ALEXANDRA, LA TAXISTA

 

ALEXANDRA, LA TAXISTA
“Al niño Jesus, jajajajaja, le estoy pidiendo un carro, pero no de juguete… para trabajar.”
Eligio Palacio Roldán

 

Una tímida sonrisa recibe al pasajero que requiere desplazarse con agilidad y/o tranquilidad por el congestionado Valle de Aburrá. Al comienzo la sorpresa; luego el disfrute de una buena compañía, una excelente conversación y una nueva sonrisa más sosegada.

Al volante, Alexandra, la taxista. Nació en Yali en el nordeste antioqueño pero la mayor parte de su vida ha transcurrido en Tarazá, en el bajo Cauca, del mismo departamento. Allí terminó su bachillerato, pero el amor pudo más que su deseo de estudiar algo más.

Y. La pregunta que no se hace a una dama: ¿Cuántos años tienes? Treinta y dos, contesta Alexadra.

Treinta dos años vividos aceleradamente: A los 18 nació su hija mayor, a los 28 tuvo su segunda hija y a los treinta despidió al amor de su vida; que se fue derrotado por una bala asesina, en los alrededores de Yarumal, en Antioquia.

Alexandra es el fruto de un pueblo signado por al violencia de las guerrillas de izquierda y derecha y por la delincuencia. Desde siempre luchó por salir adelante y, desde la muerte de su esposo, su batalla por la vida de sus niñas y por la suya misma ha sido mucho más intensa. En su pueblo trabajó como empleada en pequeños almacenes y en algunos casinos.

Un día, sus padres, impulsados por uno de sus hermanos, tomaron la decisión de trasladarse a Medellín. Desde hace algo menos de un año vive con sus niñas, sus padres, y dos de sus hermanos en la vía a Machado, en Bello.

En la ciudad no fue posible conseguir un trabajo como empleada y un día su hermano, propietario de un taxi, la retó a emprender la aventura: conducir un vehículo de servicio público.

Desde entonces su vida cambió: se levanta a las 5:30 de la mañana y a las 6:15 ya está con su taxi dispuesta a conquistar un nuevo día:

“Me levanto con muchos ánimos: Unos días me va muy bien, otros no tanto; pero para mí todos los días son buenos. Dentro del taxi recibo las felicitaciones de los pasajeros que, al ver a una mujer guerrera y luchadora, manifiestan su admiración.

Lo más aburridor del trabajo son los trancones… ¡Uf¡ y el calor. Yo me relajo. Desesperarme no puedo. Le digo al pasajero que tenga paciencia…

Recuerdo a unos ancianitos muy queridos que me dieron una propina de siete mil pesos; me dijeron que así eran que necesitaban a las mujeres, echadas para adelante; era una parejita como de unos 80 años de edad…

Hasta ahora no he transportado pasajeros desagradables; me echan piropos: que si me dejo robar, y yo les digo que en la cárcel hay muchos, que para que se van a ir para allá, por ladrones…”

Alexandra lleva tres meses y medio como taxista; la idea era tener un trabajo como desvare pero le he ido tomando mucho cariño: todo lo que hago, lo hago con amor; mis papás y mis hermanos me apoyan porque creen en mí; sueño con tener mi propio carro, dice.

Pensamientos:
– El tiempo de estudiar ya pasó, ahora tengo que trabajar para sacar adelante a mis niñas
– A veces quisiera volverme a casar; otras veces no.
– No tengo novio; claro que no faltan pretendientes.
– Mi día termina a eso de las nueve; hasta las diez estoy con mis niñas. También les dedico mi día de descanso y el de pico y placa.
– Si va a escribir sobre mí, llámeme Alexandra.
– Al niño Jesus, jajajajaja, le estoy pidiendo un carro, pero no de juguete… para trabajar

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3 comments

  1. Estoy de acuerdo que el genero femenino, se vaya empoderando del servicio publico. ellas manejan mas relajadas, respetan las señales de transito.. no hacen carril adicional. y uno va mas tranquilo por q es muy dificil q una mujer se preste para un paseo millonario… felicitaciones a la taxista!!

  2. Hola Eligio, está buena la historia, no tan profunda ni tan tenebrosa como otras, pero es real, nos recuerda la realidad de muchas personas que comparten con nosotros este aire, esta subsistencia, nos aterrizan en las necesidades de los demás, esos demás que tal vez no estén tan lejos de ser nuestras propias familias y nuestra sangre. Admirable, cada día admiro más esta mujeres sobrevivientes de la violencia de este país y que día a día contruyen patria y dejan huella para aprender de ellas. Si es que la violencia nos da tiempo de aprender, todo va tan rápido y está tan severo que dificilmente nos deja enteder y visionar para donde vamos. Bravo por las mujeres autosuficientes y valientes.

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