EL PRIMER ESPOSO DE LA REINA

EL PRIMER ESPOSO DE LA REINA
Eligio Palacio Roldán

Sus grandes ojos claros, poblados de negras y crespas pestañas se cruzaron, esa tarde, también de abril, con los grises, a veces negros, de La Reina. Fueron ellos los que lo enamoraron, le traían a la memoria un placer y una vergüenza.

De niño, la mayor parte de su tiempo lo distribuía entre el cuidado de los cerdos y la escuela. Su madre lo miraba todas las tardes, algo enfadada, cuando tiraba su valija a un lado y corría, casi sin ingerir alimentos, hacia las porquerizas. Allí pasaba largos momentos.

Alguna vez dijo, al hablar del amor por los animales, que amaba tanto los porcinos que, incluso, en alguna ocasión, los había besado. Desde entonces, despertó curiosidad, cuchicheos y burlas.

La Reina lo sintió nervioso, vacilante. Lo vio sonrojarse con el primer beso. Ella lo conquistó.

Eran tan hermosos que, muchos de los pocos turistas, que llegaban al pueblo, preguntaban por ellos. Los más osados les pedían posar para una fotografía.

Aún se recuerda el primer matrimonio de La Reina: Por las empinadas calles corrían las gentes, muchas si saber que pasaba. En la iglesia no cupo tanta gente. Alguien dijo que solo ese día se vieron tantos laparianos bien vestidos y que los murmullos, en muchos momentos, acallaron la voz del sacerdote.

Al salir de la iglesia los novios fueron recibidos por un torrencial aguacero. Las Palacio contaban que la lluvia, en ese día, era presagio de mala suerte. Los pétalos de las flores, con que iba decorada la carroza de La Reina, se mezclaron con los arroyos que corrieron por la pequeña plaza del pueblo.

A la media noche se vio una sombra de hombre correr hacia la porqueriza y tras de ella otra sombra, de mujer. En el pueblo se dijo que allí pasaron juntos, la luna de miel,  La Reina y su esposo, en aquella noche de luna llena.

Después se percibieron apenados.

La Reina, antes radiante, feliz, se le vio pálida, taciturna, apesadumbrada. Perdió peso y el brillo de su mirada.

Un día, El Esposo de La Reina, salió furioso de la casa de su madre. Su hermano mayor le dijo que él no era suficientemente hombre para preñar a su mujer. Nunca tuvieron hijos.

Después La Reina tomó las riendas… En dos años eran los empresarios más prósperos de la región.

Se habló de sus viajes por el mundo, de las joyas y las porcelanas que trajeron de Europa, de las ropas que lucían. De las suntuosas fiestas, a las que muchos quisieron asistir.

Llovía aún en esa mañana de abril cuando llegaron con la noticia: El Esposo de La Reina había muerto. Murió electrocutado por un rayo, en medio de la tormenta,  junto a dos marranas de cría. Nunca se supo por qué su cuerpo apareció desnudo. Algunos dijeron que casi todas las noches amanecía por fuera de su casa, por fuera de su cama.

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