EN LÁNGUIDA CEREMONIA SEPULTAN EL DÍA DE LAS VELITAS EN ENTRERRÍOS
Eligio Palacio Roldán
Y comenzó el concierto navideño con la melodía de la canción “Como aquí está el bobo”. No sé a quién se la dedicaban, si al alguno de los tres personajes citados, a los niños, los familiares de los niños, la directora del coro, de la sinfónica, o a mí. Bueno, a cualquiera menos a la virgen o al Niño Jesús, espero.
Ceremonia y muerte
Las gentes del pueblo habían sido citadas con anterioridad para el encendido del alumbrado de Navidad que montaran en tiempo récord, unos 15 días. Arriba, en el atrio, padres y abuelos de unos niños que están siendo entrenados para cantar y tocar, en una sinfónica del municipio, hacían maniobras para verlos, generando desorden. Abajo de las escalas, colaboradores de la empresa Velas y Velones San Jorge hacían ingentes esfuerzos por encender una maqueta no sé si de la virgen o de un muñeco de Navidad, para el caso es lo mismo porque nadie, salvo ellos, prestaba atención.
En la escena hicieron aparición en forma desordenada, sin ningún protocolo ni maestro de ceremonias, el alcalde, el cura y un representante de la empresa productora de velas, con unas palabras que nadie escuchaba.
Y comenzó el concierto navideño con la melodía de la canción “Como aquí está el bobo”. No sé a quién se la dedicaban, si al alguno de los tres personajes citados, a los niños, los familiares de los niños, la directora del coro, de la sinfónica, o a mí. Bueno, a cualquiera menos a la virgen o al Niño Jesús, espero.
El concierto se convirtió en una colección de chillidos que daban pena ajena. Que eran nuevos, decían, que la directora también, que era el sonido, que el cura no quiso prestar la iglesia, donde si había acústica; Una y otra disculpa sacaban tratando de justificar el desastre. Y en medio de la tragicomedia sale el alcalde a inaugurar los alumbrados que estaban a espaldas del público, quizás tratando de disimular la vergüenza que debía sentir su administración, con esta situación, en su primer año de gobierno.
No escuché ni una invitación a encender alguna velita, a que las gentes se reunieran en sus casas, en las calles, en los barrios.
Luego, la ausencia de velitas por el pueblo, el silencio roto por algún nostálgico del ayer… Y a dormir.
Enfermedad y muerte.
Todo comenzó con el vacío que dejó un gran líder como Monseñor Ernesto Gómez, su sucesor no tuvo el carisma para cumplir con su tarea. Difícil, claro, pero no hubo voluntad.
Después llegó la pandemia del coronavirus, un alcalde cuya religión le impedía adorar a la virgen y una fábrica de velas que mordió el anzuelo y lo apoyó en un espectáculo como el de anoche, algo mejor que el de ayer porque al menos había sinfónica,
Aunado a lo anterior, el auge de las redes sociales y el aislamiento como característica de esta sociedad dieron al traste con una celebración clásica, la mejor de todo el año en Entrerrios.
En el ayer de los mayores quedan las huellas de unas noches pletóricas de alegría, entusiasmo y ganas de compartir con todo un pueblo. El recorrido por las calles saludando y disfrutando.
Afortunado yo que las viví.
ANTES DEL FIN
Increíble que una fábrica de velas haya contribuido a que se acabara la tradición del día de las velitas, en Entrerrios. Es como si Álvaro Uribe hiciera lo propio para acabar con el ejército o Petro con la guerrilla.
También es un ejemplo de los errores que no se deben cometer en mercadeo, porque precisamente le dan un golpe duro al consumo de las velitas de Navidad.
Ojalá que, en el 2025, por venir, suceda el milagro de revivir el día de las velitas. Hace falta voluntad, mucha voluntad.