DESIGUALDAD, REDES Y CLASES SOCIALES

DESIGUALDAD, REDES Y CLASES SOCIALES

Eligio Palacio Roldán

«Las redes sociales llegaron para quedarse, las desigualdades persistirán en la historia de la humanidad«

En los años setenta, cuando hice la primaria, fui un niño de escasos recursos económicos a pesar de que mi familia era dueña de extensos terrenos, terrenos improductivos que se transformaron décadas después gracias a don Jenaro Pérez, a través de Colanta.

Puede leer: COLANTA – JENARO PEREZ https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/

La pobreza de esos días se medía por la forma de vestir de los demás niños, por algún paseo a Medellín o extraordinariamente a la Costa Atlántica y por una u otra moneda para comprar paletas caseras o una gaseosa, de resto, nos nivelábamos por lo bajo. Nada notoriamente frustrante.

Los adultos de mi generación, hoy haciendo de padres y abuelos, reclaman a sus hijos y nietos sobre las comodidades del presente, dicen que “a mi si me tocó muy duro, aguanté muchas necesidades, hasta descalzo andaba, no como ustedes que lo han tenido todo”, una sentencia alejada de la realidad actual porque no obstante la sociedad tenga mejor calidad de vida, los índices de desigualdad son mayores y esa diferencia se hace más evidente con el auge de las redes sociales.

Si en los años setenta las diferencias sociales se percibían en las escuelas y en algún relato periodístico lejano, ahora están presentes a cada instante, a la vista de los niños que en su celular ven publicaciones de viajes y lujos inimaginables y ahí están todos, seres cercanos o lejanos, siempre sonriendo, siempre bien vestidos, consumiendo manjares y bebidas inimaginables en el ayer de mi generación. Seres de éxito fácil, fuegos fatuos deslumbrando hasta las personas más instruidas y pensantes.

Las redes sociales están ahora para magnificar las diferencias sociales y por ende la riqueza y la pobreza. ¿Quién no se siente pobre frente a las exuberancias de personajes como Yeferson Cossio, Ami Rodríguez, La Liendra, los cantantes de moda y decenas de influenciadores más que, al estilo de los narcotraficantes de ayer, se han hecho a una riqueza con facilidad, sin sacrificados estudios o trabajos pesados?, ¿a qué joven de hoy no lo persigue el fantasma de la fama y el dinero sin mayor esfuerzo y la frustración por no lograrlo?

Las redes sociales llegaron para quedarse, las desigualdades persistirán en la historia de la humanidad, más allá de cualquier sistema económico o político, ¿cómo conjugar unas y otras sin dañar a las nuevas generaciones? La respuesta a este interrogante es la misma de otros más: la educación desde la familia y la escuela, difícil lograrlo cuando los adultos están contaminados de la mala educación propiciada por FECODE, desde hace años, y el colegio menos, en manos del resentido y politizado sindicato.

Ahora los niños solo sueñan con ser influencer.

ANTES DEL FIN

En el gobierno que fue elegido para luchar contra la desigualdad se privilegian los influencer sobre los profesionales de la comunicación.

Asombra la capacidad destructiva del presidente Petro con sus palabras.

Pareciera que por fin el Congreso de la República está entendiendo su responsabilidad frene a la democracia.

Se desdibujó la novela Klass95, los libretistas de la televisión de hoy se perdieron en la interpretación de los gustos de los televidentes del siglo XXI.

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