SUS OJOS SE CERRARON PARA SIEMPRE
Eligio Palacio Roldán
Solía disfrutar los amaneceres mirando cómo la luz del sol se abría paso entre las brumas de la noche y la blanca neblina.
Los atardeceres también los disfrutaba, pero le generaban una mezcla de nostalgia, temor y melancolía.
Esa tarde fijó su mirada en la línea que, desde su ventana, veía en el horizonte. Esa línea marcaba la separación de la tierra y el cielo, un cielo que iba tomando colores amarillo-rojizos hasta que… hasta que esa línea se convirtió en oscuridad, una oscuridad eterna.
Un grito rompió el croar de las ranas.
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