caminos del norte antioqueño, creí estar en una regresión o, como dicen los mayores, recogiendo los pasos.  Mis ojos vieron los mismos paisajes de hace cuarenta años y los rostros de resignación e impotencia de esos tiempos de pobreza.

Hace algo más de un año, en la columna  COLANTA – JENARO PEREZ, refiriéndome al norte del departamento de Antioquia, describí la belleza, el orden y el verde intenso de la región…” También escribí que en la primera mitad del siglo XX, en esa región, crecía el helecho, los morales y el yaragua  que le daban una tonalidad café a las tierras…”.  Esas referencias al paisaje eran el marco para conceptuar sobre la pobreza del pasado y la prosperidad del presente. (Ver https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/) .

Posteriormente, entre abril y mayo del año pasado, se generó, en la región,   una crisis sin precedentes, para las nuevas generaciones,  por la sobreproducción lechera. Fueron miles de litros de leche que se tuvieron que arrojar a las alcantarillas por las restricciones en las compras del producto y millones de pesos en pérdidas. (Ver RECESIÓN EN EL SECTOR LECHERO https://eligiopalacio.com/2015/05/12/4936/).

El año 2015 fue un año muy difícil para los productores de leche y en especial para los más pequeños; al comienzo la restricción a la compra del producto y luego la falta de incremento en los precios y el aumento generalizado de costos. La recesión se sintió en toda la zona lechera de Antioquia y del eje cafetero, donde la producción de leche está localizada en minifundios.

Pero si el 2015 año fue complicado, este año parece ser fatal. Por el Fenómeno del Niño y la falta de protección de las zonas boscosas se han secado las aguas y los pastos han dejado de crecer; tanto, que del verde de hace un año ya no queda nada y el café de los pastos y las épocas de pobreza han vuelto a cubrir los campos. Dicen los campesinos que la producción de leche se ha reducido en más del 20 por ciento, mientras el costo de los  insumos se ha incrementado en un porcentaje similar por el aumento del precio del dólar, pues los concentrados se producen, en un porcentaje superior al ochenta por ciento, con materias primas importadas.

En Colombia, la producción de leche pasó de 6.717 millones de litros de leche en el 2014 a 6.623 millones en el 2015 con una reducción del 1.4%. Con el fenómeno del  niño,  se estima que la reducción del líquido, en los tres primeros meses del año, supera el 20%, es decir, más de  un millón trescientos mil litros.

Ahora, dicen, vendrá el Fenómeno de la Niña y seguramente sobreproducción de leche y, otra vez, el campesino tendrá que arrojarla a las alcantarillas. No se entiende si es que el país no tiene la capacidad para pulverizar la leche, en tiempos de abundancia.

Ni en la crisis lechera de hace un año, ni en la actual se ve la intervención del estado. Bueno, se vio con el incremento del impuesto predial.

ANTES DEL FIN

Mientras la pobreza recorre el campo colombiano, el gobierno Santos solo mira a Cuba y sus anhelos de Paz o de un premio nobel, como dicen algunos.

La situación en el sector agrícola, por el fenómeno del niño, es mucho más grave que la del lechero.

Vienen tiempos de escasez de alimentos y, obvio, de incremento de la inflación.

En otro orden de ideas, circula en la red una denuncia sobre la contaminación en Medellín. Dicen que la culpa es de una empresa de reciclaje y de las autoridades que la regulan. ¿Será cierto?

REPETIR, REPETIR Y REPETIR

REPETIR, REPETIR Y REPETIR
Eligio Palacio Roldán
Un paro camionero o minero o indígena es malo o bueno si está a favor o en contra mía; una iniciativa de paz es buena o mala si la defiende Uribe o Santos; y lo mismo sucede con el espionaje, la libertad de prensa, la publicidad engañosa; en fin con todo. Así no se puede.

DON CARLOS 047

Dice el sicoanálisis, la programación neurolingüística y la mayoría de las disciplinas del comportamiento humano que el hombre aprende a gozar, o a sufrir (que también es una forma de disfrutar) en sus primeros años de infancia, y de ahí en adelante, no hace sino repetirse. Es ese el motivo por el cual, el hombre se vuelve incapaz de cambiar su “destino”.

Así como el ser humano repite sus experiencias de vida, atendiendo quizás a la primera Ley de Newton, Ley de la Inercia: “Todo cuerpo permanecerá en reposo o con un movimiento rectilíneo uniforme a no ser que una fuerza actúe sobre él”, también los pueblos  y las naciones lo hacen; estas leyes explicarían la tendencia reeleccionista de los colombianos, en la esfera política, pero, también, en el campo económico: se reeligen alcaldes, gobernadores, presidentes, congresistas, Juntas Directivas, Consejos de Administración.  Se nos olvida, tal vez, por ser una experiencia frustrante, que repetir es perder el tiempo, o eso nos enseñaron, ya adolescentes, cuando repetíamos un curso en la escuela.

Diríamos que no somos conscientes de la repetición y que para detenerla es necesario que una gran fuerza actúe sobre nosotros; la diferencia, con los demás cuerpos, estriba en que esa fuerza debe partir desde el propio interior, ninguna otra logrará ese cometido. Esa fuerza tiene que surgir de una decisión íntima; y así como los humanos, en algunas oportunidades, la consiguen, también lo hacen los pueblos; la han tenido desde Vietnam hasta Irak, Japón y la misma Europa para resurgir de la guerra, pero no la tiene ni la ha tenido Colombia,  que repite sus guerras, desde los años anteriores a la conquista. (ver LA GUERRA EN COLOMBIA (VIDEO) http://wp.me/p2LJK4-zE).

Normalmente, aunque en estricto sentido es anormalmente, quienes no aceptan sus dificultades, quienes creen que como viven están bien, a pesar de las evidencias, quienes no se percatan de sus repeticiones, se pasan la vida cometiendo los mismos errores y pensando en lo de malas que fueron; entonces, como dicen las mamás, no pelechan en lo económico y nacieron para sufrir en el amor, y es que “disfrutan” de las mismas relaciones tormentosas así sea con diferentes personas, eso sí muy parecidas, y quebrándose una y otra vez en los negocios. Es por eso, también, el tradicional, igualito al papá, o al tío, o al abuelo; sin entender que están repitiendo lo aprehendido.

Hace muchos años, en mis estudios de Periodismo, en la Universidad de Antioquia, en el curso de literatura, nos pusieron a descubrir, en nuestro entorno, una ciudad invisible, al estilo de la obra del gran autor Italo Calvino; yo descubrí, una muy simple, en mi pueblo, Entrerríos, Antioquia, la ciudad de las repeticiones. Allí todo se repite, los rencores, las envidias y los complejos más pendejos (Ver LAPARIO – EL PUEBLO DE EL VIAJERO http://wp.me/p2LJK4-w4); allí escasean la ética y los valores, como en toda esta Colombia, traqueta, y no importan las ideas, ni los conceptos, sino quien las defiende y a quien afectan. Bueno, esta es la misma realidad de nuestra Colombia: un paro camionero o minero o indígena es malo o bueno si está a favor o en contra mía; una iniciativa de paz es buena o mala si la defiende Uribe o Santos; y lo mismo sucede con el espionaje, la libertad de prensa, la publicidad engañosa; en fin con todo. Así no se puede.

Y entonces, ya no es trabajar, trabajar y trabajar; sino repetir, repetir y repetir las mismas idioteces o las mismas grandes ideas  y defenderlas o atacarlas según quien las dijo y según convenga a nuestros intereses económicos y/o inclinen o no las dádivas a nuestro lado.

ANTES DEL FIN

Este jueves, en Plaza Mayor en Medellín, es la asamblea No 52 de COLANTA, el relato de una empresa y un hombre, Jenaro Pérez, que se negó a seguir repitiendo la historia, a pesar de las críticas, las envidias y las ofensas. Momento oportuno para agradecer e imitar; no repetir. (ver COLANTA – JENARO PEREZ http://wp.me/p2LJK4-1cn )

COLANTA – JENARO PEREZ

COLANTA – JENARO PEREZ
Eligio Palacio Roldán
No solo trasformó la zona si no a sus habitantes, su forma de ser y de pensar y de estar en la vida.

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Por razones de índole familiar y de arraigo, suelo recorrer con mucha frecuencia los municipios del norte antioqueño, cercanos a Medellín: San Pedro, Entrerríos, Belmira, Don Matías y Santa Rosa de Osos; en esos recorridos, ante el asombro de mis acompañantes de viaje, por la belleza, el orden y el verde intenso de la región, les cuento la siguiente historia:

Érase una vez una comarca muy pobre, al norte de Medellín, tanto que las historias de hambre y miseria eran el común denominador; tanto que la mayor parte de sus habitantes se habían desplazado en la primera mitad del siglo XX a la ciudad, buscando un mejor porvenir para sus familias, habían emigrado tras el trabajo en Coltejer, Fabricato y Tejicondor, las grandes empresas textileras  de la época. Se sembraba maíz, papa, frijol y, claro, se ordeñaban vacas; recuerdo como en una finca de unas 200 hectáreas se producían unos 60 litros de leche; y recuerdo, también, la dificultad para vender esa leche, los fiados en la tienda hasta que Proleche, el único comprador, enviara el cheque; también la devolución del producto o los días en que no lo compraban y la familia se llenaba de angustia… y de queso…

En esa región, crecía el helecho, los morales y el yaragua  que le daban una tonalidad café a las tierras; el verde era un verde amarillento de las cosechas de maíz; esa misma zona es la misma que hoy, cuarenta años después, deja entre incrédulos y emocionados a los visitantes.

Guardadas las proporciones…, bueno, sin guardarlas, se podría decir que la hazaña de transformar estas tierras antioqueñas y volverlas productivas es comparable con la conquista del desierto en Israel o la ampliación de la frontera terrestre en los países bajos. Pero ¿Cómo se dio esa metamorfosis?

Fue un visionario, Jenaro Pérez Gutierrez, quien tomó las riendas de la naciente Cooperativa Lechera de Antioquia – Colanta y a través de ella, no solo trasformó la zona si no a sus habitantes, su forma de ser y de pensar y de estar en la vida. Ahora, en el norte antioqueño no se presentan situaciones de apremiante pobreza, entre sus antiguos pobladores, solo alguna por el desplazamiento hacia la zona, sus habitantes se emplean en sus pequeños y productivos terrenos y en la industria que se ha generado a partir del desarrollo impulsado desde la cooperativa. En la región, gracias a su desarrollo, no se han presentado graves problemas de orden público, sus gentes ya no emigran a la ciudad en busca de oportunidades e incluso es notorio el regreso de los mayores, a terminar sus vidas en un envidiable hábitat.

Del prohombre, Jenaro Pérez, se han creado historias y mitos; tantos, que parece increíble escucharlo hablar con la alegría y el entusiasmo de un adolescente y la sabiduría del hombre que cambió la historia de una gran parte de Antioquia y de Colombia, sin violencia, de manera honrada, solo con trabajo y con creer en su origen y en las posibilidades de una economía incipiente.

El señor Pérez es, sin duda, un héroe nacional; algún día será reconocido como tal.

ANTES DEL FIN

He sostenido, en varias oportunidades, que la objetividad no existe. Esta reflexión, diferente a la de varios colegas, no está basada en ninguna entrevista, en ninguna consulta, en ninguna lectura, en ninguna investigación, en ningún interés particular u oculto; está fundamentada en la observación directa, cada semana, por más de cuarenta años, en sentarme en una montaña y mirar hasta que la visión lo permita y en la transformación, también, de un pedazo de tierra, de mi mano, en esa zona del país.

EL ALCALDE DE MEDELLÍN

Aníbal Gaviria
EL ALCALDE DE MEDELLÍN
Eligio Palacio Roldán
 
Con el Alcalde de Medellín me pasa algo curioso, mientras sale muy bien calificado en las encuestas, que miden la popularidad de los mandatarios locales, la percepción entre las personas que consulto, excepto sus inmediatos colaboradores, es negativa, me hablan mal de él; aducen que no tiene méritos para estar donde está políticamente, que los Gaviria viven del recuerdo del hermano asesinado por las Farc (Guillermo Gaviria –mayo 5 de 2003), al estilo de la familia de Galán, que es inepto, que la ciudad le quedó grande y que la violencia se apoderó de ella.
 
Digamos que la mayoría de las críticas que le hacen al mandatario local son válidas y, sin embargo, me parece que el alcalde está haciendo bien las cosas y es que no hay mucho que hacer cuando la ciudad está tomada por la delincuencia (MEDELLIN ILEGAL http://wp.me/p2LJK4-UU), no hay mucho que hacer, cuando la ciudad es el refugio de miles de desplazados de Antioquia, Córdoba, Sucre, Chocó y el viejo Caldas; no hay mucho que hacer, si desde los tiempos de Pablo Escobar, hace ya más de 30 años, la ciudad ha sido el centro de operaciones del narcotráfico en Colombia; no hay mucho que hacer, si las empresas emblemáticas de la ciudad, generadoras de empleo, han desaparecido, como consecuencia de un mercado mundial sin mayores controles.
 
La situación de Medellín, no es grave, es gravísima; las bandas delincuenciales tienen el poder en la ciudad, las gentes atemorizadas no denuncian porque sienten que si  lo hacen, quienes reciben sus denuncias, los delatan ante los delincuentes; no hay confianza y, la verdad, los agentes de policía tienen que ser cómplices o tontos, como dicen algunos, es el alcalde, para no controlar las fechorías; y para completar, el panorama, el atraco callejero ha llegado a niveles tan altos que el pánico parece ser la constante, entre los ciudadanos.
 
Y entonces, ¿será que yo soy otro tonto, como dicen algunos amigos, por defender a Gaviria?, puede que sí; pero puede ser, también, que veo una esperanza en la Medellín cultural que vibra y crece en todos los rincones de la ciudad, gracias al apoyo de la alcaldía; que veo una esperanza en los eventos de talla mundial, que generan posibilidades de empleo a hoteleros y empresas de turismo; que veo una esperanza en el apoyo de Empresas Públicas de Medellín a estudiantes de menores recursos; que veo un canal de televisión, Telemedellín, donde al ciudad se mira, se analiza y muestra otras posibilidades de vida más allá del narcotráfico y la delincuencia; que veo a un alcalde comprometido con el futuro de la ciudad, más allá de la cruda realidad que no apremia, un alcalde que  trabaja por el largo plazo, que construye para el futuro.
 
Que el alcalde debiera hacer algo por mejorar la situación de seguridad, claro que sí; pero, cómo derrotar las organizaciones criminales?,  ¿con una guerra donde mueran miles de civiles?; el poder no lo tienen las autoridades, se comparte,  a la fuerza, con los criminales y entonces la mejor herramienta es educar y la verdad, un acuerdo de paz, con esa delincuencia, para que regresen a la vida civil; claro que, para ello, es necesario primero legalizar el tráfico de drogas ilícitas, fuente de su financiación. 
 
A todas estas, ¿estaremos dispuestos a negociar con las bandas delincuenciales; que dominan a Medellín?, ¿a hacerles concesiones?; no lo creo, ni siquiera somos capaces de hacerlo con una guerrilla disminuida como las Farc.  Vendrán muchos años más de convivencia con la delincuencia y de mandatarios locales con poco que hacer al respecto,  como ha sido la constante desde la década de los ochenta, del siglo pasado.
 
ANTES DEL FIN
Hay formas para que las comunidades salgan de la pobreza, sin acudir a la violencia y al narcotráfico, la Cooperativa Lechera de Antioquia, Colanta,  es una prueba de ello; basta con visitar el norte antioqueño e investigar un poco sobre la realidad de esta región, hace 40 años.