LA RESACA DE LAS ELECCIONES
Eligio Palacio Roldán
El nuevo gobierno debiera invertir en salud mental como prioridad. Ese sería un golpe a la izquierda.
Las pasadas elecciones presidenciales ya son historia; una historia de una disputa con escasos precedentes en Colombia —la de Samper y Pastrana en 1994 fue la más reciente, y de ella han pasado más de 30 años—.
Ganó Abelardo De la Espriella más por miedo a la izquierda retrógrada de Petro y Cepeda que por carisma, aunque obviamente lo tiene. Como ya se ha vuelto costumbre, corrieron ríos de dinero a favor de uno u otro candidato y la fuerza dañina de las organizaciones al margen de la ley influyó en los resultados, también como siempre, aunque esta vez le apostaron al candidato perdedor.
Las elecciones serán icónicas en un sentido negativo, dada la participación descarada y sin precedentes del Ejecutivo en ellas, a través de burocracia y contratos de todo tipo. Aunque eso explica en parte los buenos resultados de Cepeda, es evidente el ascenso de la izquierda: una izquierda radical, alimentada casi por completo por el resentimiento, que aprovecha las frustraciones personales para nutrirse y que generó ídolos como Petro, solo comparables con Álvaro Uribe para la derecha. Los seguidores de ambos personajes son sectarios, energúmenos, feroces y violentos. No admiten razones, no piensan.
Abelardo De la Espriella tiene un reto complejo: demostrar que para el ciudadano común y corriente es mejor un gobierno democrático de derecha que uno radical de izquierda. Va a ser muy difícil. Tiene a su favor a una empresa privada que lo apoya y que puede generar recursos y fuentes de trabajo para dinamizar la economía.
El nuevo gobierno tiene en su contra a unas entidades en manos de la izquierda, porque el presidente Petro logró permearlas a través de concursos con resultados discutibles; a unas minorías étnicas y sexuales empoderadas mediante dádivas de todo tipo, que poco a poco se han convertido en tiranías; y el tener que trabajar con una clase política corrupta que no va a cambiar y que aprovechará la más mínima oportunidad para apoderarse de los recursos del erario. Capítulo aparte será la relación con la delincuencia que se apoderó del país con la aquiescencia del actual gobierno.
El destino de Petro y Cepeda estará atado al desempeño del gobierno, y es ahí donde la derecha tiene un deber, una obligación: «cambiar las formas de hacer política», tarea bien difícil.
En los próximos meses, la tensión política cederá porque los corruptos de siempre se deslizarán hacia el Ejecutivo —así sean de izquierda— para seguir gozando de prebendas y continuar con sus carruseles de corrupción.
Petro continuará la línea de Álvaro Uribe y, de triunfar el gobierno De la Espriella, se convertirá en un personaje cansón al que solo seguirán sus áulicos. Hablando de Uribe, a pesar de su liderazgo, le llegó el ocaso definitivo.
ANTES DEL FIN
Qué bueno ver gente capaz, de nuevo, en el gobierno.
La geografía y la historia se debieran aprender paseando por el país y el mundo.
Dramática la situación de las basuras en La Guajira y el abuso de los políticos: hospitales convertidos en elefantes blancos por falta de dotación y de vías de acceso; escasez de agua y ausencia de acueductos; vías inexistentes.
Impresiona la transformación de Barranquilla en una ciudad de cara al futuro. Agradecimiento y reconocimiento a los Char que no se tradujeron en votos para Abelardo De la Espriella.
Le ganó Barranquilla a Medellín con su malecón. No deja de ser nostálgico ver que Parques del Río no siguió evolucionando como se pretendía.
El nuevo gobierno debiera invertir en salud mental como prioridad. Ese sería un golpe a la izquierda, izquierda que se retroalimenta vía rebeldía, protesta y resentimiento, como lo he dicho antes. Para la muestra, esta imagen que rota por las redes sociales, sostenida por militantes de esa corriente política:

«Yo
Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así
Porque nadie me ha tratado con amor
Porque nadie me ha querido nunca oír«
!QUÉ ENFERMOS ESTAMOS!
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