DESAPARECIDOS

DESAPARECIDOS
Eligio Palacio Roldán
¿Y qué hacemos el resto de colombianos para aliviar el dolor de las familias de los desaparecidos? Muy poco realmente.
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En el transcurso de mi existencia ya contabilizo dos seres muy cercanos que han desaparecido, sumiendo a sus familias en la desesperación y la incertidumbre. El primero, Ramón Angel Villa Palacio, un primo que pasó los últimos años de su vida secuestrado y Juan David Torres Avendaño, hijo de una familia que quiero muchísimo. Muy pocos, dirán algunos de los lectores, pero demasiados, pienso yo, para percibir el desespero, la angustia y el dolor de las familias atormentadas por esta tragedia.

Recuerdo a la esposa y las hijas de Ramón, cada ocho días, todos los miércoles, en el atrio de la iglesia “La Candelaria” en Medellín, pidiendo al cielo la solidaridad de algún transeúnte que les ayudara a hacer algo, para lograr el regreso de su ser querido. También, su desesperanza creciente.

De esta semana, quedará en el recuerdo, la desaparición de Juan David, la unión de su familia, la persistencia en la búsqueda en todos y cada uno de los rincones de la ciudad, la desesperación, las conjeturas, la solidaridad de muchos, la imprudencia de otros y la maldad de unos pocos, con sus bromas pesadas.

Quedarán, también en el recuerdo, las reflexiones sobres las fuentes del dolor humano y la conclusión de que la desaparición de un ser querido es una de las principales, superior incluso al que produce la muerte misma.

Esta última desaparición, de Juan David, con final feliz, gracias a la solidaridad de un ciudadano me hizo aterrizar en la realidad colombiana y en la indiferencia de la mayoría de nosotros, ante este mal que aqueja a nuestra sociedad.

Según informó el diario El Tiempo, esta semana, en una columna de Gonzalo Castellanos, en el primer trimestre de este año en el país se cuentan más de mil desaparecidos y en bolsas plásticas permanecen unos 20.000 cadáveres que nadie reclama. Según el diario El Mundo, de Medellín, los desaparecidos en Colombia suman 75.350 y en Antioquia 9.000, 60% de ellos en Medellín.

Si multiplicamos 75.350 desaparecidos por unas 50 personas entre familiares y amigos que se ven afectados, tenemos 3.767.500 colombianos perturbados por este problema, un 8% de la población.

¿Y qué hacemos el resto de colombianos para aliviar el dolor de las familias de los desaparecidos? Muy poco realmente.

En Medellín, las familias de los desaparecidos exponen su dolor, como un grito silencioso, a través de la Corporación Madres de la Candelaria, en el atrio de la iglesia del mismo nombre, cada ocho días, los miércoles.

La Corporación se fundó en 1998 y pretende recordarle a la sociedad y al Estado que hay centenares de desaparecidos a quienes sus familias no olvidan y a quienes, a pesar del paso del tiempo, aún esperan. Según Mario Calle, uno de sus integrantes, la mayoría de las desapariciones se han dado por el reclutamiento de niños y jóvenes por la guerrilla y por la acción delincuencial de paramilitares y narcotraficantes.

La presencia de los familiares en el Parque Berrío y la exposición de las fotografías de los desaparecidos, desafortunadamente, se han convertido en paisaje y son muy pocos los ciudadanos que le prestan atención.

Tal vez sea la hora de encontrar una nueva dirigencia en el país, que canalice las buenas energías de la sociedad, y que a través de la solidaridad, como la demostrada esta semana en el caso Juan David, nos permita en un día, ojalá no muy lejano, erradicar las desapariciones, uno de los peores flagelos de nuestra época.

ANTES DEL FIN
Esta semana me exhortaron para que diferenciara entre desaparecido y perdido: Según la Real Academia de la Lengua Española, el primero corresponde a lo “dicho de una persona, que se halla en paradero desconocido, sin que se sepa si vive”, y el segundo “Que no tiene o no lleva destino determinado”. Los perdidos, generalmente están poniendo “cachos”, dice una amiga.

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4 comments

  1. casi seguro que todos los desaparecidos de este pais, corresponden a personas que en algun momentos expresaron sus ideas(al publico), o reclamaron sus derechos. La mano negra de la ultraderecha colombiana esta siempre al tanto de estos inermes, los clasifica y envia la lista a su ejercito privado (paras) para q estos se encarguen de enlutar a nuestro pueblo.

  2. Tal vez no te diste cuenta pero cada miercoles tambien estaba su hermana de Ramon, en la candelaria si mi mamá, estaba ahi llorando por un regreso que nunca llego

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