Etiqueta: Otra dimensión

EL VIAJE

EL VIAJE

Eligio Palacio Roldán

Las gentes corrían por las calles tratando de abordar algún vehículo que los llevara al encuentro con el hombre. Él se negaba hacerlo, primero, porque no había caído a los pies del personaje como casi todos los habitantes de la región y, segundo, porque allí quedaría ella, en el balcón, siguiéndolo con su triste mirada hasta perderlo en la distancia.

Pero no fue así. El extraño vehículo lo deslumbró: Era una especie de tráiler con compartimientos individuales y sillas en forma de hamaca. Estaba en la próxima esquina y había un puesto para él.

Como pudo llegó a su casa sin saber que vestuario llevar, no sabía a donde iba. Quizás iría a un sitio de clima cálido y sin embargo tomó un abrigo. Era otro frío el que trataba de menguar. Salió corriendo. Allí quedó ella: triste, preocupada, ansiosa esperando su regreso.

Las gentes se arremolinaban al pie del vehículo. Como pudo, con mucha dificultad, prácticamente arrastrado por sus compañeros de viaje, ascendió hasta su sitio. Desde lo alto, con el temblor propio de una hamaca meciéndose por el movimiento de un vehículo y de su mismo temor, divisó su pueblo.

Unas grandes y sucias piscinas de un parque acuático y unas altas edificaciones, que no conocía, lo deslumbraron. Ese no era su pueblo, se encontraba sobre una ciudad extraña.  El suyo, aquel pequeño y bucólico lugar, que la contenía a ella, solo existía en sus recuerdos o quizás en su imaginación.

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LOS SUEÑOS

LOS SUEÑOS

Eligio Palacio Roldán

“No despiertes si vives soñando y en tu mente hay torrentes de sol;
si en tus sueños se encienden suspiros que te cercan y acallan tu voz.”
Francisco Canaro

Te pasas la vida luchando por un ideal. A veces lo logras alcanzar, otra veces no. Y, de pronto, en un cerrar de ojos, en un pequeño sueño todo se cumple y eres feliz. Luego un despertar agridulce: satisfecho por haber logrado el objetivo y triste al saber que no es real y que la vida continúa en el cotidiano devenir de la existencia.

Algunos pretenden semejar la muerte con el dormir. Sin embargo, en el sueño, a pesar del estado de reposo, hay mucha vida. Incluso mucha más que en estado de vigilia. Tus órganos funcionan, respiras, te mueves. Sientes. De la mano de los sueños, el dormir se convierte entonces en otra vida sin tiempo. Allí descubres hechos pasados, presentes y futuros, hechos fantásticos, tal vez imposibles, en el diario trasegar. Ves y hablas con seres ya fallecidos, con hombres y mujeres inexistentes; descubres paisajes no conocidos, tal vez irreales; vives historias extraordinarias, puedes volar. Es una vida sin límites y sin limitaciones. El cielo o el infierno de manera virtual. Realmente estás en otra dimensión.

Puede leer HISTORIAS EN OTRA DIMENSIÓN https://eligiopalacio.com/en-otra-dimension/

Define la Real Academia de la Lengua la palabra soñar, en su primera acepción, como “Representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme” y en la segunda “Discurrir fantásticamente y dar por cierto y seguro lo que no lo es”. Los dos significados toman como elemento principal la fantasía, lo no real. Sin embargo, como se ha expresado en diversas columnas, de este autor, qué es real y qué no lo es, si se tiene en cuenta la relación única de cada ser humano con su entorno, relación enmarcada por los desarrollos físicos, psíquicos e intelectuales de cada individuo.

La avidez por descubrir que hay de verdad o que significan los sueños, para el futuro, ha hecho que proliferen los intérpretes de los mismos, en todas las épocas y los lugares de la historia del hombre. Además, son cientos de escritos donde se  pretende interpretarlos, de los cuales quizás el más reconocido sea “La Interpretación de los Sueños” de Sigmund Freud.

Uno de los descubrimientos más importantes de Freud es que las emociones enterradas en la superficie subconsciente suben a la superficie consciente durante los sueños, y que recordar fragmentos de los sueños pueden ayudar a destapar las emociones y los recuerdos enterrados.” (http://www.thesecretlaeditorial.com/la-teoria-de-sigmund-freud-sobre-la-interpretacion-de-los-suenos/)

Y eso son los sueños: el destape de emociones contenidas, de frustraciones. La realización de ilusiones o proyectos que es imposible llevar a cabo en la vida consiente. También la cristalización de la maldad, oculta en la esencia de cada ser humano, de temores, dudas y de los conflictos internos. La vía de escape de la convulsionada vida interna.

Pero no solo sueña la gente dormida, también lo hace la despierta que trata de engañar a su intelecto haciendo más amable su existencia. Por ello la canción de Canaro invita a no despertar: “No despiertes si vives soñando y en tu mente hay torrentes de sol”. A no despertar invita también el capitalismo con la sociedad de consumo, las religiones con sus creencias, la política y el fútbol con sus pasiones.

ANTES DEL FIN

Soñar es el eje central de la realidad virtual en la que se fundan las artes y los espectáculos de la realidad virtual, como los de los parques de diversión. (Ver ¿CUAL SERÁ LA REALIDAD? https://eligiopalacio.com/2016/01/21/cual-sera-la-realidad/)

No hay telenovela donde alguno de sus personajes no tenga un sueño premonitorio. Es la fascinación por lo desconocido.

Parece que va llegando a su fin el reinado de Caracol Televisión: “El Man es Germán”

Insólito escuchar a los periodistas pidiéndole al presidente Duque que reparta burocracia y mermelada a cambo de gobernalidad. Lógico, en consecuencia, que los ciudadanos pidan lo mismo.

Una Colombia sin corruptos y en paz: Solo en sueños.

VOLAR

VOLAR

Eligio Palacio Roldán

Las primeras imágenes que recordaba de su existencia eran la de los pájaros surcando el cielo, camino a los frondosos árboles cercanos. Luego, cuando vio los aviones cruzar un firmamento lejano, indagó a su madre.

  • Allí viaja mucha gente, hacia lugares lejanos. Le dijo.

Años después se estremeció leyendo la historia de Ícaro.

Literalmente su sueño siempre fue volar. En el día se pasaba contemplando espejismos, en las noches, sus más dulces visiones lo mostraban volando bajo un cielo azul y sobre un verde intenso.

Los niños sentían miedo al mirarlo. Su delgada y espigada figura, siempre vestida de negro, los estremecía. Los mayores nunca entendieron el porqué de sus obsesiones.  Con los años, su nariz fue creciendo semejando, a la distancia, un pico de águila.

Las nubes negras de ese día presagiaban lluvia. El viento arrastraba ramas y hojas y a los mismos árboles. El hombre subió a la pequeña colina de sus sueños, con su amplio abrigo abierto y su bufanda suelta y sobrepuesta.

Y se cumplió su sueño: sus pies se fueron alejando del piso y su abrigo se extendía por el aire cual alas rotas. Fueron unos minutos inmensos, pletóricos de felicidad. Su vida había valido la pena.

Un relámpago ilumino el cielo. Algunos dicen que se le alcanzó a ver una sonrisa.

RETRATO HABLADO

RETRATO HABLADO

Eligio Palacio Roldán

Cuando vio el retrato hablado, fijado en las paredes empañetadas de las casas del pueblo, le pareció conocido, no obstante representara, solo, la parte posterior del asesino. Le impactó la curvatura de las extremidades inferiores. Observándolo con detenimiento lo descubrió: eran sus propias piernas, su propio cuerpo.

Se sintió descubierto. Un vacío en el estómago le permitió comprender que era imposible borrar sus recuerdos, que estos volvían una y otra vez como entre sueños: Incompletos. Desesperado trató de reconstruirlos. Él había asesinado la mujer y aunque hizo todo lo posible por ocultar las evidencias del crimen, ese retrato lo describía perfectamente. Eso quería decir que alguien conocía su  secreto. Es más, no solo alguien, también las autoridades y si las autoridades lo sabían, en pocas horas sería detenido y, con ello, su posición social y económica, construida a pulso, se vendría abajo.

Infructuosamente trataba de ocultar su contextura física, la curvatura de sus piernas. Hizo ejercicios, frente al espejo, para caminar diferente. Cuando recorría las calles se sentía observado, se sentía perseguido y  ante los susurros de las gentes se detenía, respiraba profundo y, con angustia, esperaba un señalamiento, un dedo acusador.

Y lo que más desasosiego le generaba era su imposibilidad para reconstruir la historia: sabía del crimen pero no las circunstancias de tiempo, modo y lugar. Ni siquiera los motivos para asesinarla.

Al atardecer se le veía caminar los parajes de su historia. Con su mirada obsesiva recorría cada espacio, mientras movía la cabeza como si sus ojos pudiesen tocar y reemplazar sus manos. Trataba de encontrar el sitio donde había enterrado la mujer.

LA FIESTA

LA FIESTA

Eligio Palacio Roldán

Desde lejos se veían las luces que iluminaban la oscura noche. También se escuchaba el murmullo y las risas de las gentes que ahogaban la música brillante del saxofón.  En el amplio restaurante de dos pisos, que simulaba una embarcación, los cientos de invitados se reunían en grupos que charlaban animadamente, censuraban y criticaban a sus semejantes cercanos.

Después las voces se hicieron gritos tratando de esquivar el ruido ensordecedor de la orquesta. Muchos renunciaron a la posibilidad de hablar y se comunicaron con las miradas y los roces de los cuerpos al bailar.  Las calles estaban solas y oscuras. Desde el aire, pareciera que el restaurante fuese realmente una embarcación en altamar.

En el costado norte, en la posible proa, un hombre de pie cargaba una mujer. Alguien pensó era una escena de amor; pero no, allí había un verdadero drama: La mujer se había desmayado, el hombre trató de darle respiración artificial pero la sintió fría, muy fría. Fue entonces que la tomó en sus brazos, la elevó al cielo y trato de pedir ayuda, de gritar, pero su voz se quedó en una mueca muda de dolor.

UNA VISITA DESDE EL MÁS ALLA

UNA VISITA DESDE EL MÁS ALLA

Eligio Palacio Roldán

IGLESIA

Se sintió extraño en ese lugar, el lugar más común de su existencia  y de los habitantes de la región: el atrio de la iglesia. Percibió un paisaje muy diferente a aquel de todos los días. Quizás sean las brumas de la noche, pensó.

Un monje, vestido de riguroso negro, desde los pies hasta la cabeza cubierta,  repartía escapularios de un tamaño muy superior al normal para estos distintivos religiosos. Algunos niños lo rodeaban. Los adultos lo miraban perturbados.

Se le acercó en silencio. El corazón le latía aceleradamente. Respiró profundo y la miró a los ojos. El monje era una mujer de ayer. A través de la capucha se distinguía el hermoso cabello caoba de sus mejores años, su rostro conservada los duros rasgos de sus tiempos de tormenta, pero la mirada, la mirada brillante de otros días, estaba ausente, perdida en la distancia.

La miró intensamente y ella no respondió como antes. Su piel, aunque tersa, parecía pálida, quizás amarilla.

La mujer le entregó un escapulario. El sintió el rose de sus manos heladas.

Observó las estampas, en ellas aparecía la imagen de Hugo Chávez.

Alzó la mirada. La mujer había desaparecido.

No era posible que fuese ella. No tendría en sus manos una imagen del caudillo venezolano. Era una mujer de ultraderecha

BAJO LA LLUVIA

BAJO LA LLUVIA

Eligio Palacio

 

En medio de la noche, el hombre se abría paso entre la neblina y la pertinaz lluvia. Llevaba en sus brazos una mujer. La cubría con una liviana manta y pareciera arrullarla, como se arrullan los niños pequeños.

La mujer se quejaba presintiendo la proximidad de la muerte. Al hombre le rodaban lágrimas por sus mejillas. Recorrían los espacios del recuerdo.

Al comienzo los pasos del hombre se aminoraban por el peso de la mujer. Con el paso de los minutos, el caminar se hizo normal e incluso, se diría, presuroso.

Alguien dijo que acompañaba a la mujer a deshacer sus pasos, pasos que hacía muchos años no podía dar.

A medida que pasaba el tiempo, la mujer iba disminuyendo su tamaño. Sus quejidos se iban apagando.

Un relámpago iluminó la escena y se vio al hombre cargar una muñeca vieja y desecha.