LA ERA DE DE LA ESPRIELLA
Eligio Palacio Roldán
En el recinto, la gente esperaba ansiosamente las palabras del carismático conferencista; el silencio se hizo evidente cuando acercó su boca al micrófono: “Comienza una nueva era, una era de optimismo, de fe en Colombia. No sé si lo han notado, pero en las calles se ve a la gente más feliz… el nuevo presidente cuenta con un gabinete de lujo, que contradice lo que muchos dijeron durante la campaña. Cada uno de los ministros es prenda de garantía, empezando por…”.
La escena no fue de hoy ni de estos días; pudo ser de hace 4, 8, 12, 16 o 20 años, de cualquier comienzo de gobierno en Colombia o en el mundo. Específicamente, se hablaba del de Gustavo Petro unos días después de su posesión, en agosto de 2022.
En esa historia, al comienzo feliz lo fue sucediendo el desconcierto, el silencio y luego, poco a poco, la crítica por las decisiones erradas y la corrupción rampante de cada día, hasta sus últimos días en el poder; todo amparado también por el silencio cómplice de sus seguidores.
Hoy, Colombia también se despierta con el optimismo de un nuevo gobierno y de un gabinete muy bien seleccionado —salvo algunas excepciones—, pero, al igual que hace cuatro años, surgen dudas sobre una posible radicalización del país, esta vez hacia la derecha. Una radicalización que se presiente en la utilización de la religión como herramienta publicitaria y en figuras como la ministra de educación, Viviane Morales: inteligente, preparada y capaz, pero absolutamente radical en sus concepciones religiosas.
Del nuevo presidente se puede afirmar que, hasta el momento y a pesar de sus cuestionamientos éticos del pasado, ha sido coherente entre lo que ha prometido y lo que ha cumplido. Generan optimismo sus buenas relaciones con el sector privado y con la mayoría de los gobiernos de América, en especial con el de Estados Unidos. Preocupa, por otro lado, la disputa que se advierte con el Centro Democrático por la captación de seguidores y la posible injerencia en política para las próximas elecciones regionales, traducida en una ambición de poder al estilo de Uribe y Petro.
Abelardo De la Espriella tiene una responsabilidad muy grande con el país y con su tendencia política, al igual que la tuvo el saliente presidente Petro: tendrá que hacer un muy buen gobierno, con resultados palpables, cuantificables y creíbles. De no lograrlo, Colombia caerá en una izquierda más radical que la actual y, como se sabe, con una concepción de país similar a la de Cuba o Venezuela. La tarea es muy difícil si se tiene en cuenta la precaria situación económica y de seguridad en que recibe al país, sumada a la férrea y sangrienta oposición que sabe hacer la izquierda.
Para bien o para mal, la sociedad ha cambiado, el país se ha transformado, y las redes sociales, la publicidad y el mercadeo hacen parte de la política y del arte de gobernar, tal como quedó demostrado en el actual gobierno. Ahora, desde la campaña política y en sus actuaciones posteriores, es innegable que con De la Espriella esta estrategia se convierte en la punta de lanza de su gobierno y en la consolidación de una nueva era para los gobiernos en Colombia.
Una era que comenzó a gestarse desde hace muchos años con una estrategia impulsada desde la izquierda colombiana a través de Fecode, de algunos medios de comunicación y de líderes de opinión para manipular a la sociedad. Tal como quedó demostrado en el presente gobierno, gran parte de la población prefirió permanecer ajena o hacerse la de la vista gorda ante una corrupción sin precedentes en la historia de Colombia.
Cobra entonces validez la estrategia que se presiente en la derecha, desde el poder, para contrarrestar el discurso de izquierda por medio del Ministerio de Cultura y la llamada “Batalla Cultural por la Nación”.
ANTES DEL FIN
¿Por qué, siendo Álvaro Uribe Vélez el político más importante en la historia de Colombia en el presente siglo, no logró encontrar un sucesor?
Todo parece indicar que, tal como ocurrió con Santos, De la Espriella dará la estocada final a la vida política del expresidente Uribe, olvidando que se aprovechó de su imagen para llegar al poder.
Para terminar, y hablando de la evolución de la sociedad colombiana, surge una inquietud: ¿no hay tal evolución y esta sigue siendo racista y por eso no tiene acogida la novela de Caracol María la Caprichosa?
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