TRES JOVENES DE LA HABANA, LA MACARENA Y ENTRERRIOS: UNA RESPONSABILIDAD.

TRES JOVENES DE LA HABANA, LA MACARENA Y ENTRERRIOS: UNA RESPONSABILIDAD.

Eligio Palacio Roldán

¿Qué tienen en común la mayoría de los jóvenes de estas tres geografías? Su deseo por salir adelante, de superar las limitaciones que les impone el entorno. Veamos:

YELANDRIS – LA HABANA: 28 años. La danza es su pasión. Trabaja por temporadas en los hoteles de Varadero. Este año el trabajo se ha visto disminuido por la merma del turismo en la isla, como consecuencia del endurecimiento del gobierno Trump contra el país: Ya los cruceros no llegan hasta la isla. Su sueño es encontrar la posibilidad de salir de Cuba, piensa que allí no hay futuro. Su alimentación es muy reducida. Normalmente, su dieta está compuesta por tan solo un alimento al día. Consume ron y cigarrillo todos los días. Piensa que en la isla hay muy pocas posibilidades de subsistencia y prácticamente ninguna de mejorar su calidad de vida.

REYMINGTON – LA MACARENA: 23 AÑOS. Su pasión el turismo, por eso desde hace tres años es guía turístico. Sueña con ver transformada su región en el destino preferido de los colombianos y del mundo entero. Respira entusiasmo, aunque su situación no es la mejor: La Macarena comenzó a ser destino turístico desde el 2006, en la medida que se retiraba la guerrilla de las Farc, y aunque hoy recibe entre 12 y 15 mil turistas al año, dadas las características de la organización del turismo comunitario, solo ha podido trabajar, como guía, 23 días en el año. El resto de su tiempo sigue trabajando en proyectos comunitarios que aún no rinden frutos y en algunas otras actividades privadas. Su anhelo, profundizar sus conocimientos en turismo y conocer sitios como Guatapé – Antioquia, otro referente turístico de Colombia para el mundo. Este joven, como todos los de la región, para salir adelante, requiere el apoyo del gobierno y de todos los colombianos.

WEIMAR – ENTRERRÍOS: 28 AÑOS. Su ideal, la justicia. Acaba de ser elegido alcalde de su pueblo y en estos momentos y en el resto de su vida ha respirado un optimismo que le ha permitido superar sus dificultades.  El entorno le ha sido favorable: su municipio tiene una muy buena calidad de vida como consecuencia de los esfuerzos de sus mayores, de la mano de la Cooperativa Lechera de Antioquia Colanta. Se siente orgulloso de lo que es y ha logrado. Ahora enfrenta un gran reto para el que requiere el apoyo del gobierno y de todos los colombianos.

Tres jóvenes, tres historias que conozco este fin de año. ¿Cómo hacer para que las de los jóvenes de Cuba y La Macarena sean igual o mejor que la de Weimar? ¿Cómo hacer para que las historias de nuestros jóvenes de Colombia y el mundo estén llenas realizaciones y sus vidas enmarcadas por la felicidad?

Bueno, aparte de orar como dice mi jefe cada vez que estamos en dificultades, debemos encontrar caminos. El socialismo fracasó como se evidencia en Venezuela y Cuba y el capitalismo hace metástasis. Esta semana, un gran intelectual de Colombia me contaba còmo un grupo de pensadores franceses se están preparando para la caída definitiva de la economía capitalista, volviendo a los principios de subsistencia: al campo. El cooperativismo puede ser la solución como lo fue en el norte antioqueño, de la mano de Jenaro Pérez, o como tratan de hacerle los jóvenes de La Macarena; pero, ¿por qué parece tan difícil un cooperativismo que incluya a todos los colombianos y a todos los ciudadanos del mundo?

Puede leer https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/

Ese cooperativismo tiene un solo nombre: los impuestos. Sin embargo, la cultura del no pago de los mismos es generalizada. Todos queremos un estado omnipotente, lleno de recursos, que no existe.

Los jóvenes como Yelandris, Reymington y Weimar están aquí, dispuestos a tomarse el mundo. Para ello requieren todo nuestro apoyo y un legado diferente al que parece estamos dejándoles: el de la falta de solidaridad, traducida en un egoísmo sin precedentes. Ese egoísmo hace que rechacemos la posibilidad de dar y nos creamos merecedores de todo, incluyendo el dinero de los demás, vía corrupción. Es nuestra responsabilidad.

ANTES DEL FIN

Para el 21 de noviembre se ha convocado a una gran marcha de protesta contra el gobierno. ¿Cuántos de los inconformes cumplen, oportunamente, con sus obligaciones con el estado?

Puede leer ww.asuntoslegales.com.co/actualidad/las-declaraciones-de-renta-hablan-mucho-mas-de-los-candidatos-2731224

Llegó la época más feliz del año: La Navidad. Todo sobre ella en los siguientes link:

CUENTOS DE NAVIDAD https://eligiopalacio.com/cuentos-de-navidad/

NAVIDAD https://eligiopalacio.com/navidad-2/

DESFILE DE SILLETEROS PARA ELITES Y TURISTAS

DESFILE DE SILLETEROS PARA ELITES Y TURISTAS

Eligio Palacio Roldán

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En las tierras pobres y campesinas del norte de Antioquia, de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, antes de que Colanta de la mano de su gerente Jenaro Pérez transformara la zona en una región próspera y promisoria, había una costumbre bien particular: Lo mejorcito de la comida era el huevo que producían las gallinas caseras, cuando llegaba una visita se le daba huevo con arroz y muy constantemente no alcanzaba para el resto de la ralea. Lo importante era atender bien a la visita, mientras que los integrantes de la familia se resignaban a comerse el arroz, sin el huevito.

Puede leer: COLANTA – JENARO PEREZ https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/

Pues bien, la anécdota viene  a cuento porque lo mismo ocurre con el Desfile de Silleteros, en Medellín, que de ser una fiesta del pueblo para el pueblo pasó a ser un espectáculo para las elites y los turistas. Ellos son los que se “comen el huevito” mientras los habitantes de la ciudad se quedan con el arroz, representado en uno que otro espectáculo gratuito.

Recuerdo al alcalde de la ciudad Sergio Fajardo, 2004 y 2007, mostrando como un gran logro para Medellín el ingreso con boletería paga, a palcos, para observar el Desfile de Silleteros: Más ordenado sí, más cómodo para verlo, también, pero inalcanzable para la mayoría de los antioqueños, que se ven obligados a observarlo, con el pecho erguido, frente al televisor.

A modo de ejemplo consideremos una familia de cuatro personas: son $432.000 pesos ($108.000 por persona) para el ingreso, el taxi ida y vuelta $30.000, algo de comer y de tomar $60.000. Es decir, la asistencia al evento de una familia normal tiene un costo superior a $500.000, el 60 por ciento del salario mínimo. En un país, como Colombia, donde ganarse el mínimo ya es un privilegio.

Obvio que la Feria de las Flores requiere financiación, su realización es muy costosa, pero el Desafile de Silleteros, ese que llega a sus 62 ediciones y se ha convertido en ícono de la antioqueñidad debiera ser gratuito. Un punto de encuentro y de unión entre todos, un tributo al trabajo de nuestros campesinos, lo más puro de nuestra esencia.

Financiación por parte del empresariado local, por parte de las empresas con asiento en la ciudad, por parte del sector hotelero y turístico,  cobro de entradas a algunos de los múltiples conciertos que se realizan en la ciudad, entre otras, son iniciativas para volver a hacer del Desfile la fiesta del pueblo antioqueño.

El Desfile de Silleteros es la mejor y más hermosa y pura tradición paisa,  el “huevo” del almuerzo de ayer. Una tristeza que sea para las élites y los turistas, solamente. Una paradoja más del mundo capitalista: el esfuerzo para los pobres, el placer para los ricos. Todo en una misma fiesta de origen campesino.

ANTES DEL FIN

Siempre es y será un placer recorrer los barrios de Medellín que salen adelante a pesar de su historia de pobreza, violencia y muerte.  La Comuna 13 y Santo Domingo Savio son ejemplo de ello.

Recorrer la Medellín de las avenidas jardín, el metro, el tranvía, el metroplus y Parques del Rio, entre otros, reconcilian con la institucionalidad. Es la presencia del Estado en cada rincón de la ciudad. Es la recompensa por el pago de nuestros impuestos. “Ay! que orgulloso me siento de haber nacido en mi patria.”

Hoy hablaba con una prima sobre la situación económica del norte antioqueño antes de Colanta: ¡POBREZA INMENSA!, la de esos tiempos. Gratitud eterna Jenaro Pérez.

LAS COSAS EN EL ESPACIO Y EL TIEMPO

LAS COSAS EN EL ESPACIO Y EL TIEMPO

Eligio Palacio Roldán

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Espacio y tiempo definen la permanencia del ser humano en la tierra. El espacio como el lugar que ocupa y tiempo como la duración de su estadía en el planeta. El tiempo, ese que dicen es oro, es único e intransferible para cada uno de nosotros, es un pequeño lapso en el infinito trascurrir del universo. El espacio es el mismo para cientos, miles, de generaciones; quizás con transformaciones paisajísticas o dimensionales, hacia arriba o debajo de la superficie, pero siempre el mismo. El espacio es ocupado por seres y cosas. El espacio y las cosas que lo habitan son testigos de la permanencia de los seres humanos en la tierra. Es por eso que muchos hablan de espantos y espíritus que se niegan a abandonarlos y, también, que nos apeguemos a ellos como un homenaje a la memoria. A la de los que se fueron, a la nuestra.

En ese orden de ideas, podría pensarse que de ahí emerge el deseo de tener. En los primeros veinte siglos de nuestra historia ese deseo se canalizaba principalmente en la posesión de la tierra. Se luchaba por poseer ese espacio que permitía al ser humano “atarse” al planeta. También a los objetos que contenían esos espacios, en una ambición desmedida que en últimas lo que ocultaba y oculta, aún, es el miedo a desaparecer, a ser efímeros. Ese también debe ser el origen de los cementerios.

Pues bien, algunos más prácticos, inteligentes o sensibles encontraron en el arte y la literatura  una manera digna de permanecer en el mundo de los humanos, más allá del espacio y el tiempo, y a fe que lo lograron.

A finales del siglo XX y comienzos de éste, creo que sin que sus creadores imaginaran siquiera el efecto que tendría sobre la sociedad, apareció la internet y sus formas de “comunicación” entre los humanos: Las redes sociales. Y entrecomillo, comunicación, porque en Facebook, Instagram y las demás aplicaciones hay poco de ello y mucho más de necesidad de ocupar un espacio, virtual, que nos permita la permanencia en la tierra, más allá del espacio y los objetos que nos rodean.

Y es que solo basta con buscar en Google, Facebook e Instagram y allí están los seres de estos tiempos: vivos y casi siempre sonrientes, aunque ya hayan fallecido. Y allí estarán, y allí estaremos, por los siglos de los siglos, “Amén”, superando las barreras del espacio y el tiempo, mucho más allá de la muerte. Si algo grande trajo el internet a la sociedad de este siglo, fue la eternidad. Un privilegio que hasta ahora era solo  para los artistas, escritores o algún bárbaro emperador de tiempos de ayer o de hoy.

Quizás lo más difícil de la vejez o de la enfermedad o de la conciencia de la muerte, es saber que un día habrá que decirle adiós a los espacios amados y a los seres y las cosas que los habitan con nosotros.

Como colofón tenemos una sociedad que se desprende cada vez más del tener y solo se preocupa por el estar. El estar en redes sociales. Y para estar allí hay que mostrar espacios y momentos paradisiacos.

Cuando pasen los años y se analicen los contenidos de las redes sociales, se dirá que la sociedad de comienzos del siglo XXI, fue absolutamente feliz y tal vez esa sea la versión más falsa de nuestra historia.

ANTES DEL FIN

Hace algunos años me propuse tener un pequeño bosque de pino. Hoy le digo adiós. Hay que cambiarlo por uno nuevo pues sus árboles ya cumplieron su ciclo vital. Quiero hacer otro, pero creo no lo veré cuando llegue a su esplendor. Es difícil aceptar que la vida se acabará más temprano que tarde.

Siempre he querido tener la experiencia de encontrarme con un espanto, pero parece no va a ser posible. Estos desparecieron con la llegada de la luz eléctrica a las comunidades campesinas.

Bueno, tal vez se cumpla ese sueño. Si el estado colombiano no protege el sector agropecuario y en especial el lechero, la zona norte de Antioquia, que habito, seguramente volverá al pasado y ni con energía eléctrica se podrá contar. Grave la posibilidad de que la industria láctea de Australia y Nueva Zelanda invada a Colombia, tal como ha venido alertando Colanta  al manifestar la necesidad de excluir el sector de la Alianza del Pacífico.

El Espacio y El Tiempo fueron dos grandes periódicos de Colombia

Puede ver COLANTA – JENARO PEREZ https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/