Archivos por Etiqueta: Corrupcion

20 AÑOS: LA MISMA CORRUPCIÓN, OTRA SOCIEDAD

20 AÑOS: LA MISMA CORRUPCIÓN, OTRA SOCIEDAD

Eligio Palacio Roldán

El candidato del gobierno, de ese entonces,  era Horacio Serpa, Germán Vargas Lleras es el del hoy.

Hace 20 años, 1998, cubría periodísticamente las campañas políticas a la presidencia de la república, para Caracol Radio, en Medellín. En esos días los colombianos asistíamos  indignados a las últimas elecciones del siglo pasado. La indignación tenía su origen en la financiación de la campaña de Ernesto Samper, el presidente de la época, por parte del cartel de Cali.

Sobre el tema informó la agencia de noticias Reuter el 21 de julio de ese año: “El presidente de Colombia, Ernesto Samper, admitió públicamente el lunes que su campaña electoral en 1994 fue financiada en parte por el narcotráfico.

Pero no obstante ese asentimiento, Samper insistió en que, al momento de la recepción de esos fondos, no tuvo conocimiento directo del tema.

La admisión fue una de las más públicas hechas hasta la fecha por Samper, sobre el llamado narcoescándalo que sacudió a su gobierno desde poco después de tomar posesión y que, en su punto más difícil, amenazó con sacarlo del poder”.

El 14 de agosto de 2013, la Revista Semana hizo eco de las declaraciones del hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, así: “Según William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez, la mafia le pagó al Congreso para eximir al expresidente.

Según su testimonio, la mafia compró a los congresistas para lograr la absolución del expresidente Ernesto Samper Pizano en el juicio que se le hacía en el Parlamento por posibles ingresos de la mafia a su campaña electoral. ¿Por qué? “Porque teníamos que evitar que el presidente Samper se cayera. Si esto hubiera ocurrido, nos habrían extraditado administrativamente. Samper no se podía caer”. “

El diario El Espectador informó el pasado 14 de marzo: “El presidente Juan Manuel Santos se pronunció este martes, por primera vez, sobre las revelaciones que señalan que hubo “recursos no registrados” en su campaña a la Presidencia en 2010. 

Santos pidió excusas por un hecho que calificó de “bochornoso”. Agregó que “nunca debió suceder” y que fue algo sobre lo que se acababa de enterar.”

Hace dos días la Revista semana publicó: “Por estas mismas fechas, hace cuatro años, Roberto Prieto era el líder de la campaña presidencial que estaba a punto de ganar las elecciones. Ahora vive una situación totalmente opuesta a esos días de éxito. El próximo martes, el gerente de Santos Presidente 2014 podría ser enviado a prisión. Este lunes, la Fiscalía le imputó 5 delitos porque, al parecer, recibió sobornos para hacer lobby a favor de privados, entre esos Odebrecht. 

Pero el ente no solo señala a Prieto de esos presuntos actos de corrupción. Además le endilgó el delito de falso testimonio pues, asegura, dijo que no conocía de la entrada de dineros de la multinacional brasileña a la campaña presidencial de Juan Manuel Santos, una versión que habría quedado desmentida en una llamada, en poder de la Fiscalía, que sostuvo con Zambrano.”

Esta misma semana, el periódico El Tiempo informa: “Mediante dos cartas, una dirigida al magistrado Emiliano Rivera y otra a la magistrada Ángela Hernández, la Procuraduría les solicitó “celeridad” en los procesos contra las campañas de Juan Manuel Santos en 2010 y 2014 y su supuesta relación con Odebrecht.”

La repetición de los hechos parece confirmar aquella frase del tango de Gardel, Volver: “20 años no es nada”. La misma financiación de las campañas de los presidentes de la república por parte de los delincuentes, igual absolución. En nuestra historia solo se ha producido un cambio, un cambio que califico de fatal: la pérdida de valores o la generalización del todo vale o la traquetización de la sociedad. Por eso el hecho de que la campaña del presidente Santos haya sido financiada por los corruptos de Odebrecht no lo cuestiona nadie, ni siquiera quienes le otorgaron el Premio Nobel de Paz.

Es más, se diría que hay una complacencia o al menos un silencio cómplice de los medios de comunicación a diferencia con lo sucedido con Samper cuando, comparativamente, solo habían algunos periodistas “enmermelados”, como Darío Arismendi. Ahora muy pocos cuestionan, muy pocos investigan. Todo es silencio.

Tampoco se cuestionan las campañas de los candidatos actuales. Seguramente, en unos años, estaremos narrando la misma historia que hoy no se hace visible para los electores porque, entre otras cosas, a los colombianos no parece interesarnos el tema de la corrupción, a lo sumo como escándalo mediático y chisme de corrillo. Nada más.

El candidato del gobierno, de ese entonces,  era Horacio Serpa, Germán Vargas Lleras es el del hoy.

ANTES DEL FIN

Que pasa con el periodismo antioqueño: no fue capaz de propiciar un buen debate entre los candidatos presidenciales.

Se desdibujó completamente el candidato Fajardo. Pareciera no se preparó para ser candidato presidencial

Anuncios

¿POR QUIEN VOTAR?

¿POR QUIEN VOTAR?

Eligio Palacio Roldán

Nunca he sido uribista y creo nunca lo seré. Incluso no lo era cuando las gentes parecían desmayar ante su presencia, cuando los periodistas por convicción u oportunismo lo adulaban, cuando tenía el mundo a sus pies. Tampoco lo seré ahora y creo que jamás. La única forma sería que, Alvaro Uribe, cambiara su forma de estar en la política y emprendiera una verdadera cruzada en la lucha contra la corrupción, en Colombia, lucha que jamás dará porque nació, creció y ha vivido en sus entrañas, como casi todos los políticos colombianos.

En los años de su presidencia, cuando no soportaba la soberbia y la doble moral con que manejaba su gobierno, no desaprovechaba oportunidad para criticarlo. Un fin de semana, fui invitado por una amiga donde su familia, a uno de nuestros pueblos olvidados. El padre hablaba conmovido sobre los secuestros, en los que fue víctima de las Farc, de cómo había tenido que ceder a los violentos hasta que había llegado Uribe para salvarlo a él, su familia y a los habitantes de la zona, al país. Esa noche no tuve más remedio que escuchar y guardar mis opiniones.

El cuento viene a colación porque creo, hoy más que nunca, en el dicho popular “Cada uno habla de la fiesta según le vaya” (obvio, en la fiesta hay que tener principios). Y así como la familia de mi amiga tiene mucho que agradecerle a Uribe, algunos otros que conozco les sucede lo mismo con Petro e incluso con algún candidato de las Farc.

Si actuamos a conciencia, con sentido de Patria, seguramente encontraremos quien satisfaga nuestras expectativas. Pero más importante, es aceptar la diferencia en la percepción de los ciudadanos sobre los candidatos y las decisiones sobre votar por uno u otro. Nadie está obligado a pensar y sentir como uno y Colombia se enfrenta a un problema que parecía superado: la polarización política, el odio entre contrarios y hacia líderes de los diferentes partidos. La violencia política.

Para el Senado, hace mucho tiempo, descubrí un candidato que no me ha defraudado. Es Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático que, aunque suele caer en las exageraciones típicas de la izquierda, ha hecho un trabajo digno, concienzudo y documentado, en la oposición. También lo ha hecho Uribe, durante estos cuatro años, por eso ambos son importantes en el Congreso. Por Robledo jamás votaría como candidato a la presidencia. Para la Cámara, aún, busco a quien ayudar a elegir el próximo domingo.

En las consultas internas de los partidos políticos votaré por Marta Lucía Ramírez. Es inteligente, decente, eficiente, honesta. Es hora de que Colombia tenga una mujer en el primer cargo de la nación. (Ver ¿MARTA LUCÍA A LA SEGUNDA VUELTA? https://eligiopalacio.com/2017/11/30/10227/)

ANTES DEL FIN

La situación electoral es complicada y la abstención parece romperá récord el próximo domingo. Me contaban amigos proselitistas que, en esta campaña, han tenido que soportar cientos de improperios. La situación es grave no solo para Petro, Uribe o las Farc. La gente no soporta a la clase política. Quienes resulten elegidos tendrán que dar un giro en la forma de conducir al país. De lo contrario, la democracia en Colombia correrá un grave peligro.

Es hora de votar a conciencia y no por un tamal o $50.000.

Ver MI PATRIA CORRUPTA https://eligiopalacio.com/2013/10/08/mi-patria-corrupta/

VOLVER A EMPEZAR

VOLVER A EMPEZAR

Eligio Palacio Roldán

Volver a empezar
Que aún no termina juego
Volver a empezar
Que no se apague el fuego
Queda mucho por andar…

Alejandro Lerner

https://youtu.be/ylZnQkQPKqc

Más allá de la física, la astronomía o la astrología el cambio de año es un volver a empezar.

Después que se apagan las luces de navidad y se silencian los gozos de fin de año llega la hora de desmontar los símbolos de la época más alegre del período para volver a empezar un nuevo ciclo de la existencia. Se comienza de nuevo, generalmente, cargado de proyectos que poco a poco se van dejando de lado para dar paso a la rutina de siempre.

El nuevo año genera nuevas y buenas energías, que dan un nuevo aire en las diferentes actividades en que se desenvuelve el ser humano. Energías que deben aprovecharse al máximo en especial en los primeros meses, para avanzar en los proyectos personales y/o institucionales.

El volver a empezar por el cambio de año es relativamente fácil. Solo se requiere vencer la resaca generada por el descanso, objetivo que se consigue a los pocos días. Sin embargo, hay otros comienzos más difíciles; el más común, el que hay que emprender después de una pérdida económica o afectiva.

Y es que volver a empezar cuando se pierde la fe en sí mismo e incluso las ganas de vivir, es muy complicado. Se requiere valor, persistencia y hasta terquedad para lograr salir de ese estado. Eso se consigue, despacio, paso a paso, con pequeños  avances  y grandes retrocesos. Ideal contar con la ayuda de alguien, no como bastón si no como guía y generador de confianza.

A veces esos “volver a empezar” se convierten en las mejores y más enriquecedoras experiencias de la existencia. Incluso, para muchos, volver a empezar fue lo mejor de la propia vida, cuando ya ha pasado el tiempo y los hechos se miran en perspectiva.

Volver a empezar es la posibilidad de redireccionar la existencia, de abandonar lo que nos hace daño para darle la bienvenida a nuevos seres y circunstancias.

Para volver a empezar no se requieren horóscopos ni adivinos que nos marquen una ruta hacia el éxito. Se necesita una buena actitud y voluntad para afrontar los buenos y los malos momentos a los que nos enfrenta la vida misma.

ANTES DEL FIN

Hace años, muchos años, los amantes de la radio, esperábamos con ansiedad la llegada del nuevo año, por ahí después del 15 de enero, para escuchar las novedades en programación y en contratación de estrellas del periodismo y del entretenimiento de las cadenas radiales Caracol, Todelar, RCN y hasta de Radiosuper. Desafortunadamente, hoy, en la radio no hay innovación: se quedó con los esquemas de siempre. Para la radio, en Colombia, no hay un “Volver a empezar”.

Tampoco hay un “volver a empezar” para la política: La misma historia de corrupción, de apoyos hipotecados al presupuesto nacional de los próximos años. Las mismas mentiras y veleidades y seguramente una mala elección de presidente. Como las de siempre.

Para mi siempre es grato “volver a empezar”. En especial a trabajar, como lo hice hoy.

CARTA DE UN ALCALDE CORRUPTO

CARTA DE UN ALCALDE CORRUPTO

El Pueblo, noviembre 16 de 2017

Señor

Eligio Palacio Roldán

Medellín

 

Apreciado señor Palacio Roldán:

Desde hace cinco años que comenzó a publicar en su blog, www.eligiopalacio.com, he leído sus columnas de opinión, en especial las que se refieren al tema de la corrupción y no sé si reírme o llorar. Incluso, a veces, me despierta una gran ternura  su inocencia. Tal pareciera que usted habitara una galaxia lejana de ángeles y no la tierra que lo vio nacer hace ya más de medio siglo.

Tratando que aterrice sus conceptos, le cuento mi historia que es la misma de cientos, miles, de alcaldes de Colombia:

Alguna vez, con escasos diez años de edad, me nombraron representante del grupo para hablar con el Alcalde de El Pueblo. Era tan elegante, tan bien vestido, tan imponente que se me ahogo la voz y casi no le digo lo que me habían encargado decirle. Ya no recuerdo ni que era. Desde ese día me dije que un día sería el alcalde de mi pueblo y lo logré. Fue difícil,

Poco a poco me fui acercando a los partidos políticos, que como usted bien lo dice, son unas verdaderas sectas. A brazo partido me hice a un espacio. Con cierto respaldo político, tuve la posibilidad de comenzar a hacer favores que se convierten en deudas eternas; bien dice el dicho: “Es mejor deber plata que favores”. Y la gente me fue debiendo favores y esa gente se fue volviendo incondicional mía.

Llegó el momento y me lancé. Una división en el partido contrario era el escenario perfecto. Subía en aceptación y comenzaron a acercarse los adeptos con aportes para la campaña. Recuerdo que uno de los más decididos era un colega suyo: Periodista. El me ofreció “gratis” volantes y unos trovadores que recorrían el pueblo en un carro con alta voz.  Después llegaron los nuevos ricos de El Pueblo con sus dineros y mi movimiento fue creciendo como una ola…

Nunca olvidaré el día del triunfo: la gente lloraba, me besaba, me cargaba, gritaba odas… En el discurso del triunfo agradecí a todo el pueblo,  incluso a los que no habían votado por mí y reafirmé mi promesa de campaña: ¡Cero corrupción!…

Yo siempre he tenido lo mío y no me ha faltado quien me quiera; pero desde que fui elegido alcalde los amores me sobraron. Tanto que mi relación anterior terminó pronto. Vinieron muchas después, simultáneas: no hay mayor atractivo que el poder.

Después todo  comenzó a complicarse. Nunca dimensioné lo que me esperaba: Me había sobrado algún dinero de la campaña con el que me fui de paseo. Al regresar mis antiguos y nuevos seguidores reclamaban su parte del botín. Los puestos burocráticos eran pocos y los aspirantes muchos; como pude nombré a los más cercanos y comenzaron las críticas. Para acallarlas, empecé a pagar silencios con mis ahorros. Cuando me pagaron el primer sueldo ya lo debía; entonces se me ocurrió la idea: cada uno de los que había nombrado debían contribuir con el dos por ciento de su salario. Así fue, pero no era suficiente.

Al segundo mes tuve que mandar hacer unas escaleras internas que me permitían salir a escondidas de la alcaldía y así esquivar a los cientos de parroquianos que pedían para todo tipo de cosas, desde las más costosas hasta las más ínfimas.

A la par del apetito burocrático estaba el de los contratos: en el empalme me di cuenta que era imposible satisfacer tantas necesidades. Recuerdo uno de los más exigentes era su colega: tuve que contratar un programa de radio, cambiar toda la imagen corporativa del municipio y por supuesto la dotación de empleados y oficinas. También mi amigo, aquel que conocí en la universidad estudiando ingeniería y que se había convertido en un hábil contratista, presionaba día y noche por contratos y yo no tenía. Y como ellos eran muchos más. ¡Me iba a enloquecer!

Empecé a incumplir las promesas de la campaña y la opinión pública se fue en mi contra. Menos mal apareció mi diputado a la Asamblea Departamental:

  • Tienes que hacer una gran obra, me dijo. Una que descreste al pueblo y nos deje utilidades a todos.

Así comenzó la obra más grande de El Pueblo, en toda su historia. Era tan grande que logré el “apoyo” del gobernador, Representantes a la Cámara y Senadores. Hasta el presidente “comió”, dijeron. Y saber que el único que tenía que repartir su dinero era yo: El Secretario de Gobierno, el de Planeación, el de Obras Públicas, los Concejales, el Tesorero… Todos los de la alcaldía, porque hasta mi conductor y la señora de los tintos se  dieron cuenta y hubo que darles. Y a todos los del pueblo que seguían haciendo fila…

Realmente me quedó tan poca plata y mi tiempo en la alcaldía se agotaba de tal manera que, con las ambiciones de los concejales “aceitadas”, logré que se remodelara el parque, se iniciara la construcción del colegio, la nueva terminal de transporte y ese puente que el nuevo alcalde, después de dos años, no ha podido terminar… También arreglar las calles, esas que usted dice se desmoronan por falta de cemento; pero es que había que ahorrar costos o entonces, ¿de donde dinero para repartir entre tanta gente?.

Las gentes de El Pueblo dicen que he sido su mejor alcalde… Yo ahorré algún dinero del cual he invertido en una finquita de la que obtengo mi sustento y el de mi familia, pero me ha tocado gastar cuantiosas sumas para impedir que las investigaciones de las autoridades avancen.

Yo debo tener una segunda oportunidad para poder ahorrar algunos “pesitos” para la vejez. La idea es no tener que repartir el dinero entre tanta gente.

Bueno señor Palacio, ahí le cuento mi historia que no es nada distinta a la de los demás alcaldes de Colombia. No es que quedemos llenos de dinero, como usted supone. Es más, muchas veces, los alcaldes terminan sus mandatos sin un peso. Yo porque fui organizado.

Como usted bien sabe hice mucho por El Pueblo: Por eso, en las próximas elecciones aspiraré de nuevo a la alcaldía. Espero que esta vez se decida y vote por mí. Yo soy el Mejor.

Cordialmente,

El Alcalde de El Pueblo

 

Esta es una carta de ficción, cualquier parecido con la realidad es pura Colombia.

DOS LIDERAZGOS: PAPA FRANCISCO – ALVARO URIBE

DOS LIDERAZGOS: PAPA FRANCISCO – ALVARO URIBE

Eligio Palacio Roldán

El liderazgo se define como la capacidad de influir en los demás para lograr un objetivo determinado y, como todo en la vida, se califica según represente y/o ayude a conseguir o no los anhelos individuales coincidentes con los de un importante grupo de la población. Si el líder descubre y canaliza mis intereses digo que es un buen líder, de lo contrario no. Entonces de alguna manera el líder se convierte en prisionero de los deseos del grupo que lidera. El líder, obviamente, es dueño de un gran carisma: atrae, fascina, enamora.

Los dos líderes con mayor carisma y seguidores que he conocido en mi historia son, guardadas las proporciones, Alvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia, y el Papa Francisco, de visita en estos días por varias ciudades de nuestro país.

Por los dos líderes he visto las gentes llorar y vencer todos los obstáculos para tratar de saludarlos o al menos verlos, comprobar su presencia. Por Uribe he visto gente desmayar, también.

El Papa representa hoy, como nunca en la historia de la iglesia católica, la necesidad de la inclusión dada la diversidad en las formas de ser y de estar del ser humano en la tierra. Jorge Mario Bergoglio lo vio, lo comprendió y lo incluyó como política de acercamiento con fieles e infieles, a pesar del sectarismo propio de la organización religiosa que dirige y de una trayectoria de intolerancia que “pesa” sobre la historia de la humanidad. Este hecho le ha generado mayor liderazgo, reconocimiento y seguidores.

Lo mismo le sucedió a Alvaro Uribe en los tiempos de su primera candidatura  y de su período presidencial inicial al interpretar el deseo de los colombianos de derrotar la guerrilla, Falló, el hoy expresidente, en interpretar el deseo de todo un país de vencer a los corruptos y de transformar la clase política.  Se equivocó y utilizó su liderazgo conestando con los corruptos y de alguna manera traicionando a sus electores. Ese hecho le generó la oposición de grupos de opinión que lo han desgastado al igual que no ver y entender los nuevos deseos de paz de los colombianos. Es decir dejó de interpretar y canalizar los anhelos de sus liderados. No de todos, obviamente, pero si de una gran cantidad, en especial de los demás líderes de opinión. En esta posición Uribe recuerda a los tradicionales líderes negativos de la escuela, imposibles de controlar por la maestra angustiada.

Al igual que el de Uribe, el liderazgo del Papa peca por no escuchar los deseos de una gran parte de las gentes que lo siguen. En el caso colombiano, la necesidad de que los exguerrilleros de las Farc muestren algo de arrepentimiento, algo de reparación y que no lleguen como en la parábola bíblica, citada esta semana por el presidente Santos, como el hijo pródigo: con mayores privilegios que el resto de colombianos que tienen que luchar a diario por sus subsistencia; por que el mensaje que queda al final de esta historia es que ser guerrillero fue mucho más rentable económica y socialmente que ser un ciudadano de bien.

Puede leer
LO TANGIBLE DE LO INTANGIBLE https://eligiopalacio.com/2013/03/13/lo-tangible-de-lo-intangible/
BUSCANDO A FRANCISCO… EL PAPA https://eligiopalacio.com/2017/09/05/buscando-a-francisco-el-papa/

ANTES DEL FIN

Excelentes los “Buenos Aires” que deja el Papa en la sociedad colombiana, ojalá permanezcan por algún tiempo; pero ¿Cuánto costó su venida a las debilitadas arcas de nuestro país?

Increíble la fe de los comunistas de ayer, aquellos para los cuales la religión era “el opio del pueblo”. Increíble, también, el distanciamiento del Centro Democrático en la visita del Papa, los rezanderos de nuestra historia reciente. En ambos casos, es más fuerte el ansia de poder que la religión. Con el paso del tiempo, resultó siendo más opio del pueblo el ansia de poder que la política.

CORRER EL VELO

CORRER EL VELO

Eligio Palacio Roldán

“Ser pillo paga”

Son muchos los velos que se han corrido en la historia de la humanidad. Uno de los más significativos, creo yo,  y más difíciles de develar fue el de la teoría geocéntrica que indicaba que la tierra era el centro del universo. Romper con esa creencia costó la condena por parte de la “Santa” Inquisición de científicos como Copérnico (Siglo XVI) y Galileo (Siglo XVII) y cerca de cuatrocientos años de tiempo para comprender y concluir que la tierra giraba alrededor del sol. Bueno, hablo de la iglesia católica que ha sido muy lenta a la hora de reconocer sus errores: Solo hasta 1991, el Papa Juan Pablo II, reconoció su error.

Ya antes se había corrido el velo de la teoría de la tierra plana, de la mitología de Mesopotamia, por parte de la filosofía griega y la astronomía helenística, varios siglos antes de Cristo.

Puede ver EL FIN DEL MUNDO (Video) https://eligiopalacio.com/2015/11/04/el-fin-del-mundo-video/

La Real Academia de la Lengua Española define velo como  “cosa que encubre o disimula el conocimiento” y correr el velo “descubrir algo que estaba oscuro u oculto”. En  la vida diaria el velo lo lleva uno, o lo lleva el Otro, o ambos y como se expresó, antes, develarlo es muy complejo. Correr el velo que se tiene, sin importar el del Otro, genera alivio e incluso alegría para el ser humano que lo logra, no importa la dolorosa verdad que se haya descubierto. Sin embargo, muchos prefieren permanecer con el velo puesto para evitarse el sufrimiento y como se dice popularmente “mueren inocentes”. El velo distorsiona o impide ver la realidad y entonces la existencia se construye sobre supuestos falsos y/o equivocados, que generalmente producen sufrimiento.

En Colombia llevamos muchos años jugando a poner y correr el velo de la corrupción y a pesar del dolor que genera cada descubrimiento, en la sociedad, pareciera que en el ser humano, en cada colombiano, no se produjera ningún cambio positivo. Es más, en vez de generar un rechazo hacia este mal, que corroe al país, se esparce como plaga incontrolable. ¿Por qué?,  se preguntan muchos. La explicación lógica es la falta de una justicia eficaz. El ciudadano percibe que es buen negocio ser corrupto. “Ser pillo paga”. ¿Dónde están las grandes condenas por corrupción en Colombia?

La historia velada de Colombia está llena de historias de fortunas amasadas a punta de corrupción, entonces ¿por qué extrañar su democratización?, ¿por qué santiguarse ante una cultura que hemos propiciado y que se acentuó con el narcotráfico, desde los tiempos de Pablo Escobar?

Puede leer LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/

Al igual que con la violencia que ha estremecido a Colombia, para comprender y concluir que la corrupción hace daño nos demoraremos mucho tiempo, ojalá no tanto como la iglesia católica para reconocer que la tierra gira alrededor del sol. Para ello, solo una posibilidad: “educación, educación, educación”. Bueno, impartida por la poca gente decente que debe quedar en el país.

ANTES DEL FIN

Hace unos años un amigo me dijo que iba a incursionar en el narcotráfico.  Pretendía sacar a su familia de la pobreza. No le importaba su presente, ni su futuro inmediato, incluso morir. Estuvo en el tráfico de drogas ilegales y luego migró a un oficio de menor riesgo: La corrupción. Ya tiene asegurado el futuro de su familia y yo creería que el suyo. “Es el ejemplo, es el ejemplo”, decía mi profesor de ética.

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

Eligio Palacio Roldán

Los tiempos lógicos del psicoanálisis hablan de momentos para ver, comprender y concluir.  Se supone que luego del tiempo de concluir llega la modificación de las conductas que le hacen daño al ser humano. En materia de corrupción, en Colombia, a simple vista, esos tres tiempos hace mucho rato terminaron y no parece verse ningún efecto positivo de transformación en nuestra sociedad.

¿Será que falta tiempo para ver? No creo. Hemos visto  cómo la corrupción irrumpe en los pequeños poblados y en las grandes ciudades, en los concejos municipales y en el Congreso, en las alcaldías y en la Presidencia de la República, en las inspecciones de policía, los juzgados y las cortes, en los  pequeños círculos de poder y en las grandes corporaciones, en el ejército y en la policía. En fin, hemos visto cómo este flagelo se esparce por el país cubriéndolo todo.  Pasamos de los tiempos de Turbay Ayala, en la década del 80, del siglo pasado, cuando nos escandalizamos por su propuesta de reducir la corrupción a sus “justas proporciones” a pensar que ojalá tuviésemos los niveles de esa época.

Con la corrupción sucedió lo mismo que con el narcotráfico: fue visto con simpatía o con indiferencia hasta que permeó casi toda la sociedad colombiana. No en vano, ocupamos el primer lugar de producción en cocaína en el mundo.

¿Será que falta tiempo para comprender? Creo que sí. No hemos comprendido del todo. Nos parece monstruosa la corrupción de la clase política, del congreso, del ejecutivo pero nos parecen normales las pequeñas grandes corrupciones nuestras: colarnos en las filas, cruzar los semáforos en rojo, eludir el pico y placa, entrar al colegio o a la universidad con alguna “ayuda”, comprar la libreta militar, evadir impuestos, recibir prebendas por ayudar a la consecución de algo o el otorgamiento de un contrato. Nuestra cultura es del “vivo”, no del estúpido.  El otro es un corrupto: Yo mismo, o los seres cercanos a mí  astutos e inteligentes.

Falta tiempo para comprender el mal que le ha hecho a Colombia la elección popular de alcaldes en pequeños municipios, que han sido hipotecados a los corruptos y/o a los delincuentes de cualquier calaña, para dilucidar las nefastas consecuencias de la reelección presidencial y de las negociaciones de la paz con las Farc a cualquier precio.

¿Será que falta tiempo para concluir? Mucho. Si no se comprende tampoco se concluye. Se requiere aceptación por parte de todos y cada uno de los colombianos y entender que la corrupción es un mal que destruye la sociedad, que genera injusticias e impide la convivencia en paz entre los humanos. No basta con observar pasivamente lo que pasa, En esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que tienen que ser más incisivos y exhaustivos a la hora de demostrar las consecuencias nefastas de esta desgracia.

Falta tiempo para que surjan líderes que nos permitan ayudar a comprender y a concluir que el fin no justifica los medios, que el bien general está por encima del particular, líderes que generen credibilidad al estilo de lo que fue alguna vez Alvaro Uribe Vélez, quien desaprovechó la mejor oportunidad en la historia de Colombia para cambiar las costumbres y la forma de hacer política. En el momento esos líderes no existen, todos hacen parte de un sistema político corrupto. Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Martha Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?

ANTES DEL FIN

Nueve columnas sobre el tema de la corrupción en cinco años, de www.eligiopalacio.com, y múltiples referencias en los cientos de escritos muestran una permanente preocupación por una de las mayores problemáticas de la sociedad de hoy. Problemática que parece agravarse, día a día, con el destape de escándalos como el de Odebrecht:

« Entradas Anteriores