LA ARTIMAÑA DE MENTIR Y LA CANDIDEZ DE CREER

LA ARTIMAÑA DE MENTIR Y LA CANDIDEZ DE CREER

Eligio Palacio Roldán

La mentira es la madre de la trampa, la candidez la forma en que se cae en ella

Pensando como titular esta columna no encontraba como calificar esa mala costumbre de los humanos de mentir. Pensé en “el arte de mentir” o en “el oficio de mentir”, pero me parecía degradante unir palabras tan hermosas y dicientes con otra tan burda, finalmente opté por artimaña.

Así sea burdo mentir es más común de lo que se quisiera. La Real Academia de la Lengua define esta palabra como “Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Sería posible para un humano no mentir, entonces ¿por qué lo concibe? Lo más fácil de decir es que lo hace por miedo, miedo al rechazo, de ahí los solapados, pero generalmente se hace por obtener réditos sentimentales, económicos, sociales o políticos.

Son tales los efectos de mentir que incluso los seres humanos se mienten así mismos para tener tranquilidad de conciencia, para creer que se actúa bien, aunque en el fondo del alma, el espíritu o el intelecto se sepa que no es así, se miente, incluso, para encontrar un sentido a la existencia, una razón de ser y de estar, de vivir.

La mentira más clásica con respecto a uno mismo es la hipocondría, esa preocupación constante por la salud que en últimas se traduce en un llamado de atención para sí mismo y para los demás. En el mismo ámbito la falsa preocupación por la salud del otro que se traduce en morbo o regodeo.

Se podría hablar, además, de una especie de hipocondría sicológica que se manifiesta en expresiones como: “es que yo soy muy de malas”, “no tuve oportunidades en la vida”, “eso es para ricos”, “es que para usted fue muy fácil”.

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Mentir es, también, una verdad a medias. Callar o decir solo una parte de los hechos genera tal vez mayores dificultades que mentir, ese decir algo de verdad genera mayor credibilidad a la mentira.

Pero la mentira cae en suelo abonado ante de candidez de las gentes que no quieren hacer mayor esfuerzo para informarse, para formarse, para entender incluso su propia realidad. Pareciera mejor levitar, dejarse llevar, no hacer ningún esfuerzo por encontrarse a sí mismo y dilucidar la verdad de su entorno. No asumir la responsabilidad de la propia existencia y de construir sociedad.

En lo negocios se usa a diario la artimaña de mentir, se venden productos por el precio que no es, con la calidad que no es, con la utilidad que no tiene. No son características de las ventas del culebrero, lo son también de la publicidad y el mercadeo. Las verdades a medias están presentes en la mayoría de las ofertas de bienes y servicios y qué decir de los juegos de suerte y azar.

En la política se usa la artimaña de mentir generando falsas promesas o culpando a los otros de las propias desgracias, considerando que son su causa, estrategia de gran utilidad, por ejemplo, para la izquierda que le ha permitido llegar al poder en gran parte del mundo y, obviamente, en Colombia. De ahí frases como «No hay que devolverle el poder a la oligarquía colombiana… si eso sucede, no podrán ser implementados los programas para el pueblo» o «Ricos de Colombia viven deliciosísimo y de gorra”.

La clase política ha engañado y sigue engañando a sus cándidos seguidores, a tal punto que esas mentiras se han convertido en verdaderos clásicos de nuestra historia, como el “Todo fue a mis espaldas” de Ernesto Samper o el “Yo no lo crie” de Petro.

La mentira es la madre de la trampa, la candidez la forma en que se cae en ella.

ANTES DEL FIN

En las próximas elecciones no sea cándido, no crea en las mentiras de los políticos, no caiga en las trampas que nos están llevando a ser la nueva Venezuela de Latinoamérica. No se deje llevar por el oropel.

Pensando esta columna llega a mi mente un cuento de la literatura de mi infancia. “Cándido Buena Suerte”. A Cándido lo sorprendía uno que otro negocio, siempre el último peor que el anterior hasta que un golpe de suerte lo llevó a conseguir fortuna. Lastimosamente es solo un cuento, la realidad es más dura.

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