HOMBRES MALTRATADOS

HOMBRES MALTRATADOS
Eligio Palacio Roldán
“Nadie me daría dos días de vida
por la forma en que me encuentro hoy,
tengo la mirada de ansiedad vacía
ya no hay alegría donde voy…”

Cuando cursaba los primeros semestres de Ingeniería Industrial, por allá en los años 80, me llamaban poderosamente la atención los continuos moretones en el rostro de uno de los profesores: José. Que era muy torpe, decían algunos; que su mujer le pegaba, decían otros. La verdad, no me parecía lógica ninguna de las dos versiones: Por un lado, no sonaba creíble que un consumado deportista se estuviese chocando con las paredes y tampoco que se peleara con su mujer, pues se les veían continuas expresiones de afecto. Demasiadas, pensábamos algunos.

Pasado algo más de un año, en una fiesta, nos encontramos con la esposa del profesor; estaba bastante pasada de tragos y nos invitó a su casa a rematar; al llegar, despertó a gritos a su esposo. Serían las tres de la mañana y el hombre se levantó entre aturdido y temeroso. “El niño me ha dado mucha brega”, dijo.

La mujer se sentó en medio de la sala, puso el equipo de sonido a alto volumen, sin importarle que el niño volviera a llorar, y con voz recia ordenó al marido nos hiciera caldo de pollo para calmar la resaca.

El resto de la madrugada lo trató de inútil, de tonto e incluso insinuó que no necesitaba quien le ayudara en los quehaceres de la casa, pues él era su “sirvienta”. También cuestionó su virilidad y se mofó del tamaño de sus genitales.

Después supe que el profesor había tenido que acudir, en diferentes oportunidades, a la clínica, víctima de las golpizas que le propinaba la esposa. Se paralizaba cuando ella le pegaba; la tradicional frase “Una mujer no se toca ni con el pétalo de una rosa” lo había marcado para siempre.

Decía el pasado domingo, en su columna de El Espectador María Elvira Samper que “cada día 245 mujeres son víctimas de algún tipo de agresión; en el primer semestre del año, Medicina Legal registró 15.640 casos de violencia intrafamiliar, 12.048 agresiones de hombres contra sus parejas y 514 mujeres asesinadas —la mayoría por su pareja o expareja”.

Y mientras yo me preguntaba cuando conoceríamos cifras del maltrato contra los hombres, el mismo diario indicaba que los hombres víctimas de abuso sexual callaban por vergüenza.

También callan por vergüenza el maltrato físico y sicológico al que son sometidos por hijos y esposas; máxime en esta época, de la historia, cuando pasaron de ser los proveedores del alimento y el vestido y los generadores de autoridad a ser, en varias oportunidades, una especie de zánganos que no producen, que solo “estorban en la casa”, como lo manifiestan muchas mujeres.

Esta situación se extiende, además, a los ambientes empresariales dominados en gran parte por el sexo femenino.

La educación machista de las madres colombianas, que ha impedido la formación del género masculino en labores propias del hogar, hace más crítica la situación del hombre que, por miedo a la soledad e incluso a no poder subsistir en su estado, se ve inducido a embarcarse en relaciones dependientes y abusivas por parte de muchas mujeres; y en la práctica a comprar compañía.

En fin, el hombre ha pasado de ser el inspirador de amor, temor y respeto a ser el objeto de descalificación, crítica y censura. Son desde luego, tiempos difíciles para el género masculino; tiempos de transformación cultural que seguramente requerirá la intervención de la autoridad y de la misma sociedad para proteger, también, sus derechos.

ANTES DEL FIN
Jorge llegaba todas las mañanas al trabajo con los ojos hinchados de llorar; cada palabra, cada gesto, cada silencio de su mujer eran interpretados como un desaire. Esas actitudes las sufría con una intensidad tal, que caía en el dramatismo. Entonces, siempre, interpretaba calladamente o a grito abierto un estribillo de una vieja canción de Sandro:

“Nadie me daría dos días de vida
por la forma en que me encuentro hoy,
tengo la mirada de ansiedad vacía
ya no hay alegría donde voy…”
Penas y penas y penas
hay dentro de mí
y ya no se irán
porque a mi lado tú no estás.”

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2 comments

  1. felicitaciones por este artículo considero desde mi punto de vista personal que es cierto lo que manifiesta, que la desarticualcion familiar que estamos viviendo actualmente se debe a este tipo de situaciones donde los hijos no identifican a sus padres como autoridad, ni como guias en su crecimiento…Betty

  2. Es muy complejo el ser humanó y que cualquiera de los dos géneros sea abusivo es despreciable, por el irrespeto por el otro pero es decisión de uno dejar que esto avancé y que se constituya en el esclavo de las decisiones de otro….hay viene que todo es formación desde el hogar y de la formación del carácter entonces si se es consciente del daño que se genera entonces no se puede dudar en dejar lo que es dañino para la relación de pareja y de los que giran alrededor Los Hijos

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