AÑO NUEVO, VIDA NUEVA Y LA CORRUPCIÓN DE SIEMPRE

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA Y LA CORRUPCIÓN DE SIEMPRE

Eligio Palacio Roldán

Aunque solo sea un giro más de la tierra alrededor del sol que se nombró año nuevo, su simbolismo es tal que tiene efectos sobre los humanos tales como la renovación del espíritu, la generación de nuevas ideas y planes y el propósito claro de no cometer los mismos errores del período anterior.

Algo similar sucede con la política. A la par de la llegada del año 2024 se presentó la posesión en sus cargos de los nuevos mandatarios locales y el país respiró un aire fresco después de la salida de alcaldes y gobernadores cuestionados por sus comportamientos éticos y el claro fracaso de la izquierda colombiana en el control de la incontenible corrupción.

A pesar de algunas esperanzas de cambio con mandatarios como el de Medellín, Fico Gutiérrez, después de la tragedia que representó para la ciudad Daniel Quintero, el arranque de los gobiernos parece ser más de lo mismo y estar plagado de corrupción.

Las campañas electorales se convirtieron en rentables pero costosas y arriesgadas industrias, en las que participan personas apasionadas por la política, ciudadanos necesitados de empleo o ayudas económicas para desarrollar sus proyectos personales o verdaderos negociantes que buscan enriquecerse a costa del erario.

En el caso de las personas necesitadas de trabajo hay una luz de esperanza cuando resulta ganador el candidato que se apoya, luz que brilla más aún cuando se es llamado a ocupar un cargo o a firmar un contrato y que se desvanece casi hasta apagarse cuando se pide “la cuota” del salario o el honorario porque “es que la campaña fue muy costosa y hay muchas cuentas por pagar”, cuotas que en muchas ocasiones superan el cincuenta por ciento del sueldo o del valor del contrato que “dio tanta dificultad conseguir”. Aunque viéndolo bien, algunos de esos contratos no tienen un objetivo real diferente a recuperar la inversión.

Hasta cuándo Colombia soportará el nivel de corrupción que nos desborda, es increíble como el país ignora o acepta el despilfarro de dinero, cuándo las autoridades controlarán de verdad el tope de las inversiones en las campañas políticas y cuándo nos saldremos del círculo vicioso de elegir los más corruptos a ver “que nos dan” para después lamentarnos y seguir eligiéndolos.

¿Cuándo dejará de ser normal que los alcaldes, además de su sueldo, reciban dinero por cada contrato que firman?, ¿cuándo las empresas licitarán sin ofrecer sobornos? ¿cuándo los ciudadanos dejarán de creer que una alcaldía es una entidad para pedir y pedir con presupuesto ilimitado para saciar a todo el que necesite algo?

Yo creo que la respuesta a las anteriores inquietudes es nunca y, bueno, por eso tenemos los gobernantes que nos merecemos y la corrupción que nos asfixia.

ANTES DEL FIN

Por ahora Medellín ha perdido un poco el olor a mierda de los años anteriores.

¿Qué será de la Colombia del futuro próximo con gente que no estudia y solo quiere dinero fácil siendo YouTubers?

La segunda temporada de la serie de televisión inspirada en la vida de Arelys Henao perdió el encanto de la primera, el cambio de los actores principales y lo repetitivo de la historia echó a los televidentes.

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