LA CAMA FRÍA

LA CAMA FRÍA

Eligio Palacio Roldán

La penumbra invadía la habitación, donde se advertía una inmensa cama, mucho más grande de lo normal para la época, una silla y un espejo sobre la peinadora que fue testigo del paso del tiempo de las tres mujeres que yacían, inermes, sobre el edredón, tejido en cientos de horas de cuentos, consejas e historias.

A través del velo de la cortina, de la ventana de madera roja entreabierta, se advertía un atardecer grisáceo. Pronto se sintieron caer algunas gotas de lluvia.

El hombre dudó al entrar, un halo de melancolía se reflejaba en su rostro. Su vestimenta hablaba de un ayer de lujos y privilegios.

Cerró la puerta tras de sí.

Caminó lento, muy lento, con la mirada perdida, hasta llegar a la cama, donde poco a poco fue tomando su lugar, el cuarto lugar.

La cama estaba fría, inmensamente fría.

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