TRABAJAR, RENEGAR O DISFRUTAR

TRABAJAR, RENEGAR O DISFRUTAR

Eligio Palacio Roldán

Hace unas dos semanas me decía un pescador, en la playa de Camarones, en la Guajira, que, a sus 50 años, no tenía ningún sueño por cumplir, se sentía realizado con lo que Dios o la vida le habían prodigado: su familia, su alimento, su salud. Eso sí, le hacía falta el agua potable en su casa y en su región que había sido objeto de promesas y corrupción por uno u otro gobierno y que solo se administraba vía carrotanques.

La máxima ‘No es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita’ es válida para este pescador, pero cada vez es menos aplicable en la sociedad actual. Estamos ante un entorno permeado por la publicidad, el consumo y, particularmente en Colombia, por la cultura del dinero fácil.

Ante la riqueza, al humano se le presentan tres posibilidades: disfrutar lo que se tiene, sin mayores ambiciones, trabajar para conseguirla o renegar. La escogencia de una de ellas marca una tendencia política clara; es así como, en Colombia y, podría decirse que, en el mundo, se percibe una tendencia donde los sectores de derecha priorizan la gestión económica, mientras que los de izquierda suelen enfocar su discurso en la reivindicación social y la protesta

Toda esta reflexión viene a cuento por el pescador, el presidente en ejercicio, Gustavo Petro, y el presidente electo, Abelardo de la Espriella. Es evidente que mientras Petro reniega, protesta e induce al resentimiento colectivo, De la Espriella, trabaja animadamente por hacer un buen gobierno.

El ejemplo de los gobiernos entrante y saliente se ve reflejado en la realidad diaria de las empresas: mientras hay gente dedicada, enamorada de su trabajo, hay otra cuyo propósito es protestar o renegar por todo, en especial por el dinero que se gana, independiente de si es poco o es mucho. La primera tendencia hace que todo fluya y salga adelante, la segunda, se convierte en un impedimento para el progreso individual y de la empresa.

La idea de renegar, de protestar, de pedir y exigir, en vez de dar, alimentada desde un sector de la clase política, que solo pide asistencialismo, por parte del estado, ralentiza la economía y el progreso de una sociedad que se traduce, necesariamente, en pobreza.

Más allá de si Abelardo De la Espriella hace o no un buen gobierno, sería un gran avance para Colombia cambiar la mentalidad de los ciudadanos, como de hecho se está tratando de hacer con el eslogan “La patria milagro”, una nueva forma de vivir más allá del resentimiento alimentado por el gobierno saliente.

Una mirada a la actualidad en Colombia esta semana, se resume en un Twitter que produje en estos días: “@AbelardoPTE gobernando, @petrogustavo renegando.

ANTES DEL FIN

Un excelente gabinete está armando el presidente De la Espriella. Hay esperanzas.

¿Por qué la oposición no le dará un compás de espera al nuevo gobierno antes de oponerse a todo y por todo?

Triste la eliminación de Colombia en el mundial de fútbol. Se vale soñar, pero hay que aterrizar en la realidad. Somos buenos, pero no tanto.

¿Por qué la televisión colombiana, en relación con los dramatizados, cedió ante las plataformas si las repeticiones de novelas icónicas y las turcas tienen tanta acogida?

Y desde el próximo siete de agosto tendrá el mayor sentido decir que “desde agosto se siente que viene diciembre”.

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