UNA HISTORIA DE 34 AÑOS EN LA DIAN
Eligio Palacio Roldán
Cuando se escuchan las historias de los demás son más las coincidencias que las diferencias con las propias.

Los seres humanos mantenemos palabras pendientes, guardadas en la memoria, por timidez, por no ofender al otro o simplemente esperando la situación propicia para hacerlas visibles o audibles. Las que trato de expresar hoy las tengo en el pensamiento para una ocasión próxima, que espero se dé, y que cuando llegue quizás no exista motivación para plasmarlas.
Un cumpleaños es el instante para agradecer a la vida, al universo o a Dios, por estar aquí disfrutando de los espacios, los seres y el tiempo que enmarcan nuestro transcurrir. Treinta y cuatro años en una entidad, en un mismo escenario, puede ser un desperdicio existiendo tantos otros espacios y tantos otros seres para conocer, para disfrutar. También, un privilegio en un país de pocas oportunidades.
De mis treinta y cuatro años, en la Dian, ocho estuve en el Despacho del director como Comunicador de la entidad y cerca de veintiséis en el área de auditoría y ahora, en el ocaso de mi vida laboral, por decisiones ajenas a mi voluntad, saboreo el placer de servir directamente a la comunidad en la Dirección Seccional de Aduanas de Medellín, algo impredecible en mi historia laboral.
Y como es hora de agradecer a todos los seres que me han acompañado en este tiempo hay que seleccionar a los más importantes. De los compañeros, dos hombres y tres mujeres: Fernando López en los tiempos de la inexperiencia laboral y personal quien guiara mis primeros pasos por fuera de la academia, a Margarita Salazar a la que le debo lo que aprendí de impuestos, a Jaison Javier Estrada que aportó más que los demás en mi vida personal, a Claudia Sánchez mi soporte por más de quince años como jefe y a Emilse Henao por su legado de calidad en el trabajo. Obviamente a todos los demás que en mayor o menor grado generaron aprendizajes diarios, A los muchos y muy queridos, afortunadamente, con quienes logré construir una relación de amistad, así fuese temporal. Bueno todo es temporal en la tierra, hasta la vida misma.
A mis jefes: Luz Amparo Gil (Q.E.P.D.) quien siempre fue buena conmigo y que a pesar de sus frecuentes ataques de histeria me brindó la oportunidad de ser periodista, Carlos Andrés Pineda el más cariñoso de todos, Luz Marina Ramírez que me propuso la deliciosa experiencia de ser jefe, Hilda Cristina y su dulce sonrisa, Carlos José Rodríguez con su capacidad de dilucidar los hechos, el doctor Germán con su sabiduría infinita, Jorge Montoya por su confianza, Javier Lisardo Montoya y su calma a toda prueba, Gloria García y sus búsquedas interiores, Diana Lorena Ríos con su inteligencia, sagacidad y lealtad a toda prueba, Víctor Serrano realmente un amigo. En esta última etapa Hugo Vélez y Betty Cecilia Castillo, por su inmensa comprensión y apoyo.
También a los demás compañeros y jefes que pasaron con más pena que gloria, porque ellos también hacen parte de la vida, incluso a los que conmigo les afloró el lado oscuro del alma como diría mi amigo Víctor.
ANTES DEL FIN
En las instituciones, en las empresas, como en la vida, te encuentras todo tipo de personas. Cada una aporta, así no parezca.
Y de los que aportaron muchísimo me hacen reclamos a esta hora, 9:30 AM. No había espacio acá para todos, si lo hay en el corazón.
Por allá en 1991 estaba muy aburrido trabajando en la entonces Administración de Impuestos, entonces pensé en la posibilidad de concursar para Aduanas con quien más tarde nos fusionaríamos. Las paradojas de la existencia: el deseo se hizo realidad, ahora termino mi vida laboral en Aduanas.
Poco a poco desaparecen las celebraciones tradicionales, la Navidad es de las pocas que permanecen. Felicitaciones a las administraciones municipales, como la de Medellín, que están recobrando los símbolos de los alumbrados venidos a menos en la administración de Daniel Quintero.
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