CRÓNICAS DE UN JUBILADO – EL ÚLTIMO ADIÓS

CRÓNICAS DE UN JUBILADO – EL ÚLTIMO ADIÓS

Eligio Palacio Roldán

Y llegó el día, el esperado día, de poner fin a mi historia laboral y el cambio a la calidad de jubilado. Fue el viernes 28 de marzo de 2025. Llegué más temprano que de costumbre frustrando, un poco, la decoración de la oficina que hicieron mis compañeros con un cariño gratificante dada su juventud y el poco tiempo que estuvieron a mi lado.

En el día, el desfile de compañeros de vieja data marcando la despedida, algunas ausencias inesperadas se sintieron, el almuerzo con las amigas de más de treinta años, del harem, y el último adiós.

Todo comenzó con la llegada de Víctor Serrano, mi exjefe, gran amigo y una de las personas más íntegras e inteligentes que he conocido. La charla fue transcurriendo en medio de recuerdos y buenos deseos para el futuro, hasta que llegó el momento definitivo en el que me acompañó hasta la salida, dándome soporte emocional y sacándome sonrisas hasta el último instante con sus ocurrencias.

Afuera los compañeros esperándome para un homenaje final, adentro uno u otro adiós en un desfile de imágenes de ayer y de hoy cual serie de cine, todas y una a la vez, mirando sin ver, dejando en el recuerdo las miradas de quien ve pasar unas honras fúnebres. La siempre sonriente y amable funcionaria de la portería y el paso hacia afuera en brazos del personal de vigilancia y de Hugo, mi jefe, que trataban de ayudarme a controlar mis emociones y la inminente llegada de las lágrimas.

Entonces llegó el momento de ver, comprender y concluir que la historia había llegado a su fin y que esa puerta que había cruzado ya no estaría abierta para mí, de la misma forma que en los 35 años anteriores, que ese espacio y los seres que lo han contenido entran a la galería de los recuerdos que se harán cada vez más borrosos.

Después una tarde feliz con los integrantes de la División de Servicio al Ciudadano Aduanero, que expresaban cariño a cada instante, una contribuyente atendida alguna vez que apareció en escena para expresar su agradecimiento, algunos tragos y cansancio, mucho cansancio, tal como si hubiese trabajado arduamente, más que ningún otro día.

ANTES DEL FIN

Jubilarme, también, significa el regreso a vivir a mi pueblo natal, Entrerríos, en el norte de Antioquia, después de 43 años en la ciudad, una experiencia interesante dados los cambios físicos y culturales de la región, de sus pobladores y del ser humano que enfrenta una nueva vida.

Hasta ahora lo más significativo de la jubilación es el cambio de ritmo, lento, cada vez más lento.

Esto decía de mi posibilidad de pensioanrme, hace cinco años, en los tiempos del coronavirus: Regresar al campo, para mí, es regresar a un pasado casi olvidado o llegar a un futuro cercano: La jubilación. Jubilación que parece ser lo único precoz de mi existencia porque a casi todo he llegado tarde. En estos días vivo como, pienso, lo haré cuando llegue ese tiempo, si es que llega.” (https://eligiopalacio.com/2020/03/27/en-los-tiempos-del-coronavirus-iii/)

 Vale recordar otra vez, si otra vez. A Ítalo Calvino “Isadora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isadora llega a avanzada edad. En la plaza está la  pequeña pared de los viejos que miran pasar la juventud; el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos son ya recuerdos.”

Puede leer>

LOS SUEÑOS DESPUÉS DEL TIEMPO https://eligiopalacio.com/2017/07/26/los-suenos-despues-del-tiempo/

LA JUBILACIÓN – EL TIEMPO DE LOS SUEÑOS APLAZADOS https://eligiopalacio.com/2017/02/15/la-jubilacion-el-tiempo-de-los-suenos-aplazados/

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