EL LEGADO

EL LEGADO

Eligio Palacio Roldán

“Yo soy funcionario de la Dian porque usted me inspiró como servidor público”

Ariel

Los seres humanos, los animales, las plantas, los paisajes, los lugares que nos contienen dejan sus improntas, como su legado, en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro ser.

Esas improntas son positivas o negativas por la acción del otro y/o por la respuesta nuestra ante el estímulo. Las huellas positivas normalmente se resaltan, se comunican, se agradecen, las negativas se callan por no ahondar las heridas propias y/o ajenas.

Quiéralo o no se dejan huellas por donde se camina: en la familia, el colegio y en el lugar de trabajo donde se pasa la mayor parte de la vida.

A pesar de lo significativas que son las huellas que dejas a tu paso, no se tiene conciencia de ellas, la mayoría de las veces. En éste, como en todos los casos, es recomendable un punto medio: si se tiene una conciencia extrema, la vida se convierte en un infierno, pensando a cada instante las repercusiones de tu actuar, si no se tiene, se actúa irresponsablemente.

El objetivo es actuar con ética y sentido común, bien escaso por cierto, tratando de no hacer daño al otro.

En medio de un proceso de desapego con la entidad en la que he laborado los últimos treinta y cuatro años de mi vida, en la reunión de fin de año, la última a la que asistí, aparece un joven para darme las gracias por la forma en que lo atendí para solucionar un problema, alguna vez. Me dijo: “Yo soy funcionario de la Dian porque usted me inspiró como servidor público”

Emocionado, alcancé a balbucear un “muchas gracias” mientras me embargaba un sentimiento similar al de Aureliano Buendía en la escena final de la novela Cien Años de Soledad: “Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado.”.

Y fue eso: ver, comprender y concluir el sentido de mi vida laboral en la Dian, descrito por una gran compañera y amiga cuando dejara, contra mi voluntad, la jefatura de un área: “Lo siento más por los contribuyentes que por los funcionarios, ¿donde quién acudirán ante una situación difícil?”

Apréndame lo bueno, no lo malo, repito con frecuencia. Mi deseo: que todos los “servidores públicos” del país, del mundo, entiendan y asimilen el sentido de estar al servicio del público interno y externo de la entidad en que laboren y que no se conviertan en “pequeños reyezuelos” como suelen hacerlo muchos.

Mi legado, tener presente siempre el significado de ser un servidor público.

ANTES DEL FIN

Lo sucedido, en el Congreso, con el hundimiento de la reforma tributaria, habla muy bien del legislativo. Por fin los parlamentarios votaron sin dejarse “convencer” por el ejecutivo.

Salvo la telenovela inspirada en la vida de Darío Gómez, poco atractivas se ven las propuestas de Caracol y RCN para el próximo año. La llegada de Laura Acuña al programa de televisión “Yo me Llamo” presagia un fracaso, está sobrevalorada por los canales nacionales; seguramente entrará en conflicto con la diva Amparo Grisales.

Feliz Navidad www.eligiopalacio.com

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