SEXO, PODER, POLÍTICA Y PETRO
Eligio Palacio Roldán
…se engañan a sí mismos creyéndose atractivos y/o buenos amantes, en la misma forma en que lo hizo el expresidente Petro, quien a estas alturas genera más pena que rabia. Pobre bobo.
Era una noche fría de un día de marzo de algún año de la década del ochenta del siglo pasado. Desde las afueras de la casa, en el patio empedrado, los padres daban instrucciones a sus hijas para impresionar al candidato que los visitaba buscando votos, como siempre, en tiempos de elecciones.
En la pequeña sala, el político miraba con morbosidad a cada una de las niñas que, con sonrisa nerviosa, hacían esfuerzos por agradar. Después se conocían los nombres de algunas que habían conseguido trabajo en Medellín. Obvio, las más atractivas físicamente.
Después, en la década de los noventa, con los alcaldes por elección popular, las escenas se hicieron más frecuentes, y también los escándalos de faldas de los burgomaestres. Célebres las historias del uso de los vehículos oficiales.
Desde hace más de cuarenta años —quizás desde siempre— se sabe que la belleza y el sexo abren puertas para las mujeres; ahora, con la apertura mental, también para los hombres y la comunidad LGTBQ+.
Y la historia se repite con profesores, empresarios grandes o pequeños, y con políticos de envergadura local, regional o nacional. Ellos, “ellas o elles” —como tontamente se autodiscriminan ahora, desatendiendo lo dicho por la Real Academia Española— se engañan a sí mismos creyéndose atractivos y/o buenos amantes, en la misma forma en que lo hizo el expresidente Petro, quien a estas alturas genera más pena que rabia. Pobre bobo.
Que las estrategias de profesores, políticos o empresarios para conseguir sexo y quizás amor sean comunes, y que se encuentren con gente bella ávida de poder y dinero también lo sea, no quiere decir que esté bien; en todos los casos se enfrenta un dilema ético, dilema que ha quedado diluido en los tiempos del dinero fácil, de la corrupción y el narcotráfico.
Esa práctica común en la administración pública, práctica corrupta, pasa el examen de los entes de control como si nada. Algunos de los beneficiados con los empleos o los contratos tienen carreras exitosas cumpliendo con dedicación, honradez y empeño, independientemente de su forma de vinculación; otros, como muchos más de carrera administrativa, incluso, son un fraude.
El expresidente Petro y toda la izquierda colombiana viven en el mismo fango que la derecha que tanto critican, y sus posiciones frente a estos hechos son solo de puertas para afuera, porque para adentro su política es «tapen, tapen, tapen». Un solo triste ejemplo: María José Pizarro.
Ingenuo Gustavo Petro, creer que podría hacer lo mismo que todos los políticos sin ser puesto en evidencia. No entendió que tiene muchos y muy poderosos enemigos que ahora juegan con las mismas armas que él usó para derrotar a la derecha.
Los políticos de izquierda y derecha, y todos los colombianos, debiéramos volver a la ética que alguna vez tuvieron muchos de nuestros mayores; pero eso es mucho pedir.
ANTES DEL FIN
Triste, increíble, el doble rasero o la doble moral con que juzgamos a los demás, dependiendo de nuestras propias conveniencias.
«La cátedra de ética es un relleno para profesores y alumnos en su bachillerato», me decía hoy un amigo. Qué se le puede pedir a un miembro de FECODE.
En el colegio y en la universidad de mis años de juventud era recurrente la frase: “No se preocupe por esa materia, usted está sentada en la nota”.
En otro orden de ideas, en el fondo creo que hay un menosprecio de mi parte y de gran cantidad de colombianos por los centroamericanos. De ahí la sorpresa que representó para mí Guatemala: mucho para aprender del país del norte cercano; en especial, de su sincronismo.
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