REGODEO Y ENVIDIA

REGODEO Y ENVIDIA

Eligio Palacio Roldán

“Complacerse maliciosamente con un percance, apuro, etc., que le ocurre a otra persona”

“Tristeza o pesar del bien ajeno”

RAE

Regodeo y envidia son dos sentimientos muy comunes entre los humanos que no por comunes son saludables, es más, son molestos para quien los descubre hacia sí y causa dolor en quien los padece, así no sean conscientes ni de los sentimientos ni del daño y el dolor que causan en su espíritu.

El regodeo, schandenfreude en alemán e inglés, lo descubrí sin saber su definición, hace bastantes años, cuando asistía a las honras fúnebres de familiares y/o amigos, en esas ceremonias los asistentes acudían a consolar a los dolientes y luego buscaban un rincón para hablar de ellos, en esas conversaciones se conjugaba este sentimiento con la envidia: qué si estaban separados, si muy viejos, “flacos, cansados, ojerosos, sin ilusiones”, millonarios o pobres, entre otros. Se tejían toda clase de leyendas sobre el muerto y sus familias. Desde ese entonces me alejé de este tipo de ceremonias y cuando me tocó afrontarlas, con la muerte de mi madre, las eludí. No quería que nadie se acercara con su regodeo, ni siquiera con sus sentimientos nobles porque no podía discriminar a unos u otros según sus propósitos. Etiqueta que llaman.

En cuanto a la envidia, no solía sentir ni percibir tristeza por el bien o bienestar ajeno, inocencia de mi parte claro está, hasta que comencé a encontrarla en la cotidianidad, en la sonrisa soterrada por tu éxito, en la incredulidad, en el “por qué usted es tan de buenas”, en el halago exagerado y falso.

Pero si el regodeo y la envidia son molestas para la víctima son absolutamente dañinos para el que los padece.

Los que sufren el schandenfreude, porque realmente lo sufren, están continuamente en función del dolor ajeno, buscando padecimientos y desgracias en el otro, para sentir una especie de tranquilidad morbosa, “donde eso me pase a mí no sabría cómo afrontarlo”, “que triste tu situación”, “esa enfermedad es muy horrible, un amigo mío le dio lo mismo y se murió y antes sufrió demasiado” y obvio, no se pierden velorio alguno. Así consuelan e internamente se reconfortan.

Los que padecen de envidia cargan un gran dolor, el dolor de no ser como el otro, de no tener lo del otro, de no vivir como el otro. Ese dolor que se mezcla con rabia les impide gozar de sus propios bienes, de sus familias, de su forma de estar en el mundo y se traduce en ambición desmedida, en la búsqueda de placeres externos, en el miedo a estar solos consigo mismos, viven en función del otro, buscan su aprobación insistentemente, pretenden ser superiores a todos los demás. Son infelices per se.

Obviamente, como en la parábola bíblica, que tire la primera piedra quien no haya sufrido de schandenfreude o envidia. El problema no es que se generen estos sentimientos, la dificultad está en no hacerlos conscientes, no controlarlos, no saber que hacer con ellos, o a lo sumo no maltratar al semejante a través de ellos. Respirar profundo y entender que la vida es tan solo el transcurrir de instantes, unos felices y otros no, y que cada ser humano tiene su propia historia, distinta, ni mejor ni peor que la propia, solo diferente y que la vida es demasiado corta para no disfrutarla por vivir en función del otro.

ANTES DEL FIN

Comenzó el fenómeno del niño con sus olas de calor, su sequía, sus estragos sobre la producción de alimentos y en poco tiempo con los desafortunados incendios forestales. Es tiempo de repensar nuestra posición frente al planeta y de cuidarlo al máximo.

Baja el dólar y la inflación, las cosas vuelven a la normalidad después de la casi olvidada pandemia del coronavirus y unos y otros reclaman aplausos sobre hechos económicos en los cuales no tienen ninguna incidencia.

Las campañas políticas se asoman con el despilfarro de millones de pesos. Pregunta zanahoria: ¿cómo los recuperarán los “inversionistas”?.

2 comentarios sobre “REGODEO Y ENVIDIA

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