Etiqueta: Elección popular de alcaldes

EL SECTARISMO NUESTRO DE CADA DÍA

EL SECTARISMO NUESTRO DE CADA DÍA

Eligio Palacio Roldán

“Corría el 12 de abril de 1633 cuando el científico italiano Galileo Galilei (1564-1642) compareció, a la edad de 69 años, ante el Santo Oficio, la Inquisición romana, para dar cuenta de un libro que había publicado un año atrás, el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el que defendía el modelo heliocéntrico propuesto por Copérnico. En él planteaba que la Tierra y los planetas giraban alrededor del Sol, y ridiculizaba el geocentrismo, que colocaba a la Tierra en el centro fijo del universo y que está basado en la física aristotélica y, sobre todo, en el modelo ptolemaico, el que mejor encajaba con las Sagradas Escrituras”.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/el-juicio-contra-galileo_7184)

El anterior párrafo relata una de las épocas más aciagas de nuestra historia, la época donde el fanatismo de la iglesia católica implementó la Inquisición para luchar contra la herejía. La herejía, como en el caso de Copérnico, era solo ejercer la facultad de pensar, así fuera con fundamentos científicos.

Esa época, cuatrocientos años atrás, debiera ser un relato del pasado, pero no lo es. Es la historia de nuestra prehistoria como humanos, de la historia, del pasado reciente y de un eterno presente que permite inferir que la evolución del hombre se frenó en algún instante, para siempre.

Y es que en el siglo XXI,  el siglo de las comunicaciones, de la Aldea Global que predijo hace 50 años Marshall Mcluhan, seguimos atrapados en el sectarismo. La Real Academia de la lengua Española lo define como “Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología”.

Una de las características propias de los sectarios es que se creen dueños de la verdad. No los asaltan las dudas y si apareciera alguna la desechan de inmediato. El resto del mundo está equivocado y tienen pocas capacidades mentales y/o intelectuales para dilucidar las situaciones y las posibles soluciones a las dificultades.

El sectarismo religioso, en Colombia, se ha ido atomizando con la aparición de diversos grupos y profetas pero sigue exactamente igual de retrógrado que en los tiempos de Copérnico e incluso del mismo Jesucristo. Cuenta la historia que el líder religioso fue asesinado por el mismo fanatismo, de las gentes del comienzo de nuestra era.

En lo político, después del apaciguamiento de la repartición del poder del Frente Nacional y la reducción de la izquierda  a una guerrilla sangrienta; a comienzos de este siglo,  apareció el Dios de la derecha, Alvaro Uribe Vélez, cuyos seguidores tratan de imponer su verdad a la manera de la Inquisición de hace cuatro centurias. Y obvio, en la eterna lucha entre los polos opuestos, surge el Dios de la izquierda, Gustavo Petro, con adeptos tal vez más sectarios y dispuestos a eliminar al enemigo que los de Uribe.

Al igual que en la religión y en la política, sucede en el deporte, el arte, la economía  y, en fin, en cada actividad humana. También se establecen sectas alrededor de la raza, el sexo o la cultura. Pareciera que el ser humano estuviera estructurado para imponerse a la fuerza y que la profundización en el conocimiento, como herramienta de entendimiento, fuera solo una utopía.

ANTES DEL FIN

Hace muchos años, al pueblo donde vivía, llegaron los evangélicos a ganar adeptos. Un grupo de laicos organizaron una marcha para expulsarlos. El párroco, en vez de hacer un llamado a la calma, los arengaba y celebraba con alborozo su expulsión del lugar.

Llega la época de mayor fanatismo en Colombia: La de las elecciones populares de alcaldes. También al de mayor inversión en la industria de la corrupción.

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CORRUPCIÓN, RACISMO Y MATONEO EN REDES SOCIALES

CORRUPCIÓN, RACISMO Y MATONEO EN REDES SOCIALES

Eligio Palacio Roldán

La semana anterior otro escándalo de corrupción conmocionó la prensa, las redes sociales y a la mayoría del pueblo colombiano. Me refiero, obviamente al del funcionario de la DIAN, en Buenaventura, Omar Ambulia y el estrafalario uso que, al dinero mal habido, le daba su hija Jenny. Podría haber hecho mención al engaño al que ha sido sometido el país por parte de las FARC con los bienes, avaluados en veinte mil millones de pesos, no reportados por la exguerrilla y conseguidos, entre otras actividades, por secuestros y extorsiones. Pareciera que los exinsurgentes aprendieron muy rápido a hacer marrullas

Obviamente el robo de  Ambulia supera en más de cuatro veces el dinero ocultado por las FARC, pero resulta, digamos “interesante”, ver como los medios de comunicación y la sociedad colombiana rechazan lo ocurrido con el funcionario de la DIAN y su familia y pasan de “agache” con lo de la exguerrilla. Y digo interesante porque en aras del éxito de la paz, todos, con excepción del expresidente Uribe y el Centro Democrático, queremos hacernos los de la vista gorda. Un gran triunfo, desde luego, de la izquierda más sanguinaria en la historia reciente de Colombia.

Los escándalos de Ambulia y las Farc, no pasan de ser otros más de la larga historia de nuestra Patria Corrupta, que pasarán al olvido muy pronto y serán sucedidos por otros hechos similares, seguramente, más graves. El del funcionario público dejará anécdotas y sonrisas por la ostentación de Jenny, de quien han circulado en las redes sociales todo tipo de bromas de mal gusto. Bromas que son un verdadero matoneo sin precedentes en este tipo de situaciones y que más que el hecho en sí, sancionan su origen étnico y su aspecto físico, en una clara muestra del racismo que nos corroe y de una cultura que privilegia la belleza sobre cualquier otra característica del ser humano.

Puede leer CARTA DE UN ALCALDE CORRUPTO https://eligiopalacio.com/2017/11/16/carta-de-un-alcalde-corrupto/

Me decía un prestigioso sicoanalista, esta semana, que lo peor del ser humano es llevado a las redes sociales, haciendo uso del anonimato…. Y uno de los sentimientos más bajos de los colombianos es el racismo y la exclusión social, como ha quedado demostrado en el caso Ambulia. ¿Cuál de los otros cientos de corruptos de nuestro país ha sido sometido a burlas similares? Lo sucedido es bien doloroso para ellos y sus seres queridos para que, además, deban soportar el matoneo despiadado en las redes sociales.

Puede leer LAS MÚLTIPLES MUERTES DE UN CRIMEN https://eligiopalacio.com/2017/05/31/las-multiples-muertes-de-un-crimen/

Tatiana Acevedo, en una de sus muy buenas columnas, en el periódico El Espectador escribía esta semana: “Quiero contarle mi hermano un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra”, canta Arroyo. La anécdota nos habla quizá de una de las paradojas colombianas: la convivencia de un racismo enraizado con una incapacidad para discutirlo, criticarlo o siquiera nombrarlo”.

Puede leer Rebelión http://tinyurl.com/y2t87qub

No solo maltrataron a la familia y a los representantes de la raza negra, sino a pueblos como Chigorodó. A pesar de la indignación que provocan los hechos de corrupción descritos, el caso Ambulia provoca “pena ajena” por el maltrato de que fue víctima la joven Jenny.

ANTES DEL FIN

Se nos llenó este año de políticos vendedores de ilusiones y de colombianos ingenuos que les creen. La misma historia cada cuatro años, para elegir cada vez peores gobernantes. Los valores éticos son cosa del pasado. El presente es la corrupción. ¿Será que algún día saldremos del fango que nos aprisiona? Un paso importante sería eliminar la elección popular de alcaldes, en poblaciones de menos de cien mil habitantes.

Volvió “El Sultán”, una de las mejores telenovelas de nuestra televisión. Es una serie turca. Diez de la noche, Canal Uno.

AMIGUITOS VUELVE EL CIRCO… DE LA POLITICA.

AMIGUITOS VUELVE EL CIRCO… DE LA POLITICA.

Eligio Palacio Roldán

Este es el año de las fiestas, las caravanas de la victoria, los almuerzos y las parrandas gratis.

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Imagen tomada de las redes sociales

Los rumores comenzaban días antes, incluso meses: Volvía el circo. Esta vez traía trapecistas, magos y saltimbanquis más audaces que los de los años anteriores, un hombre que arrojaba fuego por la boca, varias fieras y muchos, muchos, payasos.

Normalmente, el circo solo iba al pueblo una vez al año. Los habitantes eran tan pocos que era cuestión de uno o dos fines de semana para que toda la población, con algún poder adquisitivo, pasara por las viejas y desvencijadas tribunas. Con suerte, las funciones duraban hasta un mes; pero, a veces, algún poblador descubría o decía descubrir el truco de alguno de los espectáculos para que todo se fuera al traste y el circo tuviera que marcharse a otro lugar lejano.

Ese circo lleno de magia infantil fue desapareciendo de los pequeños poblados, con la llegada de mejores alternativas como la televisión, pero regresa en otras formas periódicamente. Una de ellas, tal vez la que mayor entusiasmo despierta, es la de los procesos para elegir al alcalde de turno.

Desde el año anterior, también, se escuchan los rumores y los precandidatos se ven sonreír como, quizás, no lo habían hecho nunca en su vida. Incluso, muchos se hacen diseños de sonrisa o alguna cirugía para impresionar a su posible electorado. Se les ve joviales y sencillos, saludando de mano en parques y calles, a quienes vean pasar, por humildes o sucios que parezcan, aunque en privado utilicen todo tipo de cosméticos para borrar las huellas de quienes saludaron.

Es el tiempo de las fotografías de familias perfectas que solo existen en sueños, de solidaridad ilimitada que implica entregar un billetico, cual cliente de prostíbulo, en un desenfrenado intento por captar adeptos. A los candidatos, también, se les ve cambiar de discurso e identificarse con la corriente de opinión del momento sin importar que piensen lo contrario, traicionándose a sí mismos, sin vergüenza alguna.

Es el momento para rechazar los impuestos y proponer soluciones mágicas para los mismos eternos problemas de las comunidades: Empleo, salud, educación, vivienda, saneamiento básico, vías, carreteras. Un cable aéreo, suena extraordinario. En fin, todo lo que pudo haber sido y no fue y tampoco será.

Lo extraño de este circo, a diferencia de los de la niñez de ayer, es que se les cree. Incluso cuando el payaso es el mismo de años anteriores y ya se le ha visto en “la función” y se le han descubierto sus trucos para engañar a la audiencia. Claro, hay una gran diferencia: los payasos de los circos hacen esfuerzos para lograr el sustento con las sonrisas de los demás, por las cuales se les paga; los políticos trabajan por sus propias sonrisas a costa de los esfuerzos de los demás. Aunque como se ha expuesto en otras oportunidades, en esta página, ahora esto no es tan cierto, porque ahora los espectadores también hacen parte del circo y van tras su dinero y, en muchas oportunidades, son mejores payasos que los candidatos.

Este es el año de las fiestas, las caravanas de la victoria, los almuerzos y las parrandas gratis. El año de los “lagartos”, vividores de la política: Fincas, asados, conciertos, licor  y parrandas en las veredas y los corregimientos de cada municipio, a la orden del día. ¿Y el dinero para esta francachela y comilona, de dónde saldrá?

En ese gran circo de la corrupción solo hay un perdedor: El pueblo que permanece como espectador. Silencioso, anhelante, suplicante, o apático. Porque, desafortunadamente, el crítico también va tras de su “pedazo”.

Puede ver LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/)

ANTES DEL FIN

¿Cuál será el primer alcalde en el país en tomar medidas serias para controlar el problema de la contaminación en nuestras ciudades?

¿Cuál será el primer alcalde en el país en tomar medidas serias para controlar el problema de las bandas del micro tráfico en nuestras ciudades?

¿Cuál será el primer alcalde en el país en tomar medidas serias para controlar el problema de las bandas criminales que dominan nuestras ciudades?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

Eligio Palacio Roldán

Los tiempos lógicos del psicoanálisis hablan de momentos para ver, comprender y concluir.  Se supone que luego del tiempo de concluir llega la modificación de las conductas que le hacen daño al ser humano. En materia de corrupción, en Colombia, a simple vista, esos tres tiempos hace mucho rato terminaron y no parece verse ningún efecto positivo de transformación en nuestra sociedad.

¿Será que falta tiempo para ver? No creo. Hemos visto  cómo la corrupción irrumpe en los pequeños poblados y en las grandes ciudades, en los concejos municipales y en el Congreso, en las alcaldías y en la Presidencia de la República, en las inspecciones de policía, los juzgados y las cortes, en los  pequeños círculos de poder y en las grandes corporaciones, en el ejército y en la policía. En fin, hemos visto cómo este flagelo se esparce por el país cubriéndolo todo.  Pasamos de los tiempos de Turbay Ayala, en la década del 80, del siglo pasado, cuando nos escandalizamos por su propuesta de reducir la corrupción a sus “justas proporciones” a pensar que ojalá tuviésemos los niveles de esa época.

Con la corrupción sucedió lo mismo que con el narcotráfico: fue visto con simpatía o con indiferencia hasta que permeó casi toda la sociedad colombiana. No en vano, ocupamos el primer lugar de producción en cocaína en el mundo.

¿Será que falta tiempo para comprender? Creo que sí. No hemos comprendido del todo. Nos parece monstruosa la corrupción de la clase política, del congreso, del ejecutivo pero nos parecen normales las pequeñas grandes corrupciones nuestras: colarnos en las filas, cruzar los semáforos en rojo, eludir el pico y placa, entrar al colegio o a la universidad con alguna “ayuda”, comprar la libreta militar, evadir impuestos, recibir prebendas por ayudar a la consecución de algo o el otorgamiento de un contrato. Nuestra cultura es del “vivo”, no del estúpido.  El otro es un corrupto: Yo mismo, o los seres cercanos a mí  astutos e inteligentes.

Falta tiempo para comprender el mal que le ha hecho a Colombia la elección popular de alcaldes en pequeños municipios, que han sido hipotecados a los corruptos y/o a los delincuentes de cualquier calaña, para dilucidar las nefastas consecuencias de la reelección presidencial y de las negociaciones de la paz con las Farc a cualquier precio.

¿Será que falta tiempo para concluir? Mucho. Si no se comprende tampoco se concluye. Se requiere aceptación por parte de todos y cada uno de los colombianos y entender que la corrupción es un mal que destruye la sociedad, que genera injusticias e impide la convivencia en paz entre los humanos. No basta con observar pasivamente lo que pasa, En esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que tienen que ser más incisivos y exhaustivos a la hora de demostrar las consecuencias nefastas de esta desgracia.

Falta tiempo para que surjan líderes que nos permitan ayudar a comprender y a concluir que el fin no justifica los medios, que el bien general está por encima del particular, líderes que generen credibilidad al estilo de lo que fue alguna vez Alvaro Uribe Vélez, quien desaprovechó la mejor oportunidad en la historia de Colombia para cambiar las costumbres y la forma de hacer política. En el momento esos líderes no existen, todos hacen parte de un sistema político corrupto. Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Martha Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?

ANTES DEL FIN

Nueve columnas sobre el tema de la corrupción en cinco años, de www.eligiopalacio.com, y múltiples referencias en los cientos de escritos muestran una permanente preocupación por una de las mayores problemáticas de la sociedad de hoy. Problemática que parece agravarse, día a día, con el destape de escándalos como el de Odebrecht:

CORRUPCIÓN – ERASE UNA VEZ…

CORRRUPCIÓN – ERASE UNA VEZ…

Eligio Palacio Roldán

La historia de este poblado es la misma de todos los pueblos de Antioquia. De todos los pueblos de Colombia.

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Érase una vez un pequeño poblado, de gentes humildes, perdido entre las montañas de un país del trópico. Allí todos eran pobres y esa característica hizo que la solidaridad fuera uno de los fundamentos de sus existencias. Incluso, se generaron formas asociativas que hoy perduran, aunque hace ya tiempo perdieron su esencia.

El poblado era regido por un alcalde y seis concejales que le ayudaban a la comunidad. Cuentan que cuando el alcalde no ejecutaba las obras o cuando surgía una sombra de corrupción en su administración, los concejales lo denunciaban ante el gobernador de la comarca y él, que lo nombraba, lo cambiaba. El alcalde y el gobernador, generalmente, eran hombres honestos. Y muy respetados.

Dicen los viejos que en ese poblado las disputas políticas eran entre dos partidos tradicionales: Liberal y Conservador, o entre su par de líderes, hombres bautizados con igual nombre: Fabio. Afirman, sin embargo, que cuando se trataba de trabajar por la comunidad siempre se ponían de acuerdo.

Para celebrar la Navidad, entre todos, engordaban una marrana que repartían, en medio de una gran fritanga, en el centro de la plaza del pueblo.

Un día, un bucólico rey (le decían, presidente), atormentado por sus recuerdos como reo y buscando traer a la civilidad unos bandidos de origen campesino, estableció que los alcaldes debían ser elegidos por los mismos ciudadanos y que los pueblos debían contar con su propio presupuesto.

Y así fue. Entonces se eligió el primer alcalde. Y éste había contado con el apoyo de muchos y con el dinero de muchos. Y estos muchos reclamaron y quisieron que los beneficios fueran solo para ellos. Y luego vino otro alcalde y otros patrocinadores (¿o los mismos?) que quisieron la revancha. Y las revanchas dejaron de ser orgullo y honor y se convirtieron en monetarias. Y después llegó la publicidad, y los tamales y la compraventa de votos y la compraventa de conciencias de elegidos y electores.

Después las gentes se dieron cuenta que la forma de ascender socialmente era siendo delincuente o político o delincuente y político y unos y otros se confundieron haciendo imposible su diferenciación.

Y todos exigieron su parte. Y “la marrana”, ahora engordada con dineros del estado, no alcanzó. Entonces el alcalde de ese tiempo, de muchos tiempos después, tuvo que subir los impuestos y, con ellos, embarcarse en obras costosas para poder sacar su porcentaje y el de sus colaboradores y no las  pudo terminar  y si las terminó quedaron mal hechas y pronto hubo que reconstruirlas y reconstruirlas y reconstruirlas.

Y hubo desigualdad y pobreza y nuevos ricos, nuevos ricos que también transformaron la arquitectura y trajeron consigo la cultura mafiosa, de la que se sintieron orgullosos.

Cuentan que en ese poblado ya no denunciaban al alcalde corrupto ante el gobernador porque éste era más corrupto aún y que, más bien, lo chantajeaban para que compartiera el presupuesto con sus más cercanos. Y cuando no robaba o robaba poco o no compartía lo robado sacaban pasquines, en su contra, que dejaban bajo las puertas, en las heladas madrugadas cargadas de neblina.

Aún se conservan imágenes del pueblo de ayer, en fotografías de color sepia, un tanto raídas. Imágenes que muestran seres desaparecidos hoy: solidarios, humildes, honestos y comprometidos con su pueblo. Seres que nunca soñaron con ser alcaldes. Seres que algunos ciudadanos  bucólicos e ilusos, al estilo del antiguo rey, soñaron siempre gobernasen su pueblo.

ANTES DEL FIN

La historia de este poblado es la misma de todos los pueblos de Antioquia. De todos los pueblos de Colombia.

Cinco meses después de su posesión, alcaldes y gobernadores, no comienzan a gobernar. Que sus antecesores dejaron alcaldías y gobernaciones en ruinas, dicen. Es la historia, la misma historia de cada cuatro años.

EL NUEVO ALCALDE DE ENTRERRIOS

EL NUEVO ALCALDE DE ENTRERRIOS

Eligio Palacio Roldán

  1. Aunque no suelo tratar temas locales en www.eligiopalacio.com, utilizo este espacio para transmitir un video del señor Jorge Tamayo Villa, nuevo alcalde de Entrerríos, dada la trascendencia histórica para la localidad.
  2. En los últimos 30 años Entrerríos se ha ido transformando en una población moderna, pluralista, dejando atrás las ataduras arcaicas del siglo pasado y proyectándose al futuro. La prueba más fehaciente de ello es esta elección: por primera vez llega al cargo más importante del municipio un hombre de origen humilde dando por concluida, oficialmente, una era.
  3. Vivimos en la Colombia del siglo XXI
  4. Atrás quedó LAPARIO – EL PUEBLO DE EL VIAJERO http://wp.me/p2LJK4-w4.

LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN

LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN

Eligio Palacio Roldán

Sobre mi indignación por la corrupción, un familiar me decía: “Eso es lo normal. ¿En qué mundo vive usted? A todo el mundo le dan porcentajes”. Y si, así era.

Desde hace un año quería escribir sobre la elección popular de alcaldes, pero me inhibía el confrontar, en público, las razones que me alejaron de la actividad política, para siempre. No obstante, hay que vencer los miedos y poner un grano de arena en una discusión que Colombia, también,  aplaza cobardemente.

El pasado 13 de marzo se cumplieron los primeros 25 años de la elección popular de alcaldes. La iniciativa había surgido en el gobierno de Belisario Betancur, como corolario de los diálogos de su gobierno con las FARC y pretendía la descentralización administrativa y la disminución de la corrupción. El primer objetivo se cumplió parcialmente y el segundo se fue modificando a pasos acelerados: El flagelo dejó de ser un privilegio de las élites  y llegó,  como modo de subsistencia o de enriquecimiento fácil, a todas las clases sociales.

Antes de la elección popular de alcaldes, estos eran nombrados por el gobernador y eran otra pieza de la burocracia nacional; su nominación dependía de los directorios políticos. Con la elección popular llegaron nuevos jugadores: los empresarios tradicionales que requerían gobiernos que les permitiera exenciones de impuestos y facilidades para generar “la confianza inversionista”; la delincuencia organizada que demandaba libre movilización y generación de ingresos ilícitos; y una nueva clase emergente, “Los contratistas” que generarían riqueza a través de la tercerización de procesos y/o obras públicas.

Entonces, los sueños y los ideales de algunos ilusos se vieron desbordados por la avaricia de otros. Las campañas se fueron encareciendo y el dinero, bien y mal habido, pero con propósitos utilitarios, recorrió la geografía nacional; y los pobladores, comunes y corrientes, vieron la oportunidad de tener dinero sin trabajar. Primero en la Costa Atlántica, y luego en todo el país, se institucionalizó la compra y venta de votos, la manipulación de las campañas y de los candidatos y los cobros por ventanilla a los alcaldes.

Si a este panorama se le suman los pocos requisitos para acceder a una elección popular, el panorama se vuelve desolador: muchas alcaldías han sido asumidas por personas que escasamente saben leer y/o escribir.

Hace algunos años, comentaba una alcaldesa del norte antioqueño, que pretendía ser decente, y creo lo fue, a pesar de sus colaboradores; que a ella el salario no le alcanzaba, dada la cantidad de dinero que tenía que entregar a los habitantes del municipio, para satisfacer sus más mínimas necesidades. Hasta lo amenazan a uno, decía. En otro pueblo de la zona, el alcalde se escapaba por una puerta en un costado de su oficina, para evitar ser acorralado por las gentes solicitando ayudas.

¿Cómo subsiste un alcalde a estas cuantiosas presiones mínimas, dado su nivel salarial? ¿Cómo responde a quienes financiaron su candidatura con dineros lícitos e ilícitos? ¿Por qué la ambición reeleccionista de los mandatarios locales, dados los bajos salarios y la multitud de problemas? ¿A cambio de qué los publicistas, periodistas y artistas financian la publicidad de las campañas?

Buscando en internet, como documentarme para esta columna, no encontré una sola publicación que no se refiriera al incremento de la corrupción, con la elección popular de alcaldes; sin embargo, las cifras sobre investigaciones y condenas son pocas, incluso en las entidades de control.  Pero, ¿para qué hablar de cifras cuando las comunidades conviven y apoyan la corrupción? Me atrevería a decir que la mayoría de denuncias ante los entes de control obedecen a que “la marrana” no alcanzó para todos o a que no fue distribuida, como decía el ex presidente Turbay, “en sus justas proporciones”.

Y entonces, se vuelven lógicas expresiones como CVY (Cómo Voy Yo);  o apodos como LUIS XV, por el 15% que decían cobraba de comisión un popular alcalde, de una de las principales ciudades del país.

No comparto la mayoría de las opiniones del Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado; pero tiene toda la razón cuando afirma que “Hay una deslegitimación de nuestro sistema originado por la corrupción” y que “Con las altas cuotas de corrupción, menos hospitales, menos carreteras, menos servicios públicos” “(…) se nos dice cómo los altos costos de las campañas electorales permiten que se compren los alcaldes, y que comprando los alcaldes lo que se está comprando es el presupuesto y la actividad contractual subsiguiente, y que esa cooptación es otro escalón para la cooptación de nuestro sistema jurídico y político”.

ANTES DEL FIN

Sobre mi indignación por la corrupción, un familiar me decía: “Eso es lo normal. ¿En qué mundo vive usted? A todo el mundo le dan porcentajes”. Y si, así es.

Un sábado, en un pequeño pueblo, un dirigente se preocupaba por la corrupción en el Congreso. Le dije: Preocupa mucho la corrupción del estado, pero nos debiera preocupar más la nuestra. Aquí los dirigentes se pelean por un almuerzo gratis, por la invitación a capacitaciones, con paseo incluido, que nunca se revierten en los asociados de las cooperativas y/o las comunidades, por préstamos en mejores condiciones que los demás; entonces ¿por qué no tratamos de combatir nuestra propia corrupción?

Construyendo una vivienda tuve que padecer la impotencia ante la corrupción de los maestros de obra. Eso es así, me dijeron.