¿CÓMO HACERSE ENTENDER, CÓMO HACER PARA ENTENDER?
Eligio Palacio Roldán
En doce años de escritura periódica, son varias las oportunidades en las que me he referido en esta página al problema de la comunicación entre los humanos. Esta dificultad es la causa inicial de cientos, miles, de dificultades en la historia de la humanidad, desde rencillas familiares irreconciliables hasta cruentas guerras..
Pero ¿cómo hacerse entender? Lo primero es que lo que se dice debe corresponder a lo que se piensa y a lo que se hace, en síntesis, ser congruente; luego, no hablar por hablar, pensar antes de hacerlo. Suena fácil pero no lo es, para ello es preciso analizar antes el interlocutor, sus concepciones de la vida, sus frustraciones, la forma en que interpreta las palabras y el entorno en que se encuentra; también, desde luego, tener claro lo que se quiere decir y cómo decirlo y asumir las consecuencias de las palabras que se pronuncian. Bien lo dice el famoso proverbio “Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida”. En el mismo sentido hay que actuar a la hora de tratar de entender al otro.
Obviamente la dificultad para comunicarse no puede paralizar al ser humano ante la necesidad de manifestar lo que siente, lo que piensa, y como se trata de un diálogo emisor y receptor, ambos, deben tener el valor de pedir aclaración sobre lo que se expresa y no quedarse con ideas que quizás no correspondan a la realidad y solo se fundamentan en la imaginación y el simbolismo propio de cada uno.
Ese diálogo también se debe establecer al interior de cada ser humano para identificar el porqué de los efectos sobre el ser, sobre el intelecto, de cada palabra, de cada gesto, recibidos y así darle el verdadero valor a lo expresado.
En cualquier caso, lo que no debe hacer ninguno de los involucrados en un diálogo es guardar silencio. Esos silencios, acompañados de elucubraciones cargadas de imaginación, rencores, frustraciones y/o temores destruyen mucho más que las palabras, así estas no hayan tenido ni la oportunidad ni la calidad ni la claridad requeridas.
El lenguaje, las palabras, fue un invento de la humanidad para entenderse y hay que utilizarlo al máximo para tratar de entendernos, desecharlo y refugiarse en el silencio, en la amargura es solo una posibilidad para autodestruirse.
Es tan difícil la comunicación entre los humanos que ha generado extensos y profundos textos sobre el tema. Quizás el más recurrente es el de la Torre de Babel, en la Biblia.
ANTES DEL FIN
Aplicando los conceptos expresados a la historia política de Colombia, resulta desastrosa la forma de comunicarse de la izquierda colombiana, ahora en el poder. Se pasaron toda la vida estudiando como transformar a Colombia, porque bien estudiosos si son, y a la hora de aplicar sus conocimientos se enredaron en una marea de palabras que ahora suenan insulsas, tontas y sin sentido, mientras se muestra a la luz pública la debacle de la corrupción que los carcome. Les sucedió como a la mayoría de los humanos y como dice la canción: “palabras, palabras, palabras”. No tuvieron congruencia.
Difícil la situación presente y futura de Colombia, el país se quedó sin esperanza, resultó obvio que el común denominador de todos los políticos, sin importar su tendencia ideológica, es la corrupción.
Llega marzo y se cumplen cinco años del encierro, por la pandemia del coronavirus, que cambió a Colombia y al mundo. Fue un punto de no retorno del que se siguen aprovechando los políticos, ahora en el gobierno, para desacreditar el gobierno del presidente Duque.
Es tiempo de recordar, analizar y comprender lo que pasó en tiempos del coronavirus.
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