PALABRAS DAÑINAS

PALABRAS DAÑINAS

 Eligio Palacio Roldán

“Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”

La palabra es el elemento que le ha dado al ser humano la posibilidad de reinar sobre la tierra; le ha permitido la comunicación, la comprensión, la capacidad de entenderse y de transformarse con el paso del tiempo.

Hay palabras de todo tipo, incluso sanadoras. Pero no todo es paz y amor: a veces hacen daño o resultan ridículas hasta la risa, una verdadera tragicomedia que se podría evitar guardando silencio. Veamos algunos ejemplos:

Ante la muerte de un ser querido:

—Tranquilo, debe estar en el cielo.

—No debes estar triste, vos fuiste bueno con él (ella).

—Es muy duro, la pena se agudiza con el pasar del tiempo.

—Eso nunca se supera.

Ante una separación:

—Eso es muy malo para los hijos; el hijo de una amiga se suicidó.

—Todo el mundo sabía que te era infiel.

—El problema apenas empieza, espere y verá.

—Los hijos, seguro, te dejan para irse con tu ex.

Ante una enfermedad:

—Ve, ¿cómo así? De eso se murió el hijo de una amiga, pero penó tanto…

—Y entonces, ¿qué vas a hacer?

—Ve, ¿y vos ya arreglaste tus cosas?, ¿ya hiciste testamento?

—En la enfermedad es que se conocen los amigos. Espera y verás.

Ante una pérdida económica:

—Lo material no importa, tienes salud.

—Pero ¿cómo te pasó eso, vos tan inteligente?

—Ahora sí vas a conocer a los amigos de verdad.

—A un amigo le pasó lo mismo y hasta tuvo a la familia aguantando hambre.

Ante el trabajo:

—Ese trabajo es durísimo.

—¿Y lo que ganas sí te alcanza para vivir?

—Bueno, algo es algo; peor es nada.

—No, ¿y para eso estudiaste?

Ante la elección de una profesión u oficio:

—No sé, ¿eso sí dará plata?

—Ah, yo no sé, pero qué bobada estudiar tanto.

—Vea al primo de Anita: dos años desde que se graduó y no ha podido encontrar trabajo.

—Yo siendo usted no estudiaba eso.

Ante la casa nueva:

—Qué pereza ese mundo de escalas.

—Quién sabe si la podrás pagar.

—¡Uf, qué casa tan cara! Mi primo compró una mucho mejor y más barata.

—Pues muy buena, pero tan lejos y con esos vecinos.

Ante el aspecto físico:

—Te estás tomando la sopita. ¿Cuánto has subido de peso?

—¿Tienes alguna enfermedad? ¡Qué flacura!

—Cómo has cambiado, qué lindo(a) eras en tu niñez.

—No guardaste nada para la vejez.

Ante la situación familiar:

—¿No te has casado? ¿Te vas a quedar para vestir santos?

—Al paso que vas no vas a tener hijos, sino nietos.

—Una vejez solo(a) no se le desea a nadie.

—¿Tienes un solo hijo? ¡Qué pecado, los hijos únicos sufren mucho!

Palabras para los hijos:

—Terco(a) y/o bruto(a) como el papá (la mamá).

—Yo tengo unos hijos como abobados.

—¿Si tendrá futuro? Yo no creo.

—Es que no sirven para nada. A mí sí me tocó duro, no como ahora que todo lo tienen en la mano.

Las generales:

—No hagas las cosas así. Mira, lo que debes hacer es…

—Yo no le veo futuro a la humanidad.

—Esta juventud es un desastre.

—Todo tiempo pasado fue mejor.

Más allá de la palabra dañina, está también el tono con el que se pronuncia.

Los seres humanos haríamos mucho bien a la humanidad si antes de hablar pensáramos y cuidáramos el contenido de cada palabra, de cada expresión.

ANTES DEL FIN

Más allá de cualquier consideración política, hay que reconocer el liderazgo del actual gobierno al momento de hacerle frente a las consecuencias del terremoto del pasado diez de agosto.

La crisis en el abastecimiento de agua, originada en el fenómeno de El Niño que aún no se consolida, está poniendo en evidencia la falta de planeación en el desarrollo de los municipios de Colombia: otra consecuencia de la desafortunada elección popular de alcaldes.

Qué buen argumento el de la novela María la Caprichosa. Qué bueno ver en la pantalla chica a personas de la raza negra protagonizando historias más allá de la esclavitud.

2 comentarios sobre “PALABRAS DAÑINAS

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  1. Buenos días, Eligio.

    Cuanta razón tiene. Cualquier parecido con la realidad…

    Esta columna me recuerda algo que leí, hace algún tiempo, no recuerdo donde. (Esto parece el inicio de El Quijote).

    Entre las muchas frases que expresaba el escrito, mencionaré algunas:

    • El que trabaja 12 horas al día: No tiene vida.
    • Si trabajas 6 horas: No vas a lograr nada.
    • No trabajas: Eres un flojo.
    • Tienes 2 trabajos: Jodido y necesitado.
    • Vives con tus padres: Eres un mantenido.
    • Pagas renta: No regales tu dinero.
    • Te quedas en casa: Eres un aburrido.
    • Sales los fines: Vives de aparentar.
    • Estás gordo: Te vas a enfermar.
    • Estás flaco: Pareces enfermo.
    • Eres sincero: No sabes tratar a la gente.
    • Eres educado: Que falso eres.

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