AL FILO DE LA TARDE

AL FILO DE LA TARDE

Eligio Palacio Roldán

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Con las últimas luces de la tarde sobre su cuerpo, se proyectaba una sombra inmensa en la ladera por la que descendía el hombre, todos los días, al caer del sol.

Algunos dijeron que era un gigante venido de tierras extrañas, Para la mujer era su espera, su ilusión, su deseo. A las 6:00 llegaba hasta ella y la besaba apasionado, luego la sombra se sumergía en la noche.

Esa tarde lo aguardó por horas, quizás hasta la madrugada. No volvió más. Después, ella lo esperó por incontables atardeceres, como Penélope, la de la canción de Serrat. No lloró. Tampoco habló más.

Con el tiempo se borraron las imágenes del hombre,  la sombra gigante y  la mujer, ya tan marchita como la misma tarde. Incluso la de la ladera, que sucumbió al progreso. Allí, hoy, se levantan imponentes edificaciones.

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