Archivos mensuales: julio 2014

ESPERANDO LA MUERTE

ESPERANDO LA MUERTE
Eligio Palacio Roldán
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Centenares de laparianos desfilaban hacia el cementerio, en esta tarde gris de septiembre, seguían un vehículo color negro, con una cinta morada y una corona de flores, aunque había silencio, no se percibían restos de llanto o desesperanza y no se vislumbraba la presencia de algún sacerdote.

 El Viajero leyó sobre la cinta: “Aquiles Pérez Santos 1889-2001”.  Sonrió y tarareó una vieja canción…

“Todo lo acaban los años 
dime que te llevas tu
si con el tiempo no queda
ni la tumba ni la cruz”

Siendo muy niño, alguna vez, Aquiles, escuchó que una pariente había fallecido por una hemorragia, fueron varios días lavando las sábanas para desmancharlas; un día tropezó y su rodilla comenzó a sangrar, entonces creyó que iba a morir. Lloró, sin consuelo, por varias horas, hasta que logró que su padre le comprara un ataúd. Su obsesión por la muerte les hizo pensar, a muchos, que su vida sería breve. Tenían razón, su existencia fue corta; se reusó a vivirla por miedo al “más allá”.

 Aquiles celebró 109 navidades con la muerte, ahí, debajo de su cama. Cada diez años cambiaba su deteriorado ataúd. Siempre tuvo presente que muy pronto se iría a morir, pero la muerte se demoró en llegar.

 En las noches, sin luna, la muerte invadía todo su espacio, la sentía tan próxima que solo atinaba a llorar, tanto que, sus lágrimas mojaban dos docenas de pañuelos de seda, blancos. Las luces artificiales se encendían con prontitud para evitar el terror; pero, afuera, la oscuridad lo dominaba todo.

 Nunca quiso cerrar sus ojos, le parecía que si lo hacía se iba a morir.

 Vio la muerte en cada animal, en cualquier corriente de agua, en los árboles, en los vehículos, en su casa. Caminaba lerdo tratando de descubrir las amenazas, los peligros. Su mirada recorrió, con pánico, cada hueco, cada precipicio, algún elemento punzante. Se la pasaba describiendo “las mil y una” formas de cómo llegaría la muerte, a terminar con su vida.

 En las noches de violencia, en Lapario, durmió debajo de la cama, entre su ataúd,  tratando de escuchar los pasos, primero de la chusma, luego de las guerrillas de izquierda o de derecha, de los narcotraficantes o de los delincuentes comunes, que llegarían por él, para matarlo.

 Nunca saludó a un enfermo, ni asistió a un entierro. Tal vez se contagiara.

 En las calles, se le vio siempre con un pañuelo, blanco, en la mano con el que cubría su boca y nariz. Algunos dijeron que era boquineto, otros que tenía una hermosa boca, que cubría por miedo a las infecciones.

 En su casa, nadie podía usar su vajilla y sus cubiertos; primero su mujer y luego quienes le cuidaron tenían que estar vestidos de blanco y desinfectados, para estar en contacto con él o con sus alimentos.

 Cuando hizo el amor con su mujer se desinfectó obsesivamente antes y después del coito, no fuera  que le contagiara alguna enfermedad. Nunca la besó.

 Tampoco besó a sus hijos, ni los acompaño en sus resfriados. Que tal que se enfermara.

 Nunca le estrechó la mano a alguien. Para el saludo de paz, en las épocas en que asistía a misa, usó guantes.

 Y la muerte llegó tranquila, a pleno sol de mediodía, lo encontró durmiendo en su cama, con una dulce sonrisa en los labios.

 
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EL CONGRESO “ESTA QUE ARDE”

EL CONGRESO “ESTA QUE ARDE”
Eligio Palacio Roldán

Varios medios de comunicación colombianos, en especial alguno radial, se lamentan por la presencia del expresidente Alvaro Uribe Vélez en el Congreso; lloriquean porque, según ellos, la situación en el Capitolio está y estará que arde, afirman que, seguramente, este hecho limitará la “eficiencia” del legislativo.

Lo curioso  de las afirmaciones está en que, ahora, se está reconociendo alguna eficiencia en el legislativo y si, en el futuro cercano, no se vieran resultados o se percibieran pobres, como siempre, la culpa sería de Alvaro Uribe, como todo lo negativo que ocurre en el país, desde hace cuatro años.

Todo indica que, efectivamente, el Congreso arderá y arderá por la presencia de mentes liberadas de la “mermelada”; además de Alvaro Uribe y su bancada, Jorge Enrique Robledo, Iván Cepeda, Navarro Wolf, Claudia López. También, arderá por lo nocivo de la reelección presidencial, por la dificultad  para mantener una coalición con una oposición decidida a denunciar la corrupción y porque, obviamente, el actual presidente no tiene el carisma ni la conexión con la gente, que tuvo su antecesor.

Pero, ¿qué significa ver arder, en sentido figurado, el Congreso? Arder significa estar en combustión, combustión quemar y quemar  consumir con fuego.

“El fuego  junto con el agua, la tierra y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales

Investigaciones antropológicas explican los festivales ígnicos, como ejemplos de magia imitativa para asegurar la provisión de luz y calor en el sol o con fines purificatorios, por un lado, y de destrucción de las fuerzas del mal, por otro. En este simbolismo dual, el triunfo y vitalidad del sol (espíritu del principio luminoso) sobre las tinieblas, exige la purificación como sacrificio necesario para asegurar la victoria.”

Esta definición de fuego de Wikipedia viene a cuento porque, ver “arder” al Congreso ha sido el deseo íntimo de todos los colombianos, nacidos con posterioridad al nefasto Frente Nacional, adefesio que consistió en un acuerdo que distribuyó el poder y la corrupción del estado entre liberales y conservadores, desde la década del 60 del siglo pasado, y que no hemos podido superar después de más de medio siglo.

Durante los próximos cuatro años, los colombianos vamos a poder identificar los gobernantes y sus ideologías, ideologías que se quedaron guardadas entre el closet para mostrar una cara conciliadora, ante un país hastiado de la violencia. En ese closet, a escondidas, se generaron injusticias, inequidades y desigualdades que a su vez derivaron en una violencia superior a la que se quiso evitar.

Bienvenidos todos al Congreso: los de extrema izquierda, los de extrema derecha, los puritanos, los pecadores, los godos, los revolucionarios, todos, sin máscara, frente a un público testigo del purgar de sus penas, viendo como arden pasados oscuros, conceptos, pensamientos retrógrados o de avanzada, desestabilizadores. Es una catarsis, que necesita nuestra clase política, que necesitamos todos los colombianos para que logremos esa purificación interior que requerimos todos los colombianos, si queremos erradicar todas las formas de violencia y esperar unas generaciones más  limpia, con mayores oportunidades  y sobre todo más felices.

ANTES  DEL FIN

Bienvenido Álvaro Uribe al Congreso, ya lo había dicho en una columna anterior, http://wp.me/p2LJK4-H4, al expresidente la vida le dio una segunda oportunidad para resarcirse de los errores cometidos en sus ocho años de gobierno; nadie como él conoce los intríngulis del poder, la generación de la corrupción. Espero sus denuncias, su trabajo, desde el Senado para purificar la clase política colombiana.

Faltarán en este Congreso los protagonistas directos del paramilitarismo y las guerrillas de izquierda de nuestro país, ojala hicieran parte de él, para que el fuego que se verá en el Capitolio Nacional también los purifique.

UNA ESPERANZA PARA MEDELLÍN, LA CIUDAD TOMADA

UNA ESPERANZA PARA MEDELLÍN, LA CIUDAD TOMADA
Eligio Palacio Roldán
Al estado se le evade el pago de impuestos, a las bandas paraestatales se les ofrenda con temor y agradecimiento.

 
 

El pasado viernes, cuatro de julio, pretendía vivir y describir la que sería la celebración, del triunfo histórico de la Selección Colombia sobre su similar de Brasil, en un barrio popular de Medellín:

 –   Los invito a ver el partido en Santo Domingo Savio, les dije a algunos compañeros de trabajo.

–   Usted tiene alma de suicida, dijeron

Solo mi amiga, Jackie, aceptó la osada propuesta. Después de un difícil viaje, por la congestión del metro, llegamos al barrio lleno de nostalgias de pueblo. Todo estaba preparado para la fiesta  y la discoteca central, con un telón improvisado como pantalla fue el escenario; obviamente allí asistían los de mayor capacidad adquisitiva del barrio, capacidad adquisitiva que solo alcanzaba para un chorizo y papitas para una pareja y sus dos niños y quizás dos gaseosas…

Mientras la angustia del resultado del partido hacía mella en la cara de los aficionados, al WhatsApp de Jackie entraban decenas de mensajes pidiéndole que regresara, que estaba en peligro, y yo pensaba que mi crónica estaba condenada al mismo fracaso, de la Selección Colombia, en ese partido.

Derrotados salimos con destino a la Biblioteca España a lamentar el estado de la construcción y a contarle a Jackie lo bien que me había sentido, alguna vez, allí, viendo a los niños aprendiendo en medio de libros y  computadores y como ese hecho me había generado esperanzas para la ciudad. Aproveché, entonces, mi labor de reportero en la calle, con el miedo de mi acompañante que, en cada habitante del barrio, presentía un integrante de la banda delincuencial que controla la zona.

Y bueno, una mujer, que lleva más de medio siglo en el barrio, nos narró como en esos primeros años no había ni energía, ni agua y como construyeron sus primeras casas de cartón y de la transformación del barrio con el Metrocable y  de la biblioteca, del turismo que les trajo bienestar  económico, del colegio y de las posibilidades de los jóvenes de asistir al Sena y a la universidad, gracias a la Fundación EPM, y del bienestar que generan las bandas que controlan la población.

¿Bienestar?, me pregunté, alarmado. Si, bienestar, me reafirmó mi interlocutora y me aclaró que los Urabeños erradicaron la delincuencia y la violencia que existía por el enfrentamiento entre las diferentes bandas, que son buenas personas pues luchan por la paz en el  barrio y  que esa paz genera turismo, trabajo y posibilidades de educación para los jóvenes. Habló también de la convivencia entre las autoridades y los delincuentes y la calificó como positiva.

“A los “muchachos” se les paga de acuerdo a la capacidad de cada uno y ellos garantizan la seguridad de la zona”; triste paradoja para quién ha dedicado gran parte de su vida a la tributación: al estado se le evade el pago de impuestos, a las bandas paraestatales se les ofrenda con temor y agradecimiento y pensar que en esa zona el gobierno ha invertido cuantiosas sumas de dinero, como los más de 24 millones de dólares que costó la construcción del Metrocable (inaugurado en 2004) y los más de 15.000 millones de pesos en la Biblioteca España y que tendrá que invertir otros 10.000 millones en su reparación; sin contar el moderno colegio que se impone a la vista de los visitantes.

“Malagradecidos”, como diría el vicepresidente electo de Colombia, Germán Vargas Lleras, sería lo más fácil de expresar; pero, ¿hasta dónde ha llegado la penetración de la ilegalidad en nuestra cultura? Difícil narrarlo, terrible percibirlo.

En una anterior columna, MEDELLIN ILEGAL http://wp.me/p2LJK4-UU, mostraba como la distribución de droga hacía de las suyas en la ciudad; ahora concluyo que quizás yo sea de los pocos que aún no hace parte de esa ciudad, la ciudad tomada.

Y entonces, vuelvo sobre lo mismo, para indignación de algunos amigos: El único camino que nos queda es invertir, invertir e invertir en infraestructura, en educación y en generación de oportunidades para que futuras generaciones vivan en una ciudad libre; mientras tanto, frente a la delincuencia, las autoridades, encabezadas por Anibal Gaviria,  tienen muy poco que hacer; tal vez, tan solo, generar acuerdos de convivencia.

ANTES DEL FIN

Un acuerdo con la guerrilla significa un acuerdo de convivencia en unas zonas y con unas poblaciones también tomadas, por la delincuencia, como Medellín. En ese orden de ideas, apoyo los acuerdos de paz. La obligación del gobierno será invertir mucho, mucho dinero, en esas zonas para ver, si algún día, nuestra Patria llega a ser libre.

 
 

EL CURA, EL AHOGADO Y SU MUJER

EL CURA, EL AHOGADO Y SU MUJER
Eligio Palacio Roldán
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Las manos se movían desesperadas de arriba a abajo tratando de desaparecer un pequeño punto negro sobre la templada sábana. Un grito desesperado rompió la noche,  el anciano sudoroso parecía librar su última batalla por la limpieza; se le veía impotente, desorientado, con sus escasos cabellos blancos desordenados; allí, en su cama, vestida de blanco inmaculado.

 No era esta la única pesadilla del anciano Cura, allí, en la casa de retiro, donde permanecía encerrado haciendo frente a la justicia de los humanos; en varias oportunidades, en sus sueños, se sentía asediado por cientos de perros que amenazaban devorarle. Esos perros, habían sido sus primeras víctimas; bueno, las primeras que habían muerto, otras estaban, aún, vagando por el mundo.

Fueron las mujeres, en el pueblo vecino, las que descubrieron la masacre, esa madrugada, cuando llegaron al rosario de aurora; todos estaban allí, con las bocas abiertas que dejaban ver unos dientes blancos, brillantes, en medio de la baba espesa.

Que fueron más de cien perros dijeron algunos; que murieron muchos de pedigrí, agregaron otros. Los perros solían ladrar toda la noche, libraban grandes batallas, en el amplio atrio de la iglesia que le había robado las entradas a las casas vecinas; semanas antes hubo un escándalo: un hombre quiso salir, en la madrugada, de la Casa Cural, los perros se le abalanzaron y si no es por el Cura, que hizo disparos al aire, el hombre habría sido devorado por los animales. Muchos dicen que, ese hombre, era el mismo ahogado de varios años después, en Lapario.

Un día, a los pocos meses de la llegada del Cura, al pueblo, cuando ya había derrumbado la entrada gótica y el ángel del cementerio,  a la media noche, se sintieron susurros y el ruido de vehículos que se alejan; en la mañana se vieron los bares y las casas de las afueras abandonadas por las mujeres de la vida alegre. En las semanas siguientes, se habló de amenazas. Una noche de viernes, se sintieron los disparos que acabaron con la vida de un joven alto, de grandes ojos negros.

Cuentan que El Cura conocía los pecados de todos los habitantes del pueblo y que los más pecadores: los infieles, los homosexuales, las prostitutas, los drogadictos y los ladrones se marcharon del pueblo gracias a los “consejos” del sacerdote; otros, que no los atendieron, fueron asesinados.

El Cura había nacido para servirle a Dios, a la Iglesia. Cuentan que, de niño, su padre lo subía a un viejo pilón de madera para que oficiara de sacerdote; de adolescente ya llevaba varios años de acólito y de adulto eran muchos los seres del sexo masculino que había convertido “a la fe”, gracias a su ternura y buen trato.

Todo empezó a ir mal desde aquel día en que La Mujer, habló con el Obispo; el prelado llamó de inmediato  al Cura y le exigió escoger entre él y la iglesia, y el hombre. Con el Ahogado había un amor de siempre, con el Obispo una relación de pasión y de conveniencia…  Eran tantos los secretos compartidos.

El Cura no quiso tener nada más con El Ahogado; dicen que se despidió de él con severidad pero que, cuando se marchó, lloró por mucho tiempo; cuentan, incluso, que aún tiene una fotografía suya, ya borrosa por las lágrimas y el sudor impregnados, que acaricia a escondidas.

Indica la historia, o quizás la leyenda, que El Ahogado, antes de sumergirse en las aguas del río, dejó ante las autoridades una carta con las pruebas de los delitos de El Cura; otros dicen que fue La Mujer quien lo denunció. El Obispo fue ascendido a Cardenal.

En Lapario, aún, muchos afirman que El Cura es un santo; que el pueblo es lo que es gracias a lo que hizo, por la limpieza de la región, que desde su llegada al pueblo todo fue prosperidad. No saben, la gran tragedia del sacerdote: la pequeña mancha negra, de su sábana.

MEDELLIN ILEGAL

MEDELLIN ILEGAL
Eligio Palacio Roldán

Un hombre, a veces de piel oscura, a veces no; a veces viejo, con barba, a veces no; a veces sucio, a veces no; siempre alerta, saca de los bolsillos, de entre los interiores, de sus zapatos, de su múltiples bolsillos pequeñas papeletas, con droga, que entrega, a cambio de dinero, a los transeúntes.  Los vecinos parecen no ver, los dueños de los vehículos en cuyas carrocerías se oculta, también, la droga, tampoco; menos la policía que a veces patrulla y ni remotamente las autoridades municipales y departamentales.

La anterior escena ocurre en una cuadra de Medellín, donde todos callan, donde todos temen, donde muchos asisten, hasta extranjeros, buscando otras sensaciones, otros placeres… Y la escena se repite en una cuadra y en otra y en otra más y en muchas otras, tantas que no se pueden contar, ni describir, ni ubicar en el mapa de la ciudad de Medellín; tanto que si señalaran con alfileres sobre el plano quizás se parecería al parque de las luces, lleno de pilares humeantes, símbolo del consumo de drogas.

Y ya son “normales” el olor a droga fumada u olida y su humo, también, y sus desechos y sus desechables.

¿Y cómo serán las cifras de consumo? Veamos:

Agencia EFE, 24-09-13

“La ONU advirtió sobre el crecimiento del consumo de drogas en el país especialmente entre los universitarios. En comparación con la región andina, Colombia es primera en el consumo de coca entre los universitarios.

La prevalencia de coca en el país está por encima del consumo mundial.

En los últimos años los productores y traficantes de drogas han pasado a convertirse en cabezas poco visibles y “la amenaza se ha atomizado””.

El Mundo.com, 13-06-2013

“Solo en el área metropolitana, el consumo de marihuana, cocaína y bazuco está por encima, el doble, de la media nacional y las edades de inicio para el consumo se ubican entre los 12 y 14 años. 

Según el Segundo Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar, Colombia – 2011, entre los departamentos con mayor consumo de marihuana está Antioquia, con un 11 %. En cuanto a cocaína ocurre lo mismo con una tasa del 3 % aproximadamente.   

El licor, aunque es legal también es una droga, y según el estudio, registra una tasa del 48.33 % en el consumo por parte de estudiantes en Antioquia. Este es considerado el de mayor problemática social y la edad del primer consumo se ubica en los 11 años”.

COLPRENSA, 13-3-13

“Bogotá, Medellín y Pereira son las tres ciudades con mayor problemática de consumo de drogas en Colombia.

Los jóvenes se están iniciando a los 12 años en consumo de las denominadas ‘drogas lícitas’ como alcohol y tabaco, hacia los 14 años en las ilícitas como marihuana, heroína y hay también una sustancia conocida como Dick, que están consumiendo. Es un líquido transparente que se distribuye en pequeños frascos, utilizado para limpiar máquinas industriales  y ha reemplazado entre las novedades al ‘popper’.

Dos millones de pesos mensuales vale el tratamiento a una persona adicta.

18 a 24 años el mayor nicho de adictos a las drogas.

Las EPS están en la obligación de atender a los adictos a las drogas. La metadona para tratar la adicción está incluida en el POS.

La adicción a las drogas está reconocida actualmente como una enfermedad. Por lo tanto, las EPS así como los hospitales deben brindar atención y tratamiento a los consumidores de drogas”.

El Colombiano, 30-05-12

“La prevalencia del consumo de marihuana en el departamento es del 19,3 por ciento y en algunas regiones llega al 29,6 por ciento. En contraste, las cifras del país señalan que el 7,99 por ciento reconoció que en algún momento de la vida consumió esta droga.

En cuanto a edades, el promedio de inicio en Antioquia está entre 15 y 16 años.

El consumo de cocaína  es del 9,6 por ciento y la edad promedio de inicio en cerca de los 18 años”.

Y entonces, ¿será cierto que en Colombia, Antioquia y Medellín se disparó el consumo de drogas ilegales? ¿Si las drogas son ilegales, entonces Colombia, Antioquia y Medellín están dominados por la ilegalidad? ¿Si Colombia, Antioquia y Medellín están dominados por la ilegalidad, entonces nuestras autoridades son solo un formalismo? ¿Si nuestras autoridades son solo formalismo, sobran?

ANTES DEL FIN

Otra vez, insisto, al alcalde Gaviria y a las demás autoridades locales y nacionales, en esta parte de nuestra historia, les tocó “hacerse las bobas” y pensar en las nuevas generaciones; mientras tanto, distraigámonos, por ahora, con fútbol y, luego, con un proceso de paz  que siendo optimistas, nos dejará en las mismas.