ELUDIR, ELUDIR HASTA LA VIDA
Eligio Palacio Roldán
Muchos se dan cuenta de que dilapidaron su vida, eludiéndola, tan solo momentos antes de morir.
Decía la conferencista internacional Lourdes Montoya de la Isla, en el Segundo Foro de Ética Empresarial —organizado por el periódico El Colombiano la semana anterior—, que lo primero que debía hacer una empresa cuando cometía un error era reconocerlo; que era mucho peor eludir la responsabilidad ante los hechos, en este caso de corrupción, que aceptarlos y, obviamente, mostrar la voluntad de enmienda.
Eludir es un término muy presente en la administración tributaria, a la par que la evasión; en este caso se refiere al abuso de la norma para pagar menos impuestos. Según la Real Academia Española, eludir es, entre otras cosas: «Evitar con astucia una dificultad o una obligación… no tener en cuenta algo, por inadvertencia o intencionadamente».
«El quid del asunto», como diría un entrañable exjefe de la DIAN en Medellín, está en que eludir es lo que hacen los humanos y las empresas manejadas por ellos frente a los errores y frente a la vida misma. Pasamos días y años tratando de evitar consciente o inconscientemente el quehacer, los problemas, las alegrías o las tristezas por temor al otro —al Gran Otro de que habla el psicoanálisis—, por la ley de la inercia o por la más triste de todas las razones: la falta de ganas de vivir.
Sea cual fuere la razón, resulta paradójico que los humanos desaprovechemos el regalo que es la vida dilapidando el tiempo y aplazando los sueños o los deseos para un mañana que quizás no llegue, porque la existencia es frágil y en cualquier momento llega a su fin o es diezmada por una enfermedad.
El estado más eludido por la gente de mi generación es el de la pensión; hay un temor absoluto a dejar lo que has hecho la mayor parte de tu vida y ese temor te impide, precisamente, desarrollar otros proyectos más enriquecedores ahora que ya no tienes las limitaciones que implica un empleo formal.
Se elude vivir de muchas maneras: trabajando más de la cuenta, existiendo por y para tener dinero, tras el sexo y, en la sociedad actual, con la dependencia a las drogas ilícitas, a las redes sociales o con la llamada dependencia emocional, que te impide evolucionar como humano por estar aferrado a otro —la mayoría de las veces por no enfrentar la soledad—, otro estado normal en la vida de las personas que ofrece bastantes ventajas comparativas.
Se podría decir que, por andar tras fuegos fatuos, el ser humano elude hasta sentir su cuerpo, su respiración y, sobre todo, la conciencia de la importancia de su presencia en la tierra: la vida.
Muchos se dan cuenta de que dilapidaron su vida, eludiéndola, tan solo momentos antes de morir.
De cumpleaños
A raíz de un diplomado —de los más de veinte que he realizado con El Club de la Prensa, con el apoyo del Hotel Dann Carlton y su gerente, el doctor Manuel Molina, y varias universidades de la ciudad de Medellín—, decidí, ad portas de cumplir cincuenta años, no eludir mi deseo de escribir y creé la página https://www.eligiopalacio.com que, al cumplir catorce años, registra 1415 entradas contenidas en 29 páginas, las cuales han recibido más de 877 000 visitas.
Antes del fin
La percepción de buena gestión que adelanta el presidente Abelardo de La Espriella se ve opacada por sus tendencias dictatoriales —quizás necesarias para corregir la ruta errada por donde iba el país en manos del mitómano expresidente Gustavo Petro—, pero dañinas a mediano y largo plazo.
Ya es hora de que los gobernantes locales, Fico Gutiérrez y Andrés Julián Rendón, muestren resultados para Medellín y Antioquia. Se les acabó la disculpa del gobierno Petro.
La radio y la televisión en Colombia se están acabando por la fuerza de las redes sociales y las nuevas tecnologías, y por el descuido de directivos y talentos.
Siempre será grata la llegada de la Navidad: sus colores, olores y diseños; la alegría que representa. Bienvenida. Disfrútela también en eligiopalacio.com/category/navidad.
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