VOLAR

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VOLAR

Eligio Palacio Roldán

Las primeras imágenes que recordaba de su existencia eran la de los pájaros surcando el cielo, camino a los frondosos árboles cercanos. Luego, cuando vio los aviones cruzar un firmamento lejano, indagó a su madre.

  • Allí viaja mucha gente, hacia lugares lejanos. Le dijo.

Años después se estremeció leyendo la historia de Ícaro.

Literalmente su sueño siempre fue volar. En el día se pasaba contemplando espejismos, en las noches, sus más dulces visiones lo mostraban volando bajo un cielo azul y sobre un verde intenso.

Los niños sentían miedo al mirarlo. Su delgada y espigada figura, siempre vestida de negro, los estremecía. Los mayores nunca entendieron el porqué de sus obsesiones.  Con los años, su nariz fue creciendo semejando, a la distancia, un pico de águila.

Las nubes negras de ese día presagiaban lluvia. El viento arrastraba ramas y hojas y a los mismos árboles. El hombre subió a la pequeña colina de sus sueños, con su amplio abrigo abierto y su bufanda suelta y sobrepuesta.

Y se cumplió su sueño: sus pies se fueron alejando del piso y su abrigo se extendía por el aire cual alas rotas. Fueron unos minutos inmensos, pletóricos de felicidad. Su vida había valido la pena.

Un relámpago ilumino el cielo. Algunos dicen que se le alcanzó a ver una sonrisa.

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